El hidrógeno como energía limpia
El hidrógeno es el elemento químico más abundante de la naturaleza. Su demanda global como combustible se ha triplicado desde 1975, como señala la AIE, hasta llegar a los 70 millones de toneladas anuales en 2018. Además, el hidrógeno verde es una fuente de energía limpia que solo emite vapor de agua y no deja residuos en el aire, a diferencia del carbón y el petróleo.
La relación del hidrógeno con la industria viene de lejos. Este gas se ha empleado como combustible desde principios del siglo XIX para coches, dirigibles y naves espaciales. La descarbonización de la economía mundial, un proceso inaplazable, le otorgará más protagonismo y, si su producción se abarata un 50 % para 2030 tal y como vaticina el Consejo Mundial del Hidrógeno, estaremos sin duda ante uno de los combustibles del futuro.
Una vez que se ha producido el hidrógeno verde, son necesarias decisiones estratégicas para usarlo de la mejor manera.
«El uso más inteligente que podemos hacer del hidrógeno», explica Armaroli, «es cuando no se dispone de alternativas mejores. Por ejemplo, no tendría mucho sentido usarlo en celdas de combustible de vehículos o en transporte ligero, pues los motores eléctricos de batería ya son muy eficientes y no existe una red capilar de distribución de hidrógeno. Mientras que para el transporte pesado, por ejemplo, para camiones de larga distancia, aviones o barcos, sería ideal utilizar el hidrógeno en las celdas de combustible, porque para los vehículos de grandes dimensiones, la recarga eléctrica es muy complicada, o casi imposible». Otra modalidad de uso inteligente del hidrógeno es en la industria pesada, para lograr que sean sostenibles los sectores llamados “hard to abate”. «Por ejemplo», especifica el científico, «en el sector siderúrgico, el hidrógeno verde puede reemplazar al carbón para reducir los óxidos metálicos y separarlos del oxígeno, para obtener hierro fundido, hierro y acero».
No quemar, sí electrificar
Sin embargo, no tendría sentido utilizar el hidrógeno como combustible para quemarlo. «Para esta finalidad», prosigue Armaroli, «ya disponemos del metano directamente de la naturaleza. Sería un desperdicio reemplazarlo con el hidrógeno ya que se obtiene con procesos costosos y complejos. En realidad, deberíamos salir definitivamente de la lógica de combustión. Los sistemas térmicos son altamente ineficaces, con un alto grado de desperdicios, a diferencia de los eléctricos». Por ejemplo, para su aplicación en los automóviles o en la calefacción, la mejor solución, desde un punto de vista de la eficiencia, sería electrificar en vez de quemar.