Nuestros orígenes.-
Remontarse al origen de nuestra Hermandad resulta bastante complicado al no tener existencia legal, reglas, ni actas de cabildo. Sólo existen algunos testamentos que nos permiten tener alguna idea sobre nuestros primeros años.
Los inicios de nuestra cofradía tienen relación con la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, fundada en la primera década del siglo XVII. Por aquellos tiempos existían seis hermandades o corporaciones en La Campana: la del Rosario (la más importante de todas), la de las Ánimas, la Sacramental, la de la Santa Caridad, la Vera-Cruz y la del Dulce Nombre. Se mantenían fundamentalmente gracias a las limosnas de los fieles y la situación de la mayoría de ellas era bastante precaria.
En marzo de 1.706 se inicia un litigio entre la Cofradía de la Caridad con sede en la Capilla del Hospital de San Lorenzo y la del Dulce Nombre de Jesús con sede en la parroquia Santa María la Blanca por la presidencia en la procesión del Santo Entierro el Viernes Santo. Dicha procesión era la más popular y la de más devoción en La Campana.
Por los testimonios del pleito parece que dicha presidencia era alternante entre las distintas hermandades de la localidad y que en este año el turno correspondía a la Cofradía de la Caridad, sin embargo la precariedad y dejadez de muchas hermandades había hecho asumir la presidencia a la Hermandad del Dulce Nombre durante muchos años por lo que ésta reclama ese derecho un año más. A dicha hermandad se le asigna la compra de un sepulcro dos años antes por más de 1.400 reales (la actual urna está fechada sobre esa época, si bien parece que llegó a nuestro pueblo ya entrado el siglo XX).
Tras dos años de litigios el Vicario General del Arzobispado otorga el derecho a presidir la procesión del Santo Entierro a la Hermandad del Dulce Nombre que asume su organización. Constan los gastos de la procesión del año 1.717 cifrados en 32 reales.
Existen testimonios de la época que permiten hacernos una idea sobre la procesión de la época y que transcribimos literalmente “… En la cofradía del Santo Entierro que lo primero iba el estandarte del Nombre de Jesús que sirve de manguilla y que a éste seguían los hermanos de Sangre y después la Cruz de la toalla y a ésta seguía el estandarte de la Santa Caridad con sus hermanos y después de ésta iban las banderas de dicha cofradía del Nombre de Jesús y después de éstas el guión de dicha cofradía y el demás resto de hermanos de ella con el Santo Sepulcro.” (Declaración de José Caro en 1.706 durante la celebración del pleito en la parroquia de Santa María La Blanca de La Campana).
A partir de este instante existen muy pocas referencias a nuestra hermandad. Se desconoce el final de su relación con la Hermandad del Dulce Nombre. Se barajan dos posibilidades, una que la devoción hacía el Santo Entierro desviara los cultos hacia la advocación del Dulce Nombre haciéndolos pasar a un segundo plano y eliminándolos con el paso del tiempo, o bien, que en algún momento las hermandades se separaran originando una decadencia de la Hermandad del Dulce Nombre que desembocó en su desaparición.
Por estos orígenes comunes y todos los años de vinculación y preocupación por nuestra hermandad, se incluye en el título de la hermandad al Dulce Nombre quedando de esta forma “Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Dulce Nombre de Jesús y María Santísima de las Angustias en su Soledad”.
Desde este momento y hasta mitad del siglo XIX se pierden las referencias hacia nuestra hermandad. Es en un informe del presbítero Francisco González Martín datado el 28 de marzo de 1.842 donde se vuelve a hacer referencia a nuestra hermandad “… hay tres congregaciones ó asociaciones de fieles, á las que se les da el nombre de Cofradías por sacar en procesión en la Semana Santa las efigies de sus respectivas advocaciones, y se le denominan de la Santa Vera Cruz, de Jesús Nazareno y del Santo Entierro, y todas carecen de estatutos y constituciones aunque de tiempo inmemorial se hallan erigidas y formadas …”.
En esta época las cofradías seguían manteniéndose a base de las limosnas de los fieles y una de sus obligaciones era costear los funerales de sus hermanos.
En 1.885 se sustituye al párroco del pueblo José Cayetano Gallardo y como medida de presión en contra de dicha sustitución se produce la dimisión de todos los Hermanos Mayores y Juntas de todas las Hermandades locales. Dicha renuncia fue aceptada por las autoridades eclesiásticas encargando al nuevo párroco la reorganización de nuevo de las hermandades. De este año constan las siguientes hermandades en nuestro pueblo: la Vera-Cruz, el Santo Entierro, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la del Santísimo Cristo de la Salud.
El comienzo del siglo XX es una etapa complicada, tanto en lo social como en lo político, en nuestro país. Se suceden los gobiernos sin lograr una estabilidad política en la nación. Esta situación se refleja en la sociedad que se va empobreciendo cada vez más y va atendiendo a actividades básicas como comer y subsistir y va dejando de lado otras, menos vitales, como las espirituales.
La llegada al poder de algunos gobiernos con ideologías de base contrarias a lo eclesial también dificulta, en algunos casos, las prácticas religiosas y espirituales.
Todo esto se refleja en la vida de las hermandades de nuestro pueblo que viven tiempos muy difíciles, de escasez y con enormes dificultades para la realización de su salida procesional.
Esta época tumultuosa remata con el estallido de la Guerra Civil (1.936 – 1.939) y con el inicio del gobierno franquista que, si bien logra cierta estabilidad política, no logra mejorar el estado económico del país, más bien los efectos de la guerra lo empeoran.
En este marco de hambre y necesidad, ni que decir tiene que las Hermandades pasaron a un lugar totalmente secundario para los habitantes de nuestro pueblo. Los escasos recursos de las familias se destinaban a cubrir necesidades básicas. En este contexto, la propia Iglesia parece que “brinda” la oportunidad de asumir los costes de la salida procesional de algunas hermandades a las familias más pudientes o destacadas del pueblo. Estas familias asumieron los gastos de la salida procesional colaborando con la Iglesia en el mantenimiento y preparación de las imágenes. Destacan por su longevidad la relación entre la Hermandad de la Veracruz y la familia Benjumea y la de la Hermandad del Cristo de la Salud y la familia Tortolero.
En el caso de nuestra Hermandad es el Ayuntamiento quien corre con los gastos y organiza la salida procesional. Se desconoce el motivo exacto de este hecho barajándose entre nuestros hermanos dos posibilidades, por un lado la ausencia de una familia que hiciera de mecenas de la Hermandad ocasionó que el Ayuntamiento diera un paso al frente, o bien que la propia solemnidad y representatividad de nuestro misterio hiciera que la Iglesia ofreciera al Ayuntamiento las labores de organización y mantenimiento de la cofradía, en lugar de hacerlo con familias particulares.
Lo cierto es, en cualquiera de los casos descritos, que el Ayuntamiento asume la organización y administración de la Hermandad. El Hermano Mayor, por tanto, pasa a ser el Alcalde del pueblo, la Hermandad se costea con las escasas aportaciones de sus hermanos (en esa época nos comentan que podían ser en torno a 25) y las limosnas voluntarias del resto de devotos. Tras finalizar el desfile procesional se hacía el ajuste de cuentas y en el caso de que los gastos superasen a los ingresos (situación que ocurría casi todos los años) eran los propios hermanos más afines quienes pagaban de su bolsillo ese déficit.
Para las decisiones más importantes que rodeaban a la Hermandad se establecía como una especie de comité donde estaban representadas las personas que ocupaban los cargos más representativos del pueblo (párroco, alcalde, farmacéutico, jefe de la guardia civil,...), o bien, la decisión era unilateral del alcalde.
Es una época difícil, los recursos económicos son muy escasos y el desfile procesional es fiel reflejo de ello. Es un desfile austero, carece de nazarenos y mantillas. El cortejo busca el recogimiento, la solemnidad, por lo que se hace sin ningún tipo de acompañamiento musical y en horario bastante tardío del Viernes Santo, incluso ocupa las primeras horas de la madrugada del Sábado Santo. Es una estación de penitencia con escasa presencia de público, casi sin niños, solo los muy devotos aguardaban hasta el tardío horario de salida. Nuestros hermanos nos hablan de un desfile muy organizado y respetuoso y bastante rápido. Se hacía el recorrido actual en unas dos horas de tiempo (en la actualidad son cinco).
La urna de Nuestro Señor Jesucristo desfila en trono o parihuela portada por cuatro costaleros de forma voluntaria. Algunos de ellos eran los propios trabajadores del Ayuntamiento, otros devotos de nuestra Hermandad. Los huecos de los costaleros o portadores solían ser respetados por tradición, pero siempre buscando nuevos voluntarios para garantizar la renovación de la cuadrilla.
Durante mucho tiempo la urna del Santo Entierro hizo su desfile procesional en solitario y su entrada en el templo abría una nueva procesión, la de la Virgen de la Soledad que desfilaba sola y acompañada solo de mujeres como colofón a nuestra Semana Santa.
Con el paso de los años se perdió esta tradición y la Virgen de la Soledad comenzó a hacerse habitual compañera de los distintos misterios de nuestra localidad (Veracruz, Santo Entierro,…) los cuales compartían los gastos surgidos de la preparación del paso para la Estación de Penitencia y de esta forma se contribuía a aliviar un poco las maltrechas economías de las corporaciones en aquel momento.
Nuestro cortejo pasa entonces a tener dos pasos (tradición que dura hasta nuestros días), el misterio, que cambia su trono o parihuela pasando a tener ocho portadores o costaleros y, completando el desfile procesional el paso de palio de la Virgen de la Soledad que al igual que el Santo Entierro, desfilaba en parihuela portada por devotos de forma voluntaria y desinteresada.
De esta forma transcurren los años en nuestra Hermandad, sin grandes cambios ni avances hasta mediados de la década de los 70, momento en el que se produce un hecho que cambia de nuevo el rumbo de nuestra corporación, D. Leopoldo (alcalde de la época) decide ceder el puesto de Hermano Mayor a D. Manuel del Barco Buiza desvinculando de esta forma al Ayuntamiento de la organización de la cofradía que recae en las manos de uno de nuestros hermanos.
Manolo tenía bastante claro que la Hermandad debía de cambiar en muchos aspectos, uno de los principales en el tema económico. La Hermandad debía costearse por sí misma e incluso obtener fondos que permitieran emprender algún que otro proyecto más ambicioso.
Desde su llegada, la Hermandad comienza a tener una gran actividad. Se comienzan a hacer numerosas rifas, se vende lotería de Navidad, se hace caseta de feria,… Todo ello con el fin de recaudar fondos para costear la salida procesional y reparar el entonces escaso patrimonio que comenzaba a estar seriamente dañado.
Uno de los primeros objetivos que se marcó Manolo fue la restauración de nuestro Señor Jesucristo. El paso de los años y fundamentalmente el ataque de los xilófagos ocasionaron un daño irreparable en la imagen de nuestro titular. La situación era bastante grave y Manolo puso todo su empeño en solucionarla.
Tras la Semana Santa del año 1.981 el cristo se lleva a restaurar al taller de D. Antonio Escamilla. El estado en que llega al taller era bastante penoso hasta el punto de que sufre daños irreparables como la pérdida de la articulación que tenía en los brazos, puesto que parece que en su origen era un cristo que cada Viernes Santo se usaba en la representación del Descendimiento. Como anécdota comentar que el precio de la restauración fue de 215.000 pesetas.
A principios de 1.982 un hecho cambia la historia de nuestra hermandad. En una visita al taller de D. Antonio Escamilla para terminar de concretar la entrega del cristo yacente una vez restaurado, Manolo Barco queda prendado de una dolorosa cuyo destino parecía ser Dos Hermanas. La perseverancia de nuestro Hermano Mayor logró que un 6 de febrero de 1.982 nuestro señor, ya restaurado, entrara en nuestro pueblo acompañado de una nueva imagen a la que nuestra Hermandad bautizaría con el nombre de María Santísima de las Angustias en su Soledad.
Por aquellos años la actividad era considerable, prueba de ello fue la organización de la mayor rifa que ha hecho la Hermandad en toda su historia, el sorteo de un Ford Fiesta. La gran aceptación de esta actividad y un gran golpe de fortuna que hizo que el coche tocará a la Hermandad en un grupo de participaciones que no se vendieron, otorgaron una serie de fondos imprevistos que en gran parte fueron destinados a la restauración de la Urna Funeraria en el mes de Diciembre del año 1.983.
Una vez restaurada la imagen del Cristo yacente, la Hermandad tuvo que afrontar la restauración casi total de la Urna Funeraria. La venta a un particular del coche que le tocó a la Hermandad permitió disponer de unos fondos para realizar una profunda remodelación y tratamiento de la muy deteriorada urna.
La Urna se restauró en los talleres de D. Antonio Borrego Jiménez y tuvo un coste para la Hermandad de 500.000 pesetas de aquella época, que, como decimos, pudieron ser financiadas gracias al golpe de suerte que deparó el destino el día del sorteo del coche.
La llegada de la nueva imagen de la Virgen supuso un enorme impulso en la Hermandad y una serie de cambios que afectan incluso al estilo de la Estación de Penitencia que deja el riguroso luto y silencio para su trono de Cristo y permite una cierta alegría y ruido en su paso de palio que va acompañado de banda de música.
Las primeras estaciones de penitencia de María Santísima de las Angustias son complicadas. La Hermandad carece de la infraestructura adecuada para el arreglo de un paso de palio y hasta que logra solucionar esta carencia depende, en casi todos los casos, de la ayuda de otras hermandades y de sus imágenes para efectuar su salida. Destacamos en este apartado la cesión de la corona durante varios años por parte de la Virgen de los Dolores, que a día de hoy desfila con el Señor de la Humildad, hasta que la Hermandad pudo comprar una propia en el año 1.986. Como prueba del hermanamiento de ambas corporaciones la Virgen de los Dolores lució en su estación de penitencia del año 2.011 una diadema perteneciente a la Virgen de las Angustias.
El auge de la Hermandad, y en especial de María Santísima de las Angustias, origina la creación del cuerpo de nazarenos, y unos años más tarde, el de las mujeres de mantilla. También en esa época se crea la cuadrilla de hermanos costaleros del nuevo paso de palio. Todo ello hace que el número de hermanos aumentase significativamente.
Otro de los cambios que origina la llegada de María Santísima de las Angustias y su paso de palio es que se enlentece el ritmo de la Estación de Penitencia, haciendo el mismo recorrido se pasa de unas dos horas a unas cuatro horas y media o cinco. Este aumento de tiempo en la calle origina en la Hermandad un problema hasta ahora desconocido, el horario. La Hermandad durante toda su trayectoria había hecho estación de penitencia en la noche del Viernes Santo tras la entrada del Cristo de la Salud. Durante años se respetó esta tradición, pero la tardía hora de salida (en algunos años las 10 de la noche) y por consiguiente de entrada (2 y media de la madrugada en esos casos), unida a la saturación tradicional de cofradías que sufría nuestra localidad el Viernes Santo, hacía que la recogida de la cofradía se hiciera con escaso lucimiento y casi en soledad.
Este problema obliga a la Hermandad a buscar nuevas soluciones. Se propone por nuestra parte la salida el Sábado Santo sin éxito, por lo que se buscan formas alternativas los siguientes años que siempre pasan por una salida en horario más temprano, aunque coincidiera en el tiempo con la estación de penitencia del Cristo de la Salud (hermandad con la que en algunos años incluso se compartió parte del recorrido).
De esta forma van pasando los años en los que Manolo y todos los hermanos que en algún momento le ayudaron en sus quehaceres observan el crecimiento de la hermandad, en número de hermanos, de nazarenos, de mantillas, de costaleros y en definitiva de patrimonio.
Pero no todo fueron luces estos años, también hubo algunas sombras. Entre ellas destacamos la dificultad en un inicio de consolidar la cuadrilla del palio que obligó a hacer algunos recorridos con poco más de 20 costaleros de los 35 que calzaba el palio, los problemas de portadores en el trono del Santo Entierro que no terminaba de solucionarse por la falta de compromiso de los voluntarios un año si y al siguiente también y la falta de hermanos comprometidos en las actividades de la Hermandad que ocasionaba que todo el trabajo recayera siempre en un reducido grupo de personas.
Esta carga de trabajo, los años y algún que otro problema de salud hacen que Manuel Barco poco a poco vaya descendiendo su actividad, dejando casi toda la responsabilidad de la Hermandad en manos de Francisco Vázquez, hasta que en el año 2.001 Manolo desgastado por los años y su salud cede el puesto de Hermano Mayor a nuestro hermano D. Antonio Alcalá Aguilera con el apoyo fundamental de Francisco Vázquez.
Es justo reconocer, desde estas líneas y en este momento del recuerdo de nuestra historia, el inmenso trabajo de Manuel del Barco durante los 25 años aproximadamente que estuvo al frente de nuestra hermandad. En este periodo se pusieron las bases de lo que somos ahora y se comenzaron tradiciones de las que hoy nos sentimos tremendamente orgullosos. Solo una curiosidad para darle valor al reconocimiento que pido, Manolo en sus años duplicó el número de hermanos pasando de menos de 150 cuando él llegó a casi 300 cuando se marchó.
La primera idea de Antonio Alcalá cuando toma las riendas de la Hermandad es intentar relanzarla. Los últimos años de Manolo habían sido difíciles, el crecimiento de los primeros años se había ralentizado bastante y la sana competencia con otras hermandades que venían pidiendo paso de forma emergente obligaban a actuaciones rápidas y certeras.
Antonio se rodea de una joven junta con gran implicación en la Hermandad en la totalidad de los casos. Esta nueva junta aporta nuevas ideas y mete a la hermandad en una actividad incesante buscando siempre la popularidad y el acercamiento al pueblo.
Se siguen realizando numerosas rifas y se comienzan con actividades como la Reunión Motera, la Caracolá y otras que, aparte de proporcionar beneficios económicos a la Hermandad, permiten la convivencia de los hermanos entre sí (Cruces de Mayo, …).
Los fondos obtenidos de las actividades se dedican a la mejora del patrimonio. Se sigue consolidando el paso de palio con la compra de los varales, los candelabros de cola y la candelería (donada en su totalidad por los hermanos), se encarga el estandarte de la Hermandad, se compran faroles de Cruz de Guía, etc...
Pero si esta junta se recordará por algo es por intentar relanzar nuestro “olvidado” paso de misterio. La belleza de la imagen de María Santísima de las Angustias y toda la inversión que se fue haciendo durante años en su paso de palio ocasionó, casi sin quererlo, el ensombrecimiento de nuestro paso de misterio y de nuestro Cristo yacente.
La actual junta ha intentado recuperar la importancia de, con total probabilidad, las dos joyas más valiosas de nuestros bienes, que a su vez forma parte del patrimonio del pueblo de La Campana, el Cristo yacente obra anónima fechada en torno al siglo XVI y la urna funeraria, obra de estilo barroco del siglo XVII.
Para mayor devoción de sus fieles la junta decidió la construcción de un nuevo trono de salida, que desfiló en 2.010 por primera vez en los talleres del gaditano Juan Piñero García. Este nuevo trono y la labor incansable de su capataz D. David Muñoz Fernández han consolidado una cuadrilla de portadores que, ahora sí, se encuentran bastante comprometidos con la hermandad. Asimismo al finalizar 2.011 se volvió a restaurar la urna funeraria en el estudio de restauración Alcazaba de Sevilla y que pudimos disfrutar en el año 2.012 en nuestra localidad.
Toda la actividad antes mencionada se ve reflejada en la calle, la hermandad cada día se hace más popular y continua su crecimiento en todos los campos. La presencia de la hermandad es cada vez mayor estando presente en todos y cada uno de los actos a los que se le invita (Consejo de Hermandades, organización de pregones, conciertos de marchas,…). En otra faceta empieza a realizar labores sociales como recogida de alimentos, de juguetes, etc., para los más necesitados y colabora en cada ocasión que se la requiere en el mantenimiento de su sede canónica, nuestra iglesia Santa María la Blanca. Asimismo mantiene y limpia los altares de sus titulares, y desde hace unos años, y dada la antigua vinculación con nuestra Hermandad se hace cargo del mantenimiento y cuidados de la Virgen de la Soledad.
La nueva Junta siguió solicitando la salida en el Sábado Santo para beneficio general de la Semana Santa campanera y el nuestro en particular. La salida el sábado nos permitiría un recorrido más luminoso y sin prisas, además de no perjudicar a otras hermandades en su estación de penitencia del Viernes Santo. Nuestra petición se ve realizada y desde el año 2.010 la hermandad cambia de día pasando a realizar su estación de penitencia a la tarde del Sábado Santo.
Otro hecho histórico que ha afrontado esta junta es la presentación de las reglas de la Hermandad el día 22 de Octubre de 2.010 y su aprobación por parte del Palacio Arzobispal de Sevilla el 16 de Mayo de 2.012. Hasta hace unos años las hermandades de penitencia de nuestra localidad habían carecido de normativa interna y reglas que regularán lo concerniente a la corporación. El cambio de párroco, la insistencia del arzobispado de Sevilla y un interés creciente de la Junta por regularizar el presente y el futuro de la Hermandad aconsejó dar este paso hacia delante para poner a nuestra corporación a la altura de todas las hermandades sevillanas con Reglas.
Dicha aprobación implica la puesta en marcha de un conjunto de normas o reglas de obligado cumplimiento por parte de los hermanos, no solo en la estación de penitencia sino también en su relación diaria con la hermandad e incluso en algunas facetas de su vida.
El primer hecho al que nos obligó la aprobación de las Reglas fue a convocar elecciones para conformar una nueva Junta de Gobierno. A dichos comicios celebrados el día 20 de Octubre de 2.012, los primeros que nos constan de la ya dilatada historia, se presentó una única candidatura encabezada por Antonio Alcalá y que obtuvo un mayoritario respaldo por parte de los hermanos que acudieron a votar y la toma de posesión el día 3 de Noviembre de 2.012.
A los cuatro años, el 14 de Enero de 2017, Antonio Alcalá vuelve a ganar las segundas elecciones de la Hermandad nuevamente con candidatura única y el apoyo de todos aquellos hermanos que acudieron a votar.
En esta última época ve la luz otro de los grandísimos proyectos de la Hermandad. La construcción de la Casa-Hermandad en un local propiedad de la Hermandad en C/ Nueva 29 significa un avance muy importante en la vida de la hermandad. Aparte de servir como almacenaje de los enseres de la Hermandad es un sitio de vida, de reunión, de relación de la Hermandad. Aunque aún no esta acabada en su totalidad ya cumple perfectamente casi todos los cometidos a los que se destina.
Por tanto, y un poco a modo de resumen, estos años con Antonio Alcalá de Hermano Mayor ha sido una época de mucho trabajo y actividad, de crecimiento importante en la hermandad, de consolidación (paso de palio) y de nuevos e importantes proyectos (paso de misterio, elaboración de las reglas, Casa Hermanad), pero sobre todo de apoyo popular que origina nuevas ilusiones entre todos los componentes de la junta para responder año si y año también a las expectativas creadas.
El 16 de Enero de 2021 se celebraron las terceras elecciones en la hermandad, nuevamente con candidatura única encabezada por NH Dª Maria del Carmen Silva Pérez que obtuvo el apoyo mayoritario de nuestros hermanos y se convirtió en consecuencia en nuestra Hermana Mayor para los próximos cuatro años.
“El ayer es historia, el mañana es misterio, hoy es un regalo que llamamos presente”. Sigamos entre todos, hermanos y devotos, aprovechando este regalo que heredamos del pasado.