En tiempos antiguos, el pueblo de San Sebastián fue azotado por una terrible peste que causaba miedo y desesperación entre sus habitantes. La enfermedad parecía imparable y la comunidad, unida por la fe, decidió acudir a su santo patrón con plegarias y promesas. Se dice que, en respuesta a esta profunda devoción, San Sebastián obró un milagro que detuvo la peste y devolvió la salud y la esperanza al pueblo. Desde entonces, cada año, durante la fiesta patronal, la imagen del santo es llevada en una solemne procesión por las calles del distrito, no solo como un acto de fe, sino también como un recuerdo vivo de aquel acto divino que salvó a la comunidad. Esta leyenda es el corazón espiritual de la festividad y explica la devoción ferviente que sienten los vecinos hacia San Sebastián, viéndolo como un protector tangible y cercano.