En una de las zonas residenciales de Madrid y más tranquilas, se encuentra este restaurante que desde fuera no llama la atención, pero que nada mas entrar, sorprende su decoración y distribución. Pero es que además, no defrauda en absoluto. Sin duda hay que ir porque se come muy bien y el trato es excelente.
Muy buen ambiente, comimos en una mesa muy amplia dentro de un patio que no imaginas que vaya a estar ahí. Muy bien atendido y muy buena calidad, aunque quizá un poco caro: 46 euros por persona.
Muy recomendable.
Después de unas cervezas y unos vermús, pedimos una botella de El Rincón de 2014, y tres platos para compartir:
Oritguillas
com pimientos de padrónBuñuelos de bacalao
fritos en tinta de calamarAlcachofas confitadas
(había más...)Después, cada comensal pidió un principal, aunque hubo algunos platos repetidos:
Por cierto, de muchos de los platos hay medias raciones, lo cual, muchos agradecen ya que todos los platos estaban bien de cantidad.
Sesitos de cordero fritos
con mahonesa al mojoTaquitos de solomillo al ajillo
Crujiente de manitas de cerdo
con salsa brava y pil pil de ajoblancoCarrilleras
Para rematar pedimos unos postres: que si una torrija incluida en la carta por las fechas en las que estamos, la (obligada) tarta de manzana y algo que no recomiendo: un souffle de frutas que además de ser mucha cantidad, no te dice nada (y eso que el camarero no nos lo llegó a decir así, pero no nos lo aconsejó en absoluto).
En resumen: no dejéis de ir porque merece la pena muchísimo.