A lo largo de Escuela Consciente se fueron identificando una serie de lecciones y aprendizajes sobre la experiencia. Es por eso que en este caja de herramientas las presentamos como parte de una ruta para que otros agentes conozcan cómo se construyó el proyecto social en este entorno educativo y puedan tener insumos para construir el suyo propio.
La ruta para construir proyectos sociales en entornos educativos:
Grupo focal con docentes del Hernando Navia Varón
Grupo focal con padres de familia del Hernando Navia Varón
Grupo focal con estudiantes del Hernando Navia Varón
Podríamos decir que el primer paso para construir proyectos sociales es el diseño de un diagnóstico participativo. Esta herramienta nos permite obtener una mirada panorámica sobre el contexto en el que nos encontramos y cómo es percibida por la comunidad. Para ello es necesario identificar a los actores que la integran, pues una comunidad no es homogénea. Por el contrario, está compuesta por diversos agentes pensantes y sintientes que pueden experimentar una misma situación de muy distintas maneras.
En comunidades educativas generalmente nos encontramos con los siguientes actores: estudiantes, profesores, padres de familia o acudientes y directivos. Podrían variar, ciertamente, por lo que es necesario ubicarse en el contexto real de la comunidad para reconocerlos eficazmente. Una vez identificados se deben posibilitar espacios de encuentro donde puedan dialogar, escucharse mutuamente y expresar sus preocupaciones o necesidades sobre la situación que los convoca. Estos espacios, grupos focales o reuniones pueden estructurarse de manera dinámica para que los participantes se sientan invitados a expresarse desde la empatía y el respeto.
Un diagnóstico participativo debe construirse en espacios seguros. Es decir, en encuentros en los que los agentes puedan participar activamente, sin miedo a ser señalados. Utilizar icebreakers u otras actividades reflexivas permite gestar ambientes cálidos donde todos los aportes se sientan bienvenidos. También resulta muy acertado proponer preguntas clave que puedan orientar el encuentro y promover el diálogo en torno a aquello que está sucediendo, por qué está sucediendo y qué podría hacerse al respecto.
Finalmente, tras reunirse con cada uno de los actores de la comunidad y tomar nota atenta de aquello que surgió en los espacios se puede construir un diagnóstico en el que se encontrarán tanto puntos en común como elementos divergentes entre sí. Esto hace parte de la riqueza del diagnóstico participativo, como estrategia inicial que permita emprender acciones orientadas hacia fines comunes. A partir de este panorama general se pueden identificar los pilares que estructurarán el proyecto y las actividades a implementar.
Un proyecto social necesita de la participación activa de miembros de la comunidad y de otros agentes que quieran aportar al proceso desde sus conocimientos y experiencias. Puede tratarse de comunicadores, trabajadores sociales, psicólogos, sociólogos, entre otras profesiones, o pueden ser también organizaciones, fundaciones o movimientos de voluntariado. Sumar manos a los procesos es uno de los pasos más importantes para que las acciones a implementar puedan realmente llevarse a cabo y los equipos de trabajo sean más sólidos y efectivos. La idea es que las responsabilidades no recaigan en unos pocos participantes que a la larga se puedan sentir saturados y desistan del proceso, sino distribuir el trabajo de manera equitativa y consciente.
Pero ¿cómo convocar a más agentes? Pueden utilizarse distintas estrategias para lograr este objetivo. Es necesario pensar en a quiénes queremos llegar o qué tipo de actores buscamos que se sumen al proceso. Teniendo en cuenta sus características podemos hacer una elección más asertiva de los canales de comunicación y los productos: ¿los vamos a contactar por Whatsapp, correo, redes sociales? ¿Basta con diseñar un flyer? ¿Realizaremos un video promocional contando un poco sobre el proyecto e invitándolos a participar o haremos un podcast implementando diversos recursos sonoros?
Pieza de convocatoria a voluntarios
Reunión de convocatoria a voluntarios
Las alianzas estratégicas con agentes institucionales pueden ser muy importantes para abarcar más acciones a implementar, sin embargo, los procesos a través de los cuales son gestionadas deben estar lo más organizados posible. Una manera de hacerlo es por medio de documentos escritos formales o informales que clarifiquen los roles y los compromisos que cada uno puede y está dispuesto a asumir, de manera que todas puedan aportar desde sus posibilidades reales. Se puede contribuir de distintas maneras, ya sea a través de recursos humanos (voluntarios, personal, coordinadores, etc.) o insumos (económicos, intelectuales, didácticos, entre otros). La intención de dejarlo por escrito recae en la necesidad de que todas y cada una de las instituciones participantes pueda sentir que aporta y está involucrada en el proceso.
Convocar a estudiantes y profesores a participar activamente del proceso puede ser todo un reto, porque entre las responsabilidades y ocupaciones propias del entorno educativo se pueden sentir sobrecargados y desistir de los encuentros que se propongan. Es por eso que se hace importante implementar estrategias que les motiven a seguir participando. Como en el caso de la convocatoria a voluntarios u otros agentes, debemos tener en cuenta el público sujeto al que nos queremos dirigir, el rango de edades en las que se encuentran, los canales por los que se comunican, sus intereses y posibles motivaciones para aportar a la construcción conjunta.
En el caso de la convocatoria a los estudiantes resulta clave identificar el apoyo que pueden brindar ciertos agentes, como figuras organizativas o profesores que les inviten a asistir a los encuentros. Reconocer el papel de Consejos Estudiantiles, representantes o personeros y sumarlos al objetivo de convocar a otros estudiantes puede hacer la diferencia en la acogida que estos hagan del proyecto. Asimismo, recurrir a profesores, acudientes, Consejo de padres u otras formas de organización para invitarles a animar a los estudiantes puede ser igual de beneficioso. El saloneo para promocionar los espacios, incluso en la modalidad virtual, puede atraer a muchos participantes. Además, las estrategias que se utilicen para la convocatoria pueden recrear lo que se vivencia o experimentará en el proyecto, de modo que resulten una pequeña muestra de lo que se hace o se hará y los estudiantes o profesores se sientan más motivados a hacer parte. Los jóvenes son dinámicos, divertidos, reflexivos; los espacios y las convocatorias deben apuntar a ello también.
En el caso de los profesores, el rector de la institución u otros directivos pueden ser grandes aliados para invitarles a construir a través de las convocatorias. Es importante gestionar espacios para reconectar a la comunidad entre sí como también para compartir un poco sobre el proyecto y exhortarlos a sumar sus manos en beneficio de su propia comunidad educativa.
Pieza promocional de los encuentros con los estudiantes
Video convocatoria para los estudiantes
Taller con los estudiantes: Autoestima y autoconocimiento
Taller con los docentes: Cruzando fronteras
Un proyecto social es un proceso de co-construcción participativo y colaborativo. Cada uno de los agentes que hacen parte de él deben aportar desde sus propios saberes, identidades, perspectivas y experiencias. Planear colectivamente implica reconocer esos lugares de diferencia para plantearse metas y acciones comunes que les beneficien a todos. Es por ello que los encuentros, sesiones, talleres o estrategias deben ser construidos de manera colectiva, tanto por los actores de la comunidad educativa como los voluntarios o instituciones que se hayan sumado al proceso.
La base para desarrollar la malla curricular de cada actividad o acción a implementar deben ser los grupos focales o espacios de encuentros en los que se abordaron las preocupaciones y necesidades de los participantes. A partir de allí se pueden desarrollar encuentros dialógicos donde se planeen las acciones concretas que se van a realizar con cada uno de los actores. La organización interna es clave para planear y ejecutar más asertivamente. Es bastante funcional establecer comités en función de las necesidades que surjan al interior del proyecto: comité de comunicación, logístico, de planeación, entre otros, aportan una estructura organizada y permiten que el proceso fluya de manera orgánica.
La evaluación y el monitoreo deben ser transversales a todo el proceso comunitario. Estos nos permiten obtener retroalimentaciones de cada uno de los participantes para conocer de qué manera se está desarrollando el proceso y el impacto que está teniendo en cada una de sus etapas o momentos. El monitoreo también permite evaluar diferentes aspectos del proceso como los logísticos, metodológicos y los aprendizajes que van resultando de la experiencia. El seguimiento del proceso nos ayuda a reconocer las fortalezas como las oportunidades de mejora, vistas desde cada uno de los participantes, y sobre todo, está encaminado a facilitar la toma de decisiones sobre el rumbo que va tomando el proceso. Es decir que esto posibilita que sea un proceso flexible donde el análisis de las acciones que se van implementando puede determinar si se continúa por el mismo camino, si se reestructura, reorganiza, rediseña, se vuelven a abrir convocatorias o se buscan nuevas estrategias para motivar a los participantes.
El seguimiento del proyecto puede realizarse a través de grupos focales o formularios, donde puedan recogerse las voces y consideraciones de los participantes sobre la experiencia. Una vez obtenidas, son necesarias las reflexiones sobre los próximos pasos a seguir, otorgándole un lugar valioso a la retroalimentación de los actores y utilizándola como punto de partida para implementar las sugerencias o recomendaciones necesarias.