Historia del barrio de San Antón
por María Soledad Puche López
por María Soledad Puche López
San Antón Ese barrio extramuros.
A comienzos del siglo XVIII, se crearon en Cartagena, tres barrios extramuros, siendo estos los de la Concepción, (que llamáronle Quitapellejos), San Antón y el de Santa Lucía.[1] Los barrios de San Antón y la Concepción aparecen mencionados en primer lugar, como núcleos de población reconocidos en la extensión del término municipal de Cartagena hacia Poniente.
Consta la existencia a finales del siglo XVI de una ermita dedicada a San Antón en la huerta.
Al referirse a ella Ruiz Vinader en su bonito trabajo sobre las Ermitas de Cartagena, en dónde trata de sus orígenes y toponimia-, cita al cronista Federico Casal que, en su libro “Folklore cartagenero” nos aporta la información sobre el documento que acredita que el 30 de Enero de 1746, la ermita de San Antonio Abad fue erigida Ayuda de Parroquia. Hay que tener en cuenta, que las ermitas surgen como dependencias de las parroquias para la administración de los sacramentos en días señalados o festivos.[2]. “Las ermitas coadyuvaban en los servicios religiosos que curas o frailes pudieran dar en día de precepto.”[3]
Para ello fue decisivo el aumento de población que por entonces rebasaba los 300 vecinos, junto a la confianza de que se podría asignar una renta fija al sujeto que sirviera en dicha Ayuda.[4]
Es el continuo crecimiento poblacional el que determina, que Carlos III emita un real despacho para dar curso el establecimiento del convento de San Francisco de Paula, perteneciente a la orden de los Mercedarios.
Esta demanda para el establecer un convento, se basaba también en razones sociológicas tales como que, además de ser un barrio distante del centro, la mayor parte de sus gentes era del campo y del barrio más expuestas a la ignorancia.
El entonces obispo Rojas Contreras puso condiciones entre las que se aseguraba que hubiese recursos para la manutención de los religiosos, y de que se asignara o señalara un territorio en el que pudiesen recoger limosnas, ya que se trataba de una orden mendicante, que como señala Francisco Henares Díaz se inscribe en el apostolado sencillo y devocional. Así lo testimonia la vitalidad de la cofradía de la Divina Pastora, que nunca olvidó su cometido asistencial[5].
Hay que destacar un importante aspecto socio-religioso en la labor integradora que ejercen estas instituciones religiosas como es el de la caridad.
Ya desde finales del siglo XVI el día de San Antón el Concejo reparte el pan de pobres llamado “pan de caridad“[6]. Esta labor se continúa actualmente desde principios del siglo XX en la Hospitalidad de Santa Teresa.
Tampoco habría de asombrarnos y lo planteo como una posibilidad es que la Cárcel se encontrase en este barrio, siendo su patrona la de la Merced, ya que junto a ella había estado ubicado el convento de los mercedarios.
El patronazgo de San Antón- Como es sabido, se le considera el patrón de los animales domésticos, -hoy decimos mascotas, estando su imagen acompañada por un marrano o cochino. Aunque esto tiene una interpretación religiosa, -pues superó las tentaciones del demonio-, contemplo la posibilidad de que acaeciendo su día en pleno invierno, y siendo la época de fríos la más idónea para la matanza del cerdo, San Antón protege en cierta forma los hogares, asegurando las reservas de embutidos y otras viandas en la despensa.
El elemento religioso
Las parroquias se constituyen a partir del siglo XVIII, en el centro religioso de la ciudad, siendo los recintos idóneos para la vivencia de momentos cumbres en las familias, relacionadas con su ciclo vital tales como bodas y entierros[7] .Esto es debido a que algunos de los fundamentos de la organización social en el siglo XVIII, eran de tipo religioso. Incluso las agrupaciones que suponían la otra cara de la estratificación social, -marcada por las jerarquías- , tales como el corporativismo en sociedades y cofradías, tenían también este carácter.[8]
La existencia de numerosas cofradías y congregaciones ha de interpretarse no sólo como corporativismo sino también como convivencia, confraternización de bienes espirituales sufragados por todos.
La Romería
Hay noticia de que en el siglo XVIII, junto a las ya existentes, también muy populares, se incorporan otras como la del Monte Calvario en 1783, y las de San Antonio Abad y Quitapellejos, que son nuevos barrios y que “en un principio pudieron constituir una forma de integración en la estructura vital de la ciudad”.[9] En primer lugar habría que señalar que el factor religioso actúa como integrador de un sentido colectivo, aglutinador vecinal de una intensa oferta lúdica y cultural, repleta de actividades.
La Romería tuvo su origen en el año 1842, y su instauración fue promovida por los mismos vecinos del barrio.[10] Fue posterior de la que acaecía desde 1793 en el Barrio de la Concepción o Quitapellejos, -(aunque siendo esta última más antigua se perdió)-. El trayecto se orientaba hacia el camposanto propio de este barrio, y fue tradición que a su vez se perdió y desde hace algunos años volvió a recuperarse.
Es el romero sinónimo de peregrino que realiza un trayecto en honor u homenaje a una figura de devoción que suele tener carácter religioso.
Hay que subrayar su carácter colectivo, al participar en ella un variado personal , numerosos grupos, favorece el espíritu solidario pues las gentes que en ella participan suelen prestarse apoyo o auxiliarse.
La culminación o fin del trayecto suele celebrarse con una misa de campaña al aire libre, sita junto al paraje de la ermita y continúa con el apartado gastronómico pues llega el momento de degustar o compartir las viandas, a la hora de comer, en la que los romeros devienen en comensales al aire libre, muchas veces con la elaboración del alguna paella gigante.
Participan personas, caminantes a pie, jinetes y carruajes. El elemento caballista tiene personalidad propia en la romerías de San Antón y San Fulgencio.
Otro de los elementos característicos casi imprescindibles en estas romerías que se desarrollan en este período es la participación musical de las Cuadrillas de Animeros. tan presentes en el ciclo festivo de Navidad.
La Eucaristía
En los días en que se honra al patrón en cada caso, -San Fulgencio. San Antón y Santa Florentina-, la eucaristía se hace solemne. Se trata de misas concelebradas en que se aglutina a los vecinos y el mismo acto eucarístico precede a la proclamación de la fiesta en cada caso al grito de¡Viva San Antón!.
Es decir las eucaristías constituyen por así decirlo en el aperitivo de la fiesta que a continuación queda expresada en el júbilo de los participantes y es la motivación desencadenante el programa de fiestas que le sucede.
En el caso de San Antón, inmediatamente después tiene lugar el bautizo y bendición de las mascotas, y que en el tiempo enlaza con el aperitivo material, tal como lo entendemos desde acudir al baile vermú que organiza el casino o el de dirigirse a degustar a las muchas puntos (barras, puestos) que se ofertan una tapa de pulpo a la plancha u otras viandas.
Apuntes Gastronómicos
En San Antón también se dan degustaciones señaladas que abarcan tanto aperitivos como dulces. Los rollicos de San Antón tenían un carácter ritual, al tomarse el día de San Antonio Abad, tanto como lo era el comerse la mona el lunes de Pascua o los platos de bacalao en las vigilias.[11] Pero como decimos los elementos gastronómicos en su día son bastante variados. Destaca el pulpo hecho a la plancha. El consumo de este cefalópodo era y sigue siendo muy popular por ser abundante en la pesca de roqueo que era muy del gusto de los cartageneros.
En esta época los embutidos están en todo lo suyo, por ser la propia de la matanza, así que pueden degustarse o despacharse en crudo o a la plancha, lomos, morcillas y longanizas. Tanto unos como otros acompañados de un cestito de buen pan de campo y por supuesto de habas. San Antón ha sido entorno de huerta y en nuestro campo se cultivan las más variadas en verduras , se recolectaban o cultivaban pésoles y habas, además de acelgas y bajocas, cebollas y patatas.
La procesión.
Procesiones y rogativas venían ya realizándose sobre desde el período bajomedieval con el que se solemnizaban acontecimientos importantes fuesen festividades o relacionados con tiempos o eventos naturales como la cosecha; eran frecuentes las rogativas para que cesaran o dieran un respiro las intensas sequías que tanto atañen a esta zona.[10]
Desde su puesta en marcha, las procesiones han sido participativas y tuvieron carácter interestamental. Suponían un llamamiento solidario en que desfilaban juntos gentes de diversas posiciones sociales para resaltar el valor de la paz, la justicia y el orden la fe y el fervor .[11]
Tienen lugar el día de celebración del santo y su recorrido original y básico se hace en el propio recinto de la iglesia. Suelen ser vespertinas y en efecto, en los tres casos de los que nos ocupamos tienen lugar por la tarde.
[1] MERINO ALVÁREZ. 1981, págs. 414 y467
[2] MONTOJO MONTOJO. 1986b, pág. 265
[3] HENARES DÍAZ, 1986, pág. 290
[4] RUIZ VINADER, 1999, pág . 39
[5] HENARES DÍAZ, 1986, págs. 281-282.
[6] MONTOJO MONTOJO,1986a, pág. 304
[7] HENARES DÍAZ, 1986, pág. 290
[8] MONTOJO MONTOJO,1986b, pág. 270
[9] MONTOJO…1986b, págs. 271-272
[10] RUIZ VINADER, 1999, pág...41
[11] MARTÍNEZ….1995, págs. 44-45