⦿ Menstruario
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⦿ Residuos y partículas
Fiesta del Paso, Hotel San Valentin Señorial, Cuarto 310
Medidas variables
Febrero 2004
RESIDUOS Y PARTÍCULAS
En teoría, el ciclo menstrual típico dura veintiocho días. Sin embargo, en realidad, fluctúa entre veinticinco y treinta, aunque los ciclos entre veinte y cuarenta días también pueden ser considerados como normales siempre y cuando exista un patrón sistemático. El estrés, factores hormonales, un rápido cambio de peso, el ejercicio excesivo, el alcohol, los fármacos y los estupefacientes, entre otros, son circunstancias que contribuyen a la irregularidad de la menstruación.
El controvertido ginecólogo brasileño, Elismar Coutinho, que desde hace décadas viene formulando diferentes propuestas en relación a la libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, considera que menstruar todos los meses puede ser considerado, desde el punto de vista médico, como una patología. Según el Dr. Coutinho, las mujeres en edad fértil, hasta hace un par de generaciones vivían embarazadas o lactando (periodo en el que existe una protección natural contra el embarazo). Nuestras antepasadas en general no conocían métodos anticonceptivos lo suficientemente efectivos por lo que tenían que aceptar tal y como reza el dicho popular “Todos los hijos que Dios les mandara”.
La ginecóloga española Anamaría Morales, con más de veinte años de experiencia clínica, acepta el postulado del Dr. Coutinho y opina que la menstruación mensual (valga la redundancia) es una creación socio-cultural producto del uso masivo, a partir del último cuatro del siglo pasado, de la píldora anticonceptiva.
Existe una gran cantidad de mujeres para las que la menstruación resulta un periodo incómodo y doloroso pero también existe otro numeroso grupo para las cuales el sangramiento mensual resulta una muestra de feminidad, además de un motivo de gozo y tranquilidad a la hora de descartar la posibilidad de un embarazo; pero de lo que no cabe duda es que desde un punto de vista científico el periodo menstrual es para todas las mujeres el momento de la expulsión, junto con el óvulo no fecundado, de los residuos y partículas uterinas que, al no existir embarazo, pierden su función.
La imágenes que se presentan en este proyecto son parte del recorrido cotidiano de la autora. A lo largo de tres días del mes de junio del dos mil tres, se recogen las muestras sanguíneas de un hecho natural y sistemático que, a pesar de los avances en lo relativo al control del dolor y los métodos de higiene íntima femenina, siempre supone un periodo con el que hemos de aprender a vivir a pesar de que, de alguna manera, molesta e interrumpe los ritmos de vida cotidianos.
Sin entrar a debates y polémicas sobre la pertinencia o no de los métodos que logran interrumpir el ciclo hormonal femenino y evitar el sangramiento periódico tal y como propone el Dr. Coutinho, este trabajo pretende únicamente realizar el registro de un hecho con el que la inmensa mayoría de mujeres ha de convivir regularmente durante un largo periodo de su vida.
A lo largo de la historia de la humanidad, las mujeres hemos sido apartadas del mundo social y político, consideradas económicamente dependientes, condenadas a la ignorancia y relegadas a la categoría de objeto de estudio para disciplinas académicas que, tras la pretendida universalidad de sus discursos y representaciones ideológicamente neutras, esconden una posición determinada por intereses culturales, sociales, políticos y personales. Para gran parte de los críticos del arte del siglo XX, el sexo, al igual que la clase o la raza son parte de un conflicto ideológico que no es necesario tener en cuenta para el análisis de las obras de arte modernas.
En 1975 Gayle Rubin plantea que “(…) el sistema sexo/género es el conjunto de arreglos a partir de los cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana.” 1 Establece la diferencia entre sexo y género, entendiendo el primero como la diferencia biológica entre macho y hembra, y el segundo como la identidad “femenina” o “masculina” que adquieren los seres humanos condicionados por la situación sicológica, social, histórica y cultural en la que se forman como individuos. El sistema sexo-género, permite sacar del terreno biológico y ubicar en el ámbito de lo simbólico la diferencia sexual.
El arte del yo
En los años noventa, teóricas y artistas feministas han acudido al estructuralismo, al psicoanálisis, la semiótica y otros estudios culturales, en busca de modelos teóricos encaminados a la defensa de la diferencia sexual como elemento fundamental para la configuración de la identidad de las personas. Esta repolitización que afirma la necesidad de tener en cuenta el sexo tanto a la hora de hacer como de analizar el arte tiene como objetivo: (…) el de actuar trascendiendo la oposición, el de insistir tácticamente en la diferencia sexual con el objetivo estratégico de romper los sistemas de poder que operan de conformidad con el uso explícito, latente a veces, del sexo como eje de la jerarquía y el poder. (2)
Las artistas comprometidas con la reapropiación de la diferencia sexual y su redefinición positiva rechazan el ideal masculino como referente universal y desde la experiencia, buscan re-crear y afirmar la identidad femenina. Quienes trabajan en esta línea, presentan en su obra algunos rasgos que, si bien no son exclusivos, sí se manifiestan recurrentes.
Entender el arte como fusión entre vida y obra, es una constante en la trayectoria de muchas mujeres artistas, que durante mucho tiempo ha sido considerada una característica “femenina” y utilizada por la crítica con un sentido peyorativo. La idea de la separación entre la vida privada y la obra no es más que la consecuencia de la concepción dominante que considera las obras de arte como productos del “trabajo” y, por tanto, pertenecientes a la esfera de lo público. Pero según Eli Bartra,
Lo político no es sólo lo llamado “público”, social; no es sólo lo que atañe al mantenimiento o a la lucha por conquistar el poder estatal: la ya miles de veces repetida consigna del feminismo contemporáneo “lo personal es político” significa que en la vida cotidiana interpersonal también se ejerce el poder y, por tanto, hay política.(3)
La consigna “lo personal es lo político”, utilizada para cuestionar valores dominantes de la sociedad patriarcal, forma parte de las acciones que las artistas llevan a cabo por deconstruir la importancia de los sucesos públicos frente a los privados. En lugar de ocultar su condición de mujer, estas creadoras se plantean la obra como una reflexión, testimonio político de las obligaciones domésticas y de la opresión a la que están sometidas. De esta manera se observa una tendencia a expresar la experiencia personal, subjetiva narrada a través de la autobiografía, la narrativa y el collage. La obra de estas artistas lejos de presentarse como la mitológica pieza maestra reconocida y validada por las instituciones oficiales del sistema patriarcal, se convierte en una labor (obra-proceso) realizada a partir del análisis de materiales culturales, con una gran carga crítica, fundamentada en una subjetividad femenina y creada a partir de la experiencia de lo cotidiano dentro de una organización patriarcal.
El trabajo doméstico, centrado en la esfera privada de las emociones y lo íntimo de la vida, se inserta dentro de la historia de las prácticas cotidianas, siendo el no-lugar en que las mujeres han tenido su centro de operaciones desde que la Ilustración crea el ideal de las esferas separadas. Michel de Certeau llama "tácticas” a estas formas de hacer cotidianas (hablar, hacer las compras y cocinar, entre otras) que no cuentan con un lugar propio en la sociedad. De esta manera la confrontación que el ama de casa hace de datos heterogéneos y móviles como las provisiones de las que dispone, los gustos de sus comensales y los precios de los productos, son realizaciones operativas en las que trata de jugar con acontecimientos ajenos, no controlados por ella, y sacar provecho de ellos (convertirlos en “ocasiones”).
Estas tácticas manifiestan también hasta qué punto la inteligencia es indisociable de los combates y los placeres cotidianos que articula, mientras que las estrategias ocultan bajo cálculos objetivos su relación con el poder que las sostiene, amparado por medio del lugar propio o por la institución.(4)
El poder de la mirada
La vida y la experiencia humana en la actualidad son mucho más visuales y están más visualizadas que en tiempos anteriores. Las cámaras en centros comerciales, cajeros automáticos y bancos; la pantalla de televisión y la Internet, además de todas las formas de comunicación visual que nos rodean en las calles hacen que la imagen no solo sea una parte importante de la vida cotidiana sino “(…) la vida cotidiana en sí misma.” (5)
La cultura visual es descrita por críticos de disciplinas como la historia del arte, el cine, el periodismo y la sociología, como una “táctica”, no académica, fluida, que estudia la respuesta de los consumidores a la experiencia cotidiana de lo visual. La mayor parte de estos teóricos, coinciden en que uno de los rasgos que distinguen a la posmodernidad —y por tanto es necesario analizar— es el dominio de la imagen, lo cual se contrapone a la actitud que a lo largo de la historia ha mantenido el pensamiento occidental, que considera que una cultura en la que domina lo visual está empobrecida o es esquizofrénica.
En la línea de estudios acerca de la visualidad realizados desde la perspectiva de género, es necesario tener en cuenta el texto que Laura Mulvey escribe en 1975, en el que se basa en el psicoanálisis para analizar el componente político de la mirada dentro del ámbito cinematográfico. Según la autora, en las películas del cine narrativo tradicional, la mujer (al igual que lo que sucede en el arte de las vanguardias) cumple con el rol pasivo de objeto-espectáculo mientras que, acorde al ordenamiento binario que fundamenta la configuración cultural occidental, el hombre desarrolla el papel activo de narrar, de hacer que los sucesos ocurran. Basándose en la teoría del placer escopofílico de Freud (el placer de mirar a otra persona como un objeto erótico) y en la del espejo de Lacan (que conforma los procesos de identificación), Mulvey plantea que: La mirada determinante del varón proyecta su fantasía sobre la figura femenina, a la que talla a su medida y conveniencia. En su tradicional papel de objeto de exhibición, las mujeres son contempladas y mostradas simultáneamente con una apariencia codificada para producir un impacto visual y erótico tan fuerte, que puede decirse de ellas que connotan «para-ser-mirabilidad» [objetos-para-ser-mirados](6)
En otro texto, publicado en 1983, Kate Linker analiza la producción de sentido de las imágenes en un contexto en el que las obras no se completan sin la participación activa del espectador. Para esta autora, la realidad queda definida por procesos de significación que no pueden ser separados de la subjetividad ya que “(...) los sujetos que miran no sólo construyen sentidos, sino que también resultan absorbidos en y formados por dichos sentidos, (…)” (7) La autora parte de la teoría de Freud acerca del sistema de control, la no-neutralidad, que implica el acto de mirar y sus definiciones de voyeurismo (placer experimentado al enfrentarse y someter al “otro” (objeto) a una mirada distanciada y determinante) y exhibicionismo (deseo de ser simultáneamente objeto y sujeto de la mirada)
Linker, al igual que Mulvey, plantea que a través de la publicidad, la fotografía de modas y el foto periodismo, las mujeres han sido excluidas del lenguaje, de la posición de sujeto y han asumido la posición de “otredad”. La oposición entre sujeto y objeto, observador y observado, poder y opresión, hablante y hablado, son origen y resultado de un orden dominante, que otorga poder a la ideología del espectáculo, que por medio de las estructuras del mirar y del ser mirado refuerzan la diferencia sexual.
Nuestra posición está adjudicada de partida, dado que al conceptualizar lo femenino, despegamos desde una posición no de sujeto de enunciación sino de sujeto enunciado que, llevado al arte o a la imagen, sería no la de un sujeto creador de imágenes, sino la de objeto de observación. Nuestra imagen en virtud del paradigma vigente, permanece en el capítulo de lo que se enuncia, se observa y se dirime. Somos conjugadas en pasiva.(8)
Una obra producto del yo cotidiano, “Menstruario”.
La obra “Menstruario” es la respuesta a una convocatoria realizada por “EVENTO arte + reflexión”, el mes de mayo de 2003, en la que se solicita el envío postal de un registro fotográfico de aquello que en la vida cotidiana de las personas, genera residuos y partículas. La pieza se realiza entre los días 6 y 9 de junio y está formada por siete fotos que representan el mismo número de toallas sanitarias utilizadas a lo largo de estos días por la autora y un texto que reflexiona acerca de un hecho femenino cotidiano como es la menstruación.
La diferencia sexual, como formación histórica, continuamente producida y reproducida por medio de la repetición, naturaliza sus categorías variables de manera que aparecen como verdades inmutables. Un ejercicio táctico que parte de la idea “lo personal es lo político” lleva a algunas artistas a observar y pensar a los seres humanos y por tanto a las mujeres, como sujetos en formación continua. La “masculinidad” y la “feminidad”, el “hombre” y la “mujer” no existen más que determinados por un orden social patriarcal, en el que el falo representa el poder de la presencia. La ausencia de falo provoca que temas relativos a la experiencia cotidiana femenina, ignorados por la representación artística tradicional, comiencen a ser utilizados por mujeres artistas cuyas obras hacen énfasis en lo cotidiano y tocan aspectos personales como la maternidad y la menstruación.
En teoría, el ciclo menstrual típico dura veintiocho días. Sin embargo, en realidad, fluctúa entre veinticinco y treinta, aunque los ciclos entre veinte y cuarenta días también pueden ser considerados como normales siempre y cuando exista un patrón sistemático. El estrés, factores hormonales, un rápido cambio de peso, el ejercicio excesivo, el alcohol, los fármacos y los estupefacientes, entre otros, son circunstancias que contribuyen a la irregularidad de la menstruación.
Algunos ginecólogos que trabajan en la línea de plantear la libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, consideran que menstruar todos los meses puede ser considerado, desde el punto de vista médico, como una patología. Estos médicos opinan que, hasta hace un par de generaciones, las mujeres en edad fértil, debido a los embarazos y posteriores periodos de lactancia, rara vez cumplían sus ciclos menstruales de manera regular. La menstruación mensual (valga la redundancia) es para ellos una creación socio-cultural producto del uso masivo, a partir del último cuatro del siglo pasado, de la píldora anticonceptiva.
En la vida cotidiana, existe una gran cantidad de mujeres para las que la menstruación resulta un periodo incómodo y doloroso, pero también hay otro numeroso grupo para las cuales el sangramiento mensual resulta una muestra de feminidad, además de un motivo de gozo y tranquilidad a la hora de descartar la posibilidad de un embarazo. De lo que no cabe duda es que desde un punto de vista científico el periodo menstrual es para todas el momento de la expulsión, junto con el óvulo no fecundado, de los residuos y partículas uterinas que, al no existir embarazo, pierden su función.
En la obra “Menstruario”, se recogen las “huellas” sanguíneas de un hecho natural y sistemático que, a pesar de los avances en lo relativo al control del dolor y los métodos de higiene íntima femenina, supone un periodo con el que las mujeres hemos de aprender a vivir a pesar de que, de alguna manera, molesta e interrumpe los ritmos de vida cotidianos.
“Menstruario”. El poder literal de la obra fotográfica
Las fotografías que se presentan en “Menstruario” son imágenes de momentos específicos del recorrido vital de la autora. No son objetos como tales, sino huellas de un suceso, que por su carácter físico engloban una experiencia casi universal del sexo femenino. La obra no habla de la feminidad como construcción social de determinados comportamientos y actitudes sino de un hecho biológico, sexual, común a la mitad de la población mundial.
La mirada fotográfica no sondea ni analiza una “realidad”, se posa “literalmente” sobre la superficie de las cosas e ilustra su aparición en forma de fragmentos, por un lapso de tiempo muy breve al que sucede inmediatamente el de su desaparición. (9)
La fotografía, en este caso, detiene, petrifica, conserva un hecho físico que como su propio nombre indica, fluye y desaparece en el tiempo. Si la sangre menstrual es el residuo que periódicamente permite a las mujeres descartar la posibilidad de un embarazo, las fotografías que se presentan en “Menstruación” son las huellas que nos hablan de la aparición y desaparición de un objeto socialmente invisible: la toalla sanitaria. De esta manera, al igual que el personaje principal de “La aventura de un fotógrafo” de Italo Calvino, que fotografía las fotos de los diarios para establecer un vínculo indirecto entre su objetivo y el del lejano reportero gráfico, en “Menstruario” se trata de alejar la mirada (la huella de la huella) e imponer una imagen objetiva de la mujer en su sentido más puro.
Pero esta situación ambivalente de las fotografías de las toallas sanitarias, como imagen científica y como forma de arte, tal y como comenta Mirzoeff, genera incertidumbre pues es evidente que, a pesar la lejanía y objetividad de la realidad representada ésta se presenta con más fuerza y mayor contenido. La puesta en escena fotográfica de realidades como la menstruación, que a lo largo de la historia han sido ignoradas por el arte, provoca en el espectador una lectura cargada de contenido y no puede ocultar el posicionamiento político de la autora.
Fenomenología de la ausencia habitualmente imposible, porque el objeto ha quedado oculto por el sujeto como por una fuente luminosa demasiado intensa, y la función literal de la imagen ha quedado oculta por la ideología, la estética, la política, la referencia a las otras imágenes. La mayor parte de las imágenes hablan, hablan, son verborrágicas y cortan de raíz la significación silenciosa de su objeto. (10)
A modo de conclusión
“Menstruario” es, por tanto, una obra que habla de la inestabilidad de la identidad de las mujeres. Es una crítica a conceptos como “mujer” y “feminidad” que, castrantes y determinantes, se articulan sobre la base de la carga simbólica generada por el discurso patriarcal dominante en la sociedad. En un comentario sobre la cotidianidad fluida, cambiante, de las mujeres. Es una reflexión acerca de “(...) lo que Mijail Bajtín ha denominado la «imaginación dialógica»: un estilo paratáctico de enunciación (y, por extensión, modo de ser) en el que nada se fija, donde todas las relaciones son contingentes y la posición del sujeto cambia sin parar.” (11) Es, a fin de cuentas, la memoria de una experiencia autobiográfica, personal, puntual, que hoy en día cobra un nuevo sentido si se ubica en el contexto del embarazo de la autora y, por tanto, la ausencia de menstruación.
Bibliografía
BARTRA, Eli, Frida Kahlo: Mujer, ideología, arte, Barcelona, Icaria, 1994.
BAUDRILLARD, Jean, El intercambio imposible, Madrid, Cátedra, 2000.
CAO L.F., Marian (Coord.), Creación artística y mujeres: recuperar la memoria, Madrid, Narcea, 2000.
DE CERTEAU, Michel, La invención de lo cotidiano.1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana - Instituto Tecnológico de y Estudios Superiores de Occidente, 1996.
GUASCH, Anna María (ed.), Los manifiestos del arte posmoderno. Textos de exposiciones, 1980-1995, Madrid, Akal, 2000
LAMAS, Marta (coord.), El género; la construcción de la diferencia sexual, México, PUEG-UNAM, 1996
MIRZOEFF, Nicolas, Una introducción a la cultura visual, Barcelona, Paidós, 2003.
WALLIS, Brian (ed.), Arte después de la modernidad. Nuevos planteamientos en torno a la representación, Madrid, Akal, 2001.