Palabras guardadas, palabras compartidas
Palabras guardadas, palabras compartidas
Caminante, son tus huellas
(…) Todo porque Cenicienta quería ir al baile del príncipe y la madrastra no la dejaba. Mientras tanto, Blancanieves vivía en el bosque con sus siete enanos. Y siempre, el chunga chunga, el crak, el ring, el blablablá. Y diostesalveMaría… ElfrutodetuvientreJesús. (¿Qué es tesalve? ¿Qué es tuvientreJesús?). Y entonces, un día, ALA, A-LA, A-L-A, A-LA, ALA. Alas para la gallina turuleca que sentada en el verde limón, con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor.
Comparto este texto escrito entre leer y cantar, elaborado por Laura Devetach, poeta, narradora y docente argentina, un texto que a la vez es un tejido de muchas historias, que posiblemente escuchamos de pequeños mientras jugábamos en la escuela, o cada noche cuando nos leían un cuento antes de dormir. Esas historias que resuenan y nos recuerdan a otras nuevas, distintas y compartidas con otros, conforman lo que la escritora denomina la Textoteca, los textos que llevamos dentro, combinados de mil maneras diferentes. Al respecto, la autora hace una enumeración en distintos momentos de las lecturas que nos forman. La sorpresa empezó a aparecer en mi lectura, ya que algunos ejemplos (exceptuando los cuentos, poemas, frases pintadas en las paredes que son característicos del lenguaje escrito) me resultaban impensados hasta el momento. Las nanas, las retahílas, los cantos de iglesia, el chisme del momento en el barrio, también se hacen parte de nuestro recorrido lector.
En mi caso, mi camino de palabras estuvo, durante mi infancia, señalado por mis padres. Recuerdo leer muchas historietas de pequeña, justo antes de dormir, o de esperarlos en la biblioteca del colegio mientras ambos trabajaban y los libros y la bibliotecaria eran mi compañía y cuidadores. Al crecer, tuve la libertad y privilegio de explorar libros y acercarme al mundo de la fantasía, de hadas y leyendas celtas. Con esta libertad y nuevos vínculos más allá del espacio familiar, me encontré en el camino a una amiga a quien le gustaban las historietas de origen japonés, conocidas como manga. Un universo muy extraño para mí y cual no pude tener el mismo afecto que ella, pero disfrutaba muchísimo escucharla hablar sobre las tramas, sobre el modo de leer esos libros, sobre los personajes…
¿Para qué revisar este camino? ¿Por qué puede ser importante mirar hacia atrás, hacia dentro? Personalmente, pienso que reflexionar sobre el lugar de dónde venimos con nuestras lecturas, ese lugar que existe con fuerza y valor fundante, nos habilita el ejercicio de rescatar experiencias de leer con otros, de visitar y habitar espacios donde hay infinidad de libros, y ayudar, de esta forma, a valorar y compartir la literatura como vínculo. La memoria sobre nuestros caminos lectores debe permitirnos respetar y reconocer las trayectorias de otros lectores. Es sorprendente reconocer cuántas textotecas se erigen desde cimientos tan parecidos…
Me pregunto entonces, ¿por qué podría ser importante ayudar a construir las textotecas para las infancias? Creo en la importancia de posibilitar un terreno literario, un espacio para jugar con las palabras y la mayor variedad y actividades posibles con ellas. Una forma posible de hacerlo, quizás, es asumiendo el rol de exploradores de textos, aventurándonos en buscar diversidad de lecturas, haciendo partícipe al otro en un espacio de cariño por la literatura, acompañando en el proceso de formación en la lectura. Así, este terreno puede ser un lugar fértil para hacer crecer muchos otros caminos lectores, con obras que posean un vocabulario rico y variado, con estructuras gramaticales novedosas, con personajes que cuestionen lugares estereotipados y comunes, y experiencias de lectura que estimulen la creatividad, la curiosidad y el placer de leer.
¿Cómo expropiar y habitar estos terrenos junto con las infancias? Laura Devetach usa una expresión que me pareció muy bonita porque puede echar un poco de luz a este problema. Ella habla de “estar en literatura” como la puesta en juego de disponibilidades para leer y escribir. Entiendo que la actividad trata de que el docente como mediador acerque y proponga la lectura de diferentes textos (álbum abecedarios, poesías, canciones, cuentos, etc.) que vayan más allá de leer para responder consignas, donde leer literatura no sea sólo una excusa para hacer teoría literaria, sino que acompañe la formación de lectores autónomos. En definitiva, pienso que posicionarnos como formadores (docentes, futuros docentes, compañeros de lectura) en ese intersticio que conjugue aspectos como la sistematización de la lengua y también el leer como experiencia estética, hará que se enriquezcan las visiones de mundo y los bagajes de lecturas que puede formar cada lector, y también a compartir, contrastar y enriquecer los trayectos de lectura.
Compartir el enigma
Compartir la lectura es una idea que me gustaría empezar a deshilvanar para ingresar al segundo tema que me interesa. Consultando el diccionario, compartir es “hacer a otra partícipe de algo que es suyo” (Real Academia Española, s.f., definición 1). En este contexto, hacer de las infancias parte de nuestras lecturas, de nuestros caminos lectores. Ya sea leyendo con ellos, para ellos, y habilitando el momento de lectura privada para que cada niño y niña pueda ponerse de acuerdo con sus experiencias, con el texto literario.
En este rol de potenciadores de lectores participamos facilitando el encuentro entre el objeto estético y el sujeto de la infancia, ¿qué concepto tenemos de la niñez y por qué sería importante debatirlo? Cuando visitamos una librería con el objetivo de comprar un libro de cuentos a nuestros hermanitos, sobrinos, alumnos, etc., ¿de qué características investimos al sujeto que tenemos en mente? Marcela Carranza (2012) da una definición esclarecedora: ella explica que la noción de niñez “es un fenómeno de índole histórica y cultural, por lo tanto se ve modificado a través del tiempo y según el entorno geográfico y cultural”. Entiendo por lo tanto, que a lo largo de nuestra historia la infancia no fue siempre pensada como la vemos hoy, y en realidad, está en permanente cambio según el contexto donde miremos. A la par de estas transformaciones, se van determinando el carácter de los textos de la literatura infantil.
En este sentido, Carranza hace un viaje por el tiempo y describe que, por ejemplo, cuando los cuentos populares eran parte de las narraciones orales y del folklore popular, los niños y adultos existían como público oyente heterogéneo, sin distinción. El concepto de infancia no existía en el mundo de los adultos. Aún en la actualidad, aclara la autora, en algunas culturas sigue sin marcarse esta distinción. Luego, en el siglo XIX y a finales de éste, la función formativa escolar adquiere un rol central en la educación del niño, lo que fomentó una literatura que impartía una enseñanza que podía aprenderse de todo acontecimiento e historia narrada.
Actualmente, estas nociones aún vigentes se solapan y discuten con nuevas teorías que reflexionan sobre la literatura y su vínculo con las infancias. Así, entiendo que conviven formas de pensar la literatura como moralizante (según los valores del contexto social y cultural en que se focalice), que dicta lo que es adecuado o no para los niños (aquello que no incomode, los finales felices que con un colorín colorado ese cuento se acabó) con visiones que entienden a los niños como un sujeto lector competente, capaz que construir sentidos, integrar información, asociar, sorprenderse, sostener una historia de miedo, crear nuevas historias, preguntar(se) sobre el texto. Desde este lugar, se piensa a los niños y niñas como capaces de transitar sus propios caminos dentro de la historia que están leyendo (sin una dirección específicamente marcada), capaces también de quedarse con dudas e inquietudes, de silencios y sorpresas, como lo hace un lector con más experiencia de lectura y de vida. (Carranza, 2009).
Siguiendo en el intento de responder a las incógnitas planteadas al comienzo de este apartado, con Jorge Larrosa, profesor, filósofo y pedagogo, me permito adentrarme en la incertidumbre, pues, en "El enigma de la infancia" el escritor declara que “el niño es aquel ser del que nada se sabe…”. Pensar las infancias desde la otredad, como esos seres absolutamente diferentes y heterogéneos a nosotros. Pararnos en el lugar de la incertidumbre nos ayuda a mantenernos atentos y no subestimar a los pequeños, no conformarnos con lo que ya sabemos sino permanecer en el ejercicio de aprender a entenderlos. En este proceso podemos entonces buscar lecturas y ofrecer distintas formas de experiencia estética, con la posibilidad latente, al menos, de enriquecer los caminos de lectura.
El filósofo escribe: “la presencia enigmática de la infancia, esos seres extraños de los que nada se sabe y esos seres salvajes que no entienden nuestra lengua” (Larrosa, 1997). Me inquietó el uso especial de la elección de la palabra enigma para calificar la infancia. Consultamos el diccionario y conocemos que el sustantivo se refiere a los enunciados construidos artificiosamente, difíciles de comprender o interpretar (Real Academia Española, s.f., definición 1). ¿En qué sentidos la infancia puede ser un artificio? Confieso que aún este aspecto se escapa de mi comprensión, e invito a los lectores que propongan sus propias interpretaciones en esta vía del camino.
Momentáneamente, pienso que si las nociones sobre las infancias van cambiando a lo largo del tiempo y espacio, ellas constituyen eso que puede denominarse artificio. Es decir, son definiciones que se elaboran social y culturalmente a partir de la lectura que se hace de los niños, y así vamos conformando nuestra concepción de cómo son y lo que podrían o deberían leer. Laura Devetach enuncia que “Cada gesto que un individuo hace, puede ser leído, generar palabras que lo nombren, generar una escritura”, entonces ¿cómo podemos leer a los niños? ¿Qué estabilidad pueden tener las lecturas que hagamos de ellos?
En primer lugar, creo que pensar a las infancias como un enigma es existir en la incertidumbre y la oscuridad, en la no-certeza. Lugares que pueden resultar incómodos, mucho más para quienes nos formamos en disciplinas que intentan responder a la demanda de esos sujetos, y que para ello buscamos posicionarnos en un terreno firme[1] para ser mediadores de la literatura infantil y juvenil. En un segundo lugar, si consideramos lo enigmático de la infancia desde lo artificioso, podríamos establecer relaciones con la literatura, y en este camino, conectarnos con ellos desde la curiosidad, libremente y con afecto, para aprender de ellos y con ellos.
Palabras como huellas
¿Qué lecturas podemos explorar para compartir, potenciar y disfrutar los caminos de lectura con los pequeños? Una vía posible es el que puede transitarse con el libro “Clara y el hombre en la ventana” (2018), de la escritora María Teresa Andruetto y con ilustraciones de Martina Trach. La trama de este cuento empieza en las guardas (son las páginas que van en los extremos interiores de la cubierta de un libro) y sigue con el mapa del pueblo. Haciendo zoom página a página se puede ver a una niña jugando junto a su mamá mientras tendía la ropa al sol. Entonces, la mamá de Clara le encomienda llevar unas prendas de ropa a un hombre solitario, que vivía encerrado en su casa. Me resulta un poco difícil hablar de un libro sin contarles lo que sucede, porque quiero que contemplen, se sorprendan, descubran y conversen lo que cada página cuenta. Sorprenderse con los modos de lectura que se proponen desde, por ejemplo, las ilustraciones: como si estuviéramos leyendo un mapa y haciendo zoom en cada página conocemos a los personajes, de atrás para adelante en el tiempo mirando el movimiento de los personajes, gritando, susurrando o recordando con el tamaño y transparencias de las letras. Los colores en tono tierra, cálidos y serenos, los zapatitos rojos de Clara que usa para caminar muchas veces desde su casa hasta la de su nuevo amigo a conversar sobre sobre libros. Los juegos de sombras y luces que permiten leer a los personajes sin necesidad de palabras. Todos estos elementos ayudan a construir la historia de Clara que aprende lo que significa el coraje y ayuda al hombre en la ventana a recordar lo que era. ¿Será el coraje para vivir, para amar, para leer, para compartir historias?
Les pregunto, ¿no requiere coraje encontrarse con el enigma que la infancia impone?
Ilustración de "Clara y el hombre en la ventana" (2018), de María Teresa Andruetto y Martina Trach. Editorial Limonero
Ilustración de "Clara y el hombre en la ventana" (2018), de María Teresa Andruetto y Martina Trach. Editorial Limonero
Lecturas como semillas
Hace muy poquito conocí el libro “Las dos naranjas” de Edith Vera, poeta cordobesa nacida en 1925. Me contaron que escribía poemas y los regalaba, los compartía. Por eso su libro está hecho por otras personas que recorrieron el camino que hizo ella para conjugar los escritos en un solo lugar. Algo que aprendí en la lectura de sus poemas es que intenta ver el mundo con los ojos de los niños (qué mejor manera de intentar entender el enigma). ¿Cómo se imaginan que es ese mundo? Para ella, por lo menos, era un lugar cotidiano, con colores de amapolas y girasoles, con pociones mágicas y dragones.
En colaboración con mi lectura, recomiendo la lectura “Propuesta de lectura para las dos naranjas de Edith Vera”, escrito por la investigadora Irene Penizzotto. La experiencia de lectura estética y escritura creativa consiste en focalizar dos elementos que son clave para la lectura de los poemas de la autora: el extrañamiento del mundo (tomar distancia del objeto para desnaturalizarlo y mirarlo con ojos nuevos, buscar nuevos significados) desde la visión de los niños con la naturaleza, y el juego sensitivo al que invitan los colores.
Agrego, por último, el acceso de forma gratuita a una colección de los poemas de Edith Vera en https://cuatrogatos.org/docs/ficcion/ficcion_392.pdf, realizada por María Teresa Andruetto, y que comienza:
Una vez que se ha pronunciado
la palabra amapola hay que dejar pasar algo de tiempo
para que se recompongan
el aire
y nuestro corazón.
Portada del libro "Las dos naranjas" (2018), de Edith Vera. Editorial Eduvim.
Referencias bibliográficas
Andruetto, M.T. y Trach, M. (2018). Clara y el hombre en la ventana. Limonero.
Carranza, M. (08 de agosto de 2012). Los clásicos infantiles, esos inadaptados de siempre. Algunas cuestiones sobre la adaptación en la literatura infantil. Imaginaria. http://imaginaria.com.ar/2012/05/los-clasicos-infantiles-esos-inadaptados-de-siempre-algunas-cuestiones-sobre-la-adaptacion-en-la-literatura-infantil/
Carranza, M. (08 de diciembre de 2009). ¿Por qué la literatura es también para los niños? Imaginaria. https://imaginaria.com.ar/2009/12/%C2%BFpor-que-la-literatura-es-tambien-para-los-ninos/
Devatach, L. (2008). La construcción del camino lector. Editorial Comunicarte.
Ediciones Colihue. Una editorial argentina. (s.f.) Autores. Laura Devetach. https://www.colihue.com.ar/autores/fichaAutor?authorId=80
Facultad de Filosofía y Letras. (s.f). Larrosa, J. http://posgrado.filo.uba.ar/larrosa-jorge
Izquierdo, T. (s.f.). Guardas de un libro: qué son. Tania Izquierdo. https://taniaizquierdo.com/guardas-libro/
Larrosa, J. (2000). Pedagogía profana. Estudios sobre lenguaje, subjetividad y formación. Ediciones Novedades Educativas.
Penizzotto, I. (2023). Propuesta de lectura para Las dos naranjas de Edith Vera. En Literatura con las infancias: mapa para un viaje (in)esperado. Segunda Parte: mapas, guiones, intervenciones. Pinardi, C (Coordinadora). (En prensa)
Real Academia Española. (s.f.). Compartir. En Diccionario de la lengua española. Recuperado en 09 septiembre de 2023, https://dle.rae.es/compartir
Real Academia Española. (s.f.). Enigma. En Diccionario de la lengua española. Recuperado en 09 septiembre de 2023, https://dle.rae.es/enigma
Vera, E. (s.f). Poemas. Selección realizada por María Teresa Andruetto. Fundación Cuatro Gatos. https://cuatrogatos.org/docs/ficcion/ficcion_392.pdf
[1] ¿Existirá un lugar así? ¿podrá ser que en realidad tratamos de sostenernos, cual equilibristas de circo, en una cuerda floja que se tambalea sobre nociones cristalizadas, reescrituras que abren otros caminos y puntos de vista?
Modelo para referenciar este ensayo:
López, V. (14 de septiembre de 2023). Palabras guardadas, palabras compartidas. El cofre de las palabras. https://sites.google.com/view/elcofredelaspalabras/cuatro-tumbos/palabras-guardadas-palabras-compartidas?authuser=0