Las semillas son mucho más que pequeños granos de vida; son portadoras de historia, cultura, regeneración y esperanza. En cada una de ellas reside el potencial de nuevas vidas, ecosistemas y la restauración de lo que hemos perdido. En esta sección, exploraremos su papel fundamental en la naturaleza y su conexión profunda con el ser humano, nuestra responsabilidad hacia la tierra y cómo nuestras acciones pueden sembrar un futuro más sostenible.
Las semillas no solo contienen vida; contienen posibilidades múltiples. En cada una germina no solo una planta, sino una mirada del mundo, una manera de habitarlo, de cuidarlo y de convivir con él. Así como una semilla puede dar lugar a una diversidad infinita de formas, sabores y colores, también nos enseña que no hay un único camino, ni una sola verdad.
En este sentido, el ciclo de la semilla se vincula con la idea del pluriverso: un mundo donde caben muchos mundos. Un mundo donde las formas de vida, de organización, de espiritualidad, de conocimiento y de relación con la naturaleza no son homogéneas, sino diversas, complementarias y valiosas en su diferencia.
Desde la semilla nativa que guarda la sabiduría ancestral de un pueblo, hasta las formas tradicionales de siembra que respetan los ritmos de la luna y la tierra, cada cultura siembra no solo alimento, sino cosmovisión. Reconocer esto nos invita a defender no solo la biodiversidad natural, sino también la diversidad cultural, espiritual y política del planeta.
SEMILLEROS PLURIVERSICOS
Fundada en 2002, la RGSV es una organización de base que busca preservar la biodiversidad y asegurar la soberanía alimentaria del país. Su trabajo se enfoca en la conservación de semillas nativas y criollas a través del rescate, preservación, promoción del uso sostenible, consumo y transformación de los alimentos. La red está conformada por socios del sector rural y urbano, incluyendo productores de semillas y personas que apoyan el proceso. Además, la RGSV promueve sistemas de cultivo agroecológicos que fomentan un manejo integral de los componentes de la finca en armonía con la cultura, la salud y la naturaleza.
En el resguardo indígena de Cañamomo Lomaprieta, en Riosucio Caldas, comunidades establecieron casas de semillas como parte de sus planes de vida. Estas casas funcionan como centros de conservación y distribución de semillas tradicionales y nativas, garantizando su calidad y adaptabilidad al territorio. Además, se han implementado políticas locales que priorizan el uso de semillas criollas en proyectos de entrega de semillas a las comunidades.
El banco de semillas comunitario indígena de Todos, en Cumbal (Nariño), es un proyecto que busca conservar variedades tradicionales de cultivos como maíz, papas nativas y quinua. La iniciativa es fruto del trabajo conjunto entre comunidades del pueblo Pasto y la Alianza de Bioversity International y el CIAT.
Combina el conocimiento ancestral con prácticas modernas de conservación, fortaleciendo la soberanía alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático. Las semillas almacenadas aseguran la disponibilidad de cultivos adaptados a las condiciones locales.
Además de preservar la biodiversidad agrícola, el banco funciona como un espacio educativo y cultural. Promueve el intercambio de saberes entre generaciones y refuerza la identidad del pueblo Pasto a través de la agricultura sostenible.
Navdanya es una organización no gubernamental que promueve la conservación de la biodiversidad, la agricultura orgánica y los derechos de los agricultores. Ha establecido 54 bancos de semillas comunitarios en India y ha capacitado a más de 500,000 agricultores en prácticas sostenibles. Además, ha creado una red de guardianes de semillas y productores orgánicos en 16 estados del país.
Fundada en 1986, la organización sin fines de lucro Seed Savers' Network promueve la conservación y el desarrollo de la biodiversidad agrícola in situ, es decir, en el contexto cultural y social de los agricultores. Opera en Australia y en organizaciones campesinas a nivel mundial, organizando a jardineros y agricultores para recolectar, multiplicar y redistribuir semillas de jardín.
En Colombia, la legislación vigente, como la Resolución 970 del 2010, emitida por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), define que solo pueden comercializarse semillas "legales" que estén registradas o seleccionadas, lo que excluye a las semillas criollas de este sistema. Esto ha generado tensiones entre la conservación de semillas tradicionales y las políticas de propiedad intelectual que favorecen a las semillas comerciales.
Este video muestra el intercambio de semillas como una práctica viva de resistencia, cuidado y saber colectivo. A través del gesto de compartir semillas, las comunidades fortalecen sus lazos con la tierra y con otras personas, sembrando no solo cultivos sino también relaciones y memorias.
El intercambio se conecta con el acto de sembrar, entendido aquí como un proceso de enraizamiento cultural y territorial. Frente a los terricidios —formas de violencia que destruyen territorios y sus formas de vida—, estas prácticas sostienen modos de vida que cuidan la biodiversidad y regeneran vínculos.
Así, las cosechas del cuidado no son solo frutos materiales, sino también redes de apoyo y transmisión de saberes. Los encuentros de semillas son momentos en los que se teje esta trama de vida, enraizada en el respeto y en la reciprocidad con la tierra.