¿Alguna vez cuidasteis que la Bestia era capaz de rendir el pétreo corazón? Creedlo, mis amigos. Yo, el Bardo, una vez bebí de esas extrañas palabras, cuando joven andaba de díscolo bureo, y ahora tráigolas para vuestro regocijo y enseñanza; porque si aquél que sólo tiene en la sangre y la muerte su contento, alguna vez fue mordido por la flecha del hijo de Venus, cuanto más nosotros, pobres mortales, debemos padecer los efectos infaustos del traidor arquero.
Escuchad amigos este mester, que, ya viejos, cantamos. Hechos que nuestros labios nunca habían repetido hasta la jornada.
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