LOS CANTOS DE LA MISA: SU LUGAR Y SU SENTIDO
La música y el canto son esenciales en toda fiesta humana, y también en nuestras celebraciones litúrgicas. No son un mero adorno, “para que la celebración salga bonita”, sino que son oración hecha música, palabra cantada. “Cantar es orar dos veces”, afirma un dicho tradicional de la Iglesia. Para que el canto y la música tengan en la celebración de la comunidad el lugar que les corresponde, es necesaria una buena preparación litúrgica y musical de quienes componen el coro, y que éste sea siempre un servidor de la asamblea, no un coro “espectáculo”.
Una celebración, especialmente una eucaristía sin canto, es como un día nublado, le falta algo para ser alegre, para estar lleno de vida. Por eso, el servicio que prestan los guitarristas, vocalistas y otros instrumentistas es uno de los más importantes y hermosos para la liturgia de la comunidad. Los cantos de la eucaristía deberían ser siempre cuidadosamente preparados por el equipo de liturgia y el coro. La improvisación, empobrece nuestra posibilidad de alabar al Señor. Los cantos deben ser conocidos por los fieles, por lo que es tarea del coro enseñar cantos y ensayarlos con la asamblea.
En la misa y en los demás sacramentos, cada canto tiene su sentido y su lugar. No se debe cantar cualquier canto en cualquier momento de la misa ni en cualquier tiempo del año, porque la liturgia pasa por momentos muy diversos y característicos a lo largo de año litúrgico. En ella hay varios cantos cuyo texto se halla en el propio misal: el acto penitencial, el “Gloria”, el “Santo” y el “Cordero”.
CANTO DE ENTRADA
Acompaña la apertura de la celebración. Motiva a la asamblea a entrar en la acción común y la dispone a la alabanza. La música y las palabras crean el ambiente espiritual propicio que ayuda a los participantes a entrar en comunión con el tiempo litúrgico, día o fiesta que se celebra. Acompaña el ingreso en procesión del sacerdote que preside y de los demás ministros y acólitos. Puede ser un canto entonado por todos juntos, o un diálogo entre el coro y la asamblea. Este canto puede ser acompañado con instrumentos como guitarras, panderetas, caja peruana, etc. Su ritmo debe ser alegre para motivar a la asamblea, excepto en tiempos litúrgicos como Cuaresma donde su sentido es más de reflexión en cuyo caso su ritmo será lento.
ACTO PENITENCIAL
Es el “canto del perdón o canto de piedad”, que nos ayuda a reconocernos pecadores y necesitados de la misericordia del Señor para celebrar y para vivir consecuentemente nuestra vida cristiana. Su texto no se puede cambiar y es “Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor ten piedad”. Se puede musicalizar ese texto o componer otro. Si se compone uno nuevo, hay que cuidar el sentido del canto: es para pedir perdón por nuestros pecados, faltas, limitaciones, y confiar en el perdón y la fuerza que nos regala el Señor. Por ser un canto donde se pide perdón a Dios se recomienda que el ritmo sea solemne y tranquilo. En este cancionero se incluyeron algunos cantos populares que inclyen "de nosotros" al canto, aunque agregarle esto a los cantos los vuelve no liturgicos estos cantos de piedad populares se ponen como conocimiento general, se entiende que la feligresia cante lo que siempre se ha cantado pero si los usan deben enseñar a la comunidad poco a poco para cantarlo como el texto lo requiere.
GLORIA
El “Gloria” cierra el acto penitencial. Este canto el contener el texto del Misal y no debe ser cambiado. Si un canto de Gloria no posee este texto completo no es litúrgico y no se puede ni debe cantar.
El texto litúrgico del Gloria es:
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso,
Señor Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Lamentablemente existen aún pocas musicalizaciones buenas, fáciles, o juveniles que se adapten al texto original, por eso a menudo se reemplaza por otros cantos similares. Hay que estimular la creación de nuevas melodías para el “Gloria” del misal. En este cancionero se pusieron algunos cantos populares de Gloria, aunque no siguen el texto liturgico hay que enseñar a la comunidad poco a poco para que aprendan los cantos como es el texto liturgico.
SALMO RESPONSORIAL
Es parte de las “lecturas” de la misa; es bueno no cambiarlo por otro canto. Es bueno, asimismo, aprender a cantarlo, hallarle música. Sale muy bien (y es conforme a una antigua tradición de la Iglesia) cuando las estrofas las canta un solista hombre o mujer, y la antífona toda la asamblea junta. Si no se cuenta con un salmo musicalizado, se pueden leer las estrofas y cantar una antífona adecuada. En el caso que no se cante, los ministros lectores leerán las estrofas y la asamblea responderá al unísono al salmo.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO.
Aleluya significa “Alaben a Yahvé”, y en la historia del cristianismo ha sido una aclamación pascual: ¡Alaben a Yahvé porque Jesucristo ha resucitado! La alegre aclamación del Aleluya antes del Evangelio prepara a la escucha de la Palabra de Jesucristo y acompaña, en las misas festivas, la procesión del diácono o sacerdote que lo proclamará.
El leccionario contiene, para cada Evangelio, un versículo propio que puede ser leído o cantado entre los Aleluya. En los cuarenta días de la Cuaresma no se canta el Aleluya, sino que se sustituye por otro canto breve de aclamación al Evangelio, pero que no contenga la palabra “Aleluya”. El Aleluya se vuelve a cantar solamente en la Pascua, para anunciar la resurrección de Cristo. En algunas comunidades se canta también el Aleluya u otro canto breve al final de la lectura del Evangelio.
PRESENTACION DE LAS OFRENDAS.
Mientras se prepara el altar y se llevan a él los dones del pan y del vino, y las ofrendas de los fieles, la asamblea se dispone a acoger el don por excelencia: Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre. Él es quien se ofrece. Nosotros sólo presentamos al Padre nuestros dones.
La presentación de las ofrendas se puede acompañar con un canto, sobre todo si hay procesión; en misas más sencillas no es necesario cantar. Se puede interpretar música instrumental adecuada al momento.
SANTO
El “Santo” es el único canto que en el misal se anuncia como canto: “Por eso, con los ángeles y los arcángeles te alabamos cantando...”. Es bueno cantarlo siempre, y no cambiar el hermoso texto bíblico de Isaías de su texto tradicional. Se le pueden inventar diversas melodías. Es un canto vivo y alegre, una verdadera profesión de fe.
El texto bíblico del santo es:
Santo, Santo,
Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo
y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
ANTÍFONAS DURANTE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA.
En muchas comunidades se interrumpe la Plegaria eucarística varias veces con antífonas breves. Es bueno que sean realmente breves y con textos que estén en armonía con la Plegaria eucarística.
CORDERO DE DIOS
Mientras el sacerdote parte el pan y prepara el momento de la comunión, la asamblea confiesa el sentido del rito que está por celebrar tomando las palabras de Juan Bautista: Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Felices los que están invitados a comulgar de ese pan como un solo cuerpo. El Cordero de Dios puede cantarse o recitarse. Si se canta es bueno considerar atentamente su duración, de modo que coincida con la acción del sacerdote.
El texto de cordero no debe cambiarse:
¡Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros!
¡Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros!
¡Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo,
danos la paz!
CANTOS DE COMUNION
La comunión es el rito cumbre de la eucaristía. Acompañarlo con música instrumental y cantos ayuda a vivirlo en el ambiente festivo, reflexivo y fraterno que lo caracteriza. Los cantos expresan la unidad de quienes se acercan al mismo altar y el gozo de participar en el anticipo del banquete del Reinado de Dios.
Los cantos pueden aludir a la comunión misma o a los motivos particulares de la eucaristía que se celebra o del tiempo litúrgico que se está viviendo. La función del coro es particularmente importante en estos cantos, ya que la asamblea está moviéndose para la comunión. Una vez finalizado el rito, se puede convidar a todos a cantar un canto meditativo, de acción de gracias.
La comunión, sobre todo en misas diarias, puede ser un momento acompañado sólo de música instrumental. En cualquier caso, los cantos o la música de comunión son para acompañar la comunión de la asamblea, de modo que no es adecuado usar cantos demasiado movidos o con aplausos.
CANTO MEDITATIVO
En muchas comunidades se usa cantar un canto meditativo, tranquilo, después de finalizado el rito de la comunión. Ayuda a dar valor a ese momento y a la oración personal que despierta el encuentro con Jesús, en otras ocasiones se da un espacio en silencio para meditar el momento.
CANTO DE SALIDA
Este canto no forma parte de la tradición de la Iglesia, pero es muy querido en las comunidades de nuestro continente, generalmente con un sentido mariano (dedicado a la Virgen María), de acción de gracias (por la liturgia vivida o por la vida) o de misión (ya que al salir de la misa volvemos a retomar nuestro compromiso por el Reino). Tiene sentido sólo si es un canto con la asamblea presente. Se debe motivar a permanecer en la iglesia. Si se está disolviendo, más vale acompañar el momento con música instrumental.