Déjame presentarme... Mi nombre es Patricia Pérez. Nací en Valladolid, ciudad dónde pasé toda mi infancia y adolescencia. Desde pequeña se empezaron a notar mis preferencias y mis gustos, siendo una apasionada del deporte, y también de la historia. Me encataba saber, entender y, sobre todo, conocer mundo... Es por ello que, al terminar 2o de bachillerato, tenía que decidir que hacer, debía elegir entre las tres pasiones que me perseguían desde pequeña. Por suerte, encontré unos estudios accesibles en una universidad pública de Madrid, pudiendo acceder a un Doble Grado en Historia y Turismo.
Muchos de mis compañeros de la universidad se arrepienten de su elección. Yo puedo decir, con la cabeza bien alta, que vovlería a escogerlo una y otra vez, por haber sido los estudios que me han abierto la mente y las puertas hacia nuevos mundos y oportunidades. Tanto era mi interés y mi motivación, que al acabar la carrera la univerdad me otorgó el Premio Extraordinario Fin de Carrera, por ser el mejor expediente de mi generación. Primera recompensa de esos 5 años de trabajo. Gracias al esfuerzo, formación y perfil, fui contratada, a los 5 días de graduarme, por una pequeña Start-Up madrileña dedicada a los viajes de novios. Mi destino en la capital parecía estar escrito, por lo menos durante una temporada más... Este trabajo me ha proporcionado experiencia, conocimientos, nuevas perspectivas y retos, y conocer lugares del mundo que nunca me hubiese imaginado estar. Me encanta mi trabajo, lo disfruto y aprendo cada día, pero hay algo que me gusta todavía más y que hasta hace pocos años no había descubierto, la educación y el trato con adolescentes, pero esto es otra historia. Si te interesa, sigue leyendo y verás...
Todo comenzó cuando, con 20 años, me dieron la oportunidad de trabajar en un campamento de verano, con grupos de chavales de 13 a 17 años. No te voy a engañar, al principio sentí miedo ¿cómo iba a ser capaz de que esos chicos se lo pasasen bien conmigo y aprendiesen algo de mi? ¿como iba a conseguir su respeto? realmente no nos llevábamos tanta edad, y podían no tomarme en serio. Sin embargo, el trato directo con estos chicos resultó ser mucho más fácil de lo que pensaba, pero sobre todo resultó ser lo más gratificante y reconfortante que había hecho nunca. Me picó el gusanillo por la educación - en este caso no formal - por lo que me saqué oficialmente el título de Monitora de Ocio y Tiempo Libre. Este curso me acercó un poco más a la educación no formal, y también a la educación formal conocida por todos. Ahora sí que no podía parar. Durante los últimos dos años de la carrera, continué trabajando en campamentos, asociaciones, etc. creciendo en mi interior el alma de educadora que nunca pensé que tenía. Finalmente, y tras trabajar más de un año en el mundo turístico, mi decisión estaba tomada: tenía que hacer el master habilitante para dejar paso a aquello que más me llenaba. Eso sí, aún trabajando en el mundo de los viajes, que de momento tampoco voy a dejar.
Y es por eso que estoy aquí, contando mi corta trayectoria, y con más ganas que nunca de aprender y de aportar. Este camino solo acaba de empezar, y será largo, pero no tengo ninguna duda de que valdrá la pena, y en unos años podré decir que tengo una de las profesiones más bonitas del mundo.
Muchas gracias :)