Del Cuadro de Referencia de la Pastoral Juvenil Salesiana (Cfr. 233):
Don Bosco vio por las calles de Turín las necesidades de los jóvenes en peligro y respondió a su pobreza abriendo nuevos frentes de servicio pastoral. Apenas entró en el “Convitto”, Don Cafasso le confió la tarea de visitar las cárceles, en las que constató por primera vez la condición alarmante y desafortunada de muchos jóvenes detenidos. El impacto que le produjeron los jóvenes encarcelados lo conmovió y lo turbó, pero suscitó también en él una reflexión práctica.
Se consideró enviado por Dios a responder al grito de los jóvenes pobres e intuyó que, si era importante dar respuesta inmediata a su vulnerabilidad, lo era todavía más prevenir las causas con una propuesta educativa integral. Por eso quiso, en primer lugar, recoger junto a sí a los jóvenes huérfanos y abandonados que llegaban a la ciudad de Turín en busca de trabajo, pues sus padres no podían o no querían cuidarlos.
Con el mismo ardor misionero de Don Bosco, encontramos hoy a niños, adolescentes y jóvenes que viven en condiciones de exclusión social.
Hay que interpretar estas palabras más allá de su mero significado económico, al que tradicionalmente se refiere el concepto de pobreza, pues comprende también otros significados: la limitación de acceso a la educación, a la cultura, a un hogar, al trabajo; la falta de reconocimiento y logro de la dignidad humana y la prohibición del ejercicio de la verdadera ciudadanía. Nosotros creemos que la forma más eficaz de respuesta a esta dificultad es la acción preventiva, en sus múltiples formas.