Obsequia un regalo con sentido, comunícate vía WhatsApp para comprar
Cada vez que hacemos la señal de la Cruz, al despertarnos, antes de las comidas, ante un peligro o antes de dormir, expresamos nuestra pertenencia a Cristo. Y la Cruz es el distintivo que manifiesta quien somos: nuestro hablar, pensar, mirar, obrar está bajo el signo de la Cruz, es decir, del amor de Jesús hasta el fin. (Papa Francisco)
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Dibujamos una cruz sobre nosotros. Iniciamos tocándonos la frente, luego el pecho, después el hombro izquierdo y luego el derecho.
Por la señal de la Santa Cruz (cruz en la frente o la cabeza): significa la señal del amor de Jesús, de su entrega hasta el extremo de morir por nosotros. La catequesis señala que esta cruz es para librarnos de pensamientos negativos.
De nuestros enemigos (cruz en la boca): significa que Dios nos libre de la soberbia y egoísmo. Esta cruz es para que podamos pronunciar mejores palabras, evitar las que hieren, señalan o dividen.
Líbranos Señor, Dios nuestro (en el pecho): significa que a Dios, de corazón, le hacemos esta petición. Esta cruz es para que nuestras acciones y trabajo se realicen conforme a la palabra de Dios, siempre rechazando el mal.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (de la cabeza a la boca del estómago): Simboliza que somos parte de Dios, de la Iglesia y de su Cuerpo Místico. Esta es una entrega total a la voluntad de Dios.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro.
Es cuando dibujamos tres cruces sobre nosotros. Una pequeña sobre la frente, una sobre la boca y una sobre el pecho.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Combinamos las dos. Primero nos signamos (tres cruces) y después nos santiguamos (una cruz).
La Iglesia siempre ha tenido un gran amor a la Virgen María, por eso nos invita a Saludarla al amanecer; 6:00am acostumbramos a saludarla con el rezo del "Ángelus" que en español significa: "El ángel del Señor" y recordamos cuando el ángel Gabriel le da el saludo más hermoso porque la invita a ser la madre de Dios, y con ello la madre de todos los hombres. A las 12:00im y a las 6:00pm.
En pascua, le damos el segundo saludo más hermoso: ¡Jesús ha resucitado! María que vió morir a Jesús, ahora se regocija por el anuncio de su resurrección.
El ángel del Señor
V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María... Santa María...
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María... Santa María...
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María... Santa María...
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)
V. Reina del cielo, alégrate, aleluya.
R. Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
V. Ha resucitado según su palabra, aleluya.
R. Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
V. Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
R. Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)
Con el tiempo se desarrolló una tradición que asignaba a cada día de la semana un tema espiritual diferente. Esto se reveló con más claridad en las regulaciones relativas a la celebración de las Misas Votivas.
Cuando un sacerdote dice misa a lo largo de la semana, tiene varias opciones para las oraciones que puede usar. Lo más frecuente es que sean reflejos de la festividad de un santo particular, pero ciertos días el sacerdote puede celebrar una Misa Votiva que destaque un aspecto particular de la fe. Durante siglos esto se restringió a ciertas misas en conexión con el tema espiritual del día.
Estos temas se repetían cada semana y permitían al sacerdote (y a los fieles) tener un enfoque principal sobre sus días de trabajo. La mayoría de estos temas están conectados con varios acontecimientos históricos sucedidos en un día específico de la semana (por ejemplo, Sagrada Eucaristía los jueves, porque la Última Cena sucedió en un jueves). Aquí te proponemos las oraciones más populares para dedicar cada día de la semana.
Los domingos son dedicados a la Santísima Trinidad.
A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.
Los lunes son dedicados al Espíritu Santo y a las almas del purgatorio.
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena con tu divina gracia, los corazones que Tú creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, dedo de la diestra del Padre; Tú, fiel promesa del Padre, que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y, con tu perpetuo auxilio, fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo, y danos pronto la paz; sé Tú nuestro guía, para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y creamos en ti, su Espíritu, por los siglos de los siglos.
Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos. Amén.
V/ Envía, Señor, tu Espíritu creador.
R/ Y se renovará la faz de la tierra.
Oremos
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, concédenos juzgar y seguir rectamente según el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consolaciones. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Recibe, ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que te hago en este día para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones: mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza y todo el Amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a tus divinas operaciones y quiero ser siempre dócil a tus santas inspiraciones.
¡Oh Espíritu Santo!, dígnate formarme con María y en María según el modelo de vuestro amado Jesús.
Gloria al Padre Creador; Gloria al Hijo Redentor; Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Padre celestial, te presentamos a todas las almas del purgatorio que necesitan de tu misericordia y perdón. Te pedimos que las liberes de cualquier atadura que impida su entrada al Reino de los Cielos. Mira con benevolencia sus sufrimientos y haz que encuentren consuelo en tu infinito amor.
Te ofrecemos, Señor, nuestras propias penas y sufrimientos como expiación por los pecados cometidos. Que nuestras oraciones y sacrificios sean un bálsamo para estas almas, ayudándolas a alcanzar la paz y la salvación eterna.
(O bien, se puede realizar alguna de estas)
1. Señor, en tus manos encomendamos las almas de nuestros hermanos difuntos. Concédeles el descanso eterno y que tu luz perpetua los ilumine.
2. Padre celestial, te pedimos que tengas compasión de las almas que sufren en el purgatorio. Líbralas de su dolor y permite que alcancen la paz eterna en tu presencia.
3. Jesús, Rey de misericordia, escucha nuestras súplicas y extiende tu amor salvador hacia aquellos que están en el purgatorio. Concédeles el perdón de sus pecados y haz que gocen de tu eterna gloria.
4. Espíritu Santo, consuelo de las almas afligidas, imploramos tu ayuda para las almas del purgatorio, límpialos de toda mancha y condúcelos a la vida eterna contigo.
5. Santa María, madre amorosa, intercede por las almas de nuestros seres queridos en el purgatorio. Ruega por su liberación y obtén para ellos el gozo de la comunión plena con Dios.
jaculatorias
V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz
R. Así sea
V. Dales Señor el descanso eterno
R. Y brille para ellas la luz perpetua
V. Descansen en paz
R. Así sea
Los martes la Iglesia implora la protección de los Santos Ángeles en especial el ángel custodio
Cantemos hoy a los ángeles,
custodios nuestros y hermanos,
que velan por los humanos
y van de su bien en pos.
Ven siempre la faz del Padre,
él los ampara benigno,
y luchan contra el maligno
en las batallas de Dios.
¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
sois su vital letanía,
su enamorada legión.
Por vuestro medio nos llegan
dones y gracias del cielo,
la fe, la luz, el consuelo,
la paz y la inspiración.
Terribles como un ejército
bien ordenado en batalla,
vuestra asistencia no falla
contra la insidia infernal.
Silentes guardas y amigos,
de vuestra noche luceros,
seréis nuestros compañeros
en la patria celestial.
La gloria a Dios que ha creado
ejército tan prolijo:
que adore sumiso al Hijo,
su rey y su plenitud,
y que al Espíritu Santo,
terrenos y celestiales,
le rindan universales
tributos de gratitud. Amén.
Ángel del Señor
Ángel del Señor, que eres mi custodio,
puesto que la Providencia Soberana me encomendó a ti,
ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día.
Amén.
Ángel de mi guarda
Ángel de mi guarda, mi dulce compañía,
no me desampares, ni de noche ni de día,
hasta que me entregues en los brazos de Jesús, José y María.
Con tus alas me persigno y me abrazo de la cruz, y en mi corazón me llevo al dulcísimo Jesús.
Con Dios me acuesto, con Dios me levanto,
con la Virgen María y el Espíritu Santo.
Amén.
Los miércoles la tradición de la Iglesia recuerda a San José (protector de la Iglesia universal) y también pedimos la gracia de alcanzar la buena muerte.
Oración A San José
Para alcanzar una Buena Muerte
¡Oh mi Santo protector, glorioso Patriarca San José, que, estando en el lecho de tu dulce tránsito, te viste rodeado de ángeles y asistido de su Rey; Cristo Jesús, y de su Reina; ¡la Santísima Virgen María, esposa tuya, y que con esta amabilísima compañía saliste en una paz celestial de esta miserable vida! Alcánzame la gracia de perseverar en el bien hasta que muera reclinado en sus brazos. Sí, santo mío, por aquella dulce compañía que Jesús y María te hicieron hasta la hora de tu muerte, protégeme en la mía hasta que me vea contigo en el cielo. Compadécete también de las pobres almas del Purgatorio que invocan tu gracia y poder para con ellas; ampararlas y llevarlas pronto a la gloria, para que juntas con la mía, glorifiquemos tu santo nombre con el de Jesús y María por todos los siglos. Amén.
Enséñanos, José,
cómo se es “no protagonista”,
cómo se avanza sin pisotear,
cómo se colabora sin imponerse,
cómo se ama sin reclamar.
cómo se obedece sin rechistar
cómo ser eslabón entre el presente y el futuro
cómo luchar frente a tanta desesperanza
cómo sentirse eternamente joven
Dinos, José,
cómo se vive siendo “número dos”,
cómo se hacen cosas fenomenales
desde un segundo puesto.
Cómo se sirve sin mirar a quién
cómo se sueña sin más tarde dudar
cómo morir a nosotros mismos
cómo cerrar los ojos, al igual que tú,
en los brazos de la buena Madre.
Explícanos
cómo se es grande sin exhibirse,
cómo se lucha sin aplauso,
cómo se avanza sin publicidad,
cómo se persevera y se muere uno
sin esperanza de un póstumo homenaje
cómo se alcanza la gloria desde el silencio
cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo.
Dínoslo, en este tu día, buen padre José.
Glorioso San José, modelo de cuantos deben trabajar con el sudor de su frente, conseguidme la gracia de considerar el trabajo como expiación, para satisfacer tantos pecados. Hacedme trabajar en conciencia, prefiriendo el fiel cumplimiento de mis deberes a mis inclinaciones caprichosas; haced que trabaje con agradecimiento y alegría, poniendo todo mi empeño y honor en aprovechar y desarrollar, por medio del trabajo, todos los talentos que he recibido de Dios. Mandadme trabajar con tranquilidad, moderación y paciencia sin que me atemoricen el cansancio y las dificultades. Inspiradme a menudo pensamientos en la muerte y en la cuenta que he de rendir del tiempo perdido, de los talentos malgastados, de las omisiones y de toda vana complacencia en éxitos obtenidos, tan contraria al honor de Dios. ¡Todo según vuestro ejemplo, oh Patriarca San José!
Oh custodio y padre de vírgenes, San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las vírgenes, María. Por estas dos queridísimas personas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
Los jueves la Iglesia siempre ha tenido la veneración a la Sagrada Eucaristía, en memoria del primer Jueves Santo, en que Jesús hizo por primera vez la consagración del pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre.
Existen unos himnos que Santo Tomás de Aquino realizo para este misterio de la Eucaristía, estos se han hecho populares en toda la Iglesia.
Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.
Vista, tacto y gusto en ti fallan;
pero basta el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,
pero aquí se esconde también la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás
pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en ti,
que en ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
concede a mi alma que de ti viva
y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego,
que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.
Canta lengua el glorioso
misterio del Cuerpo,
y de la Sangre preciosa,
fruto de un vientre generoso, precio del mundo derramado, por el Rey de las naciones.
Para nos dado y nacido
de una purísima Virgen,
en el mundo convivió,
y tras sembrar su palabra,
de su convivencial estancia cerró el admirable ciclo.
En la cena de la suprema noche que comió con sus hermanos, observada la ley plena, tras los consumos rituales, como alimento a los doce
se dio con sus propias manos.
El Verbo en carne, con su verbo hizo realmente el pan su Carne, y el vino Sangre de Cristo: y aunque el sentido no alcanza, para afirmarlo al sincero corazón con la sola fe le basta.
A tan grande sacramento
veneremos genuflexos;
y el antiguo documento
al rito ceda del nuevo:
y dé la fe el suplemento
al sentido insuficiente.
A Engendrador y Engendrado cantos gozosos, loores, y honor sea tributado con méritos y bendiciones:
y al Procedente de entrambos iguales los ditirambos. Amén.
Los viernes recordamos la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y el Sagrado Corazón de Jesús.
Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos."
Rendido a tus pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inmensas muestras de amor que me has dado y las grandes lecciones que me enseña continuamente tu adorable Corazón, te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedes a los que de verdad te conocen, aman y sirven.
¡Mira que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Ti como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar!
¡Mira que soy muy rudo, oh soberano Maestro!, y necesito de tus divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia
¡Mira que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Ti, para no desfallecer!
Sé todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Ti lo espera todo mi pobre corazón. Tú lo alientas y convidas, cuando con tan tiernos acentos dijiste repetidas veces en tu Evangelio: "Vengan a mí, aprendan de mí, pídanme, llámenme..."
A las puertas de Tú Corazón vengo, pues hoy, y llamo y pido y espero.
¡Oh Señor!, Te hago firme, formal, y decidida entrega de mi corazón. Tómalo, Señor, y dame en cambio lo que sabes será bueno para mí en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.
Los sábados la Iglesia recuerda el primer sábado santo, cuando María sola en la tierra, la sostiene con su oración, ya que Jesús que había muerto el viernes santo aún no había resucitado.
Dios te salve, Reina y Madre, Madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea, pues, Señora, abogada nuestra! Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡Oh Piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!
Préstame madre tus ojos, para con ellos mirar, porque si con ellos veo, nunca volveré a pecar.
préstame madre tus labios para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.
préstame madre tu lengua para poder comulgar, pues es tu lengua sin mancha y llena de santidad.
préstame madre tus brazos para poder trabajar, pues así rendirá mi esfuerzo y valdrá una eternidad.
préstame madre tus manos para poderlas abrir y compartir lo mejor que tengo con el que venga a pedir.
préstame madre tu manto para cubrir mi maldad, pues con él lleno de estrellas, al cielo he de llegar.
préstame madre a tu hijo para poder amar, si tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear? esta será mi dicha, por toda la eternidad. Amén.