De Eros a Saturno: la degradación del arquetipo
El Demiurgo, en su ingeniería de sometimiento, sabe que ningún poder es más fuerte que el deseo. Por eso lo dirige, lo pervierte y lo aplasta.
Venus, principio del goce erótico, de la exaltación afrodisíaca, de la llama que enciende la vida, es absorbida lentamente por el arquetipo lunar. La amante se vuelve madre, el cuerpo ardiente se convierte en útero, y la pasión en deber. El resplandor venusino se torna leche y cuna: Eros mutilado bajo la máscara materna.
Del otro lado, Marte, el conquistador, el guerrero, el espíritu de la lanza, es saturnizado. El fuego de combate se apaga en la rutina del proveedor. El héroe se degrada en padre responsable, el cazador en asalariado. La energía viril que debía arder se hunde en la solemnidad de Saturno, disfrazada de “figura de autoridad”, cuando en realidad no es más que una sombra domesticada.
Así, el binomio Eros–Marte, chispa creadora y potencia expansiva, es desactivado y degradado en el binomio Luna–Saturno: maternidad, rutina, provisión, tiempo que devora. El amante se vuelve esposo, la amante se vuelve madre, y juntos encadenan la rueda de la repetición.
Lo que fue libertad erótica se convierte en administración del deber. Lo que fue guerra y conquista, en nómina y factura. Venus ya no encanta: amamanta. Marte ya no arrasa: paga.
El Demiurgo celebra.