Una vez que los investigadores han abandonado el club de tiro, se abren varias vías de pesquisas para ellos durante los próximos días que, a su vez, les conducirán a nuevos escenarios o les conectarán con alguno de lo anteriores.
Independientemente de la vía utilizada (ir al club de tiro y consultar a don Diego Solís resultará infructuoso), los investigadores sabrán que el camarero encargado del gramófono, llamado Miguel Romero, trabaja de lunes a viernes en el Café Fútbol y los domingos en el club. Elocuencia: Miguel admitirá que puso la canción intencionadamente porque así se lo pidió al conde Ignacio de Calatrava, quien se hizo cargo de la manutención de su familia mientras el camarero servía en el Rif y le consiguió el trabajo en este café, un local de renombre y categoría, buen sueldo y trabajo no muy duro. Así, Miguel se siente en deuda con él y le hace cuantos favores le pida.
Por Miguel sabrán que el conde es un militar retirado que, tras participar en la Guerra de Cuba y descubrir la similitud del clima cubano con el de la costa granadina, empezó a cultivar plantas tropicales en la zona y se enriqueció rápidamente; de ahí pasó a multitud de negocios y hoy vive de las rentas. Miguel no sabe por qué el conde quería que la canción "Madre, cómprame un negro" sonara en lugar del himno de España, pero no es el primer favor extravagante que el conde le pide; extravagantes, pero de poca importancia o exigencia, por lo que Miguel los cumple sin chistar y, aunque ahora teme perder su empleo en el club de tiro, cree que merece la pena seguir confiando en el conde.
Si en el anterior capítulo los investigadores han conversado con Mª Eugenia en el club de tiro, ésta les debió de hablar de Rafael Moreno, al que habrá señalado como responsable de la creación y confección de los trofeos del club de tiro desde hace años. No será difícil localizar su establecimiento y contactar con él, como tampoco les costará ningún esfuerzo a los investigadores obtener información que, de todos modos, no es muy amplia: el marqués Diego de Montalbo le encargó la confección del trofeo, similar a otros confeccionados por este mismo taller para otros eventos de Los Faisanes, con la salvedad de que en el lugar reservado para la insignia del propio club, le solicitó que apareciese un símbolo, que el propio marqués le dibujó in situ, en una placa de plomo chapada en oro. Además, él personalmente se hizo cargo de todos los gastos y posibles emolumentos, en lugar de hacerlo el club mismo. Posteriormente, empleados del taller entregaron el trofeo en el club con toda normalidad, como otro encargo cualquiera. Si preguntan por ello, el señor Moreno les acompañará a su taller y les mostrará el dibujo hecho por el marqués, expresando que nunca tuvo muy claro qué representaba la figura central, por lo que se limitó a copiarla al detalle (nueva opción de realizar una tirada de Ciencias Ocultas).
Una vez acabada la charla, les acompañará a la salida por la placeta de Tovar y, a los pocos segundos, si alguno de los investigadores ha acudido en automóvil, escucharán un gran estruendo. Al llegar a la avenida Reyes Católicos, descubrirán que un cristal del coche está roto y alguien ha arrojado un artefacto incendiario en su interior. Tirada Iniciativa contra 12: Si la superan, sacarán el artefacto antes de que prenda fuego al coche. Cualquier intento de preguntar a los transeúntes o posibles testigos por información resultará inútil; pero un tipo, el único sentado, señalará como culpable a Miguel Romero, que se encontraba ya trabajando en el Café Fútbol. Acusar erróneamente a Miguel no tendrá consecuencias legales para él ni repercutirá en la misión de los investigadores salvo por el hecho de que ya nunca podrán volver a contactar con él, por lo que, si se produce antes de visitarlo en el café, perderán toda oportunidad de obtener su información. En realidad, el artefacto ha sido lanzado por Luis Comillas, alertado de los movimientos de los investigadores a través de una red de informantes compuesta por gente del hampa, y el hombre sentado que culpa a Miguel es uno de ellos.
Los investigadores pueden desear acudir a la iglesia de San Cecilio por dos motivos: informarse de la reliquia robada y/o interesarse por su antiguo custodio. La información sobre el relicario será proporcionada con gusto; sin embargo, por mera vergüenza, la relativa al antiguo custodio requerirá de una tirada de Elocuencia (efecto inmediato y perecedero) o una tirada de Discusión (efecto al día siguiente, pero permanente). Los jugadores deberán anunciar qué habilidad intentan usar; solo tendrán una oportunidad cada uno y cada intento conllevará una hora.
La reliquia. Se trata del Sagrado Párpado de San Cecilio. Se supone que San Cecilio fue quemado en la hoguera el 1 de febrero del año 55 y que sus cenizas fueron halladas a finales del s. XVI, pero aparentemente de las llamas se libró su párpado izquierdo, el más próximo al corazón. Desde entonces había sido celosamente custodiado en secreto en dicha parroquia, y eso es lo que más preocupa al padre Moisés, el párroco actual: muy poca gente fuera del cuerpo eclesiástico sabía de la existencia de dicha reliquia. El párroco también señala que no cree que sea una reliquia auténtica, pero que eso no disculpa el hecho de que haya sido robada.
El custodio. Una vez superadas las pertinentes tiradas, el párroco les proporcionará toda la información de la que dispone que, en cualquier caso, es escasa. El padre Elías fue custodio del Sagrado Párpado de San Cecilio tras ordenarse sacerdote en el seminario mayor de San Cecilio en 1875 y allí permaneció cincuenta y dos años. Dadas las poco exigentes características de su labor, dedicó mucho de su tiempo al estudio, que empezó centrado en la figura de san Cecilio, pasó a sus reliquias y, de éstas, a las reliquias en general. En algún momento indeterminado, su constante deriva le llevó por malos caminos y se internó en las artes demoníacas y el ocultismo. Elías siempre fue un hombre taciturno y reservado pero, en los últimos dos años, ese rasgo se acentuó. Finalmente tuvo un ataque de locura eufórica: prácticamente desnudo, abandonó el templo a la carrera y nunca más volvió. Nada se supo de él hasta principios de 1928, momento en el que algunas personas aseguran haberle visto en la noche, más allá de la abadía del Sacromonte.
Los investigadores pueden dirigirse al lugar a pie o en vehículo. Dependiendo del modo en que lo hagan, ocurrirán dos distintos eventos. En cualquier caso, es misión del guardián procurar que se produzca de noche.
A pie. Una vez atravesado el Sacromonte e internados en el campo, los investigadores serán sorprendidos por un gitano del lugar que les advierte de que entran en zona privada; las tierras del tío Onésimo, donde planta melocotoneros y otros árboles frutales, por lo que, para compensar cualquier posible pérdida, les exige 10 pesetas a cada uno, dejándoles seguir su camino en paz ahora y por siempre. En caso de que los investigadores se nieguen a pagar, tal cual respondan, aparecerán de entre las sombras nueve compañeros del extorsionista, todos ellos exhibiendo armas blancas. Si los investigadores portan armas de fuego, las muestran o amenazan con ellas, la pandilla se retirará cautelosamente, pero cualquier futuro intento de los investigadores de acceder al lugar conllevará un enfrentamiento con los lugareños: les tirarán piedras, les insultarán, etc. Y si, en fin, los investigadores deciden cometer la imprudencia de pelear, usaremos la ficha genérica de recursos para los diez combatientes. Por supuesto, ni hay melocotoneros ni hay tío ni hay nada.
En coche. Hay dos vías para acceder al arroyo del Hornillo donde mora Elías: por arriba, siguiendo el camino viejo de El Fargue, aparcar y descender a pie, o bien ir por el Camino de Beas y ascender. Sin duda, el mejor camino es el de abajo, pues el arroyo del Hornillo llega hasta un cortijo que funciona como casa de comidas y donde les podrán señalar exactamente la ubicación de la cueva de Elías ("el viejo loco apestoso" para ellos) pues éste habitualmente se acerca al lugar para tomar comida de la basura. Este es el único modo de localizar a Elías y su cueva sin recurrir a tiradas.
Indistintamente del camino que tomen, una vez salgan de zona urbana advertirán que están siendo perseguidos por otro vehículo que inmediatamente adopta una actitud agresiva. La persecución se desarrollará siguiendo las normas descritas en la 7ª edición. De no disponer de la misma, aquí hay una somera adaptación:
Tanto el investigador conductor como su perseguidor harán una tirada de velocidad, determinada por la habilidad de Conducir automóvil. Un crítico aumenta la tasa de velocidad (en 1 punto) y un fallo la reduce en la misma cantidad. Se comparan la tasa de velocidad de ambos vehículos (la del perseguidor es 14) y, en caso de que la del investigador sea mayor, logra huir de sus perseguidores. En cualquier otro caso, la persecución propiamente dicha comienza.
Se realiza un tirada de Iniciativa como en un combate ordinario. Todos los personajes pueden realizar acciones (desde el coche perseguidor empezarán a Disparar usando la ficha genérica), pero el investigador conductor debe ceñirse a su tarea. Deberá superar tres tiradas consecutivas de Conducir automóvil. Cuando las logre, darán esquinazo a sus perseguidores; sin embargo, si el perseguidor logra las tres tiradas consecutivas antes, embestirá al coche de los investigadores. Si no logran un éxito crítico en Conducir automóvil sufrirán un grave accidente de tráfico (1d10 de daño) dejando el vehículo en siniestro total.
Cuando los investigadores lleguen a la zona del arroyo del Hornillo por la que solo pueden continuar a pie, deberán de realizar una tirada de Seguir rastros. Si cualquiera de ellos la supera, hallarán la cueva de Elías y le encontrarán sentado en la entrada. Si fallan (un único intento para cada uno), podrán volver a intentarlo al día siguiente con un +10% a la tirada. Si regresan al lugar en coche no habrá más incidentes (salvo si no fueron en coche la primera vez), pero si retornan a pie y no pagaron a los gitanos en la primera ocasión, volverán a tener problemas.
Al llegar a la cueva de Elías, el viejo les dirá que les estaba esperando. No los conoce pero sabe que los investigadores llegan para solicitarle pistas sobre el relicario y su desaparición, pues no hay otro motivo por el que alguien pudiera querer visitarle. Antes de prestar cualquier tipo de ayuda, reclamará a los investigadores un gran tazón de mocos, que podrán conseguir en la granja de El Fargue con vacas resfriadas. Al regresar con el tazón rebosante de mocos, Elías los mezclará con excrementos de roedores y ávidamente lo comerá delante de los jugadores. Los investigadores realizarán una tirada de CONx4 o empezarán a vomitar. De ocurrir, Elías se alarmará y comenzará a comer de sus vómitos, volviendo a realizarse una tirada, esta vez de CONx2, hasta que todos los investigadores fallen o no falle ninguno. Todos los investigadores que fracasen verán su CON reducida en un 50% hasta que logren dormir. Si alguno de ellos tiene Botánica o Tratar enfermedades, sabrán que en la ribera de los ríos de la zona crece una planta cuyas hojas masticadas alivian las náuseas. Superando una última tirada de Idea la localizarán y, tras media hora masticando, recobrarán su estado normal. Pasado todo esto, Elías les llevará al interior de su cueva, muerto de risa...
Es poco probable que los jugadores se acerquen a la granja de El Fargue a menos que necesiten los mocos que les solicita Elías.
Si van a la siguiente mañana y piden recoger mocos, el propietario accederá a cambio de 2 pesetas, aunque afectará a la reputación de los investigadores, pues se lo comentará a todo el mundo.
Lo más normal es que vayan inmediatamente esa misma noche, pues la granja se encuentra en las proximidades del punto de descenso al arroyo del Hornillo del camino viejo de El Fargue. Para obtener los mocos, los jugadores requerirán superar una de estas dos posibles tiradas: una de Discreción u otra de Zoología para acercarse a los animales sin asustarlos. Fallarlas hará que los mugidos de los animales despierten a su dueño que, armado con una escopeta, aparecerá rápidamente. Superar una tirada de Charlatanería calmará al hombre, que accederá a que se lleven los mocos por 2 pesetas. El incidente le resultará tan alocado que no lo comentará con nadie.
Ya en el interior de la cueva de Elías, el ermitaño intentará resolver algunas de las posibles dudas de los investigadores, pero al mismo tiempo, quedarán otras tantas sin resolver.
Lo que Elías sabe. El tiempo libre que le dejó su labor como custodio del Sagrado Párpado de San Cecilio lo dedicó al conocimiento de esta y otras reliquias. Su investigación le abrió varias vías de estudio y en algún momento indeterminado de principios del s. XX penetró en las ciencias ocultas y la demonología. Así, descubrió que las reliquias cristianas eran más preciadas como ofrenda o sacrificio que la propia vida humana, pudiendo con ello invocar a deidades más poderosas o que estas fueran más generosas. Esto le llenó de preocupación y le asaltó la duda de si su reliquia corría peligro. Buscando conjuros de protección, supo de la existencia de una copia del Libro de Abramelin en la ciudad, en la biblioteca privada del Palacio de los Conde de Castillejo. Sin embargo, el manual que se le proporcionó le indujo un estado de terror que acabó con su cordura. En ese momento no pudo entenderlo pero, pasados unos meses, comprendió que había sido engañado y que el responsable necesariamente debía de saber ya de la existencia de la reliquia. Es por eso que él la robó, aunque no habrá forma de que confiese a los investigadores su paradero: se la ha cosido en la lengua (por eso habla con frenillo) y el poder mágico del párpado le impele a comer desechos biológicos, que es lo que lo mantendrá incorrupto mientras esté atado a su cuerpo vivo. Cosas de la magia...
Lo que Elías no sabe. El marqués Miguel de Montalbo, tras varias conversaciones con el conde Ignacio de Calatrava, experto en religiones afroamericanas, desea invocar a una deidad exterior que le proporcione conocimiento superior. Esa deidad es Yog-Sothoth, aunque en ese momento el marqués no la conoce por dicho nombre sino por el de otros cultos, como Nzambe en la religión de Palo (Cuba) o Le Grande Zombi en el vudú de Luisiana. Tras obtener una copia del Livre d'Ivon, donde aparece un ritual de invocación a Yog-Sothoth, el marqués consigue atar hilos y comprende que ese es el auténtico nombre de la deidad que pretende invocar y que el sacrificio que necesita no puede ser un simple animal, ni siquiera un ser humano, sino algo sagrado. Providencialmente, es en ese momento cuando aparece el padre Elías reclamando ayuda... Un miembro de la Iglesia Católica, de comportamiento errático y extraño, y solicitando un libro que contenía hechizos de protección, hizo sospechar inmediatamente al marqués de que Elías ocultaba algo. Antes de entregarle el libro le ofreció un té que resultó ser un poderoso hipnótico y con el que pudo extraer toda la información relativa a la reliquia de San Cecilio. Con esta inesperada y valiosa información, los planes del marqués se redefinieron: sin dar a conocer sus planes reales, traería a una secta vudú a Granada y, mientras celebraban su ceremonia, ofrecería a la divinidad la reliquia en ofrenda.
Elías no recordaba nada de aquella conversación, pero el haber caído desmayado en casa del marqués aumentó su malestar. Para empeorar las cosas, el marqués no le proporcionó el libro que solicitaba sino, bajo sus tapas, un tratado de demonología extremadamente detallado que, sumado a la angustia, el stress y el ya delicado estado de salud mental del párroco, acabaron por desestabilizarlo por completo.
Cuando, a través de sus informadores, el marqués sabe de la huida del párroco, inicia los preparativos para la ceremonia, como contactar con el grupo vudú y traerles a España, crearles una coartada, buscar un lugar idóneo para la ceremonia, etc. Sin embargo, cuando todo está listo, llega la noticia de que el relicario ha sido robado. Para colmo, el objeto que iba a servir de catalizador, el trofeo de la competición de tiro, les ha sido arrebatado en la competición de tiro.
Si los investigadores le cuentan a Elías que participaron en la competición benéfica, les preguntará si ocurrió algo inusual, fuera de lo común; es de esperar que mencionen la canción. Los investigadores deberán superar una tirada de EDUx5 para recordar la letra; de lo contrario, deberán buscar el modo de conseguirla, siendo tal vez demasiado tarde. En cuanto la reciten, Elías reconocerá las pistas que encierra; sin embargo, en el momento en que va a descifrar el lugar de la ceremonia, un disparo le reventará la tapa de los sesos (tirada de Cordura; si fallo, 1D6). A pesar de que todo el valle está a oscuras, pasando una tirada de Escuchar lograrán adivinar la localización del tirador, que está huyendo del lugar. Ir en línea recta, además de que les obligará a pasar sendas tiradas de Saltar (el arroyo) y Trepar (la pendiente), les retrasará tanto que el asesino tendrá tiempo de huir. Desde ahí pueden Seguir rastros, que les conducirán al camino viejo de El Fargue; a lo lejos oirán el motor de un coche, pero les será imposible darle alcance. Si bajan, se encontrarán con los propietarios del cortijo que han escuchado el disparo (ha resonado en todo el valle) y se dirigen al lugar con escopetas (ficha genérica) que intentarán retenerlos hasta que llegue la policía. Si suben directamente, llegarán a tiempo de ver el vehículo del tirador que huye de la escena. Puede ser que los investigadores deseen iniciar una persecución, aplicándose las mismas reglas que en el anterior capítulo. Si dan alcance a su víctima, los investigadores descubrirán que se trata de Luis Comillas, y se procederá a un tiroteo hasta que Luis muera (o lo hagan los investigadores).
Con todo, queda la opción de que no sean capaces de localizar al tirador y/o deseen permanecer en la cueva de Elías. Si superan una tirada de Descubrir o Buscar Libros (si así lo indican) en la estancia correcta (deberán hacer una tirada en cada una en la que busquen), lograrán encontrar el libro que le colaron a Elías; nada menos que una copia manuscrita traducida al castellano de "Monstres and their Kynde [Los Monstruos y su Ralea]". Entonces, encuentren o no el libro (han consumido tiempo en la búsqueda), llegará la policía.
Tras la muerte de Elías, las probabilidades de que los investigadores acaben en comisaría son prácticamente todas: si permanecen en el lugar, serán detenidos; si bajan hacia el cortijo, de un modo u otro, serán detenidos; si persiguen a Luis y acaban con él, serán detenidos. Su única escapatoria es subir hacia el Fargue y marcharse del lugar. Es de suponer que entonces regresarán a sus casas, pero solo para descubrir que el trofeo de la competición ha sido robado de la casa del ganador del concurso (si no lo dejó en el club; en tal caso, ya se lo habrán llevado de ahí) mientras estaban dando botes por el campo. La policía ya ha hecho acto de presencia ante la denuncia de los vecinos y les llevan, cómo no, a comisaria a prestar declaración (y, mientras esto ocurre, sabrán del homicidio de Elías y la implicación de los investigadores). En fin, que es ineludible acabar en la comisaría esa madrugada.
Serán trasladados a la comisaría de la Plaza de los Campos, a cargo del inspector Gabriel Vargas, que ya está al tanto de lo ocurrido con el ermitaño. Dependiendo de sus respuestas, el inspector puede ser colaborativo o no y soltarles o enviarles al calabozo. Que sean colaborativos será importante para la escena final, pues podrán contar con la ayuda del inspector, que les acompañará desde ese momento, en el cual hará acto de presencia el conde Ignacio de Calatrava. En caso de que no ayuden a la policía y permanezcan en silencio, les mandarán al calabozo y perderán la ayuda del inspector pero, antes del amanecer, alguien pagará la fianza de los investigadores y los soltarán. Al devolverles sus posesiones, encontrarán una nota que les apremia a dirigirse al Palacio de los Conde de Castillejo antes del amanecer.
FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO