ADVERTENCIA: El siguiente contenido trata temas que pueden resultar sensibles para algunas personas. Léalo bajo su propia responsabilidad
Hace algún tiempo, no sé cuánto exactamente, empezó el caos en la ciudad, el país y en el mundo. Todo ha perdido su rumbo y las naciones están envueltas en pánico, destrucción y miseria.
Tal vez te preguntes: ¿por qué? ¿Acaso inició la tercera guerra mundial? ¿fue un accidente nuclear? O quizás ¿el cambio climático? Crean lo que quieran, pero no es ninguno de los anteriores motivos. La culpa es de la vida extraterrestre. Sí, lo sé, suena loco, casi como si fuera un cuento de ciencia ficción, pero es la verdad. Decir que somos los únicos en el universo era algo egocéntrico en mi opinión. Existe más vida en este universo y la raza humana tuvo el des fortunio de encontrarse con una colonizadora y malévola, lo cual no ha condenado a nuestra extinción.
El mundo es diferente ahora y jamás será como antes. Hemos perdido mucho como humanidad y como civilización, cosas como nuestras comodidades, sistemas de gobierno y economías.
Aunque suene mal, no es lo peor. Hay un dolor más grande, una vacío aún mayor, y es la pérdida de algún familiar, amigo o conocido. En mi caso, he perdido las tres cosas; muchos de los míos ya no están conmigo, al punto de quedarme solo y en este punto temo perder mi cordura también, no solo por esta situación, sino también por un peso que cargo en mis hombros, como una meta, un deseo o castigo. Creo que podría decir que gracias a esto mantengo mi cordura.
Si ese peso no estuviera ahí, tal vez la delgada cuerda entre la locura y la cordura se rompería y mi muerte sería el desenlace de esta historia. Aunque en estas situaciones no suene tan mal, la verdad, no más dolor, no más sufrimiento, solo paz y calma. Es una idea tentadora y estoy casi seguro de que el porcentaje de suicidios ha aumentado en este último tiempo, pero para mí no es una opción. No es por algo como el honor o cosas así, es por una promesa. Esa promesa, esa meta, me impulsa a seguir adelante, contra todo pronóstico. Ese es el peso que llevo.
-Prométeme que serás feliz y que seguirás adelante.
Una pequeña risa de frustración escapa de entre mis labios. Eso fue lo último que me dijo mi hermana antes de morir. Rebobino una y otra vez su último aliento, su última palabra, su último deseo, sus últimas lágrimas. Es una tortura, una triste y constante frustración saber que no pude hacer nada para salvarla de su trágico final, como hermano mayor nunca esperas ver morir a alguien a quien viste nacer y crecer a tu lado.
-Todo para cumplir tu último anhelo, mi pequeña estrellita.
Digo para mí mismo mientras camino bajo los enormes edificios de lo que alguna vez fue mi ciudad. Aquella que me vio crecer y que me regaló tantas tardes junto a mi hermana y mis amigos, me genera una nostalgia ver y recordar los días de verano en los que salíamos de nuestras casas para reunirnos a las afueras de la ciudad y disfrutar de la playa. Éramos tan felices. Como extraño ese sentimiento. Hace mucho que eso se perdió, un concepto tan abstracto, pero tan claro. Todos lo hemos sentido, pero no sabemos cómo describirla. No sé si se podrá recuperar con el tiempo y aunque fuese así, no sería igual que antes. Estas heridas se volverán cicatrices y estarán presentes para recordarnos este suceso de nuestra historia como humanidad; Si es que esta no acaba pronto.
-¡Arg! No puedo hacer esto, tengo que concentrarme.
Saco mi mente de aquel rincón de imaginación. No puedo permitirme divagar en este momento, al menos no por ahora.
Pronto será de noche y necesito encontrar un lugar donde esconderme y dormir, aunque sea solo un poco, aunque no creo que sea posible. Muchos de los edificios están destruidos y las calles están vacías y aunque pueda sonar mal, eso es algo bueno. Sin nadie alrededor, no tengo el riesgo de que me roben, me secuestren o me maten, pero aun así no puedo bajar la guardia. Puede que no haya ninguna persona por aquí, pero aún tengo que cuidarme de los focos, y no me refiero a los postes de luz, sino a esas estúpidas naves.
Sí, naves espaciales como las de las películas. Son un enorme peligro, más que cualquier humano, ubicadas en la parte de debajo de estas. Pueden atraparte con tan solo exponerse a su luz y si eso sucede, lo más probable es que no sobrevivas. Te matan de una manera tan horrible que ni a mi peor enemigo le desearía una muerte así de espantosa. Cuando estás bajo esa luz, empiezas a levitar como si la gravedad no existiera. Te eleva y no te permite moverte a ningún lado. Si alguien intenta ayudarte, puede que termine muriendo también. Esa cosa te debilita y empieza a desintegrarte, matándote de forma agonizante. Las pocas veces que he visto esto, he podido presenciar cómo la vida se escapa de su cuerpo de manera lenta, torturando su cuerpo y alma.
Me detengo y cierro los ojos. Siento que estoy a punto de desatar una tormenta de aguas amargas que podrían inundar todo mi rostro. pero no puedo, no quiero, no me lo puedo permitir. Me siento tan indefenso con el simple hecho de llorar, débil, sin control sobre mí mismo.
Intento calmarme respirando profundo y poniendo mis ideas en orden para tener algo de tranquilidad dentro de mi cabeza para concentrarme y seguir caminando, tener el control para avanzar y continuar con mi plan. el cual es salir de la ciudad y encontrar un lugar en las montañas que me proporcione todas las cosas básicas para subsistir lo que me quede en este mundo, cosas como comida, agua y, lo más importante, un lugar seguro y protegido de los alíen. Intentar tener una vida tranquila, como mi hermana quería.
Pero por ahora estoy en busca de eso, mientras tanto camino por el centro de mi ciudad, intentando no generar ningún movimiento o ruido que llame la atención, ya sea humana o no.
De repente, se escucha una explosión que hace retumbar todo. Salgo del trance mental en el que me encuentro y volteo a mirar hacia atrás. Allí veo cómo una de esas naves explota en mil pedazos. Muchas navecitas salen de la nada y otras aparecen de las calles aledañas, intentando atrapar a algunos alienígenas que se precipitan hacia el suelo junto a los escombros de la explosión. El ruido, el estruendo y el destello de la explosión me dejan aturdido durante unos segundos.
Me mantengo escondido, observando desde las sombras cómo los alienígenas recogen los cuerpos de los suyos y se alejan, desapareciendo de nuevo entre las avenidas aledañas al accidente. Mas veo a lo lejos, que algunas se dirigen a una gran nave rodeada de otras más pequeñas como las que fueron a la explosión a ayudar. Supongo que allí se encuentran los altos cargos o gente importante por lo imponente que se ve.
Después de unos minutos y de que las naves se hayan ido, comienzo a moverme de nuevo. Pero mientras camino, logro ver al final de una esquina una tienda de comestibles. Si tengo algo de suerte, estará vacía y podré quedarme allí durante la noche. Incluso puede que haya algo de comida. Hace mucho que no cómo y tengo mucha hambre. Me imagino una pizza o una hamburguesa con papas; el hecho de solo de pensarlo se me hace agua la boca. Mas mis pensamientos son interrumpidos por un ruido que viene desde atrás de mí. Me volteo rápidamente y saco mi arma, una pequeña pistola que apenas tiene algunas balas.
Entre las sombras, una silueta comienza a emerger, mas no logro ver bien qué o quién es. Podría ser cualquier cosa: un alienígena, un ladrón o simplemente una persona que, como yo, busca dónde esconderse. Aun así, no bajo el arma.
Cuando finalmente logro ver quién es, me sorprendo. Es un muchacho que parece uno o dos años menor que yo. Lleva una capa negra, un saco verde, jeans oscuros y rotos, y zapatos del mismo color que el saco. Su pelo es de un rojo vivo muy desordenado y largo, tanto que tapa gran parte de su cara. Pero detrás de tanto pelo, alcanzo a ver unos ojos grises como el color de plata recién pulida. Su piel parece porcelana, pero está llena de golpes y cortes. Se ve que esta muy herido.
Bajo mi arma. Entre la sorpresa y el horror. Él no representa una amenaza, al menos no por ahora. Su cuerpo herido, junto con su delgadez y su pequeñez, me preocupa. Parece que no ha comido desde que los alienígenas vinieron a la Tierra. Se ve mal, muy enfermo y herido. Antes de que pueda decir algo, escucho un ligero murmullo.
-Por favor…ayuda.
Apenas termina de hablar, se desmaya. Lo atrapo antes de que caiga al suelo. Está ardiendo en fiebre, suda y tiembla descontroladamente. Lo cargo, dispuesto a ayudarlo. Es muy ligero y fácil de llevar, se nota que no pesa mucho. Mas me detengo y por un momento, dudo, podría dejarlo y eh irme. Sin embargo, un recuerdo de mi hermana aparece en mi mente, sus palabras resuenan en mí por un instante.
"Hay que ayudar a quienes lo necesitan".
Él es otro humano. Lo mejor es estar juntos, apoyándonos mutuamente, no dejar a nadie atrás. Que nuestras diferencias nos unan y un enemigo común nos impulse. Y así finalmente, tomo una decisión. Salgo sigilosamente con aquel muchacho en mi espalda, caminando hacia aquella tienda mientras el atardecer se desvanece a mis espaldas. Parece que he encontrado a alguien más en este caos, alguien con quien compartir mi carga y encontrar la esperanza en medio de la oscuridad.
Mi respiración está entrecortada, mi presión sube y mi cuerpo tiene un golpe de adrenalina, preparándose para lo que sea que me pueda encontrar dentro de la tienda.
Sacó mi arma y me recuesto contra la pared que queda junto a la puerta. Me preparo y, cuando por fin estoy listo, entro a la tienda con el deseo de que esté abandonada... y para mi suerte, así es. Por fin puedo respirar tranquilo, guardo mi arma y entro a la tienda. De manera rápida reviso las cosas que hay en el lugar, veo si son útiles o no, si puedo usar algo como arma o como objeto de trueque.
Mientras reviso, algo llama mi atención y logro ver que, en la parte de atrás de la tienda, junto al mostrador, hay una puerta que está cubierta por un cartón. Imagino que esa puerta lleva al área de descanso o algún almacén con mercancía que usaba la tienda en su mejor momento, y que el cartón era una forma que usaban para disimularla un poco y espero que haya funcionado hasta ahora, deseo que nadie se haya percatado de ese lugar, pero no creo que sea posible. Me acerco sigilosamente, saco de nuevo mi arma y me vuelvo a preparar para un enfrentamiento. Quito el cartón y lentamente abro la puerta, esperando que haya alguien adentro, pero no, eso me sorprende. Pero me sorprende aún más las cosas que se encuentran en el lugar. Uno imaginaría que adentro habría algo muy simple, como una mesa plegable y un microondas, pero para mi sorpresa no es así.
El sitio tiene 2 sofás, un baño con ducha, una pequeña cocina, una mesa de centro con algunas revistas y mantas debajo de ella. Incluso algo de mercancía que no habían acomodado. Es un paraíso. Antes se hubiese visto algo sencillo o muy básico, pero actualmente, esto es el cielo en la tierra. Estoy tan feliz de ser el primero en encontrar esto. Tal vez pueda dormir y comer algo.
Quisiera sentirme, tan solo un poco, como en los viejos tiempos. Sentirme como un joven de 23 años que solo se preocupa por la universidad y no sufrir como una rata que debe morir, una plaga para los alienígenas.
Un ligero quejido me arrastra de nuevo a este mundo. Es el muchacho, se me había olvidado que lo estaba cargando. Al pesar tan poco y estar concentrado en otras cosas, olvidé su existencia. Cierro la puerta y me muevo lo más rápido que puedo hacia uno de los sofás. Tomo al chico con cuidado y lo recuesto en él. Me quito mi maleta y la lanzo a la otra silla que se encuentra en el lugar. Me acerco un poco a él y noto que su respiración es agitada, como si le costara respirar. Temo que no pase la noche. Quién sabe qué puede tener... Me dirijo a la pequeña cocina y busco una toalla.
Dentro de un cajón encuentro una algo desgastada, pero aun así me sirve. La tomo, abro la llave del agua y la mojo. Es sorprende aun encontrar agua, supongo que los alíen no tardaran mucho en cerrar el suministro. Salgo de mi mente y me dirijo al muchacho y pongo la toalla en su frente. Le quito su capa y la dejo sobre el sofá.
Ahora que le quité la capa, puedo ver bien sus heridas. Algunas están infectadas y otras sangran. Parecen muy recientes, como si tan solo hace unos segundos se las hubiera hecho y otras parecen que son muy viejas. Todas son superficiales, no muy profundas. En ese momento recuerdo el curso que tomé de primeros auxilios el verano pasado. Allí me enseñaron cómo limpiar heridas poco profundas.
Rápidamente me pongo de pie y empiezo a buscar un botiquín. No quiero usar el que tengo en mi maleta, sin embargo, si no queda otra, lo usaré. Encuentro dentro de los cajones de la cocina 2 botiquines. Tomo uno y lo abro. Dentro encuentro un desinfectante de heridas, algunas vendas y curitas, entre otras cosas. Con esto puedo trabajar.
Me acerco a él y empiezo a limpiar sus heridas. Al parecer está inconsciente, aunque siempre que limpio sus heridas, en su cara se muestra un gesto de dolor. Mientras estoy limpiando sus heridas, empiezo a divagar. Tal vez podamos ser amigos. La soledad no siempre es buena y suele generar algunos problemas como depresión o incluso llevar a la gente a enloquecer. No sé si él también perdió a su familia o si viajará solo. Cuando me lo encontré, lo estaba, pero pudo haberse separado de su familia y podrían estar buscándolo. Aun así, pienso que ayudarlo puede ser un beneficio para ambos. En eso Una pregunta llega a mi mente en ese instante. ¿Cómo se hizo estas heridas? ¿Pudo haber estado en una pelea con cuchillos? No lo creo, pero en este momento parece que todo puede ser posible, incluso lo más descabellado. Luego de un rato, termino de limpiar sus heridas. Reviso su temperatura y me doy cuenta de que ya ha bajado. Su respiración también está mejor y eso me tranquiliza.
Tomo una de las mantas que está debajo de la mesa de centro y lo arropo para que descanse. Ya con él más estable, decido mirar en la cocina a ver qué puedo comer.
Dentro de la alacena encuentro mucha, pero mucha comida, como para unas 2 semanas o incluso 3. Definitivamente, el paraíso en estos tiempos. Saco una bolsa de chocolate en polvo para preparar un chocolate caliente. Mientras lo preparo, busco qué más puede haber en los cajones y dentro encuentro una bolsa con pan. Siento cómo mi boca se hace agua. Sin perder más tiempo empiezo a preparar lo que para mí es un manjar.
Cuando se termina de hacer el chocolate, lo sirvo en una taza con diseño de tigre que encontré. Agarro la taza y tomo la bolsa de pan. Mientras me dirijo al sofá para sentarme y comer, levanto la mirada para ver al muchacho, el cual ya no está boca arriba sino de medio lado. Dejo mi taza de chocolate en la mesa de centro y al lado pongo la bolsa con el pan. Bajo mi maleta del sofá y la dejo en el piso. Decido revisar la parte de abajo de la mesa, a ver qué más puede haber, y dentro encuentro un libro y otra manta.
Mientras me recuesto, recuerdo las tardes en las cuales me pasaba con mi hermana leyendo y tomando chocolate caliente en el piso de su habitación. Nunca noté como me hacía feliz eso, pero ahora sí...
Siempre le leía libros de fantasía o libros donde se veía el punto de vista de un personaje, como el de "Todos los futbolistas llegan al cielo" o "El diario de Ana Frank". Pero su favorito era el de "La niña estrella". Por eso, mi hermana siempre quiso un ratón de mascota, aunque era algo imposible ya que a mi madre le daban miedo los ratones o cualquier tipo de roedor y a mi padre les parecían repulsivos. Aun así, nunca dejó de soñar con eso.
También gracias a ese libro, mi hermana terminó con el apodo de Estrellita. Todos sus amigos la llamaban así y yo no era la excepción. Siempre que se le decía de esa manera en su cara, se mostraba una sonrisa de oreja a oreja. Era muy contagiosa y todos terminaban sonriendo igual que ella. recuerdo esas ocurrencias que ella solía decir mientras le leía. Siempre terminábamos riendo...
- Te extraño mucho, mi Estrellita.
digo en voz baja, casi como un susurro. Sin darme cuenta siento cómo mis mejillas se enrojecen mientras unas gruesas lágrimas caen por mis mejillas, mientras recuerdo aquellas tardes donde el mundo se detenía para tomar chocolate...
Ya acostado después de comer, dirijo mi mirada a la ventana. Afuera logro ver las estrellas y la luna. Nunca había visto el cielo tan despejado y hermoso. No puedo evitar que una pequeña risita de frustración se escape de entre mis labios. En los tiempos más difíciles es cuando uno aprecia más las pequeñas cosas, esas cosas que en la vida cotidiana y el apuro del día a día no dejaba ver...
De nuevo el recuerdo de mi hermana cruza mi mente. No quiero llorar, no otra vez, pero no puedo evitar que algunas lágrimas salgan de mis ojos al pensar en ella. Respiro profundo, tengo que controlarme.
Un ruido llama mi atención, voltea a mirar y veo cómo aquel muchacho se sienta en el sofá. Se nota que está algo aturdido y parece perdido, su mirada al igual que él también lo está. Después de unos segundos, sus ojos se dirigen hacia las heridas, pero no parece preocupado o asustado. Parece que no entiende qué son, como si nunca se hubiera lastimado. Su reacción me llama mucho la atención. Quiero preguntarle, romper el hielo, pero no sé qué hacer para que me vea. Estoy en blanco, nada se me ocurre...Mientras pienso qué hacer, tiro la taza por error, rompiéndola en mil pedazos. Ese ruido termina asustándonos a los dos. Esto llama la atención del chico de forma casi instantánea, el muchacho grita, asustado.
Sin saber de dónde o cómo se cayó la taza, sube su mirada y nuestros ojos se encuentran. Chillando de nuevo, ese gritito casi me hace reír. Pero lo más llamativo para mí es su reacción de susto, temor, asombro e incluso curiosidad que refleja en su cara. En ese momento recuerdo la situación en la que nos encontramos, algo alarmado pongo mi dedo índice en mi boca para darle la señal de silencio, para que no alce la voz. El ruido puede atraer a las pandillas o los alíen y eso es lo que menos necesitamos en estos momentos.
Él me entiende rápidamente y me da un ligero movimiento de cabeza en señal de que entendió. El muchacho deja su mirada clavada en mí, intentando analizarme, para comprobar que yo no soy una amenaza. Un par de segundos después lo corrobora y sus músculos antes tensos se relajan, de nuevo, el silencio domina la habitación. No sé qué decir y parece que él tampoco. Después de un par de minutos en silencio y de que nuestras miradas se crucen de maneras repentinas, lanzo una pregunta, en voz baja, para aliviar la tensión en el ambiente.
- ¿Cómo te sientes?
No sé qué más decir, las palabras se atoran en mi garganta, impidiendo que diga otra cosa, y mis nervios me lo impiden aún más.
- Bien, gracias.
Su voz sale algo tímida, pero tan dulce. Es la voz más celestial que había oído en toda mi vida. Es suave pero algo aguda. Casi podría decir que se asemeja a la de una mujer o un niño muy pequeño, aunque sigue siendo masculina.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Lucas, ¿y tú?
- Mi nombre es Frank.
- Gracias, Frank... por ayudarme.
- De nada.
Decido pasarme a la otra silla para sentarme a su lado. Logro notar que algunas vendas ya se están manchando de sangre. Él parece notarlo también, pero su reacción no es como la de una persona normal. Es una reacción algo inocente, como si nunca hubiera visto sangre antes en su vida.
- ¿Nunca habías visto sangre?
- Sí, pero jamás que saliera de mí.
- ¿O sea que nunca te habías lastimado?
- si, pero nunca a este nivel.
Su respuesta me impresiona mucho. No sé en qué mundo loco vivía él, pero se me hace muy raro que nunca hubiese visto sangre. Pero bueno, hay gente de todo tipo, así que no le doy más vueltas y decido cambiar de tema. Aprovecho así para preguntarle algo que me está dando vueltas en la cabeza desde hace un tiempo.
- Oye Lucas, ¿viajas solo?
- Sí, ¿y tú?
- También.
Eso me emociona, pero a la vez me genera muchas más preguntas, como qué le pasó antes de nuestro encuentro, también saber cosas sobre su vida, ¿Quién era antes del ataque de los alienígenas? y ¿qué ha hecho después de eso? Pero no indago más. No me quiero imaginar cómo perdió a toda su familia, aunque posiblemente le pasó lo mismo que a mí. Los perdió el día que llegaron los alienígenas a la tierra.
Respiro profundo y decido hacerle una propuesta...
- ¿Qué piensas si nos quedamos juntos? Ambos estamos solos y no siempre es bueno. Además, nos podemos ayudar mutuamente. Verás, mi plan es salir de la ciudad e irme a vivir a alguna casa en el campo. Quiero quedarme allí el tiempo que más pueda, teniendo todas las cosas básicas para sobrevivir y llevar una vida tranquila, donde tenga cosas como comida y agua. ¿Qué opinas?
- Mmm... la verdad no sé - dice algo indeciso.
- Piénsalo bien, sería un beneficio para ambos. Dos mentes piensan mejor que una sola. Puede que nunca más te den una propuesta así.
- Pues...
- Mira, si tienes miedo de que te haga algo, tranquilo, no te haré nada. Digo fui yo quien te ayudo con tus heridas, si hubiera querido hacerte algo, ya lo hubiera hecho, ¿no?
- Oye, agradezco tu ayuda y la verdad llegué hace muy poco a la ciudad, y bueno, ya sabes, antes de que llegaran los alienígenas. No conozco muy bien el sitio, y bueno, tener un compañero no parece mala idea, la verdad.
- Entonces, ¿qué dices? ¿Cerramos un trato? Además, no te estoy diciendo que tengas que acompañarme hasta que salga de la ciudad. Tú puedes dejarme e irte en cualquier momento que quieras. sin resentimiento, No te obligaré a nada si tú no quieres. ¿Qué dices?
- Está bien, confío en ti, Frank.
Como si nos hubiésemos leído la mente, decidimos cerrar el trato con un estrechón de manos. En eso me percato de que en su mano hay un reloj. Me parece muy raro, no es un reloj normal como los que dan la hora o toman tu presión arterial. Parece mucho más avanzado.
Por accidente, toco el reloj. No sé qué le habré tocado, pero eso hace que me pase algo de electricidad, y no solo a mí, sino también a él. Lucas apenas siente la corriente, se levanta de la silla y retrocede unos pasos, tomando su mano y mirando el reloj nerviosamente. No entiendo por qué lo hace. Intento acercarme a él para disculparme si dañé su reloj o si puedo ayudarlo, ya que parece nervioso y asustado. Me acerco más y el solo se aleja, hay noto algo raro en él, más allá de su nerviosismo, pero no sé qué es. Mientras me acerco más, él se aleja hasta que lo acorralo en una esquina de la habitación y es cuando al fin logro verlo bien; Su piel antes blanca ahora es verde, y de su pelo salen dos antenas, No lo puedo creer. Me gustaría creer que mis ojos o mi mente me engañan, pero no es así. No hay duda.
Es un alíen.
Doy unos pasos atrás. El asombro es tanto que me paralizo. No sé qué hacer, y él, al igual que yo, está asustado. Sus ojos se mueven para todos lados, parece que estuviese buscando algo. Sin darme tiempo a reaccionar, sale corriendo hacia la puerta para huir.
Yo no lo pienso dos veces y salgo tras él, No puedo creer que un alíen bajara a la Tierra sin protección, sin armas y camuflado como un humano. Siento cómo la rabia hace que mi pulso se acelere, y cómo hierve mi sangre. Pero aún más rabia me da el hecho de que yo lo ayudé, gasté un botiquín en él y lo cuidé.
¡Sabía que era mejor dejarlo morir!
Soy un estúpido. Aunque pienso que esta es la oportunidad perfecta para vengarme de esos malditos alienígenas que mataron a mi hermana, Todos son unos animales sin corazón, matar a miles de personas sin razón. ¿Solo para qué? ¿Diversión?
La rabia me da fuerza para correr cada vez más rápido, y las ansias de vengarme nubla mi mente mientras saco mi arma y la cargo. Salgo del cuarto y de la tienda, corriendo de tras de él, mientras la luna brilla en todo su esplendor, alumbrando lo que pronto será una escena del crimen.
Siento cómo, a cada paso, mi presión aumenta y la rabia me impulsa a correr cada vez más y más rápido.
En muy poco tiempo lo alcanzo; parece que las heridas le están afectando y hace que pierda fuerza, corriendo cada vez más lento. Cuando estoy cerca de él, me lanzo y lo tomo de uno de sus brazos, deteniéndolo de golpe. Él no opone resistencia, como si se rindiera. Cuando lo arrastro y lo tengo cerca de mí, le hago una llave para poder inmovilizarlo. Saco mi arma y le apunto a la cabeza, Siento cómo la adrenalina y la rabia corren por mis venas, pidiendo a gritos que dispare.
Pero no puedo. No logro apretar el gatillo, no sé, no sé si es mi conciencia que me frena o mi miedo, pero no puedo. Siento su pequeño cuerpo temblar y cómo empieza a sollozar. No pensé que esos bastardos pudieran sentir algo luego de todo lo que han hecho desde que llegaron.
A cada segundo que pasa siento más rabia, pero a la vez algo de lástima. ¿Por qué? Estos gusanos mataron a mi hermana y lo más probable es que a la mitad de la población humana... pero, ¿Cuáles son las posibilidades de que sea su culpa?
Aun así, ellos mataron a mi hermana. Además, ¿para qué vino él si no era para involucrarse en esta catástrofe? ¿Pero y si lo obligaron? Siento cómo mi mente está en guerra, no sé si matarlo o dejarlo vivir. Si lo mato me estaría vengando, pero sería igual de malo que ellos. Pero si lo dejo vivir, puede que les diga a los demás alienígenas y así ser el culpable de la extinción de la humanidad, o, mejor dicho, lo que queda de ella.
- ¡Por favor, no me mates! ¡Ten piedad, te lo suplico!
Sus palabras me sacan de mi mente, dejándome más en duda que antes. Siento cómo la presión empieza a consumirme poco a poco, segundo a segundo. Y mi corazón solo retumba en mis oídos, pidiendo que lo deje salir.
- ¡¿POR QUÉ?! ¡USTEDES MATARON A MI HERMANA!
Siento cómo de nuevo las lágrimas salen de mis ojos, perdiendo algo de fuerza en la llave. Él voltea la cabeza un poco y me mira con una mueca de terror, miedo y sorpresa. Es como si le hubiese dicho algo malo o algo inesperado.
- ¡¿Qué?!
Como "¡¿Qué?!" Su respuesta me impresiona y confirma un poco mi teoría, pero me hace preguntarme, ¿será que él no sabe qué hace aquí? Siento que es muy raro, pero ¿y si es así? No es su culpa lo que le pasó a mi hermana y sería un delito matarlo. Incluso, si lo fuese, ¿merece el mismo destino que tuvo ella? Siento cómo la rabia, adrenalina y presión desaparecen poco a poco, y así caigo en cuenta de mi entorno y de lo que me rodea. Realmente no sé si sentirme feliz o aterrado por esto...
- Maldición
No había notado que estábamos ya muy lejos de la tienda. Es decir, sí sabía que estábamos fuera de la tienda y que nos habíamos alejado, pero no casi una cuadra. Todo el escándalo que habíamos generado pudo haber llamado la atención de cualquiera y ponernos en peligro. Siento cómo la sangre baja a mis pies, dándome un escalofrío.
En eso, escucho unos pasos acompañados de unas voces. ¡Demonios! Pandilleros. Lucas parece notarlos también. No lo pienso mucho, lo tomo del brazo y salimos corriendo. Él rápidamente entiende la situación y me sigue. Juntos corremos de nuevo a la tienda.
No sé por qué lo ayudo. Somos enemigos, pero, aun así, lo hago. Intento planear qué hacer, cuál será el siguiente paso. No puedo hacer las cosas sin tener un plan. Es muy peligroso en estos momentos hacer algo sin pensar. Sería casi un suicidio. Así que tengo que pensar rápido qué hacer.
Cuando llegamos a la tienda, casi instintivamente, entramos al área de empleados. Decido justo antes de cerrar la puerta poner el cartón para disimularla un poco, como lo encontramos cuando llegamos hace un par de horas.
Mientras los pasos y las voces se acercan más y más, cierro la puerta lo más sigilosamente posible para no ser escuchados, pongo el seguro y me recuesto en ella, preparo mi arma, listo para disparar. Me quedo en silencio, esperando. Lucas también se recuesta en la puerta y ambos nos quedamos callados, en silencio, preparados para lo que sea que pueda pasar. Siento cómo mis músculos se tensan al escuchar los pasos dentro de la tienda, recuesto mi oreja en la puerta para oír mejor, miro a Lucas y él también hace lo mismo.
No sé qué tan buenos o malos sean los sentidos de los alíen, si pueden oír o ver mejor. Tengo tantas preguntas, pero las dejo en el aire. Este no es el momento para ponerme como un niño pequeño y preguntar por cualquier cosa que vea o escuche. Es el momento de quedarse quieto y prepararse para lo peor. Fuera se escuchan unas 3 voces. 2 de ellas son de chicas y la otra es de un chico. Se ríen y charlan entre ellos. Parece no importarles que lleguen las naves y los maten o que vengan otras pandillas y se enfrenten. Afuera, muchas cosas se escuchan caer: cajas, paquetes, botellas y quién sabe qué más. Luego de un rato de búsqueda y tirar cosas, se van entre bromas y risas.
Siento cómo mis músculos se relajan y puedo respirar tranquilo. Miro hacia donde está Lucas, quien también respira ya más calmado. Doy unos pasos atrás al notar que estamos muy cerca el uno del otro, alzo mi arma y le apunto a la cabeza otra vez. Su mirada se dirige justo a ella y luego a mí. En su cara, el miedo y la incertidumbre salen de sus ojos en forma de gruesas lágrimas.
Respiro profundo y, como si mi corazón y mi mente se hubieran puesto de acuerdo por fin, de mi boca sale el veredicto final de este juicio.
- Escúchame bien, no te voy a lastimar.
- Ay, qué bien, ya el suspenso me estaba matando
- Pero es bajo las siguientes condiciones. Primero, no le contarás a tu gente nada de este encuentro.
- Tranquilo, jamás pasará
Me quedo un momento callado, analizando sus palabras y no entendiendo por qué lo dijo de esa forma, como si les tuviera cierto resentimiento, pero no me detengo mucho en eso y sigo.
- Segundo, luego de mañana cada uno tomará su camino. Y tercero, no me buscarás ni me seguirás ¿entendido?
- Entendido.
Quito mi arma de su cara y la apunto al sofá. Casi instantáneamente, él se dirige hacia él. Yo no le quito el ojo de encima, preparado para cualquier cosa.
- Duérmete, es mejor que descansemos lo que queda de noche
- Está bien... descansa.
Toma la manta y se recuesta. No pasa ni un minuto cuando veo que se queda dormido. Bajo mi arma y suspiro, relajándome.
Verifico el seguro de la puerta, no sea que los pandilleros vuelvan a buscar más cosas. No quiero despertar a las cuatro de la mañana con una navaja en mi cuello y rodeado de gente que me quiere matar o lastimar. Eso es lo último que me faltaría. Me dirijo al otro sofá y me recuesto en él, dejando caer mis músculos, mientras mis ojos se dirigen hacia donde está Lucas y noto que casi todas sus vendas están empapadas de sangre. Me preocupa un poco, pero no hago nada. No es mi responsabilidad cuidar de él, así que dirijo mi mirada a otro punto del cuarto.
Tomo la manta que se había caído al suelo y me arropo con ella. Espero unos minutos a ver si me da sueño, pero nada. Mi mente en blanco empieza a divagar y hacerme miles de preguntas.
¿Por qué Lucas bajó solo? ¿Por qué se enojó al nombrar a su gente? ¿Quién habrá sido en su pasado? ¿Y su familia? ¿Los alíen tienen familia? ¿Sabrá alguien que lo conozca que está aquí? ¿Será que él no sabe las atrocidades que su gente ha hecho a la mía?
Luego de un rato, mis preguntas se disuelven en mi mente, olvidándose en el mar de la conciencia, mientras mi respiración se vuelve cada vez más lenta. Siento los párpados cerrarse por una fuerza invisible llamada sueño. La oscuridad abarca mi vista mientras Deseo que esto sea un sueño, un mal sueño del que quiero despertar. Pero lamentablemente sé que es la realidad y que mi despertar será un grito más de dolor y muerte.
Y así, en medio de esa oscuridad y pesadumbre, caigo en un sueño profundo, envuelto en mis propios pensamientos y temores.
Mientras el sol se eleva en el horizonte, sus rayos acarician mi rostro, regalándome un hermoso amanecer.
Abro los ojos, permitiendo que mi mente se conecte con el entorno. Siento una ligera molestia, un dolor de cabeza, persistente pero leve. De repente, los recuerdos del día anterior inundan mi mente: la explosión de la nave, el encuentro con Lucas, el aterrador encuentro con los pandilleros, entre otras cosas, Estos recuerdos tensan mis músculos y hacen que mi dolor de cabeza empeore, volviéndose aún más molesto.
Decido levantarme y buscar alguna pastilla para aliviar mi dolor de cabeza, explorando los botiquines en busca de alguna solución. Encuentro un frasco lleno de analgésicos, lo cual me alivia bastante. Tomo dos pastillas y me sirvo un vaso de agua para ingerirlas. Mientras lo hago, levanto la mirada hacia donde se encuentra Lucas. Todavía se ve como un extraterrestre, con su piel verde, orejas ´puntiagudas y sus dos antenas que lo delatan. Pero si no fuera por esos detalles mínimos, no parecería un alienígena, luciría como cualquier humano. Nuestras especies son similares y diferentes al mismo tiempo, pero con un odio mutuo implacable.
Aún me sorprende que un extraterrestre haya descendido a la Tierra sin protección y en solitario. Pero también me asusta pensar en cuántos alienígenas pueden estar entre nosotros en este momento. Si antes no se podía confiar en nadie, ahora mucho menos. Los alienígenas y los humanos somos muy similares en muchos aspectos y si se compara la imagen que Hollywood nos ha vendido durante años con la realidad, no se parecen en casi nada físicamente. Lo único en común es que ambos caminamos sobre dos piernas, pero en términos de inteligencia, nos superan de manera estratosférica.
Después de tomar el analgésico, me pongo en movimiento. Tomo mi maleta y la lleno con todo lo que pueda necesitar: comida, agua, botiquines y una manta. Cierro la maleta y la cargo sobre mi hombro, preparado para continuar mi camino. Me dirijo hacia la puerta y justo antes de abrirla para salir de la zona de descanso, me vuelvo para mirar a Lucas. Aún está dormido. No sé cuánto tiempo necesitan los alienígenas dormir para no volverse locos. Aun así, debo dejar atrás aquel enigma lleno de preguntas y respuestas. Abro la puerta y salgo de aquel lugar que ha estado perturbando mi mente. Una vez afuera, dirijo mi mirada hacia las montañas, consciente de que ese es mi destino. Comienzo a caminar hacia lo desconocido, hacia un futuro incierto.
A cada paso, a cada suspiro, no puedo evitar que la nostalgia me golpee.
En mi mente llega el recuerdo de mi hermana y de mis amigos; todas las veces que llevé a Lisa a la universidad y las trasnochadas que nos pegábamos con mis compañeros cuando teníamos que hacer proyectos... Solía disfrutar mucho de eso. Sé que no debería divagar mientras camino por la ciudad, el riesgo de que me pase algo es constante, pero aun así no puedo evitar revivir el pasado.
El sonido de mis pasos hace eco en toda la calle, miro hacia adelante y solo veo edificios, pero sé que más adelante están las montañas y ahí es mi destino...
Normalmente soy una persona muy centrada en lo que hago y no suelo divagar mucho... Pero desde la llegada de los alienígenas a la Tierra, no he podido evitar soñar despierto. Bueno, más que soñar, es recordar... Una leve brisa del oeste llega a mí, trayendo todo el aroma del mar... Eso me recuerda a mi último verano, que fue hace casi un año.
Aun lo recuerdo como si hubiera sido ayer... Fue el 22 de julio del año 2023, un sábado. Con mis amigos nos reunimos ese día para ir a la playa, para pasar el rato y disfrutar. Ese día fue todo el grupo: Sara, Laika, Ángel, Edwin, Pedro, Maicol, Apolo, Mía, Amanda y sus dos hermanas mayores, gemelas Tiana y Diana. También decidí llevar a mi hermana. La gran mayoría de mis amigos los conocí en la preparatoria y a otros en la universidad, pero nos llevábamos muy bien.
Habíamos quedado en llegar a las 10 de la mañana a la playa, algunos llegaron antes y otros más tarde, mi hermana y yo fuimos de los primeros en llegar, ya que nuestra casa quedaba a tres cuadras de la playa. Maicol, Apolo y Mía ya estaban allí, vivían en una residencia estudiantil a una cuadra de la playa. Luego de un rato, el resto comenzó a llegar.
Ese día hicimos muchas cosas: jugamos vóley, nadamos, mi hermana me enterró en la arena, comimos y charlamos. Después del almuerzo me quedé dormido... Descansé durante unas tres horas aproximadamente, habrían sido más de no ser porque mi hermana y Amanda me despertaron.
- ¡Hermano, despierta! Tenemos que disfrutar un poco más antes de irnos
- ¡Frank, despierta!
El grito me dejo temblando los tímpanos, una cualidad de Amanda es que su voz es muy dulce, pero a la vez muy aguda, y cuando grita supera los 90 decibeles, así que no es muy agradable que te grite en el oído, y mucho menos si estás dormido.
- ¡Amanda, no me grites en el oído!
- Qué aburrido, ven, disfruta, ya casi será de noche y tendremos que irnos.
- ¡Vamos, hermano!
Me levanté, me limpié la arena que se había pegado al traje de baño y me dirigí al mar para darme un chapuzón. Mi hermana, que había adivinado mis intenciones, salió corriendo hacia el mar. Empecé a seguirla, no sin antes echar un vistazo. Observé a Amanda dirigiéndose hacia sus hermanas, quienes estaban hablando con Sara.
Me detuve en seco, contemplé su bello físico y la suave sonrisa que se dibujaba en su rostro. Sentí cómo mi corazón se aceleraba y el rubor pintaba mis mejillas. En ese momento respiré profundo y cambié de dirección; estaba dispuesto a hablar con ella. Amanda era mi amistad más antigua, la conocía desde la secundaria y desde hace unos años me gustaba. Ese día decidí que le diría cómo me sentía y le pediría que fuera mi novia.
Pero al final me acobardé...
Hasta el día de hoy me siento mal y con un enorme arrepentimiento por no haberle dicho en aquel momento lo que sentía por ella. No sé qué pasó con mis amigos después de la llegada de los alienígenas a este mundo, lo más probable es que hayan muerto a causa de las naves, al igual que mi hermana, mi estrellita. Pero tengo la esperanza de que algún día me vuelva a encontrar con Amanda y que por fin pueda contarle todo aquello que no pude aquel día...
Mientras siento que mi corazón se hunde en lo más profundo de mi pecho, un grito hace retumbar mis oídos y me arrastra de nuevo a la realidad. Me detengo y miro a mi alrededor.
El ruido hace eco en todos los edificios del centro de la ciudad, confundiéndome, no sé de dónde viene.
- ¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHH!
De nuevo ese grito, miro en todas direcciones, intentando descifrar de dónde viene. Cada vez que lo escucho, más me pregunto la dirección de esos gritos. Doy vueltas y vueltas sobre mí mismo, el ruido de los gritos desesperados hace que empiece a sentirme mal, siento que mi estómago se revuelve y empiezo a tener un ataque de pánico.
Esto solía pasarme cuando era niño y tenía que hablar frente a mis compañeros. Realmente deseaba en aquellos momentos que me tragara la tierra, también cuando hacía algo mal y tenía que replantearlo y corregirlo. Tenía que darle la vuelta. Sé que suena fácil, pero para alguien como yo, que soy obsesivo con las cosas y que si no las hago me siento culpable, es un gran problema. Aunque con los años lo he ido superando, aprendiendo a no obligarme a hacer cosas que se pueden hacer otro día o a tomarme un momento para relajarme y descansar.
Desearía que esta fuera una ocasión así... pero no lo es, ya que, por donde elija ir, será cuestión de vida o muerte. En este punto, empiezo a dar más y más vueltas para ver de dónde vienen los gritos. Cada segundo que pasa aumenta mi estrés, y al final, la desesperación me hace salir corriendo para huir de esa situación.
Los gritos, el estrés, la desesperación, me hacen querer escapar. Sigo intentando descifrar de dónde vienen los gritos para poder ir por el otro lado, para esquivarlos. No quiero enfrentarme a nadie ni a nada, tampoco quiero involucrarme en algún problema. Solo quiero escapar y llegar a las montañas.
La presión de tomar una decisión y los nervios que me producen esos gritos hacen que tenga esa reacción. Lo único que pasa por mi mente es el deseo de que por donde haya salido corriendo no me encuentre con lo que sea que esté generando esos gritos. El riesgo no es solo esa situación, sino que el ruido que generan puede atraer a los alienígenas y a las pandillas.
Ruego para que por donde haya decidido ir no me lleve a eso... pero si es así. Tengo que estar preparado para lo que sea. Tal vez estos sean mis últimos momentos de vida. Espero que no sea así.
"Todo va a estar bien, todo va a estar bien", repito una y otra vez en mi cabeza para calmarme. Si tomé una mala decisión, probablemente termine en el lugar del cual surgen esos gritos, tal vez vea cómo algunos humanos son asesinados y devorados por las naves. La verdad, no me gustaría verlo de nuevo, ya fue lo suficientemente impactante ver a mi hermana en esa situación.
Sigo corriendo entre las calles, aun escuchando aquellos gritos. Solo deseo no encontrarme con algo que ponga fin a mi vida. Al voltear para pasar a otra calle, veo lo que temía...
- ¡Mierda!
Me repito para mis adentros, en ese momento, me paralizo. Tengo miedo, pero también rabia. Debería haberme calmado y pensado detenidamente en lo que iba a hacer en lugar de salir corriendo como un niño pequeño asustado. Ya no tengo 12 o 14 años para comportarme así. Me maldigo una y otra vez por haber salido corriendo sin tener ningún plan. En este momento, me gustaría llorar de frustración y rabia, pero respiro profundamente y pienso en qué hacer. Observo la situación y analizo aquella escena que me tenía tan asustado.
Veo a un hombre y un muchacho peleando. El chico grita como un niño pequeño de 2 años y el hombre lo amenaza con un arma. El hombre es bajo pero gordo, tiene el pelo muy desaliñado y viste ropa de leñador. Estimo que tiene entre 45 y 50 años. El muchacho parece muy joven, entre 17 y 21 años. Logro notar que es muy delgado, pero no puedo ver su cara ni su ropa claramente, solo noto que es oscura.
El hombre tiene al muchacho presionado con uno de sus brazos, y el muchacho está recostado sobre las rejas de un supermercado. El hombre empuja al chico contra las rejas, haciendo mucho ruido...
Ambos parecen distraídos, como si no vieran lo que sucede a su alrededor. Aprovecho eso para moverme. Miro en todas las direcciones para ver si se acercan alguna de las naves, pero no veo nada ni a nadie. Comienzo a moverme lo más rápido que puedo, caminando deprisa, pero sin correr para evitar hacer ruido y llamar la atención.
Aunque me estoy moviendo, no les quito la vista de encima a ese par. Mientras me muevo, logro ver quién es el misterioso muchacho... Su pelo rojo desordenado junto con su piel pálida es inconfundible. Paro en seco al verlo. La sorpresa me detiene. Realmente me sorprende volver a verlo. No puedo creerlo. ¿Por qué? No sé si es el destino, la gracia de Dios o simplemente mi mala suerte persiguiéndome, pero nos hemos vuelto a encontrar. Lucas se ha metido en otro gran lío. No sé qué hace este alíen para meterse en situaciones tan peligrosas, pero lo consigue bastante fácilmente. Nunca pensé que nos volveríamos a encontrar, pero aquí estamos...
Él no se percata de que estoy aquí y yo solo puedo ver cómo su vida cuelga de un hilo una vez más. Por un momento, pienso: "Bien, alguien matará a uno de esos malditos bastardos y recibirán su merecido final. Sentirán lo que muchos de nosotros hemos sentido, y no seré yo quien lo haga. No quiero tener las manos manchadas de sangre". Pero luego recuerdo lo de la tienda y siento simpatía por él...
Logro ver cómo llora y grita con una gran desesperación. El hombre armado lo amenaza, le grita y lo regaña. A pesar de tener el arma en la mano, no veo muchas intenciones de matarlo o incluso herirlo. En ese momento, caigo en cuenta de algo: ¿por qué lo amenaza? ¿Qué sucedió para llegar a esa situación? ¿Será que el hombre sabe que es un alíen?
No pasan ni 10 segundos antes de que mis dudas sean resueltas.
- Maldito alíen, mataste a toda mi familia. Ahora no tengo nada y todo es culpa tuya, maldito.
aquel hombre grita entre ira y tristeza. Su voz entrecortada deja notar el dolor que siente. Aun así, lo que dice me deja sorprendido. No lo puedo creer. Él sabe, pero ¿cómo? En ese momento, mi mente genera tres posibles opciones: la primera, Lucas es muy despistado, algo pasó con su disfraz y su protección, dejándolo sin ellos; la segunda, el señor lo vio mal y lo confundió; y la tercera, el hombre está borracho o drogado. Lo cual no me suena raro, ya que en estos tiempos la gente bebe o se droga para olvidar... Aunque me genera aún más duda saber de dónde consigue esas cosas. Si encontrar comida ya es difícil, no me imagino encontrar bebidas alcohólicas o drogas.
- ¡NO SÉ DE QUÉ HABLA, SEÑOR! ¡SOLO DÉJEME IR, POR FAVOR!
Yo solo los observo, inmóvil. Siento cómo se hunde mi corazón. No sé por qué me afecta tanto si apenas lo conozco, pero, aun así, me siento responsable de él. Siento un impulso de salir a ayudarlo, pero sé muy bien que no es una buena idea y no quiero poner mi vida en riesgo. Antes de pensar en cualquier otra cosa, ya me encuentro corriendo hacia ellos.
No sé qué va a pasar, solo sé que voy a hacer algo para ayudar a Lucas. No sé si saldrá bien o mal. Me gustaría ver el futuro y saber qué pasará. Mis nervios me invaden y me tenso. Rezo a un dios que nos abandonó a nuestra suerte hace mucho tiempo o que incluso nunca existió. Pero, aun así, espero que escuche mis plegarias para que todo salga bien y esta historia no termine como la de mi hermana.
Empiezo a tener miedo, a querer dar media vuelta, salir corriendo y alejarme de esta situación, pero mis piernas no lo hacen...Quisiera que esta situación se resolviera sola, cerrar los ojos y que al abrirlos todo estuviera solucionado. Quiero que esto sea un sueño y que al despertar todo vuelva a la normalidad. Quisiera estar con mi familia, con mis amigos, con mi hermanita. Quisiera que mi hermana estuviera aquí conmigo.
Respiro rápido, agitado. Siento cómo se acelera mi corazón. Cada músculo de mi cuerpo se tensa, cada pelo se eriza. Parece que mis últimos momentos pasaran ante mis ojos...
Cierro mis ojos, anhelando que no sea así. Saco mi arma y la cargo. Me preparo mentalmente para un enfrentamiento. Tengo miedo, mucho miedo, miedo de morir. Pero solo respiro y miro al cielo, dándome cuenta de que está todo gris, como si pronto fuera a llover. Bajo mi mirada y sigo corriendo.
Mientras corro, escucho a lo lejos caer un rayo. Lucas chilla y el hombre le grita. Yo solo sigo corriendo, corro y corro... Finalmente, me acerco a ellos y me preparo para enfrentarnos sin saber cómo terminará todo. Solo espero, anhelo y suspiro para que esto salga bien... Siento cómo el tiempo se ralentiza.
Lo último que pasa por mi cabeza antes de enfrentarnos es...
¿Por qué lo hago?
No tengo tiempo para cuestionarme. Mi mente viaja más rápido de lo que mis piernas pueden correr. Aprovecho esto para planear qué hacer. Freno antes de acercarme demasiado a ellos, sostengo mi arma y avanzo; Respiro profundamente, intentando no temblar. Me detengo cerca de ellos, me coloco detrás de aquel hombre y alzo mi arma, dejando que la boca del arma toque la parte de atrás de su cabeza. El hombre se paraliza, noto cómo se tensa, baja su arma y suelta a Lucas. Él está inmóvil, solo me mira. Su cara es todo un poema: sorprendido, asustado, feliz y nervioso. Sus mejillas están cubiertas de lágrimas, gruesas y grandes.
-Aléjate ahora mismo de él.
Hablo con la más seria que puedo, intentando no ponerme nervioso ni asustado, para no mostrar debilidad. Observo detenidamente y veo que su arma es un bisturí no muy grande. Con eso puede causar una herida pequeña pero profunda si tiene buena puntería y conocimiento del cuerpo humano. Ese bisturí puede ser un arma letal en las manos correctas. Dirijo mi mirada hacia donde apunta mi arma. El hombre voltea lentamente la cabeza y al verlo noto unas grandes y negras ojeras. Me mira con una sonrisa un tanto inquietante. Le falta un diente y los que tiene están todos amarillos. Tiene una barba muy irregular y sus ojos están rojos, indicando que no ha dormido en días. Su sonrisa me causa escalofríos y algo de repulsión, pero intento mantener mi expresión seria, evitando mostrar lo inquietante que es su rostro. Él comienza a girarse lentamente hasta quedar frente a frente conmigo. Mi arma aún le apunta, ahora entre sus grandes cejas peludas. Sin embargo, él parece no importarle mucho y sigue sonriendo. Lleva su mano lentamente hacia el arma y la retira de su cara. Inexplicablemente, sigo su juego.
- Hey, tranquilo hombre, podemos hablar civilizadamente, ¿no?
Quién lo diría, este hombre estaba bebiendo. Me mira, esperando alguna reacción, pero no digo nada ni hago ningún gesto. Solo lo observo, intentando entender por qué ataca a Lucas y si se da cuenta de que su comportamiento puede atraer a las naves o pandillas.
- ¿Por qué lo atacas?
- ¿Por qué?
Una mueca de dolor aparece en su cara, pero a su vez comienza a reír, cada vez más fuerte. Su risa se vuelve aterradora, como la de un villano o un loco de alguna serie animada. Cada segundo que pasa, este hombre me inquieta más. No sé si es sus carcajadas, su forma de actuar o qué, pero está claro que está perturbado, y eso me resulta cada vez más incómodo. Deja de reír y me mira fijamente, sin decir una palabra. Sus ojos son ahora más aterradores que antes, parecen huecos, sin alma. Un escalofrío recorre mi cuerpo.
-Hay, jovencito, este animal que está detrás de mí es un alienígena. Sé que parece humano, pero no lo es. Créeme, él está camuflándose.
Si no conociera la verdad, pensaría que este hombre está aún más loco de lo que ya creo que está. Se acerca a mí y pone su mano en mi hombro. Intento apartarme para evitar que me toque, pero no puedo. Me sujeta con fuerza y me sonríe de manera siniestra. En este punto, estoy aterrorizado.
-Hazme caso, este de aquí es un alienígena…es que tu no lo entiende joven ¡ELLOS ME LO ARREBATARON TODO!
Aquel hombre comienza a forzar una sonrisa, deformando su rostro. No puedo soportar más esta situación, así que lo empujo con todas mis fuerzas para alejarlo de mí. El hombre cae al suelo, su sonrisa forzada ahora acompañada de gruesas lágrimas, convirtiendo su rostro en uno de dolor y trauma, acentuado por sus ojos vacíos.
Un escalofrío recorre mi cuerpo nuevamente. Cierro los ojos y me doy media vuelta. Tomo la mano de Lucas y salimos corriendo. Él todavía está en estado de shock, pero rápidamente se recupera y corre sin necesidad de que lo tome de la mano, siguiéndome de cerca. Por curiosidad, miro hacia atrás para ver si aquel hombre nos sigue y desafortunadamente, lo hace, lo que me aterroriza y me impulsa a correr aún más rápido. No solo es aquel hombre lo que me asusta, sino también el bisturí que tiene en la mano, levantándolo mientras se ríe desenfrenadamente. No sé qué ocurrió antes de que llegara a este lugar, pero estoy seguro de que aquel hombre no está solo borracho, también está mentalmente enfermo.
Miro a Lucas, quien comienza a mirar hacia atrás y se da cuenta de que el hombre nos persigue. Se paraliza de miedo. Freno en seco y decido regresar para ayudar a Lucas. Pero antes de que llegue a donde está, aquel hombre llega primero y coloca el bisturí en su cuello, justo en un punto donde hay una vena importante. Me detengo de golpe, creyendo que llegué demasiado tarde...
-¡Eres un estúpido al no creerme! Pero no importa, me vengaré. Me vengaré de estos malditos por arruinar mi vida.
-Por favor, suéltame, ¡no me mates!
-No pidas piedad, animal. Tú y los de tu especie no la tuvieron con nosotros
Quedo atónito en ese momento y me cuestiono si realmente está loco o si solo busca vengarse. En ese instante, un ruido muy particular comienza a hacerse presente. Mis piernas tiemblan y la sangre que me recorre, parece abandonar mi cuerpo. Ese ruido es inconfundible, y a medida que pasa el tiempo, se vuelve más y más fuerte. En poco tiempo, el responsable de ese ruido aparece. Una enorme nave se acerca lentamente hacia nosotros. El recuerdo de mi hermana y de cómo murió vuelve a mi mente. Las lágrimas vuelven a recorrer mi rostro. Miro a Lucas y al hombre.
En ese momento, como un destello, veo reflejada a mi hermana en Lucas. No sé el por qué, es como si mi subconsciente me dijera que él necesita ayuda, que necesita una guía. Sin pensarlo dos veces, comienzo a correr nuevamente. El hombre se sorprende, pero sigue sonriendo maquiavélicamente. Lucas solo llora, esperando lo que parece ser su final. Yo sigo corriendo y, cuando finalmente estoy cerca de ellos, tomo la mano del hombre en la que sostiene el bisturí y la empujo hacia atrás. Luego, sujeto el brazo de Lucas y lo arrastro hacia donde estoy. Cuando Lucas ya está fuera de peligro, le doy una patada al hombre, quien cae al suelo. De nuevo, tomo a Lucas y salimos corriendo en busca de un lugar donde escondernos. Miro a mi alrededor, buscando algún escondite.
Antes de que pueda encontrar un lugar adecuado, escuchamos unos gritos. Lucas y yo volteamos hacia atrás al mismo tiempo y vemos cómo el hombre es atrapado por la nave. Comienza a ser succionado y en cuestión de segundos solo queda un esqueleto que poco a poco también se desvanece.
Aparto la mirada para no presenciar esa escena. No quiero ver por segunda vez cómo alguien muere a causa de esas cosas. Pero de reojo, miro a Lucas, quien está mirando atónito esa terrorífica escena. Después de unos segundos, los gritos se detienen y vuelvo a levantar la mirada para ver cómo la nave se dirige nuevamente hacia nosotros. Me asusto mucho. Miro a Lucas y él me mira a mí. Sin decir una palabra, salimos corriendo para escapar de la nave.
Esa sensación vuelve a apoderarse de mí. Tengo miedo de morir. No quiero terminar como mi hermana. No quiero irme sin cumplir sus sueños. Además, el hecho de ser el posible culpable de otra muerte, solo empeora mi sentir.
Continuamos corriendo, buscando desesperadamente un refugio. La nave nos sigue de cerca, pero no nos rendimos. Seguimos sin parar, con la esperanza de encontrar un lugar seguro donde podamos ocultarnos y sobrevivir un día más.
Siento cómo la adrenalina sube por todo mi cuerpo, como si fuera a explotar. El ruido de nuestras pisadas retumba en la ciudad y el constante sonido de la nave genera una gran ansiedad en mí. Me siento débil, siento que no puedo más, pero aun así corro, corro como si no hubiera un mañana y será así sí no logramos escapar de esa nave. Sin embargo, de repente el dolor de cabeza vuelve, frenándome. Se siente como una explosión dentro de mi craneo: el cansancio, la falta de alimento y el torbellino de emociones que he experimentado en estos días me pasan factura. Mis piernas tiemblan y, sin fuerzas, caigo al suelo de rodillas...
¿Es este el fin?
Ya no puedo más, tengo mucho miedo. Quiero gritar, llorar, pero no puedo. Simplemente cierro los ojos, esperando el inminente final. Dejo de oír, dejo de sentir. "Es mi fin", digo en voz baja como si estuviera pidiendo un deseo, y de repente escucho una voz en mi oído, un susurro. Es una voz femenina... No puedo creerlo, siento que mis ojos se llenan de lágrimas.
"Levántate..."
Esa voz, esa es la voz de mi hermana. Abro los ojos y todo vuelve, siento un torbellino de sensaciones: el ruido de la nave, la lluvia cayendo sobre mí, el dolor de cabeza retumbando en mi cabeza, miro a mi alrededor buscando a mi hermana, pero no la veo... Fue solo una ilusión, pero, aun así, el escuchar su voz, aunque solo sea por un instante, me devuelve el ánimo, me recuerda por qué estoy luchando, por qué sigo vivo.
-¡FRANK!
Escucho cómo alguien grita mi nombre. Levanto la mirada y mi visión está algo borrosa, pero aun así puedo distinguir quién es.
- ¿Lucas?
-Levántate, la na-
Antes de que pueda terminar la frase, siento como si algo me jalará. No puedo creerlo, me atrapo, la nave cae sobre mí y sobre mi cabeza se posa ese maldito foco azul. Así poco a poco siento cómo comienza a consumirme. Se acabó, ya no hay más que hacer. Miro al frente para ver por última vez mi ciudad. Mi vista se vuelve cada vez más borrosa, bajo un poco la mirada y logro ver la silueta de Lucas corriendo hacia mí. "Este idiota", pienso con una combinación de rabia y frustración.
-Aléjate, esto te va a matar, tienes tiempo para correr y huir, ¡SALVATE!
Digo con las pocas fuerzas que me quedan. Siento cómo un nudo se forma en mi garganta. Me falta el aire y las palabras, Mirando en retrospectiva, esto fue lo último que me dijo mi hermana antes de ser asesinada por culpa de esta horrible máquina.
-¡NO TE DEJARÉ! -
-No seas tonto, ya es tarde para mí…
Miro mis brazos, ya está a punto de matarme. Siento mis ojos pesados. "Llegó mi hora", cierro los ojos. Adiós mundo, lo siento por fallarte hermana...Eso es lo último que pasa por mi mente, mientras el tranquilo ruido de la lluvia me despide.
Todo es negro, no puedo ver ni escuchar nada. ¿Es esto... es esto morir? ¿Estoy en el más allá? No puedo pensar con claridad cuando siento que algo agarra mi pierna y me arrastra.
Lo siguiente que siento es un golpe contra el suelo. Tomo aire profundamente, como si hubiera estado debajo del agua durante mucho tiempo. Abro los ojos y veo muy borroso. Estoy muy agitado y poco a poco comienzo a recobrar mis sentidos. No puedo creerlo, no estoy muerto, aún estoy vivo, pero ¿cómo? Apenas puedo moverme, mis fuerzas son escasas, pero logro girar mi cabeza hacia un lado y ahí está Lucas, tirado en el suelo a mi lado, él está mirando con terror algo que no puedo ver claramente. Quiero moverme, hablarle, pero no puedo. Lucas se vuelve hacia mí y en su rostro veo una mezcla de emociones: miedo, alegría, tristeza, frustración y terror. A duras penas, le sonrío.
No quiero imaginarme cómo debo lucir... Debo parecer un esqueleto. Esa máquina te despoja de toda tu masa corporal, te deja apenas con la piel y luego te desintegra. Tal vez puedan salvarte antes de la desintegración, pero una vez que comienza, no hay vuelta atrás, al menos eso creo. No he visto a nadie ser rescatado durante ese proceso o ser rescatado en general, pero aún existe la posibilidad.
Lucas se acerca, me toma y me carga sobre su espalda. ¿Quién lo hubiera pensado? Ese alienígena delgado tiene mucha fuerza, aunque supongo que se debe a mi estado actual. Él toma mi maleta y comienza a correr. La nave también se pone en movimiento, retomando la persecución. No sé qué sucederá a continuación. Me siento débil, tanto que no podría correr, incluso si tuviera que hacerlo. Además, no sé cuánto tiempo podrá aguantar Lucas, no sé nada sobre los alienígenas ni cuánta resistencia tienen. Además, sé que él está herido y eso podría afectar su rendimiento.
Y no solo eso, nosotros, como seres vivos, nos cansamos, mientras que la nave no lo hace, lo que nos coloca en una gran desventaja. Aun así, Lucas corre. ¿Hacia dónde? No lo sé. Solo espero que no lleguemos a un callejón sin salida.
Su respiración es agitada, mis brazos rodean su cuello, sujetándome con la poca fuerza que tengo, sintiendo cómo corre la sangre por sus venas, o al menos eso creo, pero se nota claramente que hace un gran esfuerzo corriendo y llevándome en sus brazos. Y aquí estoy, sin poder hacer nada, luchando por respirar. Me siento tan patético, me frustra no poder hacer nada en esta situación, nada para poder ayudarlo.
Detrás de nosotros, la nave nos sigue incansablemente. No sé si alguien la controla o si se mueve por cuenta propia, pero pensar en eso solo me genera aún más terror. ¿Cuál es su límite? ¿Será siempre así? La tecnología sigue avanzando sin cesar, pero ¿dónde está el fin de ese avance? Solo tengo algo claro: esa máquina no se cansa, pero nosotros sí.
Mientras Lucas corre, diviso a un lado, más adelante, un edificio que reconozco: es "El Jardín", una empresa de ropa donde trabajaba mi padre. Es un edificio lleno de oficinas, repleto de cosas. Sus puertas son giratorias y dudo que estén cerradas, la única forma de cerrarlas era desde adentro. Con las pocas fuerzas que me quedan, le hablo a Lucas.
-Entra a ese edificio, el que dice 'El Jardín', las puertas están abiertas
Él voltea y ve el edificio, sin dudar un instante cambia de dirección y se dirige hacia allí. Empuja la puerta con una fuerza descomunal, abriéndola de golpe, casi rompiéndola. Una vez dentro, la nave se detiene, apaga su foco y continúa por la larga calle en dirección al norte. Lucas respira aliviado, y yo también; ya no nos persigue y podemos descansar un poco.
Sin embargo, esta tranquilidad no dura mucho tiempo. Detrás de nosotros, se escucha un ruido, el sonido de un objeto de vidrio o cerámica callándose y rompiéndose en mil pedazos. Lucas voltea asustado hacia el lugar de donde proviene el ruido, y yo solo puedo mirar con temor. No estamos solos, alguien o algo está aquí, y ese algo puede no ser amigable. Tal vez solo busca atacarnos. Sin armas, aparte de mi pistola, esta situación se vuelve cada vez más arriesgada. No soy de mucha ayuda en estas circunstancias, de hecho, me siento más como una carga que cualquier otra cosa. Mi estado actual, casi paralizado, me convierte en una carga en lugar de una ayuda. Todo esto por culpa de esa maldita nave.
Siento cómo Lucas se muere de miedo. No es necesario mirarlo para saber que su cara muestra pánico. Y no hablemos de mí, también estoy asustado.
-Déjame y huye, sálvate
-¡¿Qué?! No, no lo haré. Tú... tú me salvaste, me salvaste la vida sin saber quién era yo. Solo lo hiciste, aunque casi me matas. No te juzgo. No quiero imaginar de qué manera ves a mi especie y qué atrocidades, pérdidas, dolores y tristezas te han generado, todo por un deseo egoísta.
Sus palabras me sorprenden. La sinceridad en su voz es impactante, como si pudiera escuchar su alma. No puedo evitar preguntarme ¿quién es en realidad? ¿quién es Lucas? ¿quién se oculta detrás de ese disfraz? Me siento como un tonto al creer que todos son iguales y que todos pagan las consecuencias y el odio de miles de personas por los actos de unos pocos. ¿Qué pensarán ellos de nosotros? Me siento estúpido.
Mientras reflexiono, un movimiento abrupto me saca nuevamente de mis pensamientos. Lucas me baja y me deja en un sofá que hay en la entrada, junto a la recepción. Se agacha y coloca mi mochila en el suelo, también deja otra maleta. Me resulta extraño, no me había percatado de que él también tenía una maleta. Supongo que la consiguió después de dejarlo en la tienda.
En eso, veo cómo abre su maleta y empieza a buscar entre sus cosas. No sé qué tipo de objetos llevará en ella, y tampoco me interesa mucho saberlo. Pero entonces, saca unos alicates. Eso me sorprende. Se va a enfrentar a esa cosa o ser.
-No te enfrentes, no sabes contra qué estás peleando. Te puedes lastimar.
Él levanta la mirada, nuestros ojos se encuentran de nuevo. Se siente como la primera vez que los vi. Detrás de ese cabello rojo largo y desordenado, me doy cuenta ahora de que su pelo es realmente ondulado, muy ondulado. Sus ojos grises, enormes y expresivos, son de esos ojos que te atraviesan. Creo que aquel dicho que dicen es verdad, "los ojos son la ventana del alma", se aplica a él a la perfección. En sus ojos veo inocencia y esperanza, y no solo eso, también una mezcla de honestidad y lealtad. Pero en lo más profundo de su mirada, hay un toque de tristeza que me genera compasión. Él solo me mira y me sonríe.
-No te preocupes, solo confía en mí...
En eso, se levanta. Yo solo puedo observarlo. Se acerca al lugar donde cayó aquel objeto. Noto cómo toma los alicates con algo de miedo. Su mano tiembla y se tensa. Está nervioso.
-Sal de donde sea que estés, ya sabemos que estás aquí. No te escondas. ¡Sal de una vez!
En ese momento, un leve movimiento se hace presente entre la recepción. Lucas se tensa y se prepara. Logro moverme un poco y veo cómo alguien sale de entre las sombras. Solo espero que no sea un enemigo.
Cierro los ojos, no quiero presenciar lo que está a punto de suceder. Solo espero que todo salga bien. Pasan unos segundos que se convierten en horas para mí, pero no escucho ningún ruido. Con temor, abro mis ojos y me sorprende la escena que se desarrolla frente a mí: Lucas está delante de la fuente del ruido, un gato.
No puedo evitar soltar una pequeña risa. Observo a Lucas, quien permanece inmóvil. Supongo que es la primera vez que ve un gato, y me pregunto qué estará pensando acerca de esa criatura peluda de cuatro patas que lo mira con curiosidad. Seguramente esté asustado y sorprendido, tal vez imagina que el gato se transformará en un gigante y lo devorará sin piedad. Esta situación inusual me parece tierna y divertida.
-Tranquilo, Lucas. Es solo un gato, no te hará nada si no lo molestas. Así que relájate.
Lucas se da la vuelta y respira aliviado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima. En ese momento, no puedo contenerme y exploto en risas.
-¡Hey, no te rías! Pudo haber sido algo muy peligroso .
-Sí, pero no lo fue. Así que relájate.
-Parece que ya estás mejor, ahora te puedes.
En ese momento me doy cuenta de que puedo moverme con mayor libertad y que la masa corporal de mi cuerpo empieza a regresar. Intento incorporarme y me siento de manera muy incómoda, un poco torpe, aunque ya puedo moverme mejor pero me siento muy débil. Lucas se percata de esto y decide acercarse, guarda su alicate y se sienta a mi lado.
-No te esfuerces mucho, aún estás débil. La masa de tu cuerpo volverá a aparecer poco a poco, pero no estará en su totalidad. Será aproximadamente un 85%, pero te recuperarás. Solo necesitas reposo y comer algo.
-Lucas, no es tan fácil…Espera, ¡¿tú sabes lo que hacen esos focos?!
-Bueno, algo así.
-Cuéntame, por favor. Me gustaría saber.
-Está bien... No sé todo, pero te contaré hasta donde sé, El 'foco', como tú lo llamas, realmente se llama 'rayo extractor humano' o 'REH', Es una máquina que se usa para exterminar a los humanos.
-Pero, ¿Cómo funciona? ¿O cómo se usa? Quisiera saber.
-Funciona atrapando al humano y reduciéndolo a un tamaño más fácil de desintegrar. Aplasta la masa corporal y los inmoviliza, para luego volverlos en partículas que guardan, recuerdo que hacían algo con ellas, pero no recuerdo exactamente qué. A mí me habían contado cómo se usaba, pero jamás pensé que sería tan horrible y doloroso.
De nuevo, no sé qué pensar. Me alegra saber qué es lo que hace esa máquina exactamente con nosotros, pero al mismo tiempo me aterra y no quiero volver a pasar por eso.
-Cuando te saque del 'REH', mis manos, que fueron lo que estuvo expuesto, el dolor que sentí fue tan intenso que pensé que me fragmentaría en miles de pedazos. La máquina ejerce mucha presión sobre el cuerpo. Nos decían que era indoloro, pero...
-La verdad es que a mí casi no me dolió, o no sé, tal vez el dolor de cabeza era tan fuerte que no logré notar lo que generaba la nave.
admito que el dolor que genera es muy intenso, aunque el terror y el miedo lo convierten en algo insignificante.
-O tal vez no les afecta a los humanos. Aun así, siento que esa es una manera horrible de morir.
-Y cambiando de tema, ¿esa cosa se maneja sola o alguien la controla?
-Se maneja sola...
Un momento de silencio abarca el lugar. No sé qué decir, ni si está bien seguir preguntando. Se nota que hay muchos temas que le afectan y no es el único. Pero a pesar de eso, parece que él sabe mucho y a pesar de su apariencia joven, parece tener algún cargo o labor importante. O bueno, tenia.
-Oye, tu hermana... ¿fue eliminada por la REH?
La pregunta me toma por sorpresa, no sé qué responderle. Volteo a mirarlo, él observa el suelo, y yo no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas.
-Sí, fue el día que llegaron. Ella fue Eliminada frente a mis ojos. Era mi hermana menor y era muy importante para mí. Siempre nos apoyábamos. Esa imagen no sale de mi mente, y yo... No pude hacer nada. Intenté salvarla, ella me gritaba que corriera, que me fuera, que tenía tiempo, que podía huir, que yo podía salvarme, pero yo no lo logré rescatarla a ella. Una de las ultimas cosas que me dijo fue: 'Prométeme que serás feliz y que seguirás adelante'. Y...
Antes de que pueda terminar de hablar, siento cómo unos brazos me rodean, deteniendo abruptamente mi relato. Es Lucas. Me paralizo, no sé qué hacer. Un nudo se forma en mi garganta, y las lágrimas siguen cayendo cada vez más, mientras sollozo. Hacía tanto tiempo que no sentía el contacto de otra persona, que esto me hace sentir protegido y reconfortado. Me quedo así, abrazado a él, llorando desconsoladamente, mientras él acaricia mi espalda en silencio, ofreciéndome consuelo.
Después de que ambos nos calmamos, Lucas y yo acordamos quedarnos juntos unos días para recuperarnos y recobrar fuerzas antes de continuar nuestro viaje. Sin perder tiempo, empezamos a explorar el edificio en busca de otras personas o cosas útiles, como comida, botiquines, ropa o armas.
El edificio no era muy alto, solo tenía 5 pisos, incluyendo la entrada, por lo que no nos llevó mucho tiempo recorrerlo por completo. La mayoría de las áreas ya habían sido saqueadas, pero aún encontramos comida y agua, también aun había electricidad dentro del edificio. En el cuarto piso, no pudimos ver a simple vista cómo llegar al quinto piso, así que lo buscamos y finalmente encontramos una entrada oculta. Me sentí aliviado al descubrir la entrada al último piso, ya que me encontraba bastante débil. Sin embargo, nunca imaginé lo que encontraríamos allí. Sabía que el último piso pertenecía al jefe de la empresa y que estaba prohibido entrar, y ahora entendía el por qué. Literalmente, encontramos un apartamento completo con cocina, sala-comedor, baño y una habitación. Nadie había tocado ese lugar hasta ahora. Fue una gran sorpresa descubrirlo, como si estuviera en un sueño. No podía creer que hubiéramos encontrado un lugar así. En estos últimos días, hemos tenido la fortuna de encontrar buenos lugares para descansar.
Una vez dentro de ese departamento, dejamos nuestras maletas y regresamos a los pisos inferiores en busca de cosas útiles, como comida, agua y ropa. Incluso encontramos el botón para cerrar las puertas del primer piso, que estaba dentro del departamento. Lo cerramos para asegurarnos.
Después de recopilar todo lo que pudimos encontrar, decidimos regresar al último piso. Cerramos las cortinas y la puerta, planeando quedarnos allí mientras descansábamos y recuperábamos fuerzas, considerando que tanto Lucas como yo nos encontrábamos en un estado bastante precario. Él está herido y yo casi muerto.
La verdad es que no sé qué pensar en este momento. Tenía planes de irme a las afueras, pero ahora que estoy con Lucas, no sé cuál es el siguiente paso ni si la propuesta que le hice en su momento aún sigue en pie.
Aun así, no puedo evitar sentirme feliz. Ya no me siento tan solo. Es muy agradable poder hablar con alguien y ser escuchado.
Lucas y yo hicimos un inventario de toda la comida que tenemos, tanto lo que encontramos como lo que teníamos cada uno, para administrarla mejor y estimar cuánto tiempo podemos estar aquí. Según nuestros cálculos, podemos subsistir entre una semana y una semana y media sin preocuparnos por la comida. Sin embargo, dejamos algunos alimentos de emergencia en caso de que ocurriera algo y tuviéramos que huir, así que los guardamos en nuestras maletas.
Después de guardar la comida, comenzamos a buscar cosas útiles por el departamento. Encontramos mucha ropa, dos pistolas mucho mejores que la que yo tenía, con varios cartuchos de balas, y suministros de aseo y cerillos.
Decidí entregarle un arma a Lucas para su defensa personal, junto con la mitad de los cartuchos. Yo me quedé con la otra. La verdad es que no estoy seguro de si sabe cómo usarla, pero tal vez solo con verla, la gente se asusta y lo deje en paz. Aun así, siento que sería una buena idea que supiera usarla. Quién sabe, tal vez me sorprenda y realmente sepa.
-Oye, Lucas, ¿sabes usar un arma?
le pregunté con algo de miedo, pero también con intriga. En ese momento, Lucas levantó el arma, me apuntó y vi cómo apretaba el gatillo.
-¡NO, ESPERA!
grité con mucho miedo, pidiéndole que se detuviera. Pero no hubo ningún sonido, no salió ninguna bala, nada...Me quedé paralizado, preguntándome qué había pasado. Miré a Lucas con miedo. No sabía qué pensar. Él me miró y se rió.
-¿Qué te pasa, idiota? ¡Pudiste haberme matado!
-Jajajajaja, tranquilo. Sé cómo usarla. No tiene balas, pero le puse el seguro
-¿En tu mundo existen armas así? - pregunté cada vez más intrigado.
-Había armas muy similares, pero son de hace muchos años. Aunque el tipo de seguro y recarga es muy similar al que usamos.
-Y esas armas funcionan con pólvora.
-Oh, ¿¡es pólvora!?, ustedes son muy astutos, ya que estas es una mezcla explosiva que se utiliza en muchas cosas. Que en su mundo es infinita, ya que el universo la produce.
-Wow, sabes mucho...
-Gracias. Son las ve...
Antes de que terminara la frase, Lucas se detuvo, se tapó la boca y miró hacia el suelo. No entendía qué pasaba. ¿Por qué no continuaba? Luego me miró, parecía avergonzado, como si no pudiera decirlo o le costara.
-Oye, ¿estás bien?
-Sí, estoy bien. Solo prefiero no seguir hablando de ese tema.
-Está bien. Cuando estés listo para decirme la verdad, solo dilo.
No puedo creer que me esté ocultando cosas. No sé si le tomé confianza demasiado rápido o qué, ya que no nos conocemos desde hace mucho tiempo. Después de todo lo que hemos vivido, ¿aún no puede decirme la verdad? Al menos sé que no me miente...Dejé de lado ese pensamiento, pero el silencio incómodo y la tensión en el ambiente nos llevaron a concentrarnos en terminar de organizar las cosas.
Me pregunto si algún día podremos ser completamente sinceros el uno con el otro. Sin embargo, también cuestiono mucho mi actitud. ¿Será que confié demasiado rápido? ¿Es debido a la desesperación y la soledad? ¿Quiero tener a alguien a mi lado? ¿O es simplemente el reflejo de mi hermana?
No lo sé, pero debo replantear mi actitud y ser más cauteloso. Tal vez ser demasiado honesto me lleve a mi propia perdición.
Mientras terminamos de organizar, no puedo evitar pensar en esa cosa que Lucas no me contó. ¿Qué será? ¿Qué es lo que evita? ¿Qué es lo que no puede decir? ¿Qué oculta? Mil preguntas invaden de nuevo mi mente, pero también miles de ideas empiezan a surgir... ¿Será algo de su pasado? ¿O tendrá un chip que no le permite hablar de ciertos temas? Eso genera bastante desconfianza. ¿Qué escondes? ¿Por qué no confías en mí? ¿Debo confiar en él?
En ese momento, recuerdo todo lo que había pasado. ¿Cómo se me había olvidado? Él es un alíen, un ser de otro mundo, con reglas y normas distintas, idiomas, religión y cultura. ¿Y yo? Soy humano. Y más allá de la diferencia entre nuestras especies, las situaciones en las que nos encontramos son muy diferentes. Uno intentando eliminar al otro: el exterminador y la plaga. Estamos en gran desventaja, tanto en número de soldados como en armamento.
Además, estamos incomunicados. Las redes, la radio, la televisión... todo dejó de funcionar hace mucho tiempo. Los aliens derribaron las antenas de comunicación, dejando incomunicadas a miles de familias. Y si aún funcionaran, ¿Cómo sabemos que no estamos siendo escuchados por los aliens? Esta idea me genera una nueva inquietud. ¿Será que Lucas es un espía? Pensar en eso me deja helado, y pensándolo bien, tiene sentido. Eso explicaría cómo sabe tantas cosas y por qué vino solo a la Tierra. Puede que por eso no me cuenta casi nada y solo esté conmigo para recolectar información.
Siento como si estuviera completando un rompecabezas. No sé si alegrarme o tener miedo...Giro la cabeza buscándolo, para ver qué hace. No estaba prestando atención a mi entorno, así que lo pierdo de vista. Pero después de mirar a mi alrededor, no lo encuentro ¿Escapó? ¿O se escondió?
-¡¿Lucas?!
-Sí, dime
Busco detrás de mí y veo cómo asoma su cabeza desde la habitación principal.
-Perdón, me puse a organizar el cuarto.
Lo miro con cierta desconfianza. No sé si lo estoy sobre pensando de más, pero en estos momentos debo tener un ojo puesto sobre él. No puedo darme el lujo de confiar. En esta nueva sociedad, el mundo está regido por el miedo y el instinto de supervivencia. El más fuerte sobrevive y el más débil muere...
Siento como si mi corazón fuera a salir de mi pecho... No sé qué pensar. ¿Será que mis suposiciones pueden ser reales? Miro a Lucas una y otra vez, y parece muy inocente, tanto que diría que no parece capaz de hacer algo malo...
Solo pienso una y otra vez en la posibilidad de que realmente sea bueno o malo. ¿En qué bando está? ¿Quiere ayudar a los humanos o a su especie? ¿O acaso quiere ser imparcial en todo esto? aún no me ha contado por qué bajó a la Tierra... ¿Cuál es su propósito? ¿Quiere hacer algo? ¿O simplemente bajó aquí para morir? Vuelvo a voltear a verlo para analizarlo y una nueva pregunta llega a mi cabeza ¿de dónde saco sus heridas? Intento recordar cómo eran sus heridas cuando lo encontré. No parecían que se las hubiera provocado el, pero aun así no descarto la posibilidad.
-Oye, Frank... ¿cuál es el plan?
Su voz me saca de mis pensamientos, miro y es Lucas, quien me observa con sus enormes ojos grises. Me quedo paralizado por un instante. ¿Qué le digo? No sé si ser honesto o mentirle, y solo puedo agachar la cabeza para evitar esa mirada penetrante, pero aun así siento su vista sobre mí. ¿Qué le digo? ¡¿Qué le digo?! ¡¿QUÉ DIGO?!
-¿Estás bien, Frank?
Nuevamente su voz, parece que realmente se preocupa por mí... Volteo y veo que se ha acercado un poco; por impulso, retrocedo.
-No, no, no. No pasa nada, estoy bien. Es solo que... estoy pensando.
-¿Seguro? No te escuchas muy bien.
-Sí, sí, seguro.
Siento cómo mi cuerpo se tensa de nuevo... Me siento en peligro. ¿Realmente es malo o simplemente estoy exagerando?
No es una amenaza, ¿verdad? Mi mente vuelve a debatirse... Esta confusión me pone nervioso y estresado... ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo decir? Quiero gritar, correr, escapar, pero no tengo una respuesta clara...Cierro los ojos un momento para pensar e intentar calmarme.
Debo tomar una decisión cuidadosa, mi vida está en juego. ¿O tal vez no? Quizás solo estoy siendo demasiado desconfiado y él es realmente bueno y amigable, tal vez solo quiere ser mi amigo y tener apoyo, al igual que yo. Creo que estoy siendo demasiado paranoico. El cansancio y el hambre me están afectando. No me siento del todo bien... y no solo físicamente, sino también mentalmente. Sé que toda esta situación me ha afectado mi salud mental, pero no sabía hasta qué punto. Respiro profundamente, abro los ojos y levanto la mirada para enfrentar a Lucas.
-Escucha... La verdad es que no sé qué hacer. Después de descansar aquí unos días, me gustaría seguir mi plan original, que es salir de la ciudad e irme a vivir al campo.
- ¿Puedo ir contigo? Por favor.
Me quedo perplejo. ¿Quiere venir conmigo? ¿Sabe de los desafíos que podemos enfrentar? Eso me inquieta mucho. ¿Acaso no tiene metas? ¿No quiere hacer algo con su vida? Eso genera muchas sospechas... Vuelvo a dudar sobre él.
- ¿Y no te gustaría hacer algo o ir a algún lugar?
-No...
- ¿Por qué?
-Es una historia muy larga....
Sus palabras capturan completamente mi atención... ¿Será que finalmente será honesto conmigo? Siento cómo un escalofrió recorre todo mi cuerpo... Quiero saber, quiero conocer toda la verdad... Siento un nudo en la garganta, trago saliva y con todas mis fuerzas, lo único que puedo decir es...
-Cuéntame.
En ese preciso instante, Lucas gira su cabeza hacia mí con sus ojos llenos de expresividad. Los observo detenidamente y en ellos detecto un brillo peculiar, un brillo que refleja dolor. Casi puedo escuchar un grito desesperado escapando de su alma, como un clamor pidiendo ayuda... Sin previo aviso, Lucas se voltea y se encamina hacia el sofá. Se acomoda en él y clava su mirada en mí. En ese momento, comprendo su deseo de que me acerque y me siente a su lado, así que obedezco su silenciosa petición.
Una vez ambos acomodados en el sofá, él se reclina y suelta un suspiro. Suspira como si cargara el peso de un mundo en sus hombros.
-Verás, en mi planeta, mi madre y yo vivíamos en un lugar extremadamente difícil. La escasez de comida era evidente y lo poco que había resultaba absurdamente costoso. Ella era mi único apoyo y trabajaba incansablemente para mantenernos, Pero un día ella ya no regresó.
Sus palabras se quiebran en ese momento y puedo ver lágrimas amargas rodar por su rostro. Me siento impotente, sin saber qué hacer o decir, así que simplemente lo observo en silencio.
-Tenía apenas 8 años cuando ella desapareció. A partir de entonces, tuve que aprender a valerme por mí mismo. En las calles, adquirí habilidades para manejar armas y familiarizarme con ellas. También aprendí a pelear y defenderme. Con el paso del tiempo, me vi obligado a robar para poder sobrevivir. No era el más fuerte, pero mi agilidad era una gran ventaja. Después de años de robar y luchar para no morir en las calles, fui capturado por las autoridades a los 12 años. Me encarcelaron y como castigo por mis actos decidieron transportarme a la Tierra como prisionero y utilizarme como carnada en sus operaciones. Durante mi estancia en la nave, entablé una estrecha amistad con el heredero. A pesar de estar separados por un cristal que me aprisionara, él se convirtió en mi mejor amigo. Siempre nos apoyábamos mutuamente, Él compartía conmigo sus planes, los conflictos entre los tripulantes y muchas otras cosas. Yo simplemente lo escuchaba, mi vida carecía de interés, siempre detrás de ese vidrio, Lo único que podía contarle eran mis sueños y con el tiempo, me enamoré de él. No estoy seguro si ese sentimiento era correspondido, pero solo el hecho de tenerlo a mi lado era suficiente para mí. A lo largo de los años, una idea germinó en mi mente, la idea de escapar en el momento en que llegáramos a la Tierra. Sabía que estarían ocupados apenas arribáramos, lo que representaba la oportunidad perfecta para huir. Le compartí mi plan a Deisha.
-¿Deisha?
-Así se llama el hijo del rey.
Me doy cuenta de lo difícil que debe ser para él abordar ese tema...
-Deisha me brindó su apoyo, recurso y todo lo que tuviera para ayudarme, y así iniciamos nuestro plan. Él investigó cuándo sería el momento adecuado para escapar y me consiguió ropa para el ese día. Juntos ideamos todo para el escape. El día elegido fue durante el recuento de tropas y la supervisión de inventario. Ya que yo me encontraba en una de las naves de suministros, lo que facilitaría mi huida en medio del caos. Nuestro plan consistía en activar una alarma falsa de autodestrucción de la nave y mientras todos intentaran arreglar la falla, Deisha abriría la puerta de mi jaula para que pudiéramos mezclarnos entre la multitud y dirigirnos hacia dos cápsulas de escape secretas, que él había conseguido como uno de los regalos de su padre por su cumpleaños. Y así fue, el plan salió a la perfección. Llegamos al lugar donde se encontraban las naves, listos para escapar, pero en ese instante me di cuenta de que nunca lo volvería a ver. Le pedí a Deisha que viniera conmigo, que escapáramos juntos, pero él se negó. Sería un escándalo si el hijo del rey desapareciera, así que decidió quedarse... Sabía que era un adiós. Y, en fin, solo se vive una vez, ¿verdad? Así que me atreví a robarle un beso...
-¡¿Qué?!
Me sorprendo tanto que me quedo boquiabierto, mientras observo a Lucas cuya cara adquiere un tono rojizo. Puedo percibir cómo su corazón late con fuerza dentro de su pecho
-Después de eso, simplemente subí a la cápsula de escape y me fui. No tenía mucha idea de cómo utilizarla, así que terminé por detonarla junto con la nave. Por eso fue que me encontraste tan malherido.
Todo cobra sentida. Estoy asombrado por todo lo que ha pasado. Creo que puedo confiar en él después de todo.
-Oye, ¿es por eso que te enfadaste cuando te dije que 'no le contaras a tu gente sobre nuestro encuentro'? ¿Acaso no te agradan tus compañeros?"
-No
-Lo comprendo...
De nuevo, caemos en un incómodo silencio. Analizo todo lo que me ha contado en un intento por entenderlo mejor. Aunque hay aspectos que no encajan del todo. ¿Cómo es posible que esté tan informado sobre la RHE? Uno pensaría que se tratar un tema altamente confidencial, sería muy poco conocido dentro de la nave, resulta difícil imaginar que un simple prisionero tenga conocimiento de ello. Además, si el príncipe se lo reveló, es poco probable que haya dado tantos detalles. Aun así, me reconforta saber más sobre él. Esto genera un sentimiento de confianza en mí.
Mientras me sumerjo en mis pensamientos, siento cómo unos brazos me rodean. Me sobresalto por la sorpresa. Al girar mi cabeza, descubro que es Lucas quien me abraza. No estoy seguro de cómo reaccionar.
-Has pasado por mucho. Solo déjate llevar...
susurro con dulzura, tratando de ofrecerle consuelo y en ese momento, como si se hubiera abierto un grifo, Lucas comienza a llorar desconsoladamente. Lo abrazo con más fuerza, esperando que de alguna manera pueda aliviar un poco su dolor.
Siento los primeros rayos de sol acariciando mi cara. ¿Qué pasó? ¿Me quedé dormido? Abro los ojos y me encuentro aún sentado en el sofá. Lucas duerme en mi hombro. En ese momento, me tenso. No quiero moverme y despertarlo. Así que permanezco inmóvil, intentando recordar qué sucedió anoche y de repente, siento un golpe y todos los recuerdos vuelven a mí.
Lucas lloró hasta quedarse dormido, y yo simplemente me quedé allí esperando a que despertara. Pero parece que no lo hizo, y yo también me quedé dormido. En ese momento, muevo a Lucas y lo acomodo en el sofá. Parece tener un sueño profundo. Mientras tanto yo me pongo de pie.
Mis tripas rugen, tengo hambre. demasiada, así que reviso la despensa en busca de algo para preparar y encuentro un paquete de ramen. Sin muchas ganas de buscar algo más, decido prepararlo.
Mientras lo hago, repaso los sucesos de ayer y trato de analizarlos para comprenderlos y unir los puntos. Pero entonces me doy cuenta de algo. Su reloj, aquel que usa para camuflarse, nunca lo mencionó. ¿Cómo lo consiguió? ¿Deisha se lo dio? La duda invade mi mente y comienzo a cuestionarlo. ¿Qué tan verídica es su historia?
-Buenos días.
Volteo y veo a Lucas, que recién despierta. Su rostro aún está algo enrojecido por llorar y sus ojos están entrecerrados, notando como aún se está despertando. Parece un payaso con su melena roja desordenada y su piel de porcelana.
-Oh, hola. Buenos días. ¿Quieres desayunar?
-Sí, por favor. Me estoy muriendo de hambre.
Saco otro paquete de ramen de la despensa y lo pongo a cocinar. Observo que el mío ya está listo, así que decido dárselo a Lucas.
-Mira, Lucas, aquí tienes el desayuno
Se acerca a la cocina y toma el plato de ramen, que ya está preparado.
-Wow, huele muy bien. Gracias, Frank.
-No hay problema.
- ¿Y tú? "
-Ya estoy preparando el mío.
Una vez que termino de preparar mi ramen, me acerco a Lucas y nos sentamos juntos en la sala para comer. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un buen ramen. Se me hace agua la boca y el sonido de mi estómago pidiendo comida es impresionante. Tomo unos palillos chinos que encontré y los pruebo ¡Dios mío! Está delicioso. Es como comer la comida del paraíso.
Una vez que lo pruebo, no puedo parar. En muy poco tiempo termino el mío. Estaba realmente hambriento. Observo a Lucas para ver cómo va, pero veo que aún no ha probado el suyo.
- ¿Qué pasa? ¿No te gustó?
-Es que no sé cómo comerlo.
En ese momento recuerdo que es un alíen y que no sabe realmente nada de la tierra, Me siento culpable. No sabe cómo usar los palillos y yo tampoco se lo expliqué. Intento enseñarle a usarlos, pero no funciona. También decido intentar que use un tenedor para comer, pero al final, decido ayudarlo a comer como si fuera un bebe. Personalmente, siento que es una situación un poco incómoda, pero si no come, se debilitará aún más y tendré que ayudarlo en todo. Es un pequeño sacrificio por un bien mayor.
Una vez que terminamos de comer, decido ducharme. Me siento muy sucio. No sé cuánto tiempo ha pasado desde mi última ducha, pero se nota que ha sido mucho tiempo. La simple idea de tomar una ducha me emociona bastante. Sé que puede sonar tonto, pero es así.
Lo que antes parecía algo tan trivial como una ducha, ahora se convierte en un privilegio. Además, existe la posibilidad de tener agua caliente, lo cual lo hace aún mejor. Realmente se nota que uno no valora las cosas hasta que las pierde...
Luego de haberme bañado, me voy acostarme en la alcoba para relajarme y en ese momento, decido buscar entre las cosas de ese departamento algo que me entretenga. Es ahí donde encuentro un libro que comienzo a leer.
Me siento como si estuviera de vacaciones. Ya extrañaba esta sensación relajación y tranquilidad, recostado en una cama suave mientras disfruto de la lectura.
De repente, siento una culpabilidad inexplicable. El sentimiento me abruma y oprime, pero no entiendo por qué. Intento pensar y buscar el motivo de esta sensación, hasta que algo me impulsa a asomarme por la ventana y observar a través de las cortinas. En ese instante, siento que el mundo se detiene. La sangre desciende hacia mis pies y comienzo a marearme.
¿¡Como se me pudo haber olvidado? Estoy en el fin del mundo. La ciudad que alguna vez consideré mi hogar ahora está destruida. Y el mundo callo en el inicio de anarquismo, miles de personas muriendo minuto a minuto, y aquí estoy yo... cómodo, sin preocupaciones, seguro...
Me siento tan mal, culpable. Pero, ¿tiene sentido? Rara vez me he sentido culpable por algo que no he causado yo mismo. No sé si me estoy volviendo loco o qué, pero no puedo evitar sentirme mal. ¡Qué hipócrita! Antes no me importaba que las personas pasaran necesidades, pero ahora sí. Me atormenta, me agobia... Siento cómo mi estómago se revuelve. Sin embargo, respiro profundamente, cierro los ojos y me alejo de la ventana. Me vuelvo a recostar en la cama, intentando relajarme. En ese momento, una pregunta invade mi mente, resonando en mi ser.
¿Realmente merezco esto?
Mientras estoy recostado en la cama, intentando concentrarme en la lectura del libro, mi mente se encuentra envuelta en un huracán de dudas y remordimientos, cuando una pregunta golpea y rebota por mi cabeza, retumbando en mi ser, incrementando mi culpa segundo a segundo, retumba con tanta fuerza que se siente como un martillo golpeando mi cráneo sin parar.
¿Yo maté a aquel hombre? Que la RHE lo capturara ¿fue mi culpa? Empiezo a revivir aquella escena, que bien podría haber salido de una película de terror. Los pasos resonando por toda la ciudad, el ruido constante de la nave, nuestras respiraciones agitadas, los gritos, súplicas y las risas psicópatas de aquel hombre... Solo de pensarlo, siento de nuevo un escalofrío. Pero a pesar de todo, pensar que por mi culpa aquel hombre murió no me deja tranquilo. Más allá de su inestabilidad y locura, él era una persona, estaba vivo y debido a mí, su vida fue arrebatada de una de las formas más horribles...
¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?! ¿Por proteger a un alíen? ¿a un ladrón? ¿a un prófugo? Él estaba destinado a morir y aun así lo ayudé. En su propio mundo era considerado una rata, ¿por qué tengo que verlo de manera diferente?
No puedo permitir que este debate vuelva a invadir mi mente sobre lo que estuvo bien ayudar a Lucas o no ¿Será que aun dudo de él? Siento una enorme tensión acumulada en mi cuerpo, mis músculos se tensan y mi respiración se agita. Las dudas, los nervios, la sensación de culpa e intranquilidad aumentan a cada segundo, haciéndome sentir peor. Al final, de tanta desesperación, lanzo el libro que intentaba leer y me siento en la cama. Mi respiración se acelera cada vez más y más, siento que estoy hiperventilando. La sensación de mareo y confusión regresa. ¿Un ataque de ansiedad?, me pregunto a mí mismo... No entiendo por qué. Mi cabeza da vueltas y vueltas como un trompo. Intento calmarme, cambiando mi respiración, pero nada funciona. Sigo en crisis, una sensación de miedo y culpa me invade aún más, y la frase "yo lo maté" resuena sin cesar en mi mente.
Quiero huir, siento que no puedo más...
De nuevo el impulso de querer vomitar... No creo que pueda aguantar mucho más. Me levanto rápidamente y me dirijo al baño, sintiendo que mi vida está cuesta abajo. Me pregunto qué pasará después.
Llevo casi una hora en el baño y me siento realmente mal. Apenas puedo moverme y mis piernas tiemblan mucho. La sensación de debilidad es abrumadora, llega a ser sofocante. Quiero gritar, pero mi voz no sale. Me siento mal, todavía estoy experimentando lo que, en mi opinión, es un ataque de ansiedad. La impotencia que esto me genera es desalentadora. Me siento atado, como si fuera un prisionero y de repente, escucho unos pasos y el ruido de una puerta abriéndose. Levanto la mirada un poco y veo a Lucas, cuya sorpresa y preocupación son evidentes en su rostro.
-¡Frank! Te estaba buscando.
No puedo hablar, mi garganta está adolorida de tanto vomitar, siento como si estuviera desgarrada. Además, mi vista se está nublando. Me abre descompensado por todo lo que paso en estos tres días. Pero entre mi delirio veo como lucas se acerca para ayudarme.
-Tranquilo, Frank, vas a estar bien -me dice Lucas mientras me ayuda a levantarme.
Nuevamente me siento inútil, pero sé que no puedo hacer nada y debo aceptar la ayuda de Lucas. Aunque su apariencia se asemeja a la de un humano, sé que es un alienígena. Me siento confundido, probablemente debido a mi debilidad. Lucas me guía hasta la habitación. Siento cómo comienzo a perder el conocimiento, todo se vuelve más borroso. Pierdo la sensación en mis piernas y poco a poco el control de todo mi cuerpo. Mis ojos pesan y siento como poco a poco se van cerrando, hasta que todo se vuelve oscuro. Mi mente empieza a apagarse.
-Frank... ¡Frank! ¿FRANK?
No puedo hacer nada más que sentir cómo todo desaparece. Siento como todo va de mal en peor...
Me despierto confundido, preguntándome desde mi interior ¿dónde estoy? y ¿qué está sucediendo? al abrir los ojos, solo veo un techo blanco. Volteo la cabeza para mirar a mi alrededor y reconozco el lugar: estoy en la habitación.
Mi cabeza da vueltas y me siento desorientado. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Qué me pasó? Intento recordar, pero siento como si muchas cosas se hubieran borrado de mi memoria. Parece que un golpe en la cabeza me ha hecho olvidar todo, al menos hasta el punto en el que mis ojos se cerraron ¿perdí el conocimiento? El lugar está completamente oscuro, parece ser de noche, y todo está inusualmente silencioso, demasiado silencioso, diría yo.
Con cuidado, me levanto de la cama. Aún me siento débil y todo sigue girando a mi alrededor. Pero a pesar de eso, intento ponerme de pie. Camino lentamente hacia la puerta, con la intención de buscar a Lucas. De repente, escucho otra voz. Mis músculos se tensan y me detengo en seco.
- ¡Maldita sea! han descubierto nuestro escondite.
Pienso para mis adentro, Me acerco lo más que puedo a la puerta, tratando de caminar sin hacer mucho ruido, pego mi oreja a la puerta para intentar escuchar.
-Pronto tendremos más avances, pero para eso es muy importante la investigación actual.
No es lucas, es alguien más, su voz suena muy autoritario. Sin embargo, hay algo no cuadra: su voz suena casi metálica y no puedo determinar la edad exacta de la persona que habla. Además, lo que dice no tiene sentido, no es coherente. ¿De qué están hablando? Me acerco aún más a la puerta, esperando escuchar más voces para saber cuántas personas están en esa habitación.
En ese momento, me doy cuenta de algo, o, mejor dicho, de alguien. ¡¿Lucas?! ¿Qué le habrá pasado? ¿Se escondió? O ¿lo mataron? Mis dudas se ven interrumpidas por otra voz que me deja en shock.
-Lo sé, coronel, la investigación avanza bien. Unos días más con ese humano y obtendremos lo que necesitamos. Por fin podremos encontrar una debilidad para sacar a esas pestes de sus escondites, aunque, por supuesto, siempre puede salir algo mal.
No puedo creerlo, comienzo a temblar. La voz que acabo de escuchar es la de Lucas. Lo sabía, en el fondo sabía que él no era de confianza, que todos son iguales y solo buscan su propio bienestar, que el no llego aquí por casualidad o castigo. Y a pesar de eso, lo ayudé, me preocupé por él. Me siento como un estúpido, como si hubiera jugado conmigo. De la sorpresa, caigo sobre la puerta creando un gran escándalo. Por suerte no la tumbo y entro de manera dramática, pero ese ruido se escuchó, como mino en todo el piso. Y el tubo que haberlo escuchado.
.
En ese momento, la conversación se interrumpe y nuevamente el silencio llena la habitación. No sé qué hacer. ¿Debo correr? ¿Enfrentarme? me muevo a la pared del lado y simplemente me recuesto en esta, temblando. Mis ojos están llenos de lágrimas, mi respiración es agitada. Intento enfocarme en mi entorno, pero la habitación está envuelta en oscuridad, solo puedo percibir el débil aroma a humedad que impregna el aire.
Estoy atrapado entre la incertidumbre y el miedo. Los pensamientos se agolpan en mi mente, mientras mi corazón late con fuerza en mi pecho. ¿Cómo pude confiar en alguien como Lucas? ¿Y ahora qué? La sensación de traición se mezcla con la rabia que recorre por mi cuerpo. Me siento impotente, vulnerable, pero también decidido a enfrentar cualquier adversidad que se interponga en mi camino.
Siento mi respiración agitada, mientras mi presión arterial se eleva. El sonido de los pasos acercándose, aumenta mi nivel de estrés. Percibo cómo el final se aproxima inexorablemente...
Un crujido se hace presente, la puerta se abre lentamente y mi respiración se detiene. Mis ojos se dirigen rápidamente hacia la puerta. Quiero llorar, quiero gritar, pero me quedo en silencio. El miedo me paraliza. Desde la puerta, la cabeza de Lucas asoma con una mirada dulce y preocupada.
-¿Qué haces despierto? ¿Te sientes mejor?
Permanezco en silencio, dejando al fin que las lágrimas recorran mi rostro, mientras empiezo a sollozar. Él sale y se acerca a mí. Me siento incapaz de moverme, deseo desesperadamente que alguien me ayude.
-No te acerques…
-¿Qué pasa?
Sé que todo esto es falso, que su preocupación es una farsa, que solo me está utilizando. Pero a pesar de ello, su voz, su rostro, sus ojos... no parece que esto sea real, parece otro mal sueño. Se acerca cada vez más y tomando mi rostro con delicadeza, como lo haría una madre con su hijo. Me siento atrapado, sin poder moverme
.
-Cuéntame qué sucede, Frank... Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?
Ese tono, ese maldito tono de bondad y amabilidad, me confunde aún más. Siento miedo, ansiedad, ira y tristeza...Se acerca aún más, mi mente está yendo a mil por hora, pero mi cuerpo esta inmóvil. Y sin darme cuenta, sus brazos me rodean, ¿me está abrazando? Es repugnante cómo puede mentir de esa manera, haciéndome creer que realmente le importo.
-¡NO TE CONTARÉ NADA, MALDITA ALIMAÑA!
Lo empujo con toda mi fuerza y me quedo por un momento me quedo pensado, no pensé que terminaría gritando, en ese instante, siento una liberación, como si todas las emociones desaparecieran por un breve momento de pecho y mente. Es un momento de paz en medio de la tormenta.
Bajo la mirada y veo a Lucas... Su rostro, antes amable, se desvanece en una mueca amarga. Sus ojos, antes brillantes y hermosos, se oscurecen y adquieren un tono oscuro como el carbón. Parece como si el mismísimo satanás lo poseyera. Un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba a abajo.
-Parece que esto dejó de ser un simple juego.
Su tono cambia drásticamente. Su tono ya no es dulce y cálido, ahora habla con una voz grave y desprovista de emociones, impregnando sus palabras de un tinte frío. Él comienza a levantarse lentamente, pero yo, como un niño jugando a las escondidas, salgo corriendo. No sé qué hacer ni a dónde ir, solo puedo correr para escapar. Me siento como una presa huyendo de su depredador. Ahora veo la otra cara de la moneda y me aterra.
Siento como si estuviera atrapado en una película de terror. Mi corazón late desbocado, deseando escapar de mi pecho. Salgo rápidamente del departamento y me dirijo a las oficinas del cuarto piso, tratando de perderlo en ese laberinto de pasillos y oficina. Miro hacia atrás y no lo veo. Detengo mi paso. ¿Dónde se habrá metido? ¿Acaso se quedó dentro del departamento? Giro en círculos, escudriñando el entorno, pero no encuentro señales de su presencia.
De repente, unos pasos resuenan a mis espaldas. Volteo y no distingo nada en la oscuridad, pero puedo distinguir su figura entre las sombras.
-¿Me estás buscando?
Retrocedo asustado, con los nervios a flor de piel. A pesar de mis ansias por huir, algo me detiene.
-¿Qué es lo que quieres?
-Permíteme contarte algo. Verás, Frank, como seguramente sabrás, llegamos a tu planeta con cierto propósito. Nuestra intención era utilizarlo como una colonia y explotar sus recursos, pero hay un pequeño problema... ¿adivinas cuál?
Permanezco en silencio, consciente de la respuesta, pero no quiero caer en su juego, ya que parece disfrutar de ello.
-¿No tienes nada que decir? ¿O acaso tienes miedo?
-¿Qué crees? Eres un idiota lucas. Somos mas resistentes de lo que tu especie piensa.
-Niño incompetente, nuestro propósito es aniquilaros a ti y a toda tu especie. Consideramos que son una plaga para este planeta, Pero eso cambiará una vez que tomemos el control. Tu mundo volverá a brillar. Ustedes solo quitan sin dar nada a cambio, terminarían acabando con su propia especie al final, nosotros solo aceleramos el proceso
-Entonces, ¿por qué no liberan un virus o algo así?
-No es tan sencillo, querido... hemos tenido dificultades para exterminarlos, como puedes ver. Tu mera existencia es un símbolo de eso. Por eso baje a la tierra, para investigar, buscando una forma de lograrlo. Toda esa historia del niño huérfano y abandonado, convertido en criminal y condenado a muerte, enamorado de un príncipe, no es más que una fachada...
Siento cómo mi mundo se desmorona. Pensé que finalmente había encontrado un amigo, pero ahora veo que solo fui un peón en su siniestro juego. El problema es, ¿quién es el judas de la historia? ¿Yo por ayudarlo a el? O ¿el que se vendió como mi amigo y me traiciono?
-Ahora que conoces la verdad... ¿qué piensas hacer?
Sin pensarlo más, salgo corriendo nuevamente, sin voltear atrás... simplemente corro, desesperado por encontrar una salida. Pero esta vez, la luz al final del túnel parece haberse extinguido por completo.
Me encuentro corriendo hacia el primer piso, con la única intención de escapar. Pero detrás de mí, escucho sus pasos, casi como el tic-tac de un reloj, persistentes y constante. Su voz retumba por todas partes, creando un eco.
-No huyas... sabes que podemos encontrar una opción. ¿Le temes tanto a la muerte?
Su voz es como escuchar las trompetas del apocalipsis, una combinación de ira y desesperación empieza a nacer dentro de mí.
Continúo corriendo entre pasillos y oficinas, descendiendo por las escaleras. Me siento atrapado en un laberinto, las lágrimas vuelven a brotar de mis ojos, cayendo por mi rostro como cascadas. No puedo creer que este sea mi final. La muerte ya ha tocado a mi puerta más de una vez, pero, aun así, tenía la esperanza de que se demorara un poco más en venir por mí. Pero solo ha estado esperando, siguiendo mis pasos para llevarme con ella. Veo cada vez más lejano el deseo de mi hermana de que viva.
Mi estrella, mi hermanita... siento que no cumpliré su deseo y realmente lo lamento.
Comienzo a jadear, estoy muy agitado, y el hecho de estar llorando no me ayuda. Me siento muy perdido, me cuesta encontrar la salida hacia los pisos inferiores. Me siento como un ratón huyendo de un gato. ¿Cuáles son mis posibilidades? ¿Podré sobrevivir o moriré en el intento? Tal vez sea mejor rendirme y ver si tienen piedad de mí y me dejan vivir... Pero, ¿realmente lo harían? ¿Cuánto tendría que soportar para seguir viviendo? Si me perdonan la vida, me utilizarían como experimento. No lograría nada más que prolongar mi muerte ¿Valdría la pena? Además, ¿no sería algo egoísta? Ayudar a que eliminen a toda la humanidad, ¿por qué? ¿Por mi propio bien? ¿Realmente valdría la pena? No sé si sería capaz, pero por el simple hecho de vivir... Aunque nadie me asegura que no me mentirían y engañarán, que me matarán y se aprovecharán de mí, que me utilizarán como un mero instrumento, como un simple peón ¿Quién me asegura que seguir vivo no se convertirá en un infierno del cual la única escapatoria sea la muerte?
Salgo de aquel trance cuando por fin encuentro la salida del primer piso.
¿Será posible que pueda salvarme? Tengo miedo y quisiera pensarlo más, pero en este momento decisivo entre la vida y muerte, lo que determinará el desenlace serán mis acciones, no mis pensamientos...
Abro la puerta, esperando encontrar un nuevo presente...
Abro la puerta y salgo corriendo. Una vez que salga de este edificio, será cuestión de perderme. La ciudad es enorme y estoy seguro de que no la conoce...
La luz al final del túnel se ve tan brillante, que hace que me sienta como un ave abriendo sus alas para volar. Anhelo salir de aquí. Todo comienza a iluminarse con la luz del amanecer que se hace presente y finalmente salgo del edificio, la luz del sol me deslumbra los ojos. Estoy a salvo.
-Qué tonto, Frank...
La voz de Lucas me da escalofríos. Volteo a mirar y allí está él, en la entrada del edificio, con una sonrisa de victoria que no me agrada.
-Manos arriba, humano...
No reconozco esa voz, tiene un acento extraño. Observo a mi alrededor. No puedo creerlo. Estoy rodeado. Mierda, realmente no logré escapar. Aliens con armas apuntan hacia mí, me quedo paralizado, aterrado.
-Tranquilos muchachos... bajen las armas, él es asunto mío.
La voz de Lucas resuena por todas partes y los otros aliens le obedecen. Parece que Lucas tiene un rango especial. Levanto la mirada y veo una nave sobre nosotros.
-Me sorprende que llegaran tan rápido
-Estábamos cerca del área, Mayor.
-Pues eso tiene mucho sentido cadete.
¿Mayor? No lo comprendo. ¿Cómo alguien como él puede tener un rango tan alto? Es impresionante. Lo poco que alcanzo a ver me indica que Lucas es bastante respetado, incluso parece que le tienen miedo. Él se gira, me mira y se acerca hacia mí. No sé qué hacer, estoy rodeado. Si intento huir, sé que me matarían sin dudarlo y si me quedo estaré condenado a una muerte lenta y posiblemente dolorosa. Este es mi fin.
-Sé que piensas que soy un ser despreciable. Adelante, dímelo si quieres, pero en estas circunstancias no te ayudará de nada. Tuviste otra oportunidad de vivir, si solo hubieras confiado en mí, pero la desperdiciaste. hubieras sido una linda mascota y así vivir el resto de tu vida de forma cómoda, como lo quería tu hermana.
Lucas se acerca cada vez más, hasta que solo unos pocos centímetros nos separan. Estoy temblando, inmóvil. Solo puedo pensar en las mil maneras que tendré de morir. EL al final me sujeta de la barbilla y se acerca aún más, susurrándome algo...
-Dile adiós a lo que llamas vida, ahora vuela...
Dice con pesar, pero también con superioridad. Su mano frio recorre mi cara enrojecida y húmeda. Sus palabras son como un golpe para mi alma rota. Las lágrimas vuelven a caer por mi cara. Lucas se aleja un poco y me mira. Sus ojos vacíos, sin brillo, son aterradores e indiferentes. En su rostro no se muestra ninguna expresión, casi se asemeja al de un robot y de repente, su expresión cambia, se ríe un poco y me sonríe de forma siniestra. Me quedo paralizado por un instante, hasta que un fuerte dolor en el pecho se hace presente...
Mis ojos bajan lentamente hacia donde nace el dolor. Veo un extraño cuchillo clavado en el lugar donde está mi corazón. La sangre brota como si fuera un grifo abierto. Siento cómo el horror me invade, retrocedo un poco por el impacto y vuelvo a levantar la mirada. En el rostro de Lucas hay una expresión de victoria.
Desde la herida siento un golpe eléctrico que me tumba al suelo y al caer al suelo, Lucas se acerca y arranca el cuchillo sin piedad. El piso es frío y sucio, y no tarda mucho en llenarse con un charco de sangre.
-¡¿Mayor, qué haces?! ¿Qué dirá el General ahora?
-Tranquilo, ya no es necesario este patético humano. Todo lo que necesitamos lo tengo en esta pequeña navaja. En ella está toda la información, solo era necesario un poco de su sangre para obtener casi un 80% de la información que necesitábamos, ahora solo falta recolectar unos cuantos humanos para experimentar y al fin tendremos todas las respuestas que necesitemos.
Mis sentidos se desvanecen lentamente. Ya no veo, ya no siento. Solo puedo escuchar, y es aterrador. Voces y pasos que se alejan poco a poco. Pero entre todas las voces, destaca la de Lucas, si es ese su nombre real, lo escucho riendo y bromeando. Intento entender lo que dicen, pero no lo consigo.
Poco a poco dejo de escuchar. Mi finalmente el silencio se hace presente. A mi mente llegan los recuerdos de toda mi vida: las vacaciones con mis padres, las noches de lluvia junto a mi hermana, los días de otoño con mis amigos. Veo cada momento, cada risa, cada lágrima desvanecerse en un instante, las promesas que hice y nunca cumplí, los sueños que tuve y nunca alcancé. Me arrepiento de tantas cosas, de todo lo que quise hacer y no pude. Todo se vuelve borroso, mis recuerdos y pensamientos se vuelven cada vez más difusos...
Pero uno de los arrepentimientos más profundos es haber vendido mi alma rota a un desconocido... pero ya no sirve de nada arrepentirse, la muerte reclama mi vida de manera silenciosa y trágica.
Se acabó
Gracias por leer