Todos los días al salir del colegio compartimos un camino muy breve. Seis cuadras y medias nos separan de Cabildo, donde nuestros caminos se distancian, e historias se bifurcan.
Las mismas seis cuadras, 5 días a la semana, 186 al año. No es el camino que nos conviene a todas, no es el momento mas feliz del día, pero son las seis cuadras que le dan un final a nuestro día juntas.
¿Pero cual es el camino que toma cada una cuando se separa de la otra?
Nuestra bitácora esta formada por nuestras distintas rutinas al volver a casa y las distintas percepciones que tenemos de ellas.
Mi rutina para volver a casa empieza cuando me separo de las chicas en Cabildo.
Mi vuelta a casa siempre es un poco lenta ya que el 67 siempre se demora.
Yo no tengo nada definido.
Camino una cuadra y media, espero al colectivo. Por lo general viajo con Bruno. Observo muchas cosas cuando viajo, a las personas que se suben, el transito, etc. Una vez cada tanto un hombre se sube y realiza la venta de dos productos, unas lapiceras y una especie de lupa, lo más interesante de esto es el speech que usa, tiene una habilidad impresionante para vender estos productos.
Al pasar por Balbín y Roosevelt se encuentra la cosa que más llama mi atención desde ya hace unos años en el recorrido. Es la Villa Roccatagliata, la cual es patrimonio de la ciudad. Actualmente un edificio gigantesco la rodea casi por completo, este mismo se encuentra parado por diferentes motivos hace ya tres años.
Cuando me bajo, lo primero que veo es la famosa cadena de mercados llamada Día%, cruzo la avenida Balbín y me encuentro con el puesto de diarios al que siempre le compramos. Tres pasos y esta la famosa casa de pastas del barrio, La Reina de Saavedra. Sigo caminando y me encuentro con un espacio muy grande todo tapeado (futura torre). Termino esa cuadra y llego a la panadería del barrio. Saludo a César, el panadero, por una ventana que tiene esta misma.
Al doblar en Naón comienza en lo que se está convirtiendo hoy Coghlan, obra tras obra. En mi cuadra hay una construcción y justo enfrente hay otra. Todo esto me genera molestia, no solo por el constante ruido, sino porque mi barrio está perdiendo su esencia, las casas bajas quedaron en la historia, todos son edificios, no estructuras inmensas, pero arruinan las vistas, el paisaje.
Camino unas dos cuadras por Cabildo, a veces me acompaña Mili, pero por lo general estoy sola. Veo muchos locales pero lo que mas llama mi atención es un espejo que se encuentra al lado de un local cuyo nombre no me acuerdo.
Me tomo el subte D en la estación José Hernández, el que va para Catedral, es un estación hasta mi parada, Olleros. Después viene Ministro Carranza, donde me bajo, subo dos escaleras mecánicas y una escalera normal para salir de la estación. Luego siguen un pasillo semi subterráneo, donde siempre hay un señor cantando con una guitarra, y una escalera más. Ministro Carranza tiene conexión con el tren Mitre y el Suárez y cuando salgo del subte siempre veo las vías.
Para llegar a mi casa tengo que caminar cinco cuadras, de las cuales cuatro son sobre Avenida Santa Fe. Como no me acuerdo los nombres tengo diferentes maneras de distinguirlas.
La primera es la cuadra del 95, la parada esta en la esquina. Cuando tengo que cruzar y viene un colectivo, siempre me dejan pasar. Casi siempre vienen dos a la vez y tiene una fila muy larga.
En la segunda cuadra esta el diariero, un señor viejito que siempre esta abrigado y que se gano mi simpatía sin razón aparente.
La tercera cuadra es la del Anses, donde siempre hay una fila gigante y un señor que reparte pepelitos.
La cuarta es a la que llamo Bellaria, porque en la esquina esta la panadería con ese nombre, donde siempre sale olor a medialunas y se siente un aire calentito. En esa esquina cruzo a la vereda de enfrente y doblo en donde esta la ferretería, el dueño tiene un perro que siempre esta parado en la puerta y se deja mimar.
La ultima cuadra que camino es donde se encuentra mi casa, Bonpland, esa es mi cuadra preferida. Hay dos lugares destacables. El primero es la Iglesia Cristina China, que es la que desconcierta un poco a las personas que pasan. El segundo es el lugar de los casting, en el cual siempre hay gente en la puerta que espera a que le abran. Yo siempre intento ver a donde dirige la puerta, por eso cuando la abren apuro mi paso. Hasta ahora nunca pude ver mas allá que unas escaleras, pero me conformo cuando escucho a las personas hablar con el portero eléctrico y decir
"Hola vengo para el casting de yogurtisimo" y después imaginármelos actuando mientras se comen un yogurt.
Desde el lugar de casting solo camino un par de pasos y llego a mi preciado edificio. Ah no, es uno que es igual, el mio esta cinco pasos mas adelante.
Seis cuadras caminando por La Pampa, casi medio curso va por ahí, cuando coincidimos armamos barricadas humanas inquebrantables, debe ser muy molesto para la gente que intenta pasar, además esta es una calle bastante transitada, sin embargo, peor lo es Cabildo.
Allí, hombres, de los que no recuerdo sus caras, gritan -¡todos los talles chicas!-, cada vez que se acerca una de ellas. Ya deben ser cuatro en la misma cuadra. De vez en cuando también hay un viejo con dibujos en el piso, que nadie se detiene a observar.
Junto con otros locales, una panadería... ya es tarde para las horneadas, pero si uno se concentra, llega a oler aromas muy agradables. Justo en frente de la panadería, una florería, de sus flores solo obtengo recuerdos visuales.
Pleno Cabildo, mucha gente de un lado a otro, me satura, cruzo la amplia avenida y me interno en el barrio, cuanto más cerca esta la hora pico, más adentro me voy, allí abundan los colegios, y por consiguiente niños y jóvenes. Los locales, en cambio, escacean, se concentran todos sobre aquella avenida que prefiero evitar, los pocos que hay, nada me interesan, entre ellos un lugar para imprimir fotos, algunos bares, un par de verdulerías y un gimnasio, cuyas paredes exteriores no son vidrios...
El resto son todo edificios, que discretamente se van convirtiendo en casas cuanto más al norte uno va. Algunos edificios, además de tapar el sol, tan útil en invierno, visten de mosaicos exageradamente feos, sin embargo, me ponen contenta, porque me hacen acordar al baño de mi abuela.