Por: Gustavo A. Rodríguez Riera.
Maracay, Venezuela, 24/Jun/22.
Pedro, un joven de 25 años, residente de uno de los barrios más pobres de Bogotá, es una de las cientos de personas que en América Latina se levanta cada mañana con el objetivo de encontrar un empleo que le permita vivir dignamente a él y a su núcleo familiar. Para ello, Pedro tendrá que afrontar algunos obstáculos: El primero tiene que ver con su origen, Pedro es negro y creció en un contexto de pobreza, adicionalmente, no pudo concluir sus estudios formales porque se ha visto en la necesidad de trabajar desde temprana edad, y se ha percatado que en los empleos en los que le ofrecen una contratación estable, los ingresos ofrecidos no alcanzan a cubrir el salario mínimo vital. No basta con ello, el propio Pedro se abstiene de entregar su síntesis curricular en empresas u oficinas donde predomina el personal de raza blanca, pues ha sido objeto de miradas y comentarios indiscretos en el pasado, y en muchas entrevistas laborales ha notado la desventaja que representa el color de su piel respecto de otros candidatos que no son negros como él.
La historia de Pedro es apenas un ejemplo ilustrativo de las miles de historias de lucha que a diario se desarrollan en función del prejuicio, la violencia y la discriminación, proveniente no solo de individuos o de grupos sectarios, sino también de organizaciones públicas y privadas a lo largo y ancho de Latinoamérica.
Pedro es una cifra más que forma parte del 44% de los jóvenes colombianos de estratos socioeconómicos bajos que devengó un sueldo anual inferior al salario mínimo en 2020 ₁. Y la historia no deja de ser poco alentadora si eres mujer, tan solo en un año -del 2019 al 2020- la mayor tasa de desempleo en Colombia en el contexto de la pandemia por Covid se registró en mujeres entre los 18 y 28 años de edad, sumando 11 puntos porcentuales, un registro mayor que el de los jóvenes hombres cisgénero.
Ser mujer en el campo laboral bien sabemos que es un factor por el cual también se puede ser víctima de discriminación, hace muy poco se viralizó en la red social Twitter la historia de Josefina₂, una joven argentina que recientemente culminó sus estudios como tripulante de cabina, la cual no superó un proceso de selección de la aerolínea Emirates a causa de su peso, y no de sus capacidades o aptitudes para el desempeño del cargo.
¿Y qué pasa si no somos como Pedro y Josefina? ¿Qué pasa si eres migrante? ¿Indígena? ¿LGBT+? ¿Si tienes una discapacidad? ¿Si eres adulto mayor? o ¿Si perteneces a una comunidad religiosa segregada? Escapar a la norma, ser manifiestamente distinto o, dicho de otra manera: pertenecer a una minoría, puede convertirte en blanco fácil del odio y la agresión. La discriminación es un gran muro impuesto por las mayorías y bien reconocido por sus víctimas, un muro que te deja del lado más crudo de la realidad, que es muy difícil de saltar, pero que sin lugar a dudas puede ser derribado si nos damos a la tarea de ello.
No obstante, también es oportuno recordar que la humanidad ha fraternizado, desde el inicio de sus tiempos, con la discriminación y la violencia, y habrá quien sostenga incluso, que la violencia organizada coadyuvó en la evolución de nuestra propia especie. Juzgar eventos del pasado con el pensamiento y la idiosincrasia de nuestra época no parece entonces lo más razonable, pero ¿Si hiciéramos el ejercicio de imaginar un mundo donde no hayan ocurrido los horrores de la persecución al cristianismo primitivo, o las centenares de muertes que produjeron las cruzadas en el medioevo, la inquisición católica o la caza de brujas? ¿Cuán diferente sería nuestro presente si en vez de guerras, los Estados y gobiernos modernos hubieran surgido del mero acuerdo de voluntades y de la paz? ¿Y si no hubieran existido el holocausto, las guerras mundiales, la violenta invasión europea a las Américas ni la esclavización de los pueblos del África subsahariana?
Lo cierto es, que para que hoy hagamos este ejercicio de pensar sobre cuán diferente habría sido nuestra evolución. Como humanidad teníamos que necesariamente haber padecido estos eventos que ahora son historia, y que nos permiten debatir, repensar y dilucidar sobre nuestra propia naturaleza, pero también sobre el deber ser de la misma, sobre la importancia de cada individuo que conforma nuestra sociedad, y por tanto, sobre sus derechos, los Derechos Humanos.
Y con el conocimiento que ahora detentamos y heredamos de nuestra historia ¿No crees que la humanidad puede brindar un mejor futuro a las generaciones venideras? ¿Dónde está la clave para esto?
Si el problema radica en la poca o inexistente empatía que tienen algunos grupos por sobre aquellas personas distintas a la “generalidad o la norma”. La respuesta a ese problema podría ser afrontar ese odio con otras herramientas que también han evolucionado con la humanidad a la par de la violencia, como lo es el amor, la fraternidad y la solidaridad, promoviendo el hacernos presentes, y enorgullecernos con dignidad de aquello que nos hace diferentes y a la vez nos une en comunidad con el resto de nuestros semejantes.
Para alcanzar este objetivo necesariamente tiene que existir DIVERSIDAD en nuestras organizaciones y comunidades, y por supuesto, en los espacios donde desde pequeños empezamos a socializar, es decir, en nuestras escuelas y familias. Entendida la diversidad -en este contexto- como la convivencia funcional, pacífica, estable y respetuosa de la individualidad de las personas que presentan diferencias entre sí, en un entorno social que promueve su desarrollo dinámico, teniendo como norte la garantía en el respeto a los derechos humanos.
La diversidad, en vez de separarnos, nos cohesiona como grupo social, nos renueva en ideas y cultura, e incluso fortalece nuestros valores y aquello que nos representa o nos da identidad. La diversidad y el respeto a las diferencias, la preocupación mayoritaria porque cada ser humano pueda desarrollar su personalidad y cualidades a plenitud, son la llave para vencer la discriminación, el odio y la violencia.
En este mes de junio celebramos ¡La diversidad! La cual es uno de nuestros principales ejes de trabajo: Conseguir que cada vez hayan más organizaciones que procuren la diversidad en sus espacios laborales y comerciales. Igualmente, queremos que nuestras comunidades, sociales y educativas en toda América Latina se adhieran a esta idea, y de a poco se enriquezcan en conocimientos, culturas y diferencias valiosas, dando oportunidades a aquellos que lo necesitan en un mundo donde ser minoría te puede costar la vida.
Equânime educar en derechos nace con el propósito de divulgar conocimientos científicos, filosóficos y jurídicos que den luz en temas de DDHH, Diversidad, Equidad e Inclusión dentro de los espacios en los cuales hacemos vida: Empresas, instituciones públicas, comunidades como Escuelas, Iglesias, Clubes deportivos, y en general, en las familias latinoamericanas, y ofrecer orientación en la ejecución de proyectos dirigidos a garantizar estos derechos en las actividades sociales y económicas que desarrollamos, con un enfoque antirracista, con perspectiva de género, y atendiendo a la garantía de las libertades individuales.
Te invitamos a formar parte de nuestra comunidad. No somos perfectos, sobre el camino vamos aprendiendo pero, si tenemos la voluntad necesaria promoveremos los cambios para un mundo, y una América Latina, más diversa, equitativa e inclusiva.
Coméntanos tus inquietudes y comparte en tus redes, hablemos de estos temas tan importantes.
Referencias:
₁ Portafolio. (09-04-2021). 44% de jóvenes de estratos bajos ganó menos del mínimo en 2020. https://www.portafolio.co/economia/empleo/44-de-jovenes-de-estratos-bajos-gano-menos-del-minimo-en-2020-550812
₂ Telam Digital. (26-04-2022). Una joven denunció discriminación durante una entrevista laboral en una aerolínea. https://www.telam.com.ar/notas/202204/590683-entrevista-laboral-aerolinea-trabajo-denuncia-discriminacion-cuerpos-.html
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