Paulino Lorenzo Mate
Madera y pintura
Paulino Lorenzo Mate
Madera y pintura
Homenaje a nuestro padre.
Se ha cumplido un año de la Web y en este periodo hemos podido ver cuatro exposiciones de cada uno de los hermanos. Iniciamos el nuevo año con un homenaje a nuestro padre, mostrando algunos de sus trabajos como ebanista, profesión que ejerció en un periodo de su vida y que había aprendido de su padre en el taller en el que este era el capataz.
La madera fue un elemento muy presente en nuestra infancia, ya que el aparador de la sala de estar de la casa donde vivíamos,en la Plazuela del Socorro, era un banco de carpintero camuflado, en el que platos, tazas y vasos se habían transmutado en formones, garlopas y azuelas. Todo estaba preparado para que, los domingos y fiestas de guardar, la sala se transformara en un taller de carpintería.
Una de sus obras más significativas en madera es la maqueta del acueducto que vemos aquí. Curiosamente, esta reproducción sirvió como modelo para estudiar la primera iluminación del acueducto. Para ello, la pieza estuvo durante un par de años en Madrid, en la sede de la empresa encargada del diseño de la iluminación. Medidas, 168X42.cms
Otro trabajo artístico fueron los braseros-ceniceros, este ejemplar lleva el escudo del Hispano Club, espacio social de la entidad bancaria donde trabajaba.
Este modelo es una colaboración con su hijo Paulino, que aporta el esmalte que enmarca la madera.
Mesa en tamaño de juguete.
Tablero para mesa.
Inspirada en mi padre. Terracota de Rafa Tardón
P. L. Mate. Paisaje fantástico. Oleo/tabla
El hecho de que aparezcan pinturas de nuestro padre creemos que merece un comentario. Generalmente, en las sagas artísticas, atendiendo a la cronología, se busca la relación de los hijos con el padre, pero en esta ocasión se da la singularidad de que el iniciador de la saga fue un hijo, Paco para todos nosotros.
La manera en que el padre se inicia en este mundo hay que relacionarla con su aprendizaje como carpintero. En aquellos tiempos, un carpintero que se preciara debía saber dibujar, y nuestro padre, que sí se preciaba, acudió a clases de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Segovia. En casa había algunos dibujos de escayolas en blanco y negro. Con estos antecedentes, no es extraño que, al entrar la pintura en aquella casa, quisiera emular a su hijo. Lo que vemos ahora es una pequeña muestra de esta afición que, sin llegar a ocupar el lugar de la ebanistería, sirvió para llenar muchas horas de su jubilación.
Retrato de mi padre. Autor, Francisco Lorenzo Tardón