El hidrógeno como combustible es una realidad en países como Estados Unidos, Rusia, China, Francia o Alemania. Otros, como Japón, incluso van más allá y aspiran a convertirse en una economía de hidrógeno. A continuación, te explicamos cuál será su impacto a futuro:
💡Generador de electricidad y agua potable
La obtención de estos dos elementos se consigue haciendo reaccionar hidrógeno y oxígeno en una pila de combustible. Este proceso ha resultado muy útil en misiones espaciales, por ejemplo, al suministrar a las tripulaciones agua y electricidad de forma sostenible.
🫙 Almacenamiento de energía
Los tanques de hidrógeno comprimido son capaces de almacenar energía durante largos periodos de tiempo y, además, resultan más sencillos de manejar que las baterías de iones de litio porque son más ligeros.
La gran versatilidad del hidrógeno permite su uso en aquellos nichos de consumo que son muy difíciles de descarbonizar, como el transporte pesado, la aviación o el transporte marítimo. Hay ya distintos proyectos en este sentido, como Hycarus y Cryoplane —promovidos por la Unión Europea (UE)—, que planean introducirlo en aviones de pasajeros.
La producción de hidrógeno verde también permitiría superar el modelo energético dominante, basado en la importación de fuentes de energía necesarias. El modelo óptimo es colocar los electrolizadores cerca de las plantas renovables que, a su vez, están cerca de los puntos de consumo de hidrógeno. La fotovoltaica y la eólica, son tecnologías totalmente disponibles y con costes cada vez más bajos. «Para que esto suceda», observa Armaroli, «es necesario potenciar las tecnologías renovables. Por ejemplo, para afrontar la demanda italiana de hidrógeno para la industria pesada deberíamos, por lo menos, triplicar los parques fotovoltaicos en la península. Esto depende, obviamente, de decisiones políticas, pero si se hace rápidamente, podría lograrse en unos diez años».
° ¿Qué debemos hacer para el futuro?
Entonces, ¿qué falta para construir una real economía del hidrógeno? «Para producir hidrógeno verde», concluye Armaroli, «tenemos que invertir en centrales de producción de energía renovable, sobre todo, fotovoltaica. Pero también debemos concentrarnos en lo que ya sabemos hacer: energías renovables, electrificación, eficiencia, electrolizadores. El tiempo apremia. El objetivo europeo para 2030 es abatir las emisiones en un 55% con respecto a 1990. Esto significa que, en la próxima década, debemos hacerlo mejor y mucho más rápido que en los últimos 30 años».
Por ello, hoy más que nunca, es de vital importancia que tomemos las decisiones correctas.