Más allá (novela)
Compañía de Libros - 278 pág.
Prólogo de Cristina Validakis
En esta nueva novela, los protagonistas de Cerca de la eternidad se embarcan en una renovada y fantástica aventura, en la cual son conducidos hacia uno de los confines de la vía Láctea por sus nuevos amigos y guías en el maravilloso mundo del conocimiento, los Darjbans.
Atravesando las vastas distancias de esta porción del universo, continuarán maravillándose junto a estos seres tan superiores y sencillos a la vez, conociendo al fin la grandeza de su planeta natal, Angorkot. Allí surgirá la iniciativa de satisfacer un anhelo que fue madurando desde que arribaron a ese tiempo futuro: reencontrarse con seres humanos sobrevivientes, que huyeran de la Tierra antes de la hecatombe para colonizar un nuevo mundo.
Este viaje, plagado de acontecimientos y contratiempos, pasa a transformarse en una expedición que, en principio, semeja los tan mentados “viajes iniciáticos”, en los cuales nuestros protagonistas trascenderán su existencia aventurándose al encuentro con sus propios descendientes, la humanidad del futuro, y el imaginario a que esto conlleva.
Más allá se transforma en el mensaje que su propio título propone; traspasar los límites, permitirse pensar que nada es imposible y que las barreras van diluyéndose, enriqueciéndose tanto seres humanos como darjbans, iniciando juntos un derrotero sin final a la vista.
Ahondando con soltura en el género de Ciencia Ficción, Más allá nos transportará en un nuevo e ilimitado viaje prodigioso a través del universo en el que los personajes transformarán al lector en un compañero privilegiado de aventuras, trascendiendo la frontera del espacio y la propia naturaleza humana, tanto, como los sueños lo permitan.
Esta novela resultó ser, sin buscarlo, otro desafío. Se trata de una continuación de Cerca de la eternidad, pero a la vez tenía que ser una aventura diferente, que pudiera leerse y entenderse sin necesidad de conocer los detalles sucedidos en la primera. Su nombre surgió de la expansión que experimenta la visión y la vida de los personajes terrícolas en el inicio de su exploración de esta parte de la galaxia, llevados de la mano e incorporados plenamente por los Darjbans a su sociedad. Al mismo tiempo, tenía que dar pie para una continuación, ya que, en un futuro más cercano, la historia, que ya se transformó en saga, va a llevar a nuestros tres protagonistas a aventuras cada vez más extremas, a medida que vayan acompañando a Darjbans en la exploración espacial.
Fragmento de "Más allá"
En marcha
La brisa suave y apenas tibia se había transformado ahora en un viento leve, más fresco, que erizaba la piel de sus brazos y piernas en el límite con lo sensual. El sonido relajante y extraño producido por esos majestuosos árboles desconocidos lo había sumergido en el límite entre la realidad y la ensoñación y su cuerpo se hallaba inerme, como dormido.
Imprevistamente, oyó que lo llamaban por su apodo, lo cual resultaba sorprendente. Era una voz muy familiar, que hacía muchísimo tiempo no escuchaba. Inicialmente se sentía lejos, mezclada con otros sonidos también distantes, los cuales no sonaban como los de la gran urbe sino como los de un parque.
Fue entonces que se sintió confundido. Sabía que no debía ser su madre, y sin embargo la sensación era exactamente la misma a la que recordaba de su niñez, en el baldío de los fondos de las casas. Era cuando solía quedarse tirado en el suelo boca arriba, entre los pastos aún verdes, observando las extrañas formas que adoptaban las nubes blancas en el cielo de otoño, sintiendo como las oleadas de viento suave atraía los sonidos fusionados de la gran ciudad: murmullo sordo de tráfico, chicos jugando, perros ladrando, y su madre, llamándolo cada vez más cerca.
Esa voz lo arrullaba mansamente, como las pasturas que lo acariciaban al compás del soplo, relajándolo hasta adormecerlo.
De pronto la voz sonó mucho más cerca y áspera, como una lija en sus oídos. Reaccionó, volviendo a la realidad actual.
Se incorporó lentamente, recuperándose de su confusión y quedándose sentado, observándolo todo a su alrededor. Un sentimiento de temor lo invadió fugazmente, en el momento exacto antes de comprender. No estaba en la Tierra, sino a cincuenta y cinco millones de kilómetros y a miles de años de distancia, tan lejos del hogar como el adulto de su niñez. En ambos casos sería imposible volver.