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Se valen temas de historia, humanidades y ciencias sociales.
Por Araceli Núñez Tapia
Anónimo
13 de agosto de 2020
Introducción académica
A continuación, presento un ejercicio imaginativo en que me planteo: “¿si yo fuera mexica?” Si hay algo que resulta difícil para la disciplina histórica, si no es que imposible, es hallar prueba de la experiencia viva del mundo prehispánico. ¿Cómo experimentaban la vida las personas mexicas, mayas, otomíes, etc. antes de la conquista? ¿Qué soñaban, qué anhelaban, cómo actuaban dentro y como respuesta a su realidad sociocultural? Toda acción y producción humana presupone una cosmovisión (una idea del mundo) y, si bien, el conocimiento histórico tiene más o menos claras la cosmovisión, la organización social y la estructura política mexica, sólo podemos hacernos una idea de cómo se conjugaban éstas en la mente y la vida de los individuos que las vivieron. Creo firmemente que hay una motivación sumamente íntima en quienes emprenden la búsqueda del conocimiento del pasado y que la imaginación, útil o no, acompaña al historiador todo el tiempo. No pretendo, sin embargo, ninguna validez académica en mis siguientes afirmaciones. Aprovecho este trabajo como lo que es, un ejercicio formativo, donde organizo de manera original (espero) los conocimientos que he adquirido sobre el tema en este curso. Como tal, todo, salvo cuando lo indiquen las debidas notas, está basado en mis notas del curso Mesoamérica II.
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Si yo fuera mexica no me podría llamar Miguel Calles Figueroa. Ese nombre quiere decir “Miguel, hijo de Miguel Calles y de María Isabel Figueroa”. Si yo fuera mexica mi nombre no estaría en español, sino en náhuatl. Aunque, si fuera mexica no le llamaría “náhuatl”, sino mexcatl. 1 Yo hablaría mexcatl y mis padres también, así que no hubieran podido nombrarme así. De hecho, si yo fuera mexica, ellos no me habrían nombrado. Al nacer, hubieran tenido que llevarme con alguien, probablemente un “sacerdote”, para que me nombrara de acuerdo con el día de mi nacimiento. Yo nací el 21 de noviembre de 1999. Si yo fuera mexica y hubiera nacido 500 años antes (el 21 de noviembre de 1499), hubiera nacido el día Matlactli Cuauhtli, del año Chicome Acatl (7 carrizo) de la veintena Tepeihuitl. Por lo tanto, me llamaría Matlactli Cuauhtli (10 Águila). 2
Al nacer hombre, o tlacatl más bien, me hubieran asignado un trabajo de acuerdo a mi sexo. ¿Cuál trabajo en particular, dentro de los disponibles para los hombres me hubiera tocado? Hubiera dependido del trabajo al que se dedicara mi familia. Mis papás comparten profesión: son profesores. Por lo tanto, yo hubiera sido “profesor” o temachtiani. En vez de ir a escuelas primaria, secundaria, preparatoria y superior públicas, hubiera ido a un calmecac. Mi papá es profesor de música, por lo tanto, hubiera estudiado y enseñado en un cuicacalli. La misma suerte hubiera tenido yo. Mi mamá era profesora de primaria pública. Si yo fuera mexica, eso sería un telpochcalli. Aunque, por ser mujer, mi mamá posiblemente no habría podido ser eso; aunque, tal vez, hubiera podido ser sacerdotisa. Si yo fuera mexica, como temachtiani de un cuicacalli, sería un pipiltin.
Tengo veinte años. Si yo fuera mexica, ya tendría que estar casado. Aunque, si yo fuera mexica, al ser pipiltin, tendría permitido tener más de una esposa.
Como hijo de profesores de la Secretaria de Educación Pública de México, pertenezco, hoy, a una estratificación social para nada privilegiada. No me quejo. Sin embargo, si yo fuera mexica, temachtiani de cuicacalli y, por lo tanto, pipiltin, no sólo tendría varias esposas: tendría el privilegio, frente a los macehualli y tlatlacotin (“esclavos”), de usar calzado. También tendría permitido comer cacao, carne humana de sacrificios, consumir psicotrópicos como el peyote y los hongos, y tendría contacto con perfumes y ofrendas de flores. Esto sería causa y consecuencia de un poder que, si fuera mexica, ostentaría sin cuestionamientos. No me consideraría, como lo hago hoy, un ser humano igual a cualquier otro. Tendría una profesión y un poder heredados por mi linaje. Estarían, además, mis méritos en el calmecac y en el cuicacalli, donde hubiera tenido una educación sumamente estricta. Además de una vida más holgada y un mayor poder político, si fuera mexica, tendría conocimientos más profundos y variados que el resto de los mexicas, sin contar, claro, a los demás pipiltin y a mi tlatoani.
Hoy enseñaría música con fines artísticos y recreativos. Si fuera mexica, toda la música sería religiosa. Pero no sería religiosa por su temática. Enseñaría los cantos para la guerra y para los múltiples rituales y ceremonias. Canto y música serían dos opuestos complementarios. 3 El primero relacionado con lo frío, lo femenino y la muerte; la segunda con el calor, lo masculino y la vida. Enseñaría, muy probablemente, el equilibrio que debía existir entre canto y música. Equilibrio entre todos los opuestos que darían movimiento al mundo. El canto de la diosa madre y la música del dios padre deberían adecuarse para temperar la sustancia de las cosas y las personas. Tal vez la música sería para adorar a Huitzilopochtli, por ser dios solar, luminoso y superior; y los cantos a Tlaloc, por ser dios frío y húmedo. O tal vez se usarían, al contrario, para equilibrar las sustancias.
Porque, si yo fuera mexica, mi cuerpo, como el de todos y como todo lo existente en el mundo, tendría dos tipos de sustancias. Tendría una sustancia sutil, imperceptible y divina y otra dura, perceptible y mundana. A su vez, mis sustancias tendrían dos cualidades opuestas complementarias: una caliente, relacionada con la vida y otra fría, relacionada con la muerte. Y todo mi mundo funcionaría así. No estaría, como ahora, entre cuatro paredes y muchas luces que puedo encender y apagar a mi antojo. A pesar del fuego, vería nacer y morir al sol todos los días. Y al llegar la noche me encontraría a merced de la oscuridad. El medio año de lluvias luego del medio año de secas no me dejarían lugar a dudas sobre el ritmo cíclico del mundo y de la vida.
Aún en el mismo lugar geográfico en que hoy me encuentro, si fuera mexica hace 500 años otros ojos verían otro mundo. Miraría al cielo y al bajar la mirada vería que lejos, muy lejos, éste se toca con la tierra. Hacia allá, en un monte con un árbol, en una cueva, se encontraría un paso entre el mundo mío y el sutil (divino). Uno de cuatro. Conejos, tlacuaches y demás ánimas pasarían de un mundo a otro. Serían las distintas entidades que en su constante paso y acción mueven y ordenan el mundo. El mundo humano, mi mundo, estaría hecho a imagen y semejanza del que me rodea. Mi ciudad, o altepetl, no sería la ciudad de México, sería Tenochtitlan. En el centro de ésta, la edificación más grande sería el adoratorio doble de Tláloc y Huitzilopochtli. Uno azul, el otro rojo, representación perfecta de las cualidades sustanciales del mundo. Desde dicho templo, dos gobernantes regirían mi pueblo y tantos más: el Tlatoani, solar, y el Cihuacóatl, lunar. Mi altepetl se dividiría en cuatro zonas o calpan. Las cuatro, debidamente orientadas hacia las cuatro direcciones en que el mundo creado y los dos mundos divinos se superponen. No pensaría en norte, sur, este ni oeste. Mi orientación del mundo sería a partir de estas cuatro direcciones. Mundo en el cual yo, si fuera mexica, me sentiría en el centro, en el gran Tlatocayotl de Tenochtitlan, cabeza del Hueytlatocayotl que habría vencido a Azcapotzalco. No sabría de reinos, ni naciones, ni reyes ni presidentes. No dudaría, si yo fuera mexica, que estoy en el “ombligo de la luna” terrenal.
1 A partir de ésta y en adelante, todas las traducciones de palabras son propias, basadas en mi (escaso) conocimiento del idioma náhuatl obtenido en un semestre en la ENALLT. El libro de trabajo de ese curso fue Eusebia Martínez Silva y María Soledad Pérez López, Ma Timomachtikaj mexkatl 1. Iamoch momachtijketl, Ciudad de México, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, 2016, 142 pp. Disponible en línea en https://site.inali.gob.mx/publicaciones/Ma_timomachtikaj_mexkatl/pdf/Libro_L2_Mexkatl.pdf (Consulta: 13/08/2020)
2 Miguel Navarro Saad, “Relación entre los calendarios gregoriano y azteca”, en Universidad Autónoma de Querétaro, s/f, (Consulta: 13/08/2020), https://www.uaq.mx/ingenieria/publicaciones/calendarios/calazt.html
3 Alfredo López Austin, “Características generales de la religión de los pueblos nahuas del centro de México en el posclásico tardío”, en Silvia Limón Olvera, La religión de los pueblos nahuas, Madrid, Trotta, 2008, Enciclopedia Iberoamericana de Religiones 07, p. 59.
Bibliografía
López Austin, Alfredo, “Características generales de la religión de los pueblos nahuas del centro de México en el posclásico tardío”, en Limón Olvera, Silvia (coord.), La religión de los pueblos nahuas, Madrid, Trotta, 2008, Enciclopedia Iberoamericana de Religiones 07, pp. 31-72.
Martínez Silva, Eusebia y Pérez López, María Soledad, Ma Timomachtikaj mexkatl 1.Iamoch momachtijketl, Ciudad de México, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, 2016, 142 pp.
Por Omar Gerardo Chanocua Gómez
Liga Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=7koYpGAL6aQ&list=PLq-Y1HEHqDqm2zC1tqaf7rFStiyvovKom&index=42
EL DEPORTE COMO OBJETO DE ESTUDIO DE LA HISTORIA
Omar Gerardo Chanocua Gómez
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
chanocuaholmes@gmail.com
Resumen: Esta ponencia pretende describir algunas de las herramientas teóricas que puede aportar la historia, como disciplina que atiende la experiencia humana a través del tiempo, al estudio del deporte, así como su vínculo con el presente a partir de la cual esta se escribe. Esto se realiza a partir de la revisión de cuatro modelos historiográficos: organicista, marxista, estructuralista y sociohistórico anglosajón. Por lo tanto, se revisan de forma general, cambios y continuidades en las definiciones, interpretaciones y explicaciones que distintos autores han realizado a la historia del deporte.
Palabras clave: Historiografía, deporte, teoría, historia del deporte.
Ejercicios de calentamiento: Introducción
El deporte y la actividad física forman parte habitual de la vida humana, y tienen repercusiones de distinta índole aún en aquellos que no se dedican a su práctica de manera cotidiana. Por lo tanto, no debe sorprender que este sea estudiado de distintas formas desde la disciplina histórica.
Con base en lo anterior, el objetivo de esta ponencia es describir, a través de cuatro ejemplos, las herramientas que puede aportar la historia como disciplina al estudio del deporte, así como su vínculo con el presente a partir de la cual esta se escribe.
De acuerdo con lo propuesto por García Ferrando, el deporte tiene tres características: 1) es una actividad física e intelectual; 2) de naturaleza competitiva; 3) gobernado por reglas institucionalizadas. Aunque este concepto puede ser definido de distintas formas, es importante diferenciarlo de otras categorías como actividad física, juego, educación física o cultura física.
Esto significa que no existe una sola definición de deporte, ni una única forma de estudiarlo, ya que está siempre sujeta al horizonte histórico-cultural desde el cual escribe un autor. El estudio de esas diferentes formas de interpretación es objeto de la historiografía, y en esta ponencia se revisarán algunas de las formas más utilizadas por ella para el estudio del deporte.
Organicismo
Durante la segunda mitad del siglo XIX, se estableció en Europa una perspectiva historiográfica que relacionaba las prácticas deportivas con las ciencias médicas y con el perfeccionamiento de las virtudes humanas, cuya función debía ser el fortalecimiento de su practicante, es decir, una postura optimista sobre la actividad física, que enfatizaba sus beneficios sobre la salud del ser humano.
Al hablar de actividad física, los organicistas pueden referirse a tres términos distintos: 1) Los sports ingleses, asociados a los colegios de educación, la juventud, la higiene y el cuidado de la salud; 2) las prácticas lúdicas y rituales, como las corridas de toros; 3) la gimnástica, es decir, la actividad física con objetivos pedagógicos transmitida por medio de tratados y manuales, generalmente escritos y destinados a un público perteneciente a instituciones militares.
A pesar de los diferentes usos del concepto, las perspectivas organicistas parten de una visión idealizada del deporte, que considera a las sociedades como un organismo vivo en constante evolución que, no obstante, podía padecer enfermedades, cuya cura era el desarrollo de virtudes morales a través de la actividad física.
Autores como Herbert Spencer, Johan Huizinga y José Ortega y Gasset podrían enmarcarse en esta postura, además de que esta forma parte de la visión actual de deporte, ya que se percibe como una actividad que aporta beneficios a la salud y, por lo tanto, “debe” propiciarse en instituciones como las escuelas. Esta visión también es utilizada para legitimar la creación de leyes a través de las cuales el Estado debe permitir y, además, fomentar la práctica deportiva.
Marxismo
Una visión radicalmente distinta es la que desarrolla la perspectiva marxista en la historiografía sobre el deporte. Aunque el propio Marx no prestó particular atención al estudio de la actividad física, su modelo teórico fue recuperado por distintos autores, sobre todo a finales del siglo XX.
Para ellos, el deporte tiene un carácter exclusivamente moderno, que apareció por primera vez en Inglaterra con la introducción del capitalismo de la mano de la revolución industrial a partir del siglo XVIII y su establecimiento definitivo en el XIX. Debido a lo anterior, los clubes y federaciones deportivas propiciaron la actividad física como una práctica de clase, específicamente, la clase burguesa, por ser esta la única con capacidad de tener tiempo libre o de ocio que se podía destinar al deporte.
De esta manera, el deporte formaría parte de la superestructura que consolida la formación del Estado y, por lo tanto, en perspectivas más radicales, convierte al cuerpo en una herramienta que reproduce valores e ideologías. La actividad física se convierte entonces en un elemento de legitimación del orden establecido que, según Jean-Marie Brohm, reprime la sexualidad, mercantiliza al ser humano, militariza a la juventud, esclaviza a la mujer, convierte al deportista en trabajador, y para el cual, “la única liberación posible sólo puede tener lugar con la llegada del comunismo.”
En esta perspectiva se inscriben autores pertenecientes a la Escuela de Frankfurt, el citado Jean-Marie Brohm con la revista Quel Corps?, publicada entre 1975 y 1997, Eric Hobsbawm y Allen Guttman. Con distintos matices, esta visión permite comprender al deporte a partir de distintas relaciones de poder, y es una respuesta a las ya mencionadas perspectivas idealistas.
Estructuralismo
Las perspectivas historiográficas que se enmarcan en el estructuralismo, desarrolladas en la década de los setenta, pretenden hacer de las estructuras un objeto de estudio no sólo para la historia, sino para cualquier ciencia social. La estructura de un sistema está constituida por aquellos elementos que permiten mantenerlo estable a lo largo del tiempo.
En ese sentido, la actividad física no constituye una estructura por sí misma, aunque su dinámica sí está definida, que no predeterminada, por ellas. Ejemplo de esto es el trabajo realizado por Pierre Bourdieu, para quien el deporte es una oferta destinada a satisfacer una demanda social.
Con base en lo anterior, Bourdieu se pregunta ¿cómo se produce la demanda de productos deportivos?, ¿cómo adquiere la gente el gusto por un deporte en vez de otro? ¿De acuerdo con qué principios escogen los agentes sociales entre los diferentes entretenimientos y actividades deportivas que, en un momento dado, se les ofrecen como posibles?
La respuesta se da a través del concepto habitus, es decir, que un grupo que ejerce sociabilidades a lo largo del tiempo compartirá valores, ideologías, posicionamientos y, por lo tanto, gustos, en este caso, gusto por el deporte. Más allá de profundizar en la obra de Bourdieu, interesa destacar que la perspectiva estructuralista, al igual que el marxismo, entiende al deporte como una práctica de clase, pero no en función de la coerción del Estado, sino de las relaciones de poder desarrolladas a través de lo político.
Esto permite vincular el estudio del deporte con las distintas ramas de la historia: política, económica, social y cultural, sirviendo como punto de partida para hablar de relaciones de género, la dicotomía amateurismo-profesionalismo, el deporte-espectáculo, entre otros temas de interés actual. Aquí se puede hablar de autores como Michel Foucault, el propio Bourdieu, o el español José Ignacio Barbero.
Modelo sociohistórico inglés
Por motivos que superan los objetivos de esta ponencia, pero que no pueden obviarse si se desea profundizar en estos temas, esta es la perspectiva historiográfica que mayor impacto ha tenido en el estudio del deporte. Fue propuesta a partir de la obra Deporte y ocio en el proceso de la civilización, publicada en 1986 por el sociólogo alemán Norbert Elias, en coautoría con su alumno inglés, Eric Dunning.
La teoría de Elias, conocida como el proceso de la civilización, explica el tránsito de un régimen feudal a industrializado a través de un conjunto de restricciones que se impone a sí misma la sociedad y los individuos. Esto es, en suma, que la sociedad cortesana francesa, en contraposición a los intereses de la burguesía inglesa, reguló su comportamiento y lo interiorizó a través de sentimientos de culpa, ansiedad y vergüenza. Las reglas de etiqueta, la regulación de la violencia, así como la aparición del parlamento como modo de gobierno, forman parte de este proceso civilizatorio.
Aplicado al deporte, este adquiere un carácter histriónico similar al representado en La Ilíada, en el cual la aristocracia mimetiza combates o batallas físicas cuyo nivel de violencia está regulado por la reglamentación. Las élites que se dedicaban a la caza de zorros, el pugilismo y las carreras de caballos, después del proceso civilizatorio, comenzarían a practicar fútbol, rugby y tenis.
En el ámbito anglosajón, este es el modelo más utilizado para estudiar el deporte, visible en un conocido ejemplo: The Oxford Handbook of Sports History. México no se queda atrás en la adopción de esta perspectiva, manifiesta en los trabajos del Seminario Historia de la Educación Física y los Deportes en México, del Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora.
Round 12: Conclusiones
Gran parte de los enfoques historiográficos utilizados para el estudio del deporte no fueron propuestos por historiadores, sino por sociólogos, lo que implica que el trabajo académico, en este caso, el de la historiografía, también ejerce relaciones de poder como lo hace con el deporte, lo cual implica la exclusión de temas, sujetos y objetos que pueden ser estudiados por la historiografía, como es el caso del deporte.
Los enfoques teóricos más recientes propuestos por la historiografía, como la historia del tiempo presente o la historia global, pueden aportar novedosas interpretaciones al estudio del deporte. Esto implica la discusión constante entre quienes pertenecemos a este campo, y la asimilación de que nuestras propuestas no son copias de los modelos europeos, sino que la producción historiográfica de América Latina referente al deporte se mantiene en diálogo con ellas, es decir, las obras colectivas sobre historia del deporte publicadas, por ejemplo, en México, Chile y Argentina, así como las ponencias presentadas en este congreso, tienen el mismo rigor académico que cualquiera de las perspectivas revisadas en esta ponencia.
La definición de deporte que se tenga, así como su “fecha de nacimiento”, sus puntos de inflexión y sus aportaciones dependen de la perspectiva teórica a partir de la cual se estudie. Aún las propuestas que se pretenden más objetivas, como aquellas que ven en él un beneficio para la salud, son cuestionables en función de los argumentos que proporcionan. Una visión crítica del deporte es necesaria no sólo para el estudio de este, sino para la comprensión de las experiencias humanas a través del tiempo.
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