El bosque que rodea Arkenwood es anterior a la academia. Fue la razón por la que alguien eligió construir aquí. Tiene magia propia, antigua, que no responde a las mismas reglas que la condición mágica humana.
Es un bosque que responde. No de forma predecible ni uniforme: cada persona que lo atraviesa puede tener una experiencia completamente distinta. No es amenazante por naturaleza, pero tampoco es neutral. Algo en él resuena con la magia de quienes entran, y ese resonar es subjetivo, personal, a veces perturbador y a veces extraordinariamente hermoso.
Los no mágicos perciben solo un bosque escocés denso y antiguo. Los magos perciben algo más, aunque no siempre sepan describirlo.