Cristo no entregó su vida hasta que hubo cumplido la obra que había venido a hacer, y con su último aliento exclamó: “Consumado es.” La batalla había sido ganada. Su diestra y su brazo santo le habían conquistado la victoria. Como Vencedor, plantó su estandarte en las alturas eternas. ¡Qué gozo entre los ángeles! Todo el cielo se asoció al triunfo de Cristo. Satanás, derrotado, sabía que había perdido su reino.
El clamor, “Consumado es,” tuvo profundo significado para los ángeles y los mundos que no habían caído. La gran obra de la redención se realizó tanto para ellos como para nosotros. Ellos comparten con nosotros los frutos de la victoria de Cristo. (EGW, El Deseado de Todas las Gentes, Cap. 79).
La expresión de Jesús "Consumado es" nos habla de que una gran obra se había efectuado y llevada con éxito, a saber, el gran plan de rescatar al hombre del pecado. Es una expresión cargada de significado y demanda de nosotros una respuesta, la cual es aceptar ese sacrificio hecho en favor nuestro. Dios, en su gran misericordia entregó a su hijo, y nosotros ¿Le permitiremos que tome nuestras vidas y las renueve a una vida conforme a su voluntad, a su ley? ¡Necesitamos a Dios mas que nunca, necesitamos volver nuestros caminos errados a los preceptos de Dios! ¡Hoy es el día de salvación!
Es imposible que podamos ser renovados o transformados por medio de nuestras propias fuerzas. Necesitamos del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1: 29). Los que viven en dependencia de Dios reflejarán cada vez mas su santo carácter. Llevarán frutos que glorifiquen al Creador y beneficien a la humanidad, por que estarán mas cerca de Aquel que los concede.
Cuando Cristo venga, ¿que estará haciendo el mundo?
“Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre” (Mateo 24: 37-39).
“Asimismo, como sucedió en los días de Lot, cuando comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del hombre se manifieste” (Lucas 17: 28-30).
Estos pasajes Bíblicos nos revelan que las mentes de las personas estarán tan absorbidas por estas cosas que le darán poca atención, o ninguna, a la vida futura, y no harán planes ni preparación para encontrarse con Jesús cuando él venga. La gran necesidad en estos últimos días es buscar a Dios mientras pueda ser hallado (Isaías 55: 6). Hay personas preparándose, pero hay quienes aún no toman la decisión de entregar su vida a Dios. Dios ha hecho abundante provisión en Cristo para que los seres humanos sean restituidos a la gloria del cielo y para que vivan en armonía con su ley eterna. Ahora, precisamente ahora, es el momento de buscar a Dios. No hay otro tiempo. ¡Hoy es el día de salvación!
Un misionero preguntó a una señora si tenía Biblia. Ella se enojó por dicha pregunta y contestó: “¿Cree usted que soy pagana?” Enseguida llamó a una niña a quien ordenó: Corre, saca la Biblia del cajón para mostrarla al señor. Al poco rato la niña trajo la Biblia cubierta de una espesa capa de polvo y telarañas. La señora la vio y exclamó: “¡Que suerte, hacía tres años que había perdido mis anteojos y ahora los encuentro en mi Biblia!
Debemos atender al llamado que Jesús nos hace: “Escudriñad las Escrituras” (Juan 5: 39). A medida que el gran conflicto entre el error y la verdad, entre la luz y las tinieblas, entre el poder de Dios y las usurpaciones que ha intentado el enemigo de toda justicia se acerca a su fin, se necesitará de una fe más viva y de una comunión más estrecha con el Redentor del mundo: Jesús. Hay una gran obra que hacer, hay una gran necesidad que a menudo pasamos por alto: Escudriñar las Escrituras. En ellas, Dios ha comunicado a los seres humanos el conocimiento necesario para la salvación. La Biblia sin duda constituye la norma del carácter. Son la infalible revelación de la voluntad divina. No debemos descuidar su estudio, no debemos desapropiarnos de los preciosos tesoros que, para nuestro propio beneficio, Dios ha dado. Abramos la Biblia, dejemos que la Palabra de Dios nos moldee porque es necesario si queremos reflejar el carácter de Dios, y además agradarle, y prepararme y preparar a otros para la segunda venida de Cristo, que está cerca, a las puertas.
A fin de que el hombre busque la senda que conduce a la eternidad, a fin de que sea renovado de su vida pecaminosa a una vida que refleje el carácter de Dios, y así viva en armonía con los estatutos divinos, Dios le ha concedido un tiempo de gracia. La misericordia de Dios manifestada en Cristo habla a nosotros de su deseo por la humanidad: Rescatarla del abismo del pecado. Dios no fuerza la voluntad. Al crear a sus criaturas le dio la capacidad de elegir. Pero, ¿No son los llamados de Dios una manifestación de su amor por cada uno de nosotros? ¡Oh, que privilegio tenemos ahora mediante Cristo! Podemos ser redimidos por su sangre derramada en la cruz del calvario. Podemos ser renovados a su semejanza en carácter y gozar de la dicha celestial y de las cosas que Él ha preparado para quienes le aman. Todo esto si le aceptamos como nuestro salvador personal. No solo es creer, sino también entregar nuestra vida a Dios. La segunda venida de Jesús a esta tierra no está lejos. Y, ¡Cuánto anhela Dios que sus hijos acepten el llamado hoy! Dios está aún mas preocupado por nuestra salvación que nosotros mismos. "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Isaías 1: 18).