Bella es la protagonista de la película Beauty and the Beast y sus secuelas Beauty and the Beast: The Enchanted Christmas y Belle's Magical World. Bella es también el quinto miembro oficial de la línea de Disney Princess. Es una chica inteligente de atractivo fisico a la que le encanta leer libros y la literatura. Debido a esto, Bella es una chica muy educada con un buen vocabulario y una buena imaginación. Además, Bella es muy franca y decidida en sus opiniones y no le gusta que le manden. A pesar de esto, Bella, a simple vista parece una chica normal con una gran belleza, pero se preocupa más por su inteligencia que por su aspecto, por lo que en la Aldea la consideran una chica extraña.
Bella es una muchacha que vive en la campiña francesa con su padre, un inventor. Es una hermosa campesina que le gusta leer y seguir las aventuras de su propia imaginación. No es tímida y no tiene miedo de decir lo que piensa, sobre todo en situaciones difíciles, aunque puede ser un poco vacilante cuando está nerviosa. Es muy compasiva, y cuida de los necesitados. Puede ser terca y siempre trata de proteger a la gente que realmente ama. También es muy paciente con los demás.
Una soñadora y una verdadera amante de la fantasía y la aventura, Bella es una astuta inconformista para su tiempo en muchos aspectos. El más pronunciado es su amor por los libros, entusiasmo y conocimiento, lo que la gente del pueblo ve extraño para una mujer. Gastón le dice en un punto, "No es bueno que la mujer lea. Eso la hará... pensar...". Bella no se preocupa por las apariencias, si pertenecen a la misma o cualquier otra persona. Esto es muy irónico, teniendo en cuenta que es vista como la mujer más bella de su aldea. En la canción Bella, una mujer canta: "Es tan hermosa como indica el nombre, de la cabeza hasta los pies".
Cabe señalar que a través de la película, Bella cambia su visión del mundo. Esto es aún más evidente en el musical de Broadway en su canción en solitario, "Un cambio en mí". Al principio, Bella ansía aventura y emoción, pero después de sus días con la Bestia, madura al ver que ya no necesita sus sueños de la niñez y ve que le gusta la vida como es ahora que ha encontrado su amor.
Érase una vez un mercader que había perdido su enorme fortuna. Un día, debió viajar a un lugar muy lejano y les preguntó a sus hijas qué querían a su regreso. Sus dos hijas mayores pidieron joyas y vestidos, sin considerar la situación de su padre. Pero la hija menor, a quien todos llamaban Bella, dijo:
—Padre, solo te pido una rosa de pétalos rojos.
El mercader, en su camino de regreso, tuvo que atravesar un bosque muy espeso. Era una noche oscura y buscó un lugar donde dormir. Después de un rato, divisó a lo lejos un enorme castillo y se dirigió hacia él. Al acercarse a la puerta, esta se abrió por sí sola y al no escuchar respuesta, el mercader entró, fue al comedor, se sentó a la mesa y comió los alimentos servidos en ella. Luego, encontró una habitación y se acostó en una cama suave y esponjosa. Antes de dormir, se dijo:
“El dueño de esta casa y sus sirvientes, no tardarán en dejarse ver. Espero me perdonen la libertad que me he tomado”.
Al día siguiente, al salir del castillo, se detuvo a admirar un hermoso rosal y arrancó una de sus rosas, con la intención de llevársela a Bella.
De repente, una bestia de aspecto feroz que llevaba una ropa de seda fina saltó de un arbusto:
—¡Te di comida y una cama para dormir! ¡Y ahora, estás robando mis rosas! —dijo rugiendo.
El mercader estaba avergonzado y asustado, con voz temblorosa le ofreció disculpas. La bestia decidió dejarlo ir solo si prometía enviar a una de sus hijas al castillo. El mercader estuvo de acuerdo y corrió a casa. Desconsolado, les habló a sus hijas acerca del encuentro con la bestia. Las dos hermanas culparon a Bella por la suerte de su padre:
—Esto no hubiera sucedido si hubieras pedido vestidos o joyas —dijeron.
Sintiéndose responsable, Bella aceptó quedarse con la bestia.
La bestia trataba a Bella con mucha bondad; le ofreció la habitación más grande y le permitió recorrer su hermoso jardín. En las noches, Bella se sentaba cerca de la chimenea y cosía mientras la bestia le hacía compañía. Al principio, sentía miedo de la bestia, pero poco a poco empezó a agradarle.
La bestia, sin poder contener sus sentimientos, le pidió a Bella que se casara con él, pero ella se negó. No podía olvidar su horripilante aspecto. Aun así, la bestia continuó tratándola con generosidad y mucho amor.
Como Bella extrañaba mucho a su padre, la bestia le dio un espejo mágico y dijo:
—Mira el espejo y podrás ver a tu familia. Nunca te sentirás sola.
Un día, Bella miró el espejo y y vio que su padre estaba muy enfermo. Entonces, fue donde la bestia suplicando y llorando:
—¡Por favor, déjame ir a casa! ¡Solo quiero ver a mi padre!
La bestia rugió encolerizada:
— ¡No! Nunca dejarás este castillo.
Al decirlo, salió de la habitación. Pero después de un tiempo, se acercó a Bella y dijo:
—Puedes ir a quedarte con tu padre por siete días. Pero debes prometerme que regresarás.
Bella, muy feliz, estuvo de acuerdo. Luego, se fue a quedar con su padre, quien pronto se recuperó con su presencia.
Bella se quedó con su familia durante más de los siete días, se había olvidado de la Bestia y su castillo. Pero una noche, tuvo una terrible pesadilla en la que vio a la bestia enferma de gravedad.
Bella regresó al castillo de inmediato, al ver a la bestia débil y enferma le dijo entre sollozos:
—Viviré contigo para siempre.
Con solo decir estas palabras, la bestia se convirtió en un apuesto príncipe y dijo:
—He vivido bajo una maldición todos estos años y solo el verdadero amor pudo romper el encanto.
La bella y la bestia se casaron y vivieron felices para siempre.