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Author: CLARE HUNTINGTON, Joseph M. McLaughlin Professor of Law, Fordham Law School
Link: https://harvardlawreview.org/print/vol-136/pragmatic-family-law/
Published: 2023
Author: CLARE HUNTINGTON, Joseph M. McLaughlin Professor of Law, Fordham Law School
Link: https://harvardlawreview.org/print/vol-136/pragmatic-family-law/
Published: 2023
Family law is a central battleground for a polarized America, with seemingly endless conflict over abortion, parental control of school curricula, gender-affirming health care for children, and similar flash points. This is hardly surprising for an area of law that implicates fundamental concerns about equality, bodily autonomy, sexual liberty, gender norms, parenting, and religion. Polarization poses significant risks to children and families, but centering contestation obscures another important reality. In many areas of doctrine and policy, family law has managed to avoid polarization, even for politically and socially combustible issues. Instead, states are converging on similar rules and policies, working toward consensus on once-divisive issues, and settling into a pluralism that does not line up neatly with the red-blue divide. What ties together these widespread but underappreciated patterns of convergence, depolarization, and nonpartisan pluralism? This Article argues that a deep, underlying commonality is a pragmatic method of decision- and policymaking. Polarization has a long history in the United States, but so, too, does pragmatism. With roots in nineteenth-century philosophy and now deployed by advocates and scholars in multiple contexts and disciplines, the living tradition of American pragmatism rejects contestation over abstract ideals in favor of solving problems through experience-based learning, experimentation, application of empirical evidence, and contextualized decisionmaking. As this Article demonstrates, across contemporary family law, judges and policymakers are eschewing debates about political ideology and instead are focusing on whether a doctrine or policy works to enhance specific, concrete, and relatively uncontested aspects of child and family well-being. These legal actors base decisions on available evidence and center the lived experience of those enmeshed in the legal system. And they tailor each decision to its specific context. Recognizing a common methodological foundation — what this Article calls pragmatic family law — has implications for scholars, legal actors, and advocates. Crystallizing the distinct approach to decision- and policymaking highlights its utility in advancing well-being and encourages legal actors and advocates to use the method more intentionally. It invites scholars to weigh the advantages of this approach against others, notably rights-based litigation and values-based debate. And it demonstrates how pragmatism can recalibrate family law doctrine to mitigate concerns about indeterminacy and provide direction for institutional reform. Identifying pragmatism as a distinct approach also underscores its significant limitations, especially in addressing the root causes of racial inequity. Many instances of pragmatic family law equally or disproportionately benefit children and families of color, but these doctrines and policies are typically framed in race-neutral terms. When a problem is understood to affect primarily families of color, too often lawmakers do not develop pragmatic solutions. Accordingly, pragmatic family law has had limited traction in dismantling structural inequity — at least thus far. In short, pragmatic family law is no panacea.
El derecho de familia es un campo de batalla central para un Estados Unidos polarizado, con conflictos aparentemente inextinguible sobre el aborto, el control parental de los planes de estudios escolares, la atención sanitaria infantil que afirma el género y puntos conflictivos similares. Esto no sorprende en un área del derecho que implica preocupaciones fundamentales sobre la igualdad, la autonomía corporal, la libertad sexual, las normas de género, la paternidad y la religión.
La polarización plantea riesgos importantes para los niños y las familias, pero la contestación centrada oscurece otra realidad importante. En muchas áreas de la doctrina y la política, el derecho de familia ha logrado evitar la polarización, incluso en cuestiones política y socialmente conflictivas. En cambio, los estados están convergiendo en reglas y políticas similares, trabajando hacia el consenso sobre temas que alguna vez fueron divisivos y asentándose en un pluralismo que no se alinea claramente con la división rojo-azul. ¿Qué une estos patrones generalizados pero subestimados de convergencia, despolarización y pluralismo no partidista? Este artículo sostiene que una comunidad profunda y subyacente es un método pragmático de toma de decisiones y formulación de políticas.
La polarización tiene una larga historia en Estados Unidos, pero también la tiene el pragmatismo. Con raíces en la filosofía del siglo XIX y ahora implementada por defensores y académicos en múltiples contextos y disciplinas, la tradición viva del pragmatismo estadounidense rechaza la contestación sobre ideales abstractos a favor de la resolución de problemas a través del aprendizaje basado en la experiencia, experimentación, la aplicación de evidencia empírica y la toma de decisiones contextualizada.
Como lo demuestra este artículo, en todo el derecho de familia contemporáneo, los jueces y los formuladores de políticas están evitando los debates sobre ideología política y, en cambio, se centran en si una doctrina o política funciona para mejorar aspectos específicos, concretos y relativamente indiscutidos del bienestar del niño y la familia. Estos actores legales basan sus decisiones en la evidencia disponible y centran la experiencia vivida por aquellos involucrados en el sistema legal. Y adaptan cada decisión a su contexto específico.
Reconocer una base metodológica común –lo que este artículo llama derecho de familia pragmático– tiene implicaciones para los académicos, los actores legales y los defensores. La cristalización de un enfoque distinto para la toma de decisiones y la formulación de políticas resalta su utilidad para promover el bienestar y alienta a los actores y defensores legales a utilizar el método de manera más intencional. Invita a los académicos a sopesar las ventajas de este enfoque frente a otros, en particular los litigios basados en derechos y el debate basado en valores. Y demuestra cómo el pragmatismo puede recalibrar la doctrina del derecho de familia para mitigar las preocupaciones sobre la indeterminación y proporcionar dirección para la reforma institucional. Identificar el pragmatismo como un enfoque distinto también subraya sus importantes limitaciones, especialmente a la hora de abordar las causas profundas de la desigualdad racial. Muchas instancias de derecho de familia pragmático benefician igual o desproporcionadamente a los niños y las familias de color, pero estas doctrinas y políticas generalmente se formulan en términos racialmente neutrales.
Se entiende que un problema afecta principalmente a familias de color, con demasiada frecuencia los legisladores no desarrollan soluciones pragmáticas. En consecuencia, el derecho de familia pragmático ha tenido un impacto limitado en el desmantelamiento de la desigualdad estructural, al menos hasta ahora. En resumen, el derecho de familia pragmático no es una solución.
El derecho de familia es un campo de batalla central para un Estados Unidos polarizado, con conflictos aparentemente interminables sobre el aborto, el control parental de los planes de estudios escolares, la atención sanitaria infantil que afirma el género y puntos conflictivos similares. Esto no sorprende en un área del derecho que implica preocupaciones fundamentales sobre la igualdad, la autonomía corporal, la libertad sexual, las normas de género, la paternidad y la religión.
La polarización plantea riesgos importantes para los niños y las familias, pero la contestación centrada oscurece otra realidad importante. En muchas áreas de la doctrina y la política, el derecho de familia ha logrado evitar la polarización, incluso en cuestiones política y socialmente conflictivas. En cambio, los estados están convergiendo en reglas y políticas similares, trabajando hacia el consenso sobre temas que alguna vez fueron divisivos y asentándose en un pluralismo que no se alinea claramente con la división rojo-azul. ¿Qué une estos patrones generalizados pero subestimados de convergencia, despolarización y pluralismo no partidista? Este artículo sostiene que una comunidad profunda y subyacente es un método pragmático de toma de decisiones y formulación de políticas.
La polarización tiene una larga historia en Estados Unidos, pero también la tiene el pragmatismo. Con raíces en la filosofía del siglo XIX y ahora implementada por defensores y académicos en múltiples contextos y disciplinas, la tradición viva del pragmatismo estadounidense rechaza la contestación sobre ideales abstractos a favor de la resolución de problemas a través del aprendizaje basado en la experiencia, la experimentación, la aplicación de evidencia empírica y la toma de decisiones contextualizada.
Como lo demuestra este artículo, en todo el derecho de familia contemporáneo, los jueces y los formuladores de políticas están evitando los debates sobre ideología política y, en cambio, se centran en si una doctrina o política funciona para mejorar aspectos específicos, concretos y relativamente indiscutidos del bienestar del niño y la familia. Estos actores legales basan sus decisiones en la evidencia disponible y centran la experiencia vivida por aquellos involucrados en el sistema legal. Y adaptan cada decisión a su contexto específico.
Reconocer una base metodológica común –lo que este artículo llama derecho de familia pragmático– tiene implicaciones para los académicos, los actores legales y los defensores. La cristalización de un enfoque distinto para la toma de decisiones y la formulación de políticas resalta su utilidad para promover el bienestar y alienta a los actores y defensores legales a utilizar el método de manera más intencional. Invita a los académicos a sopesar las ventajas de este enfoque frente a otros, en particular los litigios basados en derechos y el debate basado en valores. Y demuestra cómo el pragmatismo puede recalibrar la doctrina del derecho de familia para mitigar las preocupaciones sobre la indeterminación y proporcionar dirección para la reforma institucional. Identificar el pragmatismo como un enfoque distinto también subraya sus importantes limitaciones, especialmente a la hora de abordar las causas profundas de la desigualdad racial. Muchas instancias de derecho de familia pragmático benefician igual o desproporcionadamente a los niños y las familias de color, pero estas doctrinas y políticas generalmente se formulan en términos racialmente neutrales.
Cuando se entiende que un problema afecta principalmente a familias de color, con demasiada frecuencia los legisladores no desarrollan soluciones pragmáticas. En consecuencia, el derecho de familia pragmático ha tenido un impacto limitado en el desmantelamiento de la desigualdad estructural, al menos hasta ahora. En resumen, el derecho de familia pragmático no es una panacea.
El derecho de familia es un campo de batalla central para un Estados Unidos polarizado, con conflictos aparentemente interminables sobre el aborto, el control parental de los planes de estudios escolares, la atención sanitaria infantil que afirma el género y puntos conflictivos similares. Esto no sorprende en un área del derecho que implica preocupaciones fundamentales sobre la igualdad, la autonomía corporal, la libertad sexual, las normas de género, la paternidad y la religión.
La polarización plantea riesgos importantes para los niños y las familias, pero la contestación centrada oscurece otra realidad importante. En muchas áreas de la doctrina y la política, el derecho de familia ha logrado evitar la polarización, incluso en cuestiones política y socialmente conflictivas. En cambio, los estados están convergiendo en reglas y políticas similares, trabajando hacia el consenso sobre temas que alguna vez fueron divisivos y asentándose en un pluralismo que no se alinea claramente con la división rojo-azul. ¿Qué une estos patrones generalizados pero subestimados de convergencia, despolarización y pluralismo no partidista? Este artículo sostiene que una comunidad profunda y subyacente es un método pragmático de toma de decisiones y formulación de políticas.
La polarización tiene una larga historia en Estados Unidos, pero también la tiene el pragmatismo. Con raíces en la filosofía del siglo XIX y ahora implementada por defensores y académicos en múltiples contextos y disciplinas, la tradición viva del pragmatismo estadounidense rechaza la contestación sobre ideales abstractos a favor de la resolución de problemas a través del aprendizaje basado en la experiencia, la experimentación, la aplicación de evidencia empírica y la toma de decisiones contextualizada.
Como lo demuestra este artículo, en todo el derecho de familia contemporáneo, los jueces y los formuladores de políticas están evitando los debates sobre ideología política y, en cambio, se centran en si una doctrina o política funciona para mejorar aspectos específicos, concretos y relativamente indiscutidos del bienestar del niño y la familia. Estos actores legales basan sus decisiones en la evidencia disponible y centran la experiencia vivida por aquellos involucrados en el sistema legal. Y adaptan cada decisión a su contexto específico.
Reconocer una base metodológica común –lo que este artículo llama derecho de familia pragmático– tiene implicaciones para los académicos, los actores legales y los defensores. La cristalización de un enfoque distinto para la toma de decisiones y la formulación de políticas resalta su utilidad para promover el bienestar y alienta a los actores y defensores legales a utilizar el método de manera más intencional. Invita a los académicos a sopesar las ventajas de este enfoque frente a otros, en particular los litigios basados en derechos y el debate basado en valores. Y demuestra cómo el pragmatismo puede recalibrar la doctrina del derecho de familia para mitigar las preocupaciones sobre la indeterminación y proporcionar dirección para la reforma institucional. Identificar el pragmatismo como un enfoque distinto también subraya sus importantes limitaciones, especialmente a la hora de abordar las causas profundas de la desigualdad racial. Muchas instancias de derecho de familia pragmático benefician igual o desproporcionadamente a los niños y las familias de color, pero estas doctrinas y políticas generalmente se formulan en términos racialmente neutrales.
Cuando se entiende que un problema afecta principalmente a familias de color, con demasiada frecuencia los legisladores no desarrollan soluciones pragmáticas. En consecuencia, el derecho de familia pragmático ha tenido un impacto limitado en el desmantelamiento de la desigualdad estructural, al menos hasta ahora. En resumen, el derecho de familia pragmático no es una panacea.
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