Griffith quería investigar si la virulencia era una característica inherente a la bacteria o si podía ser transmitida de una cepa a otra. Su experimento buscaba responder a esta pregunta y, en el proceso, descubrió el principio de la transformación genética.
En la época en que Griffith realizó su experimento, se sabía que la bacteria Streptococcus pneumoniae era responsable de la neumonía. Sin embargo, también se sabía que algunas cepas de esta bacteria eran más virulentas que otras.
Griffith se preguntó cómo se transmitía la virulencia en las bacterias. En específico, quería saber si la virulencia era una característica inherente a la bacteria o si podía ser transmitida de una cepa a otra.
Griffith formuló varias hipótesis para explicar la transmisión de la virulencia en las bacterias. Una de ellas era que la virulencia se debía a la presencia de un factor soluble que podía ser transmitido de una cepa a otra.
Para probar su hipótesis, Griffith diseñó un experimento en el que utilizó tres cepas de Streptococcus pneumoniae: una cepa virulenta, una cepa no virulenta y una cepa que había sido matada por calor.
Griffith concluyó que la virulencia se debía a la presencia de un factor soluble que podía ser transmitido de una cepa a otra. Este factor soluble resultó ser el ADN, y el experimento de Griffith sentó las bases para la comprensión de la transformación genética.