Eduardo Medina6 de Octubre de 2018Agustín Carstens, expresidente del banco central de México, señaló recientemente que los bancos centrales alrededor del mundo deberían elevar continuamente las tasas de interés, de este modo, podrán tener un mayor margen de operación mediante la disminución de éstas en caso de una crisis.
Hoy en día, tras 10 años de la crisis financiera que sacudió al mundo (véase A diez años de la crisis: El papel de la política fiscal en México) la política económica –sobre todo de corte monetario-, resiente las consecuencias. Ante esta problemática, la política monetaria a nivel mundial se ha visto estancada, estableciendo tasas de interés bajas, lo cual repercute de manera directa en las decisiones de inversión.
Ante esta situación, Carstens también argumentó que los llamados policy makers deben “volver a circunstancias más normales”. Si tenemos una recesión en el futuro y es necesario que haya una acción de los bancos centrales, habrá suficiente espacio, señaló el ahora presidente del Banco Internacional de Pagos. Si bien esta recomendación resulta bastante práctica, es necesario añadir que el proceso debe darse de manera paulatina, pues de otro modo, podría correrse el riesgo de incurrir en problemas tales como generar inestabilidad financiera e inestabilidad de precios.
En el caso particular de México, el panorama luce aún más complejo debido a su condición de economía emergente, pues depende de las decisiones que tomen los bancos centrales de países desarrollados, tales como Estados Unidos. Ante esta condición, la recomendación de Agustín Guillermo Carstens cobra mayor relevancia; elevar las tasas de interés no solo es recomendable sino necesario.