La rehabilitación del Daño Cerebral Adquirido (DCA) busca mejorar el bienestar y facilitar la adaptación a nuevas condiciones de vida. Implica aprender estrategias para manejar las secuelas y reconocer el impacto emocional. El DCA puede afectar la expresión y comprensión emocional, generando discrepancias y cambios en la regulación emocional y comportamiento. Se pueden identificar dos tipos de secuelas emocionales: 1) cambios provocados por las secuelas neurológicas y 2) reacciones emocionales a la experiencia vivida.
Después de un evento traumático como lo puede ser el DCA, es común experimentar estrés físico y emocional. En algunos casos, este estrés puede llegar a niveles extremos, provocando recuerdos constantes del evento, evitación de situaciones relacionadas y reacciones emocionales intensas.
El duelo no se limita a la pérdida de seres queridos, también puede ocurrir por enfermedades como las secuelas del DCA. Empieza con la conmoción, seguida por negación, ira, depresión y, finalmente, aceptación. Para personas con DCA, las reacciones al duelo pueden verse afectadas por la enfermedad, como problemas de memoria o falta de consciencia sobre lo sucedido.
La ansiedad puede hacer que evitemos cosas innecesariamente, dificultar la concentración, causar problemas para dormir, agitación y tensiones físicas. También puede manifestarse con síntomas como respiración acelerada y sudoración excesiva. Esta situación a veces lleva a restringir nuestras vidas y, en ocasiones, se manifiesta como ira y comportamientos impulsivos.
Sentirse deprimido es común en el duelo después del DCA. Pero es crucial distinguir entre sentirse deprimido y tener un trastorno de depresión. La depresión incluye pérdida de interés, dificultades para expresarse, pensamientos suicidas, impotencia y fatiga. Si estos síntomas persisten y afectan tu vida diaria, es importante buscar ayuda profesional para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados.
La negación es una respuesta común ante el DCA. Puede ser utilizada como un mecanismo de defensa ante la dificultad para intentar comprender lo que ha sucedido o de lidiar con las pérdidas que suponen las secuelas.
La incertidumbre tras un Daño Cerebral Adquirido (DCA) surge al notar que nuestro cuerpo o mente ya no funcionan como antes, generando confusión. Esto a veces desencadena en enojo y depresión, llevándonos a alejarnos de ciertas actividades por temor a enfrentar las secuelas del DCA. La vergüenza y la falta de apoyo pueden agravar estos sentimientos.
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