En esta escena de la película “La joven de la perla” inspirada a su vez en la novela homónima de Tracy Chevalier sobre el gran maestro flamenco Vermeer de Delft, podemos ver cómo la sorprendida e incrédula sirvienta (sí, interpretada por la inconfundible Scarlett Johansson) del pintor holandés mira una imagen a través de un artilugio que acaban de traer a casa del pintor, artilugio y efecto óptico totalmente desconocido y desconcertante para ella , como para gran parte de la gente de su época. La suerte de Vermeer fue tener como amigo a un reconocido óptico holandés que le construyó dicho artilugio para sus fines artísticos.
Ese artilugio se llama cámara oscura y no es ningún secreto, por lo documentado del asunto, que lo utilizara el mismo Vermeer o Canaletto en sus espectaculares vistas de Venecia, como normalmente se cita como hecho consumado en los libros y manuales de historia del arte, sino que también otros muchos artistas -que antes permanecían ajenos al tema- parece ser que hicieron cierto uso de algunos artilugios ópticos como la cámara oscura o la cámara lúcida.
De hecho, el fenómeno de la cámara oscura se conocía desde la Antigüedad, siendo frecuentemente reproducido en multitud de ilustraciones, grabados y tratados de óptica, como la muestra de más abajo donde se observa un dibujante trazando sobre la proyección de la pared unas marcas. Parece ser que este “secreto” pasó de los Países Bajos a los artistas italianos de la mano de los viajes de algunos artistas flamencos a Italia y luego posteriormente a España, Inglaterra y resto de Europa. Existió una concatenación en el uso de la cámara, dada por la transmisión de pintor a pintor, de maestro a discípulo y de generación en generación. Era el “conocimiento secreto” de los artistas.
En efecto, muchos grandes e indiscutibles genios de la historia del arte como Leonardo da Vinci, Vermeer, Van Eyck, Velázquez, Caravaggio o más próximos en el tiempo como el mismísimo pintor neoclásico David, utilizaban en mayor o menor medida trucos ópticos para “fotografiar” escenas de la realidad. Mismamente , en el inventario de obras de la biblioteca de Velázquez no son pocos los tratados de Óptica y amplios compendios sobre el uso de lentes y espejos, aparte de la información que se trajo de sus viajes a en Italia. A este “conocimiento secreto” se unieron igualmente un buen número de pintores tenebristas de la escuela de Caravaggio o especialistas del bodegón, como el español Luís Meléndez en cuyas naturaleza muertas naturalistas podemos observar siempre un recurrente y denso fondo negro a modo de pantalla sobre el que emergen como iluminadas por un potente foco las figuras representadas.
De otro modo, hubiera sido imposible un naturalismo y un uso de la luz y la perspectiva tan perfecto. Esto, evidentemente no quita mérito ni consideración a estos grandes artistas, sino más bien todo lo contrario , en el sentido que supieron encontrar en la ciencia de la óptica un gran y poderoso aliado, pues finalmente es la mano y el pincel diestro del artista quien re-interpreta y da forma plástica a meros y fugaces efectos físicos de luces y sombras.
Fue precisamente un pintor moderno como David Hockney quien tiempo atrás levantó ampollas en el mundo del arte con la publicación en 2001 de su documentada investigación sobre este asunto en su trabajo “El conocimiento secreto”. Gran parte de lo que allí expone y documenta , aparece reflejado en el siguiente y exhaustivo documental de la BBC sobre las largas y laboriosas investigaciones llevadas a cabo por el pintor británico. Es bastante largo, pero vale la pena verlo si de verdad te apasiona el mundo del arte o resulta prohibitivo adquirir dicho libro, ciertamente caro por lo profusamente ilustrado y voluminoso del ejemplar, pero una joya de arte que rentabiliza con creces su desembolso.
La evolución del realismo en la representación artística ha ido parejo a la propia evolución de la ciencia, especialmente en el perfeccionamiento de las lentes y la Óptica, que en el transcurso del siglo XV experimentó enormes progresos gracias a otras ciencias como la Astronomía (los telescopios) o en el campo de la Medicina y la Biología , los microscopios.
Con la invención a mediados del siglo XIX de la fotografía (una feliz confluencia de los avances de la Óptica, la Física y la Química), la representación artística sufre otra gran vuelta de tuerca y precisamente, en sentido contrario: una huida del realismo y la imagen retiniana hacia otros modos de ver y representar la realidad que desembocarían en el Cubismo, la Abstracción y otros movimientos artísticos de las vanguardias de principios del siglo XX, pero ésta es ya otra historia …
ACTIVIDAD:
construyamos una cámara oscura, pero.... ¿Cómo hacer una cámara oscura?
El principio de una caja oscura es simple: un objeto herméticamente cerrado con un orificio por donde se hace pasar la luz para obtener una proyección plana de una imagen externa en una superficie interior del objeto. El término caja oscura —del latín camera oscura— lo acuñó Johannes Kepler en su tratado Ad Vitellionem Paralipomena quibus astronomiae pars optica traditur —comúnmente traducido como Parte óptica de la astronomía— de 1604, a partir de un concepto expuesto por el matemático, físico y astrónomo musulmán Alhacén —quien, dicho sea de paso, fue el primero en darse cuenta de que los rayos de luz iban a los ojos, y no al revés, como lo sostenían los griegos Aristóteles y Euclides. Los primeros esquemas de la construcción y el uso de la camera oscura aparecen en estudios de Leonardo da Vinci, quien, se dice, había perfeccionado a tal grado la técnica que podía copiar paisajes enteros en un lienzo valiéndose de ella.
Las cajas oscuras tuvieron un importante papel en la magia y la alquimia —de hecho, otro de sus nombres es el de “caja mágica”—, y se creía que, para dotar a la caja de capacidades sobrenaturales, el orificio debía practicarse con el cuerno de un unicornio; también se pensaba que era útil para “atrapar espíritus” y deshacerse de entidades indeseables.
En el campo de la ciencia, las primeras imágenes estenopeicas —del griego στένω, steno, ‘estrecho’, y ὀπή, ope, ‘agujero’— fueron utilizadas para poder observar el desarrollo de un eclipse de Sol sin tener que mirar directamente al astro rey. Y además, estas cámaras son el principio que rige a las cámaras fotográficas, con la salvedad de que en el orificio de entrada de luz se instala un lente, y en la superficie interior donde se proyecta la imagen se coloca un material fotosensible —esto es, que reacciona a la luz—, como una película fotográfica, de ésas que se vendían en rollos en las farmacias o afuera de las iglesias —por aquello de los fotógrafos olvidadizos. Actualmente, el material fotosensible se ve reemplazado por un mecanismo que convierte la luz en información binaria, obteniendo así una fotografía digital.
¿Y cómo se construye una cámara oscura casera?
Qué necesitas. Para hacer una cámara oscura sólo tendrás que reunir materiales de lo más sencillos: una caja de cartón, cinta adhesiva (que sea de color negra), papel vegetal, pegamento, tijeras, un alfiler y pintura negra.
Preparación de la caja. En primer lugar tendrás que coger la caja y en uno de los laterales hacer un gran hueco dejando un reborde de unos 2 centímetros. En el lado opuesto, tendrás que cortar un cuadrado de 2 por 2 centímetros y que esté justo en medio. Pinta el interior de la caja así como la tapa de color negro y déjala secar.
Conversión a cámara. En el cuadrado pequeño que has hecho (el de 2×2) pega con cinta aislante un trozo de papel de aluminio, y con el alfiler, justo en el centro haz una perforación pequeña. En el lado opuesto, donde está el hueco más grande, cúbrelo con el papel vegetal y cierra la caja (con la tapa) y asegúrate que no entra luz.
Cómo funciona. Una vez esté terminada, ponte con la caja frente al objeto que quieras, pero éste debe estar muy bien iluminado. El papel vegetal tendrá que estar del lado opuesto al objeto; situándote frente a él se verá la imagen reflejada pero al revés. Si te cuesta verlo, ponte una tela negra por encima para que haya más oscuridad.
Cámara oscura, esa es la idea que utiliza el artista Abelardo Morell para crear las imágenes de su serie Camera Obscura, en la que utiliza habitaciones completas como cámaras, cerrando completamente cualquier entrada de luz, y dejando un pequeño agujero en la ventana. Así, la imagen del exterior se proyecta en una pared, y el fotógrafo registra esa escena (con los muebles de la habitación mezclados con el paisaje del exterior) usando una cámara de gran formato.
Con el tiempo ha perfeccionado la técnica, usando prismas para voltear la imagen, ya que sin ningún otro elemento aparecería girada vertical y horizontalmente. Los tiempos de exposición, en cualquier caso, son muy largos, aunque la elevada sensibilidad de las cámaras digitales le permite bajarlos considerablemente.
Partiendo de esta idea, el proyecto Tent Camera utiliza una tienda portátil diseñada por Abelardo y su asistente, igualmente sellada para evitar la entrada de luz. En este caso, la imagen se proyecta sobre el suelo de la tienda, permitiendo registrar sobreimpresos dos planos de una misma imagen.