Te lo explicamos con dibujos: esto es lo que le está pasando al mundo y su posible y trágico final, si seguimos abordando y extendiendo este modelo desarrollista. El terricidio no es solo la destrucción de la naturaleza, sino también el aniquilamiento de culturas, lenguas, saberes y formas de vida que han convivido en armonía con la Tierra. Es una desconexión profunda del ser humano con su raíz, su territorio y su espíritu. Esta sección te invita a mirar de frente esa herida, a cuestionar el modelo que prioriza el consumo sobre la vida, y a imaginar juntos y juntas otros mundos posibles, donde la tierra no se explote, sino se honre y se cuide.
Los desechos agrícolas, los residuos de las industrias, el humo de los vehículos y la quema de basura parecen haberle arrebatado el aliento. Una sensación de asfixia y sequedad describe su estado actual, mientras las huellas humanas continúan alterando los espacios que un día compartían con armonía. "Quiero agua limpia, pero la que me llega viene cargada de desechos", diría la Tierra, si pudiéramos escuchar su voz. Esta es una producción de Sophía Valencia.
La capacidad del ser humano para amenazar su propio futuro, junto al de toda forma de vida que lo rodea, encuentra raíces profundas en una idea que lo coloca por encima de todo: el antropocentrismo. Y es que lejos de ser una simple doctrina, el antropocentrismo sumado al "Desarrollo" toma forma en cada acción, decisión y sistema que prioriza la supremacía humana por encima del equilibrio con otras especies y el medio ambiente. Mientras el ser humano insiste en explotarlo todo sin restricciones, parece olvidar que su supervivencia está inexorablemente ligada a lo que destruye.
Una realidad distópica en la que los animales dominan el planeta es el escenario planteado por Steve Cutts en su obra animada. En este universo alternativo, los humanos ocupan el lugar más bajo en la cadena alimentaria, enfrentando las mismas condiciones que históricamente han impuesto a otras especies. El mensaje es contundente: los desastres ambientales y sociales actuales son el resultado directo de un modelo de vida extractivista y consumista impulsado por la humanidad.
En esta ficción —construida por el modelo neoliberal y sostenida por la lógica del consumo— el dinero no solo compra objetos: compra identidades, define el éxito, impone ritmos de vida. Nos convierte en entes dependientes de un sistema que transforma el “tener” en sinónimo de “ser”. La infancia se acorta para alcanzar rápido la adultez productiva, los sueños se posponen por facturas, y la tierra que antes sustentaba se convierte en propiedad negociable.
En un mundo vacío de seres humanos, los animales asumen el papel de narradores de una historia sombría: el auge y la caída de la civilización humana, consumida por guerras interminables. “Peace on Earth”, un cortometraje animado salido de los estudios Metro-Goldwyn-Mayer en 1939, creado por Hugh Harman; es un trabajo, que lejos de limitarse al entretenimiento, utiliza la animación como herramienta para cuestionar las raíces del conflicto y exponer un mensaje sobre su costo final: la autodestrucción.
Ahora veamos el mundo real, el mundo que nos duele, el mundo que sentimos...
En 2017, Rema Acpp, presentó una denuncia sobre la situación de los habitantes de Caño Limón, en Arauca; quienes sumidos en la lucha contra las secuelas de las industria petrolera, han tenido que sobrevivir con la contaminación de sus fuente hídricas, las cuales deben consumir y utilizar a diario. Esta grave situación ambiental, no solo afectó la utilidad del agua, sino también generó graves consecuencias en la salud de las personas.
En el Valle del Aburrá, las extensas plantaciones de pino destinadas a la producción de madera y papel se convirtió en un paisaje recurrente. Sin embargo, su popularidad reflejó una tendencia agrícola que va mucho más allá de la región: la expansión de los monocultivos. En palabras del investigador especializado en cambio climático, Juan Jaramillo, entrevistado por el medio Clima 24/7, estas extensiones de cultivos homogéneos están recibiendo cada vez más atención científica debido a sus repercusiones en la tierra.
La Organización Internacional para las Migraciones Colombia en el 2019, propone una infografía que visibiliza los rostros de las y los colombianos que han sido víctimas del conflicto armado, resaltando sus historias de vida, resiliencia y dignidad. A través de datos y representaciones visuales, la infografía busca sensibilizar a la sociedad sobre el impacto del conflicto en la población civil, promover la memoria colectiva y contribuir a la construcción de paz y reconciliación en el país.
La dependencia tecnológica, conocida como "esclavitud del celular", no solo refleja una problemática relacionada con el uso excesivo del teléfono móvil, también expone sus consecuencias: desde impactos en la salud física y mental hasta el deterioro de las relaciones interpersonales. Este término, vinculado estrechamente con la nomofobia, ha adquirido relevancia en estudios recientes. El concepto fue explorado en la producción Afaval Extremadura en España durante 2022, destacando los riesgos asociados a estas prácticas. Se trata de un campo de estudio que continúa evolucionando mientras los avances tecnológicos profundizan su impacto en la vida diaria y en el cómo las personas pierden su relacionamiento con los y las otras.
France 24 Español, en su reportaje, hace un barrido por las lenguas indígenas en Latinoamérica y expone la preocupación por la perdida de las mismas, debido a las situaciones de violencia a las que se enfrentan a diario las comunidades. Cada vez se hace más urgente recuperar los saberes propios y originarios de los pueblos indígenas. Es necesario que desde la academia se promueva activamente la preservación y revitalización de las lenguas indígenas, entendiendo que en ellas habita una cosmovisión única, formas de conocimiento ancestral y una profunda conexión con la tierra. Su fortalecimiento no solo contribuye a la diversidad cultural, sino también al reconocimiento y respeto de las comunidades que han sostenido estos saberes a lo largo del tiempo.
¿Cómo se verían nuestras calles si las montañas de productos desechados permanecieran en ellas? Esta es la provocadora pregunta que plantea el documental ‘Compra ahora: La conspiración consumista’, (2024) una obra dirigida por Emmy Nic Stacey, que explora las siniestras tácticas de las grandes marcas para mantenernos en un bucle interminable de compras. El consumo, motor de nuestras sociedades modernas, ha alcanzado niveles alarmantes. No se trata solo de su impacto en nuestras finanzas personales. El verdadero costo queda oculto, desplazado a vertederos en países del tercer mundo, donde toneladas de desechos se acumulan lejos de nuestras miradas. En lugar de confrontar las consecuencias, simplemente nos alejamos del problema.
Como seres humanos, aún no somos conscientes de la importancia de la corresponsabilidad con todos los seres vivientes con los que habitamos la Tierra. Nuestra relación con el entorno sigue siendo marcada por la explotación, el consumo desmedido y la indiferencia frente al sufrimiento de otras especies. Reconocer que formamos parte de un entramado vital interdependiente es urgente para repensar nuestras acciones y adoptar prácticas más éticas, sostenibles y solidarias que garanticen la vida en todas sus formas.
Esta selección noticiosa, deja en evidencia las diferentes formas en como, de manera progresiva, contribuimos a la destrucción de la tierra.
El futuro de las culturas, las lenguas y nuestras raíces vinculadas a la tierra enfrenta un desafío sin precedentes. En un mundo donde desarrollo y tecnología parecen perseguir una suerte de divinidad, la humanidad podría estar creando el entramado de su propia desconexión con aquello que la define como especie: su relación con la naturaleza y su diversidad cultural. ¿Estamos acaso construyendo un camino sin retorno en el que lo que entendemos como vida se ve relegado a una sombra del pasado? La tensión entre preservar nuestra esencia y alcanzar un estado de Un Mundo absoluto es uno de los dilemas más persistentes en esta era. El dualismo que separa al ser humano de la naturaleza actúa como telón de fondo de estos cuestionamientos. ¿Qué seguirá después?
La visión del futuro que plantea Yuval Noah Harari no es optimista. En su entrevista con Iñaki Gabilondo, el escritor israelí describe un escenario donde los avances en inteligencia artificial, el big data y los algoritmos transforman drásticamente a la humanidad; alineada a una necesidad de esta humanidad para alcanzar un estado casi divino, lo que trastoca profundamente la esencia misma de la vida en la Tierra. ¿Qué lugar ocupará la biología en un futuro dominado por lo artificial?
Un análisis reciente, presentado en un documental de History Latinoamérica en 2022, explora un escenario alarmante: un incremento de más de 2°C en las temperaturas globales activaría un peligroso "efecto dominó". Este no solo aumentaría el nivel del mar, además podría conducir a un sistema terrestre de "invernadero", alterando de manera irreversible las condiciones necesarias para la vida. El origen de este escenario está profundamente relacionado con las decisiones tomadas en los modelos actuales de producción y consumo.
La humanidad transita por un mundo al borde del caos, del extractivismo y de las destrucción de todo lo sagrado y vivo. Esa inconsciencia dualista: humano/naturaleza nos coloca en un momento complejo de la historia; sin una vista clara de lo que puede pasar en un futuro, uno tal vez no tan lejano. Nuestros miedos e incertidumbres sobre el mañana nos llevó a escribir una carta en el tiempo. En la construcción de estas líneas colocamos nuestras desesperanzas y temores que nos agobia el alma, pero a su vez el papel que asumimos en dichas tensiones. Sin embargo, la idea de re-existir en un mundo en el que caben otros mundos nos permitió cuestionarnos y centrar ideas de esperanza. Permítete conocernos y conocerlas...
La carta, escrita en Bogotá, Colombia, por Leidy Torres, reflexiona sobre cómo la humanidad ha maltratado la Tierra en su búsqueda de progreso, sin considerar las consecuencias. En este sentido, critica la falta de empatía social y celebra los esfuerzos por un mundo mejor. Además, a través de recuerdos de infancia en armonía con la naturaleza, resalta la importancia de vivir en equilibrio con el entorno. Por otro lado, cuestiona los valores materiales que dominan la sociedad, sugiriendo que la verdadera riqueza está en la naturaleza y las relaciones genuinas.
La carta expresa un profundo dolor y desconcierto ante la falta de amor, empatía y humanidad en el mundo actual. A través de preguntas sinceras, la persona autora reflexiona sobre cómo la vida se ha vuelto vacía, mecánica y carente de propósito, dominada por el consumismo, la desigualdad y la desconexión emocional. Clama por una transformación, por una vida donde prevalezcan el amor, la conciencia, el respeto mutuo y la verdadera reflexión sobre nuestro rol como seres humanos y nuestro impacto en el planeta.
La carta, escrita por Sofía Bermúdez, reflexiona sobre los impactos de la guerra y cuestiona los discursos de odio y rencor que se perpetúan en las ciudades a través de los medios de información. Es un llamado a la reflexión profunda sobre lo que implica el conflicto para los seres humanos y la tierra. La autora invita a reconocer el dolor que la guerra deja en los cuerpos, en los territorios y en la memoria colectiva.
La carta es un llamado urgente a preservar y revitalizar las lenguas indígenas de Colombia, como riqueza cultural y espiritual del país. La autora invita a los docentes a incluir estas lenguas en sus aulas como una forma de conectar a las niñas y los niños con sus raíces y construir un futuro basado en la diversidad. Se les invita a ser guardianes y sembradores de la palabra ancestral, integrando estos saberes en la educación y en tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
La carta presenta una reflexión sobre la crisis hídrica y el impacto de las acciones humanas en la sostenibilidad del agua, un recurso vital para la vida. Escrita desde Bogotá, Colombia, por Johan Largo, para un remitente de un futuro incierto; destaca cómo decisiones políticas y modelos económicos extractivistas han deteriorado el medio ambiente, agravando la falta de agua y alterando los ecosistemas. El autor critica el rol de las autoridades, las políticas ineficaces y la complicidad de la ciudadanía en prácticas de consumo irresponsable.
La docente rural Margarita Ortega comparte una conmovedora carta al futuro, impregnada de esperanza y profunda reflexión. En cada una de sus palabras, invita a todos a cultivar un mundo donde el cuidado mutuo sea fundamental. Con un corazón lleno de amor.
La docente nos recuerda que en un pequeño gesto puede marcar la diferencia. Su misiva es un llamado a la acción, instándonos a construir un futuro donde la empatía y la solidaridad sean los pilares.
La noción de un "progreso" basado en el dominio humano sobre la naturaleza perpetuó un sistema de poder difícil de desmantelar. Este modelo, al colocar al ser humano como eje central de la existencia, transformó el poder en una fuerza autónoma que paradójicamente oprime incluso a quienes lo administran. En este contexto, el desafío no radica únicamente en cómo gestionarlo, sino en comprender sus dinámicas y los límites dentro de los cuales opera.
Haz clic y permítete navegar por conceptos destructivos del concepto del desarollo
El Diccionario del Desarrollo (editado por Wolfgans Sanchs), es un libro que detalla la interrelación que existe entre el concepto de desarrollo, progreso, tecnología y poder; exponiendo cómo dichas nociones, vistas desde una concepción de lo moderno da lugar a un modelo de explotación que agrava la situación económica y natural del mundo; sobre todo de aquellas regiones y/o naciones que son consideradas como subdesarrolladas. Igualmente, critica el ideal de una modernidad basada en el dominio humano sobre la naturaleza, asentado en un sistema de poder y conocimiento. Permítete explorar el análisis y la crítica al modelo desarrollista de "Un Mundo" planteada por pensadores y académicos como: Wolfgang Sachs, Iván Illich, Gustavo Esteva, Serge Latouche, José María Sbert; entre otros.