Con 5 lenguas cooficiales reconocidas en la constitución (catalán, valenciano, euskera, gallego y aranés), España es uno de los territorios más diversos de Europa cuando hablamos de lingüística. Esa riqueza convive con una realidad cada vez mas preocupante. Muchas de sus lenguas, incluidas y con más razón las minoritarias sin reconocimiento legal como el bable, atraviesan un momento crítico.
Aunque en el debate público siempre se mencionen el euskera, el catalán o el gallego, existe un grupo de lenguas que se mantienen casi invisibles, sin protección institucional y ausentes en la mayor parte de estadísticas oficiales. Por primera vez, y esperemos que no por última, se le va a dar voz a estas variedades lingüísticas que durante años convivieron en nuestra sociedad.
Mientras que las lenguas cooficiales mantienen un número considerable de hablantes, las lenguas históricas del norte y oeste peninsular presentan un escenario mucho más complicado. Como el asturleonés, hablado en Asturias, León y Zamora, que reúne hoy un porcentaje muy reducido de hablantes habituales siendo en su mayoría personas mayores. (En el siguiente mapa, las cifras del habla del Bable (Variante del Asturleonés) en las provincias de León y Zamora vienen en conjunto)
La transmisión familiar, ha sido clave en la supervivencia de cualquier idioma, sin embargo, esta se ha desplomado. Por ejemplo, únicamente 39 personas, todas ellas de más de 65 años, utilizan el aragonés como lengua principal en la comarca aragonesa de Ribagorza (12.594 hab.), según una encuesta de usos lingüísticos del Gobierno de Aragón, su principal foco se encuentra en comarcas del pirineo oscense, pero su presencia en las tres capitales aragonesas es casi inexistente. Con el extremeño, sucede algo parecido, ya que persiste mínimamente en las localidades norteñas de Cáceres.
Aquellas lenguas que gozan del apoyo institucional han resistido mejor este declive con trayectorias algo distintas. Existen casos, como el de Navarra, en el que el número de vascoparlantes supera el 80% en 20 de los 64 municipios que se encuentran en la zona vascófona, según una encuesta realizada por (na)stat, mientras que, en Pamplona, pese a situarse en zona mixta, el porcentaje de vascoparlantes continúa aumentando año tras año gracias al plan lingüístico del Gobierno de Navarra.
Estos datos ponen de manifiesto que la supervivencia de una lengua no depende únicamente del número de hablantes, si no de las políticas públicas que permiten su desarrollo y persistencia en la sociedad. En aquellas zonas en los que existe una oferta educativa y un uso y defensa por parte de las instituciones, las posibilidades de mantener las lenguas se multiplican. Tanto el catalán, como el valenciano, el euskera y el gallego tienen a su espalda unas políticas lingüísticas que respaldan y defienden el derecho de los ciudadanos de conocerlas.
Durante décadas, estas lenguas no reconocidas oficialmente han quedado fuera de las investigaciones oficiales. Y es por eso por lo que se hace tan complicado estimar el uso de estas lenguas en este reportaje. La ausencia de estadísticas actualizadas hace que sea muy difícil evaluar la situación real de lenguas como el aragonés, el extremeño y tanto el asturleonés como sus variantes.
Las lenguas minoritarias no son solo un vehículo de comunicación, representan la identidad de nuestras culturas e identidad, una forma de mantener quienes fuimos alguna vez, donde la lucha por su supervivencia supone poder evitar la pérdida de un patrimonio inmaterial único en Europa.
Autor: Mario Cerdán