Desde hace 17 años, Mara Risaro practica budismo en la Soka Gakkai, una organización que propone el cambio interior como motor de transformación social. Su experiencia refleja cómo esta práctica, lejos de los templos tradicionales, se integra en la vida cotidiana y se expande en Argentina con actividades que van desde reuniones barriales hasta festivales solidarios, promoviendo una comunidad cada vez más activa y diversa.
El butusudan (significado: casa de Buda) contiene dentro al gohonzonm, el objeto de devoción para observar la vida frente al que los budistas entonan el canto " nam myoho renge kyo"
Foto: Mara Risaro
A los 48 años, Mara Risaro combina su vida familiar y laboral con una búsqueda espiritual que le permitió replantear su manera de ver el mundo. Analista de Recursos Humanos, asegura que el budismo le dio herramientas para mirar sus vínculos con mayor empatía, afrontar las dificultades con serenidad y cultivar la confianza en el propio potencial.
Esa transformación personal se enlaza con un compromiso colectivo que va más allá de lo individual. Risaro participa en actividades culturales, encuentros de formación y proyectos solidarios que refuerzan una idea central: la felicidad y la paz no se alcanzan en soledad, sino en comunidad, a partir de la suma de cambios interiores que terminan repercutiendo en toda la sociedad.
¿Hace cuánto practicás el budismo?
Practico el budismo desde hace 17 años. Pertenezco a una organización llamada Soka Gakkai, fundada en Japón en 1930, que llegó a la Argentina en 1963. Yo la conocí en 2007, en un momento muy difícil de mi vida: estaba recién separada y tenía un hijo de apenas un año. Vivía en medio de conflictos constantes, hasta que una amiga me acercó a este budismo. Empecé a asistir a las reuniones y ahí sentí un cambio radical. Descubrí que el budismo apunta al cambio interior como camino para transformar la propia realidad.
Se trata de no depositar todo afuera, sino de reconocer la profunda interconexión entre lo que llevamos dentro y lo que ocurre en nuestro entorno. Nuestras acciones generan consecuencias, y ese concepto me impactó profundamente. Comprendí que, si la realidad que vivía no me satisfacía, estaba en mis manos producir el cambio. Fue un despertar: si quiero transformar algo, debo actuar. El budismo enseña justamente eso: la relación de causa y efecto, y cómo cada transformación interior genera nuevas posibilidades en la vida.
¿Cómo son las reuniones en la Soka Gakkai y con qué frecuencia se realizan?
En la Soka Gakkai las reuniones son fundamentales para sostener la práctica. Este budismo es laico y activo, muy distinto de la idea tradicional de templos y meditaciones aisladas. Lo que buscamos es generar un espacio donde la práctica cotidiana se combine con el estudio y el acompañamiento entre los miembros.
Todas las semanas hay encuentros en diferentes barrios, normalmente en la casa de algún miembro de la organización. Ahí nos reunimos para recitar, compartir experiencias y estudiar conceptos budistas. Esos espacios son muy valiosos, sobre todo al principio, cuando resulta difícil mantener la constancia. Estar acompañado por otros ayuda a sostener el compromiso y a comprender mejor los fundamentos de la práctica.
Lorganización tiene un Centro Cultural en Villa Urquiza que funciona como sede central. Ahi se realizan capacitaciones y actividades culturales que complementan las reuniones semanales. También tiene una revista propia y material de estudio escrito por los maestros, que refuerza esta idea de dedicar un tiempo a la práctica y otro al aprendizaje.
De esa forma, la vida budista dentro de la Soka Gakkai se construye sobre dos pilares: la práctica diaria y el estudio constante, siempre en un marco de comunidad que fomenta el crecimiento personal y colectivo.
¿Cómo se financia el budismo?
La Soka Gakkai se financia únicamente a través de las contribuciones voluntarias de sus miembros. No recibe apoyo del gobierno ni de otras instituciones. Cada persona puede hacer una ofrenda si lo desea, pero no es algo obligatorio.
¿La práctica budista está centralizada en Buenos Aires o distribuida en otras provincias?
En casi todas las provincias hay un centro cultural de la Soka Gakkai. Actualmente, por ejemplo, se está por inaugurar uno en Chaco y otro en San Juan. Practicantes hay en todo el país, aunque es cierto que en Buenos Aires se dio el mayor auge, porque fue la primera ciudad a la que llegó el movimiento y desde allí se expandió al resto.
Por eso, la mayor concentración de actividades sigue estando en Buenos Aires, pero hoy la práctica está presente y en crecimiento en gran parte de la Argentina.
¿Creés que el budismo forma parte de la cultura popular en Argentina?
Sí, creo que hoy ya puede considerarse una creencia popular. Hay muchísimos budistas en Argentina y eso se refleja claramente en las actividades que realizamos. Por ejemplo, cuando hacemos un encuentro en el Movistar Arena, al mismo tiempo se desarrollan actividades similares en distintas provincias, lo que permite dimensionar la magnitud de la comunidad.
En uno de esos encuentros llegamos a reunir 11 toneladas de alimentos no perecederos, algo que solo fue posible gracias a la enorme cantidad de personas involucradas y alineadas con el objetivo solidario, que además está vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Como la Soka Gakkai en Argentina está inscripta en la ONU, sus acciones también contribuyen a cumplir con las metas de esa organización.
Entonces, aunque no tengamos la cantidad de fieles de una religión mayoritaria como el catolicismo, somos una comunidad muy numerosa y activa. Lo importante es que esa presencia se hace visible en los resultados concretos de las actividades: es donde más se nota que el budismo forma parte de la vida social y cultural del país.
¿Como lograron llenar el Movistar Arena?
Todos los años se realiza una actividad llamada Cumbre Soka. Más que un festival, representa una meta, una especie de montaña a la que uno se propone llegar para lograr algo que trascienda lo individual. Es un evento muy grande, con orquestas de la organización, jóvenes que bailan y distintas expresiones artísticas.
La idea central es dar a conocer el budismo, para que cada persona pueda encontrar su camino hacia la felicidad. Porque, en definitiva, la paz y la felicidad son colectivas: si el otro no puede ser feliz, yo tampoco puedo ser plenamente feliz. Por eso, estas actividades son nuestro aporte a la construcción de una sociedad más pacífica, a través de la difusión de la práctica y la generación de espacios compartidos de alegría y crecimiento. El budismo se transmite de corazón a corazón. Yo, como miembro, invito a mi familia y a mis amigos; y en actividades grandes, como las del Movistar Arena o en otros encuentros, cada uno invita a las personas que quiere. Luego esas personas invitan a otras, y así se va generando una red de expansión que es maravillosa.
Lo más valioso son las experiencias de vida que surgen a partir de que cada persona empieza a practicar: cambios interiores que luego se reflejan en su entorno y que multiplican el sentido de comunidad y crecimiento compartido.
Acción Solidaria Soka es el movimiento juvenil solidario del Departamento de Jóvenes de la Soka Gakkai de la Argentina, que surgió en 2021. Basados en la filosofía humanística del budismo, emprenden diferentes actividades solidarias en todo el país. Foto: Accion Solidaria Soka
¿Qué herramientas usan para acercar su budismo a más personas?
Hay de todo. La Soka Gakkai nació en Japón y hoy está presente en más de 192 países y territorios. Desarrolla muchísimas acciones en diferentes ámbitos. Nuestro maestro, el tercer presidente, que falleció en 2023, fundó escuelas, organizaciones y ONG, con una visión muy amplia de contribuir a la sociedad.
También se impulsan intercambios culturales, como cuando una orquesta de Japón viaja a la Argentina o una argentina va a Japón. Estos encuentros permiten conocer de cerca cómo vive el otro y, a través de la amistad, generar un verdadero vínculo de paz.
Otro aspecto muy importante es el diálogo interreligioso. Se organizan actividades junto a otras religiones, porque entendemos que no todo el mundo va a ser budista, pero sí podemos encontrar puntos en común y avanzar juntos hacia una sociedad más pacífica.
En ese sentido, sí: el budismo está en expansión, pero no se trata solo de crecer en números, sino de expandir los valores de paz, respeto y dignidad de la vida en cada lugar donde está presente.
¿Encontrás estereotipos o prejuicios sobre el budismo en la sociedad argentina?
Todavía existen estereotipos, aunque antes eran más marcados. Muchas veces surgen por desconocimiento o por la fe que profese la otra persona. Me ha pasado, por ejemplo, de decir que soy budista y que alguien lo confunda con umbanda o con “algo oscuro”. También sucede con personas de otras religiones que no terminan de entender cómo funciona este camino.
En mi experiencia, la confusión suele aparecer porque en este budismo no depositamos la fe en un ser externo o en un dios, sino que trabajamos sobre nuestro propio potencial interior. Eso genera sorpresa: más de una vez me cuestionaron diciendo “¿cómo, ustedes no creen en nada?”. Y la respuesta es que sí creemos, pero creemos en la capacidad de cada persona de transformar su vida desde adentro.
Para mí, justamente ahí está la fortaleza del budismo: en la confianza en la dignidad y el potencial ilimitado de cada ser humano.
¿Cómo aplicás el budismo en tu vida diaria?
Este budismo está pensado justamente para personas laicas, para que pueda integrarse en la vida diaria. A diferencia de quienes se aíslan en un templo, la práctica se vive en medio de los desafíos cotidianos: un conflicto laboral, una dificultad familiar o un problema con alguien cercano. El budismo invita a mirar hacia adentro y preguntarse qué está ocurriendo en el propio interior que genera esa situación, alentando a tener el coraje de transformarla.
Cada vez que practicamos elevamos nuestro “estado de vida”. Según el budismo existen diez estados, y al elevar el propio se logra observar con más claridad y sabiduría lo que sucede. Con el tiempo, esto permite actuar de manera más consciente, con mayor valor y con más recursos internos para enfrentar los desafíos.
La práctica no se separa de lo cotidiano, sino que lo atraviesa por completo: fortalece la sabiduría y el coraje necesarios para actuar de una forma distinta y generar cambios positivos en el trabajo, en la familia y en la sociedad.
¿Creés que el budismo se fortalece en contextos de crisis e inmediatez social?
En los momentos más difíciles es cuando más personas se acercan, porque en definitiva todos buscamos lo mismo: ser felices y encontrar paz. Nuestro budismo es cada vez más popular.
Incluso quienes no practican formalmente suelen sentirse afines a los valores de la organización, porque en el fondo el propósito es simple: que cada persona pueda ser feliz. Y cuando alguien logra ser feliz, aporta esa felicidad a su entorno. En el budismo hablamos de “revolución humana”. Ese cambio interior que persona por persona puede llevarnos a la paz de la humanidad.
Por eso la práctica apunta a fortalecer lo mejor de cada uno, a elegir conscientemente alimentar la parte iluminada. Cuando más personas realizan ese cambio interior, se construye una felicidad compartida y, en última instancia, un mundo más pacífico.
La Soka Gakkai Internacional fue una de las principales impulsoras de la campaña internacional que dio origen al Tratado de Prohibicion de Armas Nucleares junto con la coalición ICAN (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons), que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2017. Infografìa: MT . Fuente: Accion Solidaria Soka
Por Manuela Tejada