Por: Camila Calvo
Foto: El Cronista.
Rodrigo Alzueta conoció varias versiones de Tregar. La de fines de los noventa, cuando llegó para trabajar en ventas; la que empezaba a buscar nuevos mercados en el exterior; y la que, años más tarde, comenzó a competir con algunos de los principales jugadores de la industria láctea argentina. Su historia dentro de la empresa empezó mucho antes de ocupar la gerencia general.
Abogado de formación, entró a la empresa en 1999. Pasó sus primeros años en ventas, en 2002 se incorporó al área de comercio exterior y, cinco años después, al área comercial. Recién en 2011 asumió como gerente general. Para entonces llevaba doce años dentro de la compañía y había conocido el negocio desde distintos lugares.
Su carrera avanzó casi al mismo tiempo que la firma. Desde el área comercial vio a la empresa buscar un lugar en Buenos Aires, un mercado en el que todavía tenía poca presencia. Más tarde, desde la gerencia, acompañó una expansión que sumó categorías y llevó la marca a una escala nacional. Todavía habla con sorpresa de algunos resultados. Cuando menciona categorías de yogures en las que Tregar alcanza participaciones del 40 o 45%, las define como “una locura”.
“Uno va al mercado con lo que es”
Rodrigo Alzueta
Sin embargo, Alzueta evita explicar ese recorrido únicamente por los aciertos de la empresa. “Nada es mérito propio en su totalidad”, sostiene. Para él, crecer también depende de estar preparado cuando aparece una oportunidad. Esa idea se repite en su manera de conducir.
Alzueta habla de un “crecimiento controlado”, es decir, avanzar de a poco, reinvertir y evitar que la expansión ponga en riesgo lo construido. Tampoco cree que una empresa se explique solamente por sus inversiones. Dos compañías pueden acceder a la misma tecnología, sostiene, pero la diferencia está en “el cómo se hacen las cosas”. Ahí aparecen los miembros del equipo que lo acompaña y la familia García, propietaria de Tregar.
Fotos: Diego Lapolla
Las líneas de producción de Tregar combinan trabajo humano y maquinaria en las distintas etapas de elaboración de sus productos.
Alzueta no pertenece a la familia García, pero le tocó conducir la empresa durante el paso de la segunda a la tercera generación. Su llegada a la gerencia también formó parte de una decisión sobre cómo organizar una compañía que crecía sin dejar de ser familiar. Laura Attademo, responsable administrativa de la compañía, explica que la familia optó por delegar la gestión ejecutiva en profesionales capacitados, mientras que las decisiones vinculadas a la familia propietaria quedaron en manos de los socios y sus hijos. En ese esquema, Alzueta quedó al frente de la gestión. “Es un gran profesional y, además, una gran persona”, dice Attademo.
Su manera de entender Tregar también aparece cuando habla de los productos. Para Alzueta, competir únicamente por precio no alcanza. Una marca también se construye a través de la calidad, la presentación, lo que comunica y la experiencia que genera. “Uno va al mercado con lo que es”, resume.
Hoy, mientras transcurre 2026, ya piensa en 2027 y 2028. Después de más de dos décadas dentro de la empresa, su forma de mirar hacia adelante se parece bastante a la que utiliza para explicar el pasado: prepararse antes de que llegue la oportunidad. Alzueta vio el fenómeno Tregar desde distintos lugares; ahora le toca conducir lo que viene.