Breve recopilatorio del trabajo realizado en las comunidades y con los niños de Nepal por Jose Diaz
La primera declaración de derechos de la infancia, la Declaración de Ginebra, se firmó en 1924 y fue obra de Eglantyne Jebb, fundadora de Save The Children.
En 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que incluía también los derechos de las niñas y los niños. No obstante, se vio claramente que éstos necesitaban un código propio y específico, por eso UNICEF redactó en 1959 la Declaración de los Derechos del Niño, que se basa en 10 principios fundamentales:
Además de derechos, UNICEF también propuso unas responsabilidades que los más pequeños deberían cumplir, entre las que destacan:
Un día, un enorme incendio comenzó a devorar la selva. Todos los animales quedaron pasmados, sintiéndose impotentes ante el tamaño del incendio, viendo cómo iba acabando con la selva. Todos menos un pequeño colibrí que dijo “voy a hacer algo con ese incendio”
Entonces vuela hasta el arroyo más cercano, toma una gota de agua en su pico y sale volando para echarla al incendio. Y así, iba y venía del arroyo al incendio llevando una gota de agua en cada viaje, lo más rápido que podía.
Los demás animales, que eran mucho más grandes, como el elefante que con su enorme trompa podía llevar muchísima agua, le dijeron “¿qué piensas que puedes hacer? ¡Eres muy chiquito, el incendio es muy grande y tus alas muy pequeñitas y tu pico es muy chiquito y sólo puedes llevar una gota de agua! Y así, mientras el colibrí iba y venía echando una gota de agua cada vez, los otros animales intentaban desanimarlo hasta que se volteó hacia ellos y sin perder nada de tiempo les dijo “Estoy haciendo lo mejor que puedo hacer”.
Entonces, el elefante fue al arroyo y recogió agua con su trompa. Un oso se bañó y abrazó un árbol. Hasta que acabaron uniéndose todos los animales de la selva, cada uno hacía lo que podía.
Finalmente, gota a gota consiguieron apagar el incendio.