¿Cómo sería un mundo sin memoria histórica?
Lizbeth Bolaños, Sin memorias, collage digital, 2020.
El Menocchio de Avenida Alameda
-Francisco Carrillo Alfaro
En 1976, mientras Comaneci brillaba y Videla aterrorizaba, un estudioso italiano se encargó de revolucionar el pensamiento historiográfico. Carlo Ginzburg, célebre historiador (y, por lo mismo, entrometido natural), dedicó algunas de sus investigaciones a conocer la vida de un molinero de hace cuatrocientos años. El queso y los gusanos explica la cosmovisión que Menochio tenía del universo; un lugar donde toda la jerarquía angelical se hallaba constituida por gusanos surgidos de un queso y gobernados por Dios quien, para ser fiel a la historia, era también uno de ellos. El Gusano Alfa.
Algo que se puede inferir a partir de la vida de Menocchio es que no ha sido la única persona en entender la realidad de forma diferente a la convencional. Sería injusto pensar que, en toda la historia, no ha existido más de una persona que asimila la existencia divina, irónicamente, “como Dios le da a entender”. Estos pensamientos daban vueltas sobre mi cabeza mientras veía a un señor de mediana edad tocar Pescador de hombres con una pasión que podría envidiar cualquier coro eclesiástico. Su voz desesperada y ronca, además de su fuerza para rasgar las cuerdas, hacían de su interpretación un homenaje al Haragán y Compañía.
Su concierto se desarrollaba afuera de un local que vendía chascafrutas sobre Avenida Alameda, por lo que su público éramos todos los impacientes clientes cuyo problema más grande en ese momento era esperar nuestro turno para comer helado de yogurt. Entre canción y canción, el artista se detenía para presentar su siguiente pieza, mientras soltaba pistas que nos permitían entender su cosmovisión. “Yo sé que mi virgencita pedirá por mí, pues siempre busco ganarme una monedita honradamente”, decía el hombre antes de cambiar radicalmente de temática musical, pues la siguiente canción en su repertorio era Mi muñequita sintética.
“Dios les duplicará su ayuda”, prometía el Menocchio de Avenida Alameda, cuyo mote inventé mientras veía a una niña que no quería dejarle los tres pesos sobre el estuche de su guitarra, pues prefería tratarlo de forma decente dándoselos en la mano. Las miradas de los clientes y espectadores del evento iban desde profunda lástima hasta el más injustificable rechazo. Todos los prejuicios y pensamientos negativos hacia el músico eran cuasi inquisitoriales; las risas nerviosas de los púberes eran la hoguera social de quien buscaba ganarse aquella monedita honradamente.
Antes de cerrar su presentación con Dios está aquí, aquel hombre se tomó la molestia de dirigir unas últimas palabras a su público, pero ya no se trataban de agradecimientos y alabanzas al Gusano Alfa, sino de una queja desesperada: “¡Dios mío! Dices que si te rezo mucho me vas a ayudar y no encuentro consuelo. ¡Yo hasta te canto!”.
Después de rasgar guitarra y garganta con la última canción, el Menocchio de Avenida Alameda recargó su instrumento en un viejo poste de luz mientras recogía sus monedas y las guardaba en el bolsillo. En ese momento, mi turno para comprar había llegado, por lo que me despedí simbólicamente del hombre al depositar seis pesos en su estuche, pues no tuve la misma decencia que aquella niña.
¡Pobre músico! Si cantando nos escuchara Dios, todos formaríamos parte de un coro.
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Texto inspirado/resonado en las vivencias y arte de ND Stevenson
https://twitter.com/Gingerhazing/status/1327724962421952512
- Mafer-
Yo soy la creación y la conjugación, pero no por ello dejo de ser valide y existente. La primera vez que me nombraron fui libre; fue el momento de demostrar mi valía, sentía que el mundo era mío y que por fin podrían darme el reconocimiento que por tanto tiempo me fue negado. En cambio, esto que llaman realidad no tardó en golpearme:
¿Cómo alguien, que está en pleno confort de la abstracción, puede ser tan segure y de posturas tan determinadas?
¿Ese determinismo es de verdad? si siempre se le puede encontrar incluso jugueteando y vacilando en la creatividad
Y ni hablar de sus estados tan mutables de ánimo y de su constante uso del lenguaje inclusive ¿Tan siquiera es alguien de confiar ante esas faltas de entereza persistentes?
Todo ello me dejó sin aliento, incluso mucho antes de tener voz. Casi de convertirme en polvo. Tomé una pausa y antes de dar un paso a otro estado de la materia, tuve conciencia de mi posible egolatría y de mi tendencia destructiva para ganarme esa posición tan anhelada en el mundo.
Caí en cuenta que, si bien, soy mera originalidad; mis sentires, pensamientos y acciones legitiman mi humanidad y, que si bien, no sé definir lo que soy, mi género no binarix permite versatilidad para enunciarme dentro del espectro LGTBQ+ hasta identificarme en alguna etiqueta.
¡Sí, CARAJO, sí! pueda que rompa un poco-mucho con el esquema y puede que todo este rollo embone en la simpatía de unxs y en rechazo de otrxs.
Pero hay algo que tener en cuenta; si algún día, como yo, están por convertirse en polvo, o en algo menos que eso, pueden dar ese paso atrás y tomar la no sencilla decisión de moldear y moldearse en este mundo tan exigente, desde su propio espacio, desde su propia construcción.
Notitas de antes de pandemia
Me gusta pesar en esa época y lo bonito que latía mi corazón por lo mucho que me inspiraban mis clases y mis amigs en filos.
Estas semanas me he sentido así otra vez y aunque me siento muy cansada igual disfruto un montón estar en donde estoy, hacer lo que hago y conocer más cada día.
-Ame