En la clase sobre Sistemas Operativos, lo que realmente me quedó claro es que estas piezas de software son el alma de cualquier computadora. Aprendí que su historia no es solo una línea de tiempo aburrida, sino un viaje fascinante desde máquinas primitivas que se programaban con interruptores hasta los sistemas operativos superinteligentes que usamos hoy.
Al principio, todo era muy rudimentario (sistemas por lotes), pero el salto crucial vino cuando entendí cómo pasaron a la multiprogramación: la idea de engañar al hardware para que pudiera hacer muchas cosas a la vez. Eso me pareció ingeniería pura.
Y luego está la configuración. Más allá de los clics y menús que ve el usuario final, aprendí la capa profunda: cómo el sistema operativo gestiona la memoria, asigna tiempo de CPU y se comunica con dispositivos a través de drivers. Entender la configuración me hizo darme cuenta de que cada sistema es un delicado equilibrio de componentes que trabajan juntos para mantener todo funcionando de manera estable y segura.