Salve, Salve
Reina y Madre misericordiosa,
esperanza peregrina,
Dios te Salve a ti Señora.
Te cantan los rocieros,
esta Salve suspirando,
lágrimas de los romeros
eres nuestro faro y guía,
de un sendero de tinieblas
Dios te Salve, Dios te Salve.
Te cantan los rocieros,
esta Salve suspirando,
lágrimas de los romeros
eres nuestro faro y guía,
de un sendero de tinieblas
Dios te Salve, Dios te Salve.
Salve, Salve
aboga por tus peregrino
estrella de la mañana,
anhelo de tu mirada
Rocío Virgen María,
que alcancen nuestras promesas
la dicha de tu clemencia.
Y en tu cielo marismeño,
un lugar para adorarte.
Dios te Salve, Dios te Salve.
Y en tu regazo nos muestres,
al Pastorcillo Divino
que ante flores y romero,
de amor el camino llena
a esa Baeza rociera
Dios te Salve, Dios te Salve.
A esa Baeza rociera
Dios te Salve, Dios te Salve.
A esa Baeza rociera
Dios te Salve, Dios te Salve.
¡Blanca Paloma, celestial Señora,
del Espíritu Santo la excelsa mansión!
A ti clama Baeza, la que te adora,
al poner en camino su ferviente devoción.
Desde el olivar donde la aceituna brilla,
partimos romeros con el alma desnuda,
dejando nuestra casa, la antigua maravilla,
para hallarte al fin, Madre, que a nadie repudia.
Tu nombre y tu historia nos llena de gozo,
y el Simpecado es faro que a Almonte nos lleva,
joya bordada que luce nuestro solaz reposo,
la insignia de amor que en cada aliento se eleva.
En este "Nido real de gavilanes" de gran valor,
"Gentil, noble e inmortal" en su estandarte escrito,
llevamos la estela de un profundo fervor,
y el eco de un rezo que jamás ha sido marchito.
Por ti canta la Hermandad en cada amanecer,
con la certeza de llevar la mejor compañía,
al Pastorcito Divino, Rey de nuestro ser,
que en tu regazo descansa con inmensa alegría.
Él es el Dueño del tiempo, la Gracia que nos llega,
el lucero que guía al romero en la noche oscura,
y en sus manitas de Infante el consuelo nos entrega,
el bálsamo bendito de eterna dulzura.
Madre y Patrona, no olvides al pueblo que te ama,
Baeza, la que a su Patrona le rinde veneración,
con la fe que la historia y los siglos proclama,
a la Virgen del Alcázar, fuente de bendición.
Ella es la Custodia de nuestra ciudad sagrada,
y en su nombre unimos la plegaria sincera,
para que tu bondad, Señora Inmaculada,
a todo rociero cubra y siempre lo quiera.
Por las arenas que pisan los viejos y los niños,
por las promesas que en el alma están guardadas,
cúbrenos de paz, aparta los abrojos,
y que a tu lado todas las penas sean olvidadas.
Danos la fe para seguir la senda, Madre,
la caridad para ayudar al que va a nuestro lado,
que tu amor y el de tu Hijo nuestra fuerza taladre,
y volvamos a casa en tu amor confiado.
¡Que viva la Reina del Rocío por siempre jamás!
¡Que viva nuestra Hermandad con toda su gente!
Y que viva la Madre que nos mira detrás,
la que guarda en el Alcázar, siempre presente.
Amén.