CRÓNICAS PERDIDAS (2018)
CRÓNICAS PERDIDAS (2018)
Crónicas perdidas (Cuentos)
Ediciones LEE - 110 pág.
Prólogo de Darío Billani
Crónicas perdidas podría haberse llamado “Anécdotas halladas” de la humanidad. Este libro de cuentos conforma una especie de anecdotario de una humanidad imaginaria, en un tiempo futuro, inmemorial e inmarcesible. Narrados por personas comunes, en situaciones especiales o extraordinarias, que reflejan el devenir diario del hombre como género a través de su evolución futura. Estos relatos han sido recopilados por una pareja de “compiladores”, historiadores y modernos recolectores de datos, los cuales, en forma paralela, han reinventado el antiguo ritual de la narración oral. De alguna manera, en cada historia, la humanidad se reinventa a sí misma hasta ser puesta a prueba, tanto en lo individual o como sociedad, en la Tierra como en el espacio profundo, desafiando incluso al tiempo mismo. Hasta en el final mismo, en donde enfrenta su propio destino tanto contra seres de otros mundos y su naturaleza y sus propios demonios.
Estas son las “Crónicas perdidas”, ahora encontradas, del gran tiempo por venir de la humanidad.
Crónicas perdidas es mi primer libro de cuentos de ciencia ficción. Es un compendio de relatos, algunos realmente antiguos junto con otros escritos más recientemente, todos agrupados como una especie de "anecdotario" de distintas etapas de una humanidad venidera, en distintos tiempos. Algunos de estos relatos podrían ubicarse fácilmente en un futuro casi inmediato, otros, en cambio corresponden a una raza que ha superado sus propias vicisitudes y ha conquistado una parte del cosmos inmediato. La portada fue realizada por el artista local Facundo González especialmente para el libro.
Fragmento de "Crónicas perdidas"
Crónicas perdidas
Mi nombre es Slevo Danic. Debo decir que tuve suerte, una inmensa suerte. Pude llegar a disfrutar una pacífica sobrevida en esta estación, con una mujer a mi lado y en mis mismas condiciones. En esta época, encontrar una hembra de similar estado significa muchísimo. Y más cuando se quiere como la quiero yo.
Es raro llegar a los ciento setenta y estar casi como al principio de la madurez, con el cuerpo entero, pocos reemplazos y gozar del retiro como se debe. A mi actual mujer, Dliva, la conocí hace como setenta y cinco años y compartió mis últimas etapas de trabajo, ya que ella es de la misma especialidad adquirida: compiladora.
Estos últimos lustros hemos realizado la recopilación de datos de miles de sitios y los hemos volcado a la Red. Lo único malo del trabajo es que no se nos permitió conservar copias de ningún tipo sobre lo realizado, sino que la totalidad de la información debió ser procesada y, luego de inspeccionada por la Sesión, pasó a formar parte de la humanidad.
De cualquier modo, guardar todo o parte de ese gran volumen no hubiera sido práctico, ya que el conjunto se redujo a simples y fríos datos que dan una idea muy precisa de los sucesos descriptos. Esa información la coordina un cerebro de la Red junto al aporte de otros compiladores y, añadida a la información oficial, forman la Historia. La gran historia de la humanidad. La misma historia que desde principios de la vida se conoce solo por los grandes rasgos.
La Historia es inmensamente grande, casi tan enorme como el universo conocido. Estadísticamente, allí se encuentran al alcance de la mano el noventa y ocho por ciento de los sucesos de los últimos diez siglos, incluso, lo sucedido antes de la creación de la Red. Esta es lo más maravilloso que haya creado la humanidad, el último y más alto exponente de lo admirable que puede llegar a ser la aplicación de la inteligencia. Allí se hallan resumidos los casi diez mil años de superación del hombre y su desarrollo.
El origen de la Red fue otra primitiva llamada Internet, la que se estaba tornando cada vez más compleja. Hasta que llegó el gran salto. Esto sucedió cerca del dos mil veintiocho de esa era, tiempo en que la humanidad se asentó en forma permanente en el antiguo planeta Marte. La degradación de la sociedad ingresó entonces en un impasse de varias décadas. Fue en ese tiempo, una especie de renacimiento cultural y moral, cuando se comenzó a trabajar en la primitiva y obsoleta red para transformarla en un complejo neuronal, como si fuera un gigantesco cerebro con capacidad infinita de expansión. Entonces, se creó el primer sistema de compiladores que, micros en mano, comenzaron a recoger la historia no conocida, la que las hojas oficiales no tenían en cuenta
Presentación de "Crónicas perdidas" en el espacio cultural "Juan Gariglio" 28/04/2018