Los problemas ambientales en el barrio de Tepito recorrido histórico: Industrialización, crecimiento económico, crimen organizado e impacto ambiental
Los problemas ambientales en el barrio de Tepito recorrido histórico: Industrialización, crecimiento económico, crimen organizado e impacto ambiental
Helohim Jair Abraham Valdés Sánchez
Introducción
Históricamente Tepito ha sido una de las principales zonas comerciales cercana al famoso y extinto mercado de Tlatelolco, en sus inicios el intercambio de alimentos y bienes de la naturaleza con otros poblados y mercados consolidó la zona comercial por su ubicación y cercanía con el Templo Mayor de la gran Tenochtitlan.
Arregui Solana (1981) citado por Hernández (2012) indica que Teocaltepiton (en náhuatl teocalli- 'templo', tepiton - 'pequeño', "templo pequeño") se localizó en la parcialidad de Tlatelolco, y abarcó las zonas de Mecamalinco, Tecalitlán, Apohuacan, Atenantitlan, Tepoctitlan y Atenantitech, entre la calzada de Tepeyacac y el dique oriente de la ciudad de Tenochtitlan, estos y otros territorios conformaban la gran Tenochtitlan, una ciudad con poder y con zonas de poder, una ciudad como diría Rueda (s/f p.5) resultado de un proceso colectivo que concretó organización y sinergia, con control sobre la naturaleza y los ecosistemas.
El barrio que conocemos en la actualidad ha pasado por periodos de transformación con base en la modificación del ecosistema original durante el virreinato, la organización territorial en la época independiente, la migración e inmigración de sus habitantes, las políticas públicas, el capitalismo y el neoliberalismo en el siglo XX y XXI.
Collado (2004, p. 272) señala que durante el virreinato, al margen de la ciudad de México, San Francisco Tepito (denominado Tecualhtepiton en la era mexica), fue un barrio nativo controlado por las autoridades indígenas de Tlatelolco y era junto a sus barrios vecinos La Concepción Tequipeuhcan y Santa Ana Atenantitech, una de las parcialidades más ricas, ya que al pertenecerles la hacienda de Santa Ana Aragón y una buena administración tenían fondos suficientes para prestar al propio Ayuntamiento de la ciudad, a particulares y tenían cuenta en el Banco de San Carlos al final del siglo XVIII.
Hacia 1857 los 5000 integrantes del barrio de indios como tal y debido a las Leyes de Reforma debieron empezar a vender sus propiedades comunales, lo que hicieron entre ellos mismos, la especulación sobre estos fue fuerte y varios empresarios solicitaron que se les dieran los terrenos abandonados, lo cual no sucedió por los avatares de esos tiempos, pero en 1868 debieron terminar de repartir y desaparecer como república indígena (Collado 2004, p 278).
Por esta época y sobre la base de las leyes de desamortización virreinales los capitales que tenían las cajas de los barrios se habían distribuido entre los vecinos y en su mayoría solo tenían terrenos como propiedad de la parcialidad. Hacia la década de 1870 la población había menguado en los tres barrios, debido a una escasez de fuentes de agua siendo sus únicas fuentes las localizadas en Peralvillo y la plaza del Carmen al sur de Tepito, por lo mismo existían muchas construcciones derruidas que servían de refugio a malhechores y prostitutas, además de autorizarse la creación de tiraderos de basura en el área.
Desde esta época puede observarse una interrelación entre las condiciones del que era un barrio de indios, su deterioro social por ser lugar de paso de mercaderes y visitantes, la caracterización y condición social de algunos de sus habitantes señalados como malhechores y prostitutas, el hecho de haberse autorizado la creación de tiraderos de basura desde esa época me parece que creó un hábito que continúa hasta la fecha, en donde convive el comercio y las actividades diarias en medio y sobre la basura.
Collado (2004, p. 284) relata que, en 1884 se creó la colonia Morelos, hacia 1900 había unos 12,500 habitantes de los cuales su actividad común era la de comerciantes, albañiles, zapateros, tejedores, jornaleros, carpinteros, empleados domésticos, panaderos y cargadores, siendo las profesiones las que menos personas se dedicaban con tan solo un médico y seis abogados.
Por narraciones de cronistas y familiares de generación en generación se sabe que había quienes vivían en casas y otros menos afortunados en vecindades las cuales carecían de agua y alumbrado, el agua y los baños en la vecindad eran de uso común es decir uno para todos, el drenaje era deficiente y se estaban pavimentando las calles principales. La colonia Morelos y la Bolsa eran las más atrasadas, con pocas tomas de agua, sin drenaje y ninguna calle pavimentada, lo que lo convertía en un lodazal cada temporada de lluvia.
Durante la Guerra Cristera, a finales de los años veinte, llegaron a Tepito personas provenientes de la región del Bajío (Guanajuato, Jalisco). La mayor parte de estas personas eran zapateros de oficio, lo cual consolidó a la zona y a sus pobladores en la industria y distribución del calzado (Hernández 2012, p. 32). Los primeros comercios ofertaron sus productos en el suelo o en construcciones de madera y techo de tejamanil, desde 1920 algunos de estos negocios ya cubrían o estaban alrededor de iglesias o templos como el de San Francisco, pero es hasta la década de los setentas que el gobierno capitalino autorizó la venta en vía pública generando conflicto con los locales dentro de los mercados que se ordenaron crear en 1956 con el regente Ernesto P. Uruchurtu.
En la década de los setentas también comienza la bonanza de los comerciantes que importaban mercancía de Texas, Los Ángeles, Chicago y Nueva York ciudades en donde a su vez los asiáticos distribuían mercancías provenientes de Japón y China, esta actividad golpeaba las finanzas del Estado Mexicano, pero a su vez permitía a los ciudadanos adquirir productos que estaban fuera de su alcance en tiendas comerciales y que además tardaban en llegar entre dos, cinco y hasta diez años, por otra parte las calles comenzaron a llenarse de gran cantidad de residuos sólidos, problema que encontró relativa solución porque un sector de la población local y foránea dedicadas a la pepena recuperaban grandes cantidades de cartón.
La fayuca como bien señala Hernández (2002, p.74) se convirtió en un negocio redondo organizado entre fayuqueros, comandantes de aduana, policía judicial, policía de carreteras y funcionarios de gobierno...a plena luz del día o entrada la noche se realizaban operaciones comerciales millonarias con productos de contrabando transportados en trailers desde la frontera norte o desde el puerto de Veracruz.
El “crecimiento económico en el país”, la modernización prometida por Salinas de Gortari, el neoliberalismo, la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México y la devaluación del peso en 1994 golpearon fuertemente el espejismo de riqueza y esplendor que vivieron los comerciantes del barrio de Tepito, sueño efímero y realidad cruda, cobro de facturas y consecuencias por el despilfarro que se dio, muchos nuevos ricos invirtieron en bienes raíces otros gozaron de la liquidez económica y los placeres inmediatos, otros más comenzaron a involucrarse en un nuevo y prometedor negocio; la droga y la piratería.
Al abrirse las puertas para las grandes trasnacionales y sus productos, muchos comerciantes en el barrio optaron por la piratería de varios productos, principalmente de audio y video, por otra parte comenzaron a establecer nexos con distribuidores de droga, el ambiente se tornó turbio y hostil, los habitantes ya no conviven entre sí por diversos factores entre ellos la modificación del ambiente y el tipo de viviendas construidas algunas acondicionadas como bodegas, caminar las calles se volvió inseguro, pero además también desagradable, se mantienen en pie pocos árboles, son contados los espacios verdes, las 24 horas del día los 365 días del año los puestos permanecen intactos (es decir no son removidos después de la jornada laboral) resguardando plagas de ratas e insectos, grandes cantidades de residuos sólidos, un olor fétido combinación de basura, orines, grasas, alcohol, objetos quemados, marihuana, y por si faltara poco, en algunas ocasiones restos de personas descuartizadas, otra afectación que provocan los puestos en vía pública es la obstrucción de colegios, centros culturales, deportivos y centros de salud comunitaria.
Actualmente Tepito cuenta con una población total al (2010) de 36 mil 59 habitantes presenta problemas de bienestar animal, poda y derribo de árboles, apropiación de jardineras en áreas comunes para convertirlas en bodegas, ruido, apropiación del espacio público, proliferación de construcciones, escasez de agua, inundaciones, incremento de plagas principalmente insectos y ratas.
La delincuencia organizada encabezada por la Unión Tepito se apropia de viviendas, terrenos y áreas verdes en varias delegaciones e incluso se investiga si tienen nexos con el sector inmobiliario, los jardines y espacios públicos son ocupados como centro de distribución y contacto para venta de droga y como depósito de residuos sólidos, infantes y adolescentes no ocupan el espacio público debido a que pueden ser víctimas de una bala perdida entre el enfrentamiento de bandas rivales u otro tipo de situaciones.
El espacio público es el lugar de encuentro, un lugar para compartir, donde inciden buena parte de los intereses urbanos. Intereses que pueden llegar a ser, en algunos casos,contrapuestos. Para que exista espacio público, es decir, para que tenga sentido como espacio de encuentro cotidiano, y como espacio para el desarrollo de todos los usos que nos hacen ciudadanos, el lugar debe ser ocupado por un número de habitantes y de actividades económicas, asociaciones e instituciones suficiente (Rueda, S. s/f. pp. 6,7)
En el barrio continuamente hay escasez de agua potable, sobre todo en los últimos años en los que la construcción de grandes edificios para vivienda ha aumentado, en contraste se generan gran número de inundaciones cuando se presentan lluvias, el cúmulo de residuos sólidos, la falta de mantenimiento de las coladeras, la modificación de las aceras y de la vialidad por el establecimiento permanente de puestos en vía pública favorece esta condición.
Las relaciones humanas en el barrio se establecen principalmente para realizar negocios otros acuerdos que llegan a establecerse giran o predominan en la organización de actos o trabajos que tienen relación con el crimen organizado, pocas familias logran establecer acuerdos para el trabajo, la educación, la seguridad, la salud o la gestión y preservación del medio ambiente, el barrio es privilegiado por el número de deportivos, escuelas, centros culturales, galerías y museos que albergan y promueven programas de trabajo social para la intervención con el propósito de mejorar la relación y las acciones entre los habitantes de la colonia, sin embargo hay familias que se inclinan por los negocios fáciles y lucrativos o llegan a ser involucradas e incriminadas, la convivencia entre familias se encuentra en crisis, la crisis es a nivel personal, social y por consecuencia la crisis es ecológica.
La crisis ecológica es un proceso planetario de deterioro acelerado de los ecosistemas donde la vida humana es factible. Este deterioro ambiental está causado por el impacto negativo de actividades humanas. De tal magnitud es este proceso de destrucción del equilibrio de los ecosistemas naturales que se abre la posibilidad, avalada por numerosas evidencias empíricas, de la desaparición de nuestra especie, y con ella de otras muchas formas de vida sobre la tierra (Garrido 2007, p.31).
Tepito es una zona con gran oferta de servicios y oficios, una zona histórica de producción y reparación de calzado, sin embargo hoy en día y desde la década de los ochentas se produce piratería de audio y video actividad que genera gran desperdicio de bolsas de plástico, papel, discos compactos y otros embalajes, en los últimos años hay que contemplar la producción de drogas sintéticas además de la distribución de marihuana y alcohol, este estilo de vida afecta ambientalmente al barrio, ya que prevalece una lógica de trabajo para subsistir, pagar cuotas o deudas ya que se extorsiona a comerciantes y habitantes de la comunidad, el robo y el secuestro siguen siendo una práctica frecuente, los conflictos entre bandas delincuenciales locales y foráneas enrarece el ambiente, el descuido social, la falta de higiene y el menosprecio por los espacios públicos asombran e inquietan a sus visitantes, quienes expresan que huele mal, que hay mucha basura, que es triste observar a niños drogados o vendiendo droga, muchos de quienes vivieron aquí ahora tienen miedo de regresar.
Tepito ha conquistado a lo largo de la historia a sus visitantes quienes logran consumar sus anhelos y adquirir alimentos, artículos de moda, tecnología, juguetes sexuales, música, arte, armas, animales exóticos, joyas, piratería y droga, no es casual que extranjeros de Estados Unidos y Europa sean clientes del turismo de riesgo, ¿en qué otro lugar del mundo se puede beber alcohol en vía pública un lunes a las 9 de la mañana y si se desea comprar unos gramos de cocaína entre otro tipo de mercancías.
Lo anterior es relevante porque se ha generado una atmósfera de “libertad, progreso, comercio y consumo justo” lo cierto es que el consumo y distribución de drogas genera un impacto ambiental y social en la zona, quienes se alcoholizan y drogan en la zona no tienen reparo en su salud o en su seguridad, no son conscientes del poder que otorgan con su compra a quienes delinquen, no son conscientes mucho menos desechar 4 o 5 vasos de cerveza y un plato de unicel de las alitas de pollo.
Las crónicas, ensayos y relatos de Tepito hablan del folklore y de las personalidades que vivieron en el barrio, pero ninguna habla de la externalidad ambiental que produce; la demanda y el tráfico de drogas que se da en la zona, conlleva la apropiación de tierras para el monocultivo de marihuana o amapola, bosques, selvas y tierras arrebatadas para la siembra de drogas que se insertan en la lógica de la estabilidad económica y de la corrupción política, moneda de cambio en el barrio y en la nación.
Las sociedades humanas, cualesquiera sean sus condiciones o niveles de complejidad, no existen en un vacío ecológico, sino que afectan y son afectadas por las dinámicas, ciclos y pulsos de la naturaleza. La naturaleza definida como aquello que existe y se reproduce independiente de la actividad humana, pero que al mismo tiempo representa un orden superior al de la materia (Rousset, 1974)
La contaminación ambiental de la zona es también el reflejo de la descomposición social y de los problemas que agobian a sus habitantes, la cantidad de residuos sólidos que se acumulan principalmente plástico, cartón y unicel por la comercialización de drogas, alcohol, piratería y alimentos son resultado de la demanda interna y externa que estos productos tienen.
Leonardo Boff citado por Toledo (2015, p.46) expresa que la ecología no trata solamente de lo verde, las especies en extinción o la contaminación del aire. La ecología es humana, es social, cultural y política. En distintos sectores de la ciudad de México, los problemas ambientales tienen esta relación y Tepito es un ejemplo.
Conclusión
Enrique Leff (2006 p.140) señala que, una vez constituido el modo de producción capitalista, sus condiciones de acumulación y de reproducción ampliada a escala mundial han determinado los ritmos de extracción de materias primas, las formas de utilización de los recursos y los procesos de transformación del medio natural.
Lo anterior es muy importante ya que la forma de utilización y apropiación de los espacios en Tepito tiene que ver precisamente con las condiciones de acumulación y reproducción y cómo se transforman las viviendas y los espacios públicos para propósitos utilitarios, Leff (2006 p.143) ejemplifica de manera general que, el materialismo histórico sienta las bases para entender el proceso de articulación entre naturaleza y sociedad como la forma de inscripción social de los recursos naturales en la producción, la acumulación y la reproducción del capital.
El barrio de Tepito no tendría porque haber escapado de la lógica de producción capitalista, tampoco escapa a la racionalidad del deterioro ambiental, siendo México un país “tan lejos de Dios, pero tan cerca de los Estados Unidos”, de hecho, se sumó a esa lógica en procesos comerciales, pero también se abrió una línea de negocios no apegados a las normas y leyes fiscales, que permiten mantener la ilusión del progreso y el bienestar.
Este contexto es donde podemos entender las nuevas metáforas en términos de movilidad la desterritorialización, el desplazamiento, la diáspora, la migración, los viajes, el cruce de fronteras, la nomadología, etc.- nos han hecho más conscientes del hecho que la dinámica principal de la cultura y la economía han sido alteradas significativamente por procesos globales inéditos (Escobar, 2003, p. 114).
Escobar (2003, p.114) señala que el lugar, en otras palabras, ha desaparecido en “el frenesí de la globalización” de los últimos años y este desdibujamiento del lugar tiene consecuencias profundas en nuestra comprensión de la cultura, el conocimiento, la naturaleza, y la economía. El barrio de Tepito no es un fenómeno aislado en el planeta, diversas ciudades cuentan con zonas en las que se presentan problemas similares o peores, algo común en ellas, así como en zonas rurales es el anhelo por el progreso aunque no se tenga claro qué tipo de progreso o qué es el progreso.
El individualismo y pragmatismo del homo economicus nos ha llevado como especie al uso de la tierra para la agricultura de monocultivos, la ganadería industrial o la siembra de transgénicos, Leff (2006 p.148) cita a Marx para destacar la formación de valor a partir de la teoría de la renta del suelo...Toda generación de valores de uso en tanto que recursos naturales, materias primas, objetos y medios de trabajo está determinada por las formas de apropiación de la naturaleza, inducidas por las necesidades históricas de acumulación y de reproducción de capital (Leff 2006, p. 149).
Quienes se han apropiado de la naturaleza a través de la historia, son grupos que concentran poder político y económico, la delincuencia organizada también lo concentra, ejercen su poder político, económico y armado en el país, mucho de su poder radica en el consumo y la criminalización de las drogas, el Estado sigue fomentando un falso debate y no asume una responsabilidad respecto a la legalización de las drogas, en los centros de distribución como es el caso de Tepito se ha concentrado mucho poder y se han especializado en la fabricación de drogas sintéticas al mismo tiempo que sus líderes invierten en el sector de la construcción y otros negocios donde no pagan impuestos y en donde se apropian de la naturaleza de una u otra forma.
En el barrio de Tepito sobreviven profesionistas, artistas y comerciantes cuyos ingresos no les permiten adquirir o rentar una vivienda fuera del perímetro de la colonia Morelos, un hermoso territorio cercano y con remembranzas de la antigua Tenochtitlán, un lugar del que se han alejado quienes han podido, no porque sea un territorio de pobres, incultos o marginados, sino porque la degradación ambiental y por tanto social consume lentamente como un cáncer a sus pobladores, los consume proporcionalmente al nivel de la producción, comercialización, distribución y consumo de todo tipo de ilusiones.
Referencias:
Collado, M. (2004). Miradas Recurrentes I. México: I.E.H. Mora, UAM.
Escobar, A. (2003). El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿globalización o postdesarrollo?” en Edgardo Lander (comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, CLACSO-UNESCO, Buenos Aires
Garrido Peña Francisco (2007). Sobre la Epistemología Ecológica en Garrido, et. al El Paradigma Ecológico en las Ciencias Sociales
Hernández, A. (2012). Pagan justos por pecadores... no todo es malo en el Barrio Bravo de Tepito, México, UNAM, tesis de licenciatura.
Leff, E (2006). Complejidad, racionalidad ambiental y diálogo de saberes en serie: Conceptos y fenómenos fundamentales de nuestro tiempo, Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. http://conceptos.sociales.unam.mx/conceptos_final/470trabajo.pdf
Rueda Salvador (s/f) “Metabolismo y complejidad del sistema urbano a la luz de la ecología” http://habitat.aq.upm.es/cs/p2/a008.html
Toledo, V.M, González de Molina, M (2007). El metabolismo social: las relaciones entre la sociedad y la naturaleza en Garrido, et al El Paradigma Ecológico en las Ciencias Sociales