EL COLACHO
LUGAR : CASTRILLO DE MURCIA
MUNICIPIO: CASTRILLO DE MURCIA
PROVINCIA: BURGOS
FECHA: La celebración se hace durante el miércoles, jueves, sábado, domingo y lunes de la semana del CORPUS CHRISTI.
Lo que más llama la atención y, creo que le da más valor a la fiesta, es precisamente la actitud de los protagonistas. Cada uno sabe su guión y lo ejecuta a la perfección, manteniendo la tradición de los pequeños detalles, ese protocolo en el buen sentido, que hace pensar que estamos contemplando la misma celebración que se realizaba hace trescientos años. Además, en una sociedad secularizada como la nuestra, se ve a personas convencidas de lo que hacen y en lo que creen, lo que da más valor a la fiesta. Son dignos sucesores de sus mayores. Análisis del significado social y cultural de la festividad Socialmente, Castrillo es el Colacho y el Colacho es Castrillo. Vemos una simbiosis total entre la población y la celebración festiva. Ese día es el punto de unión de todos los castrillenses estén donde estén. Culturalmente, la fiesta también ha llamado la atención a diversos autores, aunque la más precisa y fundamentada es la monografía del castrillense Ernesto Pérez Calvo (1985). Interpreta al Colacho como representación del demonio y, como indica por el título de su libro, concibe la fiesta como una pantomima en la que el Colacho actúa como demonio. Cree que el origen del Colacho procede de los mimos que se interpretaban en época romana y se impulsaron con los pueblos germánicos a pesar de las condenas del cristianismo. No sólo se representaban en calles y plazas, sino también en el interior de los templos, por lo que fue condenado por el III Concilio de Toledo, por Alfonso X y por numerosos sínodos provinciales, obispos y constituciones sinodales sin ningún éxito. Es más difícil, sin embargo, el momento en que se asoció ese personaje burlesco al demonio cristiano y, por tanto, fuente de todo mal. Concluye, así pues, que “el Colacho es, por tanto, un mimo, histrión, zaharrón, o si se prefiere un remedador, profano en su origen, pero sagrado en su representación” de diablo (1985, 70).Opina que su nombre originario fue Birria, pues Colacho es un insulto. Y el Birria “es el jefe de la mojiganga de principios de año” vestido estrafalariamente. Lo emparenta con el zamarrón, cuyo origen está “en ritos precristianos de carácter esencialmente masculino, no en las Saturnales (1985, 84) y concretamente lo relaciona con los “Inocentes”, de Murcia, el “Zancarrón”, de Montamarta,… y lo asemeja a los Birrias, de Laguna de Negrillos (1985, 91). Cuando se empezaron a hacer las primeras procesiones del Santísimo Sacramento, la Iglesia se encontró con un problema: todas las procesiones que se hacía en la liturgia cristiana eran penitenciales, pero no había ninguna alegre, como merecía la exaltación de la Eucaristía. Por ello, hubo de tomar elementos religiosos y profanos ligados al teatro. Y así, cree Pérez Calvo, que farsas y mimos se incorporaron a los oficios divinos. El protestantismo y su reacción, la Contrarreforma, les van a dar un impulso en España. Piensa que las vueltas y corridas actuales durante las horas canónicas han sustituido a las danzas rituales en honor al Santísimo que se hacían en determinados lugares. Son ésos, donde aún los cofrades se descubren como antes los danzantes al recibir el aplauso y que el Colacho intentaría entorpecer. Cita como celebraciones similares a Burgos 270 Bernardo Calvo Brioso | Ed. Junta de Castilla y León MASCARADAS DE ASTILLA Y LEÓN las de los niños depositados en colchones las que se celebraban en La Bañeza, Puebla de Sanabria y otros lugares de Tierra de Campos. Allí, delante de los altares, los danzantes bailaban y el Sacerdote bendecía a los niños. El Colacho intentaba entorpecer el acto, pero ante los insultos de los asistentes, huiría dando saltos, que popularmente se han interpretado como la liberación de la influencia demoníaca y, por tanto, de las enfermedades que él trae. Piensa que el ritual que el Sacerdote hace en los altares, acariciando espigas y probando el vino y el agua pueda simbolizar la Eucaristía o ser una “bendición del Señor sobre los frutos del campo” (1985, 44). Cree que el acto que se realiza en la era de San Juan, con sermón en verso y danzas, es lo que ha quedado de la representación de comedias y autos sacramentales que se hacían como fin de fiesta