El hidrógeno verde se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de los fondos de recuperación de la Unión Europea. Unos fondos que se convertirán en el mayor paquete de estímulo jamás financiado a través del presupuesto de la UE, con un total de 1,8 billones de euros de inyección económica para a reconstruir la Europa posterior a la COVID-19.
La transición energética es uno de los ejes de esta recuperación, con el 30% del presupuesto asignado a la lucha contra el cambio climático. Y aquí es donde el hidrógeno verde ha comenzado a ganar posiciones, creciendo en interés y situándose en el debate público como uno de los pilares fundamentales para la descarbonización de la economía.
Desde Europa ya se están impulsando diferentes iniciativas en toda la cadena de valor del hidrógeno, entre las que se encuentran la fabricación e instalación de electrolizadores más competitivos, la construcción de una red troncal de transporte de hidrógeno o la instalación de hidrogeneras para el transporte por carretera.
¿Que es exactamente el hidrogeno verde?
El hidrógeno es el elemento químico más abundante del planeta, pero tiene un problema: no está disponible de forma libre en el medio ambiente (por ejemplo, en un yacimiento) sino que siempre se encuentra asociado a otros elementos (por ejemplo en el agua, H2O, o en el Metano, CH4). Por eso, para poder ser utilizado en aplicaciones energéticas, primero es necesario liberarlo, es decir, separarlo del resto de elementos.
Para llevar a cabo esa separación y disponer de hidrógeno libre, es necesario realizar algunos procesos y gastar energía en ellos. Eso define al hidrógeno como un vector energético, y no como una fuente de energía primaria o un combustible como muchos pueden pensar.
El hidrógeno verde es un vector energético y no una fuente de energía primaria
Dicho de otra manera, el hidrógeno es una sustancia capaz de almacenar energía que después puede ser liberada de forma controlada en otro lugar. De esta forma, es comparable a una batería de litio que almacena electricidad, y no a un combustible fósil como el gas natural.
El potencial del hidrógeno en la lucha contra el cambio climático está en su capacidad para sustituir a los combustibles fósiles en aquellas aplicaciones con mayor complejidad de descarbonización, como pueden ser el transporte marítimo y aéreo o algunos procesos industriales. Además, también tiene un gran potencial como sistema de almacenamiento de energía estacional (a largo plazo), acumulando energía durante periodos largos de tiempo que después puede ser utilizada a demanda.