La realización por parte de Esther Ortego de obras en soportes de dimensiones reducidas, que luego integrarían lo que llamaría “Series Mínimas”se despliega a partir de su participación en diversas ediciones de los Concursos de Minicuadros, organizados por la Galería Círculo 2 de Madrid y los Premios Pequeño Formato de la Galería Orfila de Madrid.
Esther había frecuentado formatos reducidos anteriormente, pero es a partir de estos años cuando cuajan las series mínimas que asoman a su producción como paisaje humano, como retratos psicológicos surgidos de sus entrañas, como algo que se le impone, que aparece y que tiene su raíz en los “cielos y los infiernos en los que he vivido”, en el núcleo de la experiencia dolorosa de Esther con la vida y con la muerte, con la feminidad y con el mundo social que le toca vivir, en el que su elección radical de la expresión artística como modalidad de existencia irreductible a modas y mercados le aboca al aislamiento y la incomprensión.
Esther quiere representar “el mundo abstracto de la mente humana” a través de rostros y rasgos de estatus. Nos encontramos, fundamentalmente, con una investigación sobre el mundo femenino en el que “los tonos, materias y formas...como peldaños irán llevando al espectador a estados mentales” a los que de otra forma “quizás jamás le será dado llegar”. Rostros que son “una sinfonía completa de sonidos, silencios, formas, espacios y tiempos”.
Se trata de una galería de personajes que pueblan la imaginación de Esther, que brotan de sus entrañas - en ocasiones, habla de los cuadros como de sus hijos- desde un fondo indistinto, difuso, en ocasiones, profuso, en otras, en sinfonías de colores cambiantes: “óxidos rojizos, verdes musgo, ocres calcáreos, blancos encontrados, negros mates, nácares violáceos...”, colores que hablan y expresan sentimientos, amenazas, pasiones, búsquedas, encuentros.
Esta exposición de la artista Esther Ortego se centra en el descubrimiento de un personaje singular, que produjo una obra multidisciplinar muy extensa. Ella vivió toda su vida en esta zona cercana al C.C. Galileo, por eso se muestra el aspecto más cotidiano de la artista, una serie de retazos de su obra en los distintos registros en los que trabajaba como artista plástica y escritora.
La obra de Esther Ortego parte de una profunda introspección. Ella no pinta la realidad exterior, los objetos del mundo de lo “visible” no son importantes. Ella pinta obsesivamente al ser humano femenino, en sus formas esenciales, en sus relaciones con los elementos, con el todo.
En sus diferentes formas de representación, ya sea con dibujos, pinturas, grabados o creando objetos artísticos y libros de poemas, retrata sus emociones buscando el sentido de su propia existencia a través de una entrega incondicional al proceso creativo.
Se desvelará una galería de personajes que pueblan la imaginación de la artista, que brotan de sus entrañas desde un fondo indistinto, difuso, a veces profuso, otras, en sinfonías de colores cambiantes que hablan y expresan sentimientos, amenazas, pasiones, búsquedas, encuentros. Formas que vienen de ninguna parte y van a ninguna parte, aparecen contundentes o evanescentes pero a la vez eternas, quedan cristalizadas en un instante fulgurante antes de volver a sumirse en el olvido. No hay contexto, solo hay texto pictórico, expresión. Emergen y desaparecen...
Sus personajes se presentan como magas, sabias, locas, alquimistas, inocentes, papisas, enanas, payasas, mujeres sufrientes, mujeres gozantes, luchadoras, revolucionarias, aplastadas... tal como ella escribía: “el mundo del disfraz como el mundo de lo verídico tras la mentira aparente, el doble sentido de lo que se asoma a una realidad desde otra verdad”.
María Jesús Aragoneses Cañas