Coincidió que dos días antes, salió publicada la noticia de que es el restaurante favorito de los españoles, pero lo cierto es que la reserva la habíamos hecho con tres meses de antelación para celebrar una efeméride que lo justificaba. Y os aseguramos, por si alguno teníais dudas, que El Bohío, de Pepe Rodríguez, debería ser una visita obligada en cualquier ruta turística y de ocio, porque son muy amables, todo es de primera calidad, todos los platos están perfectamente elaborados y con una presentación muy cuidada. El precio es caro (110 euros por persona), pero si la ocasión lo merece, el sitio es el indicado.
Antes de ir, habíamos visto que había un menú (el Menú del día) que incluía entre los segundos a elegir, los callos de Pepe. Sin embargo, ese menú sólo se sirve de martes a viernes, pero enseguida nos ofrecieron la posibilidad de o bien pedir una tapa o ración adicional, o sustituir uno de los principales del menú que eligiéramos. Nos decidimos por el Menú de Invierno (el de temporada) y dos de nosotros sustituimos el lomo de cordero por los afamados callos. Para beber, después de los obligados aperitivos (dos vermouths Perucci y dos cervezas muy bien tiradas), tomamos una botella de El Regajal, por aquello de que somos de Madrid y está buenísimo.
Una vez decidido el menú, lo único que queda pendiente es el punto del cordero. Nos informan de que Pepe lo prefiere poco hecho, ya que no se trata del cordero al que estamos acostumbrados, y siguiendo su recomendación, lo pedimos en ese punto. Estaba... un momento, y vayamos por orden.
A modo de entrantes, nos sirvieron merengue de ensaladilla rusa; rocas de pulpo especiado (buenísimas); morterualo y lichys; y pepito de queso y trufa. Todos riquísmos.
Merengue de ensaladilla rusa
Rocas de pulpo especiado
Morteruelo y lichys
Pepito de queso y trufa
Tan ricos que sirven para que los comensales esperen los principales con más ganas si cabe. Y llegaron: primero, un caldo de pescado con remolacha y requesón; seguido de una gamba roja (la cabeza aparte) con albóndigas de gamba (sí, sí, albóndigas) y azafrán; en tercer lugar, un plato que todos coincidimos que estaba realmente bueno, la panceta del cocido con un ravioli de ropa vieja; y para terminar, o el lomo de cordero con una acelga rellena; o los callos de Pepe. Respecto a estos dos, poco se puede decir salvo que por sí solos justifican el desplazamiento hasta El Bohío, aunque no esté en la carretera de La Coruña, ubicación que le sugirió la comensal más veterana al Master Chef de Illescas para abrir allí otro restaurante.
Caldillo de pescado,
remolachas especiadas, requesón y patataGamba roja,
albóndigas de gamba, azafrán y el jugo de su cabezaPanceta del cocido,
ravioli de ropa vieja y un fondo reducidoLomo de cordero,
acelga rellena, y zanahorias escabechadasLos callos de Pepe
Y para terminar, queso, miel y manzana verde, y como reza en la carta, unas pequeñas locuras dulces a base de chocolate blanco y dulce de la pasión. También sirvieron lo que llaman un Asiático: estaba tan bueno que no dio tiempo a que le hiciéramos una foto (otra razón para volver).
Queso, miel y manzana verde
Pequeñas locuras dulces para el café
Estuvimos en un reservado, y como al hacer la reserva avisé de que celebrábamos un cumpleaños, nos trajeron una tartaleta de chocolate para la homenajeada (¡gracias!).
Como he dicho, todo nos gustó, desde el trato de todo el personal, a la decoración del restaurante y de los platos. Por poner un pero, la cristalería, que quizás que peca de excesivamente neutra. Pero por lo demás, un 10 sobre 10.
Pepe Rodríguez se pasó a saludarnos y estuvimos charlando un rato con él en las cocinas. Simpatiquísimo y muy cercano, supuso el broche perfecto a una gran comida en un sitio absolutamente recomendable.