HNO MARCELINO MARIEN LACAS
Hno. Agilber Benoit
1890 + 21 XII - 1952
Nació en Montaigu, diócesis de Mende.
La familia Lacas dio tres de sus hijos al Instituto, la mamá fue una educadora modelo de influencia cristiana que marcó a sus tres hijos.
En tres o cuatro noviciados menores:
Los dos hermanos Lacás ya eran rabat blanco, y Marcelino el más pequeños llegó a los trece años al Noviciado menor de Buzenval en París. El recién llegado venía de la vida del campo, despierto y amaba reírse. El conoció muy bien las dificultades y limitaciones antes de revestir el hábito religoso.
En enero de 1904, la prudencia obligó a los Superiores a licenciar nuestras casas de formación: y pronto Buzenval quedó vació. En consideración a sus Hermanos, el joven Lacas fue enviado al Noviciado Menor de París, pocos meses más tarde también sucumbe y esta vez Marcelino regresó a su familia.
En ese tiempo la Casa Madre de la calle Oudinot se preparaba activamente para el traslado a Lembecq- lez- Hal en Bélgica. Y como todos los novicios menores habían salido, no quedó ni un monaguillo, con lo que mandaron a traer tres o cuatro oriundo de la Lozere. Marcelino acaba de escribir para preguntar si no se iba a reabrir pronto otro noviciado menor, entonces lo invitaron a regresar a la Rue Oudinot, algunos días después se encontró con otros tres que se instalan en una de las clases vacías. El Hermano Director fue el santo Hermano Aiden y el buen Hermano Berthulien León y así es como comienza su tercer Noviciado menor.
La inmensa casa de va vaciando poco a poco. Y el desorden pareciera que iban a desanimar, al joven trio que deambula por la casa. Con su alma sensible y sus catorce años Marcelino Lacas perdió pie. Felizmente gracias le comunica a su hermano mayor, la tentación que tiene, el Hermano Agilber Henri ya profesor en el internado de Beauvais. Pronto le llega al adolescente una carta llena de sabiduría y de cariño sobrenatural que salvará todo. El joven desesperado hizo un buen retiro y una novena al Hermano Exuperien, y la estrella lasallista brilla radiante ante sus ojos.
Un mes más tarde se encuentra en Lembecq, continuando su formación en el cuarto noviciado menor. Hacia el fin de 1906, él es postulante en el noviciado de Bettange en Luxemburgo. De sus cambios tendrá toda su vida un gran recuerdo, y en un escrito sobre la formación de los novicios menores, se referirá más tarde a esas situaciones, para expresar su opinión sobre la manera tan delicada que se debe de llevar a los jóvenes.
Bajo la dirección del hermano Gervinus, de quien se guarda un recuerdo imborrable, por las diez y nueve generaciones de novicios que pasaron por sus manos. Marcelino se sientió pronto cómodo, el será uno de los mayores. Su padrino de toma de hábito fue su Hermano Agilbert Denis, quienes se prometieron el rezar el uno por el otro, toda la vida. El novicio perseveró y el padrino, ya viejo le recuerda a su benjamín de que no lo olvida delante de Dios, a aquel que tuvo el gusto de llamar por primera vez: “mi querido Hermano Agilbert Benoit”.
El joven Hermano hizo su escolasticado en Lembecq, dos maestros marcaron al joven Hermano en su formación: el maestro de dibujo Hermano
El joven lasallista se ofreció para ir a América latina Apollinaire Victor, artista lleno de ingenio y el Hermano Miguel, sabio y santo que venía del Ecuador y que le enseñó español.
Al joven Hermano, le agradaba la idea de ir a misiones en América Latina. Pero que gran sorpresa tuvo cuando el 19 de agosto de 1908, sus dos hermanos mayores, profesores en Froyennes, vinieron felices a anunciarle que habían obtenido el favor de llevárselo con ellos. Su sueño de apostolado lejano quedó cortado... pero dócil a la voz de la obediencia los acompaña a Bélgica. Desde la entrada del nuevo curso en octubre, él comenzó con una clase de chiquitos y se beneficiaba de los consejos de su hermano mayor el Hermano Angilbert Henri. El recién llegado no olvidó nunca la regularidad, el orden y la fidelidad a las tradiciones de esta gran comunidad de más de cien Hermanos.
Pero guardó su alma misionera; para ser fiel y conocer la voluntad de Dios, solicita y obtiene el permiso para seguir un retiro de treinta días con uno de sus hermanos mayores, “Querido Hermano Adrián, futuro Superior General, que preside el retiro le dice: yo quisiera ir a México donde los Hermanos de París acaban de crear un nuevo Distrito. El Superior accede y el Hermano Agilberto Benito va a Caluire para perfeccionar su español.”
Te felicito, le escribió su Hermano mayor. Tu partida no entristecerá mi corazón, aunque mis ojos de nublen de lágrimas. Los tres juntos era muy hermoso, hubiera sido muy feliz de verte crecer bajo mi mirada, pero Dios no tiene necesidad de mí, lo importante es hacer su voluntad.
En noviembre de 1909, el misionero se embarca en Barcelona rumbo a México, donde subirá 2,154 mts altura en Puebla. para inicias su apotolado de la enseñanza con los niños de Puebla. El Hermano Lacás había soñado durante mucho tiempo el poder enseñar a los pobres, ahora ha sido escuchado. Sus alumnos llegan con vestidos rudimentarios y muchas veces descalzos. Algunas tareas invecitables, o alguna iniciativa un poco temeraria, le llegó de Froyennes una viril y larga respuesta de parte de su querido hermano mayor. He aquí el final: Querido Hermano yo te recomiendo dos cosas: ser fiel a tus ejercicios religiosos y a ser humilde... Por la humildad nos preservamos de los grandes naufragios.
El año de 1910, termina muy bien. El joven apóstol no ha pedido nada de su entusiasmo y su entrega, pero se ha moderado en todo. Sus grandes cualidades lo reúnen al equipo del Hermano Anobert Joseph de nuestra escuela gratuita de Santa María la Redonda en la ciudad de México. Es un barrio pobre, en donde los Hermanos educan a hijos de obreros. Pero pronto la persecución y la revolución mexicana va a llegar. En 1914, dos hermanos son fusilados en Zacatecas, los hermanos de Monterrey, Torreón, Saltillo, y Querétaro fueron expulsados del país. Pronto será el turno de México.
Con gran dolor, ellos dejan la Capital y una escuela llean de prosperidad.
En Cuba se refugian, donde reciben cuidados fraternos; 65 de entre ellos van a ser recibidos en los cuatro Distritos americanos: Nueva York, Baltimore, San Luis y San Francisco. Nuestro joven Hermano es enviado a Ammendale en el Distrito de Baltimore, donde aprenderá el inglés.
Estar en las casas de formación constituía para él un sueño y justamente la obediencia lo envía al Noviciado de Ammendale. No duda nada que ha sido la Providencia que le prepara para algo de formación.
En 1916, al Hermano Benito le confiaron una clase del noviciado menores, se entrega con gran generosidad y los novicios menores lo quieren a quien le llaman el pleonasmo por “Brother, Cher Frere Benedict”. Son ellos los que aprecian, su forma de ser, su franqueza sin respetos humanos, a lo que le atribuyen la buena educación y el deporte que promueve. El buen orden sin regaños y contrariedades, favorecia el desarrollo de la personalidad de los novicios menores.
El joven Director:
En 1916, se inicia con la nueva organización del Distrito de México- Santa Fe Nueva Orleans, por lo cual reagruparon a los Hermanos expulsados de México. El Hermano Visitador Agnel Isidore lo mandó llamar cuanto antes a Las Vegas N.M. donde se acababa de fundar el Noviciado Menor y se dice: ¿tengo que tener un trabajo ahí pero cuál? No lo sé, pero me duele dejar Ammendale. Desde que estoy aquí, he visto bien las cosas. He estudiado el desarrollo intelectual y moral de los aspirantes. He tenido la alegría de haber visto a muchos abrirse a la gracia que fructificó en ellos. Vi a otros salirse a causa de una falta de formación seria... ¿podemos dicernir a través de estas líneas los hechos y las preocupaciones del primer Hermano Director del Noviciado Menor de Las Vegas?
En efecto los Superiores lo llamaran a este puesto. La casa se abre en 1919, con cuatro novicios menores, que gracias a la entrega y a la madurez que y son Hermanos.
Es un hecho, las felices primicias de los tres que fueron el honor de su formador, en pocas semanaS él festejó la llegada de doce novicios menores. En Navidad pasaran de 20 y que fue la gran sorpresa para el clero que había predicho un fracaso rotundo. Cierto había que estar atento a las salidas pues había elementos que no eran para la vida religiosa pero el Hermano Agilbert Benoit ponía toda su confianza en Dios, y guardaba para él los problemas y se presentaba diariamente a los novicios menores confiado y sonriente.
“Cuento con sus fervorosas oraciones, escribió, para que las vocaciones no se pierdan a causa de mía. Es una gran responsabilidad la que tengo miedo. Desde Froyennes su hermano mayor le da valor, lo anima y le dice: “Rezo por ti, la perseverancia de los jóvenes es una cosa misteriosa, donde las incognitas nos sobrepasan. Es un poco como la predestinación y la gracia; nuetro actuar, y nuestros medios pueden bien poco; es Dios el único factor de la perseverancia... La humildad nos debe ser fácil, en este orden de ideas, ella se impone a nosotros por sobre fora la fuerza de la evidencia.
Pero con ella y la confianza en Dios y tu buena voluntad sigue adelante sin temor”
Humilde y confiado, el Hermano Agilberto Benoit, se entregaba cada vez más y por completo. Sin que le tuvieran miedo, nos dice un testigo, poseía el don de saber interesarnos y captar nuestra forma de ser. Sus exhortaciones eran vivas, y montivantes, anécdotas muy bien adaptadas a su joven auditorio erasn escuachadas con gusto. Insistía mucho en las virtudes naturales y el horror al pecado, sobre todo a la mentira, a la deslealtad. Tenía una forma especial de motivar y llenar de valor a su auditorio y formarlos a la piedad que resplandecia en él.
En septiembre de 1921, nuestro Hermano escribió lleno de alegría: Ocho novicios menores acaba de pasar al Noviciado y se preparan a la Toma de Hábito. Son los primeros frutos recogidos del Noviciado Menor de las Vegas.
Al final de su carta el hace mención de las dificultades que tenia como joven director: Algunos jóvenes no se habitúan al noviciado menor y se les tiene que enviar a su casa sin ofenderlos... este Superior que quiere el mayor número de Hermanos posible, parece creer que todo muchacho tiene la vocación ... El Hermano reclutador quiere también que todos perseveren. Con esta idea el Hermano Diector se ocupa de todos los detalles, en una jornada de 24 horas hacia diez o doce empleos diferentes. Cuando llovia, había que reparar las goteras de los techos del dormitorio, los muchachos se les pedía que se levantaran y cambiaran las camas a un lugar seco.. más de alguna vez se sentía muy triste por no encontrar lugar seco para los novicios menores.
Dos noticias dolorosas le llegan: La muerte de su digno Padre en septiembre de 1921, y su mamá siete meses después. Fue el único de su familia que no volvió a verlos y sus lágrimas corrieron por sus mejillas cuando leyó las palabras de su hermano mayor. ...”rodeada de sus hijos presentes, ella entregó su hermosa alma a Dios... Mi querido Hermanito no tenemos ya mamá...”
En toda vida humana, hay momentos en que el alma toca el fondo de la tristeza y permanecería ahí si no fuera por la ayuda de Dios. Este fue el caso del Hermano Agilbert Benoit durante este periodo ensombrecido por el duelo y la incomprensión. Se le veía más joven y con menos experiencia e insistía que se le quitara el gran peso del directorado. Y su alegría fue grande cuando fue escuchado. Como Director de Noviciado Menor hizo un excelente trabajo.
De sesenta novicios menores que pasaron por las Vegas en los años de 1919 a 1922, quedaron como Hermanos 25 que llegaron a la profesión perpetua. El porcentaje es excelente.
Enviado a nuestro colegio de Santa Fe, todos gozaron de su experiencia. Su segundo periodo de Director del Noviciado Menor de Las Vegas se vio notablemente enriquecido.
En Santa Fe el Hermano Agilbert Benoit fue profesor de la Secundaria y siempre estuvo muy ocupado, fue un hermano servicial, quien se ofrecía voluntariamente para todo servicio.
Pero mientras que el profesor hacia maravillas, el religioso suspiraba por su vida interior. “La vida ajetreada durante nueve años me ha hecho perder un poco el contacto con las cosas espirituales” La Providencia va proveer el cambio. Su Hermano director que viene del Segundo Noviciado le habla elocuentemente de esta experiencia. El inferior no se anima a pedir ese favor, ni regresar a Europa. Escribió: después de veinte años pasados en América, desearía volver a ver a todos, pero mis querido Padres ya no están. Si Dios me permite volver a verlos, yo lo agradeceré; si no, mi sacrificio está hecho. Yo seguiré trazando mi pequeño surco en un país donde nadie conoce el mío... Salvemos nuestra alma, el resto no importa...”
Algunos meses después una nueva carta: “Mucho antes de que lo pensemos llegan las cosas. “Desde el medio del océano le anunció su regreso a Europa para el Segundo Noviciado”. Este acontecimiento dio origen a un encuentro fraterno con los suyos y la emoción de un hijo arrodillado sobre la tumba de sus padres: “Esta experiencia que tuve no la puedo decir...”
SEGUNDO Noviciado
Fiel al encuentro del 15 de agosto de 1928, con el Segundo Noviciado, se entrega por entero a esta gracia sobrenatural con la voluntad firme de aprovechar esta experiencia. “Seguramente que hay muchas personas que rezan por mí, escribió, pues el Señor me trata con mucho cariño. Me parece que, si alguien ha hecho todo lo que yo he hecho al buen Dios, ya me hubiera lanzado lejos desde hace tiempo. Espero que Dios en su bondad me indique algo serio que tenga que realizar... emprendo una reforma seria de mi vida, pero ha de pasar tiempo pues mi hombre viejo es sólido...
Terminado los nueve meses, el grupo se dispersó por todos los caminos del mundo. Los tres Hermanos Lacas, los tres Agilbert se ven por última vez. En la fotografía del recuerdo el Hermano Agilbert Benoit aparece como un hombre bien plantado marcado por un misterioso mimetismo, se había americanizado. Tenía un buen porte, la fisonomía decidida, lo ojos claros bajo las cejas bien arqueadas. Se siente la fuerte personalidad fuerza y de salud y que se va para América por segunda vez.
Se le confiaran cargos y responsabilidades, que realizará sin debilidad, así como sin orgullo.
Hermano optimista, amaba sembrar la alegría a su alrededor; cada Hermano podía contar con él. Los Superiores lo encontraban comprensivo y atento; sus Hermanos tenían en él un Director dispuesto a compartir con ellos alegrías, penas y esfuerzos. Los alumnos lo amaban como a un padre que sabe corregirlos sin debilidad, pero sobre todo comprenderlos y amar sus almas. Un antiguo alumno de esa época dijo: “Tiene grandes virtudes; entre ellas: la justicia, y su bondad. Es por eso que nosotros lo amábamos y lo estimábamos como un amigo y un guía, un verdadero padre.
Todas las cualidades de hombre y de educador se fincaban en una vida religiosa ferviente. Sus cartas transpiraban espíritu sobrenatural; era una necesidad para el atribuirlo todo a la Providencia. Veía a Dios en los acontecimientos y esta virtud de religión se traducía en una sumisión plena a la Regla y a sus deberes de estado.
DIRECTOR DE EL PASO:
Nombrado director de El Paso, donde nuestros Hermanos desde 1925, dirigían la Escuela Secundaria de la Catedral. “El Paso es un lugar donde el sol viene a pasar el invierno” es decir es un lugar caliente y seco durante todo el año.
He aquí al nuevo jefe de la escuela. Mucha entrega y abnegación, gran habilidad y paciencia para hacer frente a todos los acontecimientos del camino. Un joven Hermano, ahora Hermano Visitador, recuerda lo siguiente: “el Hermano Benedict, a pesar de la pobreza en que se vivía, estábamos muy felices con el Hermano Director pues sabía establecer y mantener el espíritu de familia y que reinara entre nosotros el “Ecce quam bonum”. Podía mostrar algo de vivacidad una vez o la otra; pero aquello que siempre le admiré y que busqué imitar de este gran educador fue su afecto cordial su sinceridad; en ello radiaba el secreto de su gran influencia que todos se “sabían amados por él”
Es con ponderación, que el Hermano Director, llamaba la atención a un negligente u olvidadizo. Nada le rompía el corazón como el abandono de la escuela por parte de un joven. Acabo de pasar la Navidad más triste de mi vida, escribió. ¡Qué días más duros; ¡Dios mío!
La crisis económica de 1933, le ha pegado duramente. Se preguntó ¿Será posible reabrir nuestra escuela el próximo mes de septiembre, ya que las finanzas están en un estado deplorable? ¿Se decidirá continuar un año más? No tenemos dinero para pasar las vacaciones; tengo que pedir a derecha e izquierda para obtener algunos dólares y lograr que los Hermanos puedan vivir.
Al final del año escolar tuvo otra preocupación: la fiebre de la graduación con todos sus gastos.
Después de una primera estancia de cuatro años, el Hermano Director tiene que dejar la escuela, en donde sufrió mucho, pero hizo mucho bien. Pero el regresará para un segundo directorado, 1938 – 1942. Fue recibido con los brazos abiertos. El Señor Obispo lo había pedido con insistencia: Lo hemos extrañado mucho, le dijo el prelado.
Las personas de El Paso son muy simpáticas, escribió el Hermano Agilbert Benoit y los niños también. La comunidad está muy unida, es verdaderamente una familia. Como deseo poder suscitar un buen número de buenas vocaciones. La escuela ha producido ya excelentes: cinco escolásticos, 3 o 4 novicios menores. Visitando el Noviciado de los Padres Jesuitas mexicanos, encontró a tres de sus antiguos alumnos.
Cuando inicio su gobierno, se despertó un gran interés hacia la escuela. Esto ayudará al sostenimiento y crecimiento de la escuela. Escuchemos al animador de esta generosidad: “Un grupo de antiguos alumnos se reunió con un grupo de católicos de la ciudad para desarrollar una obra. Los ciudadanos de El Paso ofrecieron un autobús para que los alumnos pudieran participar en los deportes Inter escolares... Un comité de católicos se organizó para conseguir 4000 dólares para cubrir el gasto del año. Una colecta entre los católicos, pero también fue entre los protestantes, los judíos... todos los que podían dar 10, 20, 30 dólares... otro grupo se encargó de reclutar alumnos para la escuela ... ¡Cuántas buenas voluntades decididas a secundar nuestra misión educativa!
De este éxito, le surgió al Hermano Asistente Nivard Joseph la idea de confiar al Hermano Director de El Paso todo el Distrito de Nueva Orleans Santa Fe. Pero nuestro Hermano rehusó esta responsabilidad. “Le he dicho al Hermano Asistente mis deficiencias y parece que lo he convencido”
Humilde, franco, obediente, temeroso de ser desigual en el trabajo. Es inútil decir que sus inferiores tenían una mejor opinión que la suya. “Nuestro Hermano Director es el modelo y el padre de todos. Encontramos en él al guía y al sostén en nuestros trabajos, el consejero delicado y sobrenatural. Nos sentimos amados por él y cuidados. Su amplitud de miras y su condescendencia abre los corazones.
Por desgracia, la salud del Hermano Director comienza a ser delicada. De súbito dos operaciones: apendicitis y después vesícula biliar. Estas dos intervenciones hacen su organismo más vulnerable: otras cosas contribuirán a arruinar poco a poco, este organismo fuerte y vigoroso. Una cosa buena es que contribuyeron a que no cargara con el visitorado en esos años difíciles preludio de la guerra mundial en la que participaron los Estados Unidos.
Formador realista de los Novicios Menores
Es un religioso maduro y con experiencia a quien los Superiores le confían la reapertura del Noviciado Menor de Las Vegas.
Dos cosas le han preparado para este trabajo, dice él: La experiencia y el trabajo. Las Vegas recién restaurada está lejos de ofrecer todo el confort posible, pero no es más el Vaugirard de otro tiempo. Los Novicios menores estaban llenos de buena voluntad, pero no tenían ninguna idea de lo que se esperaba de ellos. Yo sé que necesito mucha paciencia y tiempo. Si el cuerpo necesita de años para desarrollarse, el alma va aún más despacio. El trabajo interior se realiza por toques de la gracia que Dios va dando gradualmente. Nuestro trabajo consiste sobre todo en quitar los obstáculos y favorecer la acción de Dios en el alma de cada uno de ellos.
El nuevo Director aporta a sus jóvenes un gran cariño y principios bien adaptados a su medio, “Ideas y planes, escribió, fueron presentados al Hermano Asistente Nivard Joseph y Visitador y los dos los aprobaron. He querido disminuir la disciplina rígida y formal, para introducir una atmósfera familiar y aumentar la iniciativa de los jóvenes. Me encanta escuchar a los novicios menores expresarse con toda libertad en las horas libres; yo les indico enseguida si están bien o mal ... les pido un trabajo y dejo que cada uno escoja los medios para realizarlo con el mejor método y con responsabilidad.
¿Para qué sirve el método? Puede ser excelente para un número restringido de muchachos: diez el primer año, veinte el segundo. Pero para un grupo que pasa los cien; la reglamentación, que el rechaza, es necesaria.
El hermano Agilbert Benoit desea ante todo formar al hombre y al cristiano en el novicio menor. E introdujo muchas innovaciones capaces de interesar a los jóvenes y acercarlos a su trabajo y a la vida la vida Lasallista: un boletín mensual redactado por los propios novicios menores.
En un reporte compuesto quince años más tarde, el Hermano Director de Las Vegas formulará excelentes observaciones. Él quería, por ejemplo, que los profesores del noviciado menor no fueran muy jóvenes. Aunque tenga una hermosa alma les falta la experiencia, con la mejor voluntad ellos obstaculizan la formación de las personalidades nacientes.
Veamos como concebía la preparación de los futuros Lasallistas:
.- Primero la formación del hombre y después la del cristiano.
.- formación de la Fe, la Conciencia, y despertar el ideal del religioso educador.
.- Que sean muchachos felices para que sean buenos.
Las mejores teorías tienen su valor sobre todo en la medida que son inteligetemente aplicadas. Escuchemos sobre este propósito a un Hermano: “para interesar y ocupar útilmente a los aspirantes, multiplicaba las iniciativas que creaban eran una motivación importante en una edad donde debe se debe mantener al adolescente en su deber. La más franca alegría reinaba en el Aspirantado. Como sólo un pequeño grupo de aspirantes venían de nuestras escuelas la mayoría de otras escuelas y no conocían nada de nuestra vida. Este hecho le hacía proceder con paciencia y lentitud. El hermano Director decía: “hagámosle el trabajo fácil y agradable, para hacer que lo amen, no los metamos en un mundo muy cerrado y caliente: primeramente, hagamos de ellos buenos cristianos antes de soñar en que sean religiosos.
¿Qué pensaban los beneficiarios de esta pedagogía? Sus apreciaciones tienen gran valor, pues son ahora los hombres capaces de juzgar a su formador:
El Hermano Marcelino fue para mí un hombre extraordinario. Me recibió en el Noviciado Menor en 1935, y su paternal bondad me impresionó, sobre todo en un periodo de abatimiento que tuve. Este hombre nos entusiasmaba porque nos comprendía, se esforzaba por estar en nuestro lado, guardando siempre su dignidad. Era agradable, bueno y justo. Su expresión más común: “alumnos de los Hermanos” se cambiaba por la de “Hermano de los alumnos” y le convenía admirablemente.
“Con todo que no había crecido en los Estados Unidos, conocía muy bien las cosas que les interesaban a los norteamericanos y lo que ellos amaban... era el mejor Director, pero el más grande Hermano que nos daba a todos simpatía, comprensión, afecto, cuando teníamos la necesidad. Afirmo con toda sinceridad, sin esta simpatía y esta consideración y comprensión, yo no sería Hermano de las Escuelas Cristianas. Fue el quien me condujo en medio de las crisis de la juventud, fue el quien me invitó a abrazar una vida realmente religiosa.
El Hermano Benedicto agrega otro: Me inspiraba la misma confianza que mis padres. Teníamos que escribirles todos los domingos, habitualmente el agregaba una palabra sobre nuestra buena salud y nuestras buenas disposiciones. Nuestra ficha de salud regularmente llevada era comunicada a nuestras familias, sobre todo si se había tenido alguna enfermedad... Dos veces al trimestre la cuenta de conducta y el examen particular era la forma de que estuviera al corriente sobre nuestro trabajo.
Es cierto que teníamos un reglamento, pero las reprimendas eran raras, el llamaba la atención sin herir, las faltas ligeras lo hacían sonreír y dejaba al culpable confundido, sin llegar a la ironía. Si una falta era seria, el caso se trataba en la oficina del Hermano Director y el culpable salía bien dispuesto porque había reconocido su error y la necesidad de reparar la falta... Se sentía que detrás de algunas palabras un poco duras, había detrás la sonrisa y la caridad de un padre. La sonrisa del Hermano Benedicto estaba siempre en sus labios...
¡Amábamos mucho su compañía!, con él, los paseos semanales eran siempre interesantes y variados... Había organizado un club, donde se les enseñaba a saber contar una historia, Cada uno ensayaba y siguiendo un orden, después de haberlas preparado las contaba durante el paseo, esto era un excelente ejercicio, él mismo tenía su turno. Algunas veces organizaba un encuentro en lo alto de una colina, era el momento de hacer un mejor esfuerzo al contar la historia. Para llegar a lo alto él ponía el ejemplo de esfuerzo para realizar la ascensión... El refrigerio al llegar a lo alto era especial, se llevaba la comida, pero él organizaba a los cocineros, y cada grupo entraba en competencia para ver quien lo hacía mejor.
Lo que no resaltan los narradores es la perspicacia y atención de educador que ponía en sus palabras y los gestos. En esas horas de abandono, el muchacho se siente libre y sin dudas. Los consejos dados para indicar los defectos a corregir o las virtudes a cultivar, eran precisos y producirán el fruto esperado.
El Hermano Marcelino tenía muchas habilidades manuales para los diversos trabajos que le hacían brillar; sabía hacer modelado, policopiar, escribir en máquina... Artista el mismo enseñaba el dibujo ornamental y también el dibujo industrial, diversos tipos de escritura capaz de realizar un hermoso título. Amigo de la jardinería y de las flores, nos enseñaba botánica y en las excursiones coleccionábamos algunos especímenes que iban al herbario después de hacerlos clasificar por el Instituto Smithsonian de Washington. Varias plantas llevan su nombre.
Los deportes estaban en lugar de honor en Las Vegas, Él nos había enseñado a jugar “handboll” en el campo de tenis. Nuestro equipo tenía competencias de tiempo en tiempo con las escuelas parroquiales vecinas y muchas veces quedamos vencedores. Esto constituía un tema de conversación muy animada antes y después de los partidos. Se desarrollaban muchas actividades para desarrollar el espíritu de equipo y de ayuda mutua.
El Hermano Director estaba atento en la formación del carácter, la voluntad, las iniciativas personales y el sentido de responsabilidad. De los diálogos íntimos que teníamos yo he conservado sus directivas claras: “No puede ser un buen religioso sin ser un buen cristiano; y no será un buen cristiano sin ser un hombre honesto” “No sean buenos para nada, sean hombres” Esta reflexión que seguido nos hacía nos recordaba constantemente la necesidad de desarrollar nuestra voluntad.”
Este buen superior se interesaba en cada uno de nosotros. No me olvidaré nunca de la extrema delicadeza como me anunció la muerte súbita de mi madre. Mientras las lágrimas cuajaban mis ojos y supo encontrar palabras que me reconfortaron y viéndome inconsolable agregó: Mi querido amigo tu ahora toma a la dulce Virgen María por Mamá. Así nunca quedarás sin el amor de una madre, y los dos le rezamos juntos. Este momento fue para mí el comienzo de una devoción que siempre ha jugado en mi vida un papel importante...”
Durante dos años preciosos de mi Noviciado Menor nunca le vi perder la calma. Era dueño de sí mismo y siempre dando muestra de una gran piedad.
En Navidad, podíamos darnos cuenta de su amor por Jesús, había que ver la forma en que hacia el pesebre. Durante el mes de mayo nos llevaba a rezar a la gruta de Lourdes; su forma de arrodillarse para rezar las letanías nos hablaba de la ternura que tenía para con Nuestra Señora.
El porcentaje de perseverancia fue elevado, se puede constatar, hoy, que la mayoría de los que llevan las actividades en nuestras escuelas quienes las animan. Sus antiguos novicios menores son los que tiene a cargo las clases, los deportes, la música, y los grupos de vivencia cristiana. Los años no han disminuido en nada nuestro cariño por este amigo.
Otros concluyen así su testimonio: “Puedo decir que el Hermano Lacas, ha sido la persona que mayor influencia ha tenido en mi vida” o que “yo estoy profundamente agradecido al Hermano Benedict por la educación viril, y completa que nos brindó en esos años y felices”
Sus antiguos alumnos le escribieron en 1951, que estaban verdaderamente dispersados en el Distrito. Puedo afirmar con toda sinceridad, que se debe la formación que usted nos ha dado. Si hace un recuento de los nombres de sus novicios menores, de otros tiempos, verá que muchos de los Hermanos responsables de las diversas actividades del Distrito son sus antiguos... Nunca he oído hablar de ningún recuerdo malo de ese tiempo... Todos tenemos con usted una deuda de gratitud.
Haber triunfado en una obra difícil entre todas, supone mucha entrega y abnegación, y con una mirada sobrenatural. “como escribió el Hermano Agilberto Benito: Dios sólo puede tocar a las almas. Nosotros podemos bien poco, por decirlo nada. Algunos jóvenes que nos parecían buenos nos dejaban, otros que medio nos desesperaban tomaban el ritmo y seguían. ¡Dios sólo, Dios solo!, es por eso que sentía mi insuficiencia en mi trabajo por momentos, y pensaba yo podré ser cocinero, jardinero, no importa que, pero no tener la responsabilidad de las almas.
Espinas entre flores
En los años de1935... la persecución se ha reavivado en México. Los Hermanos amenazados deben estar dispuestos a un segundo destierro, La franco masonería, escribió nuestro Hermano actuaba con rabia contra los pobres mexicanos. Parecía que todo era desesperación. Pero Dios está en todo y sabe intervenir a su tiempo... lo veremos recibir a once escolásticos provenientes de México con cuatro profesores. Los novicios en número de 20 están el Lafayette, en locales del Distrito de Santa Fe Nueva Orleans. Los superiores habían previsto que esos locales podrían, un día, servidor de refugio a los exiliados de México y ellos no se equivocaron... Era muy edificante ver el valor y la generosidad de estos jóvenes que su deseo era servir a Dios. Su ejemplo era digno de los primeros cristianos.
Este año de 1935 sufrió la muerte repentina de su hermano mayor el Hermano Agilbert Henri. El quedó con el corazón como astillados. “en que vació he quedado...” Aunque siempre estuvimos lejos nuestras almas parecían gravitar en la misma orbita y ahora creo que voy a la deriva. La triste noticia me llegó en una hora de abatimiento moral: algunos de mis nuevos aspirantes se desanimaron y se fueron... Después de dos años y sin un día de descanso yo acumule el trabajo de director y de profesor. Verdaderamente no había otro momento peor escogido que este para afrontar un duelo. Tenía ganas de retirarme a un rincón y llorar mi dolor...Pero no. Encargado de un grupo de jóvenes debo reanimarme y con buena presencia continuar en la brecha y en el buen combate, ahora con el corazón herido.
Después de los días de la tempestad; vinieron por fin días de sol. El Hermano Director vio aumentar el número de Hermanos profesores en la comunidad. “Estoy menos estresado y aprovecho para rehacerme espiritualmente” escribió. La visita del Hermano Asistente Nivard Joseph fue para él una alegría, pues el digno superior siempre lo ha sostenido y aprobado su proceder.
El Hermano Agilberto Benito se dedicó por entero a la obra tan importante que se le había confiado. “Me parece, escribió, que muchos educadores se contentan únicamente en instruir, pocos son los que educan, ellos creen que los niños se pueden educar por sí mismos, sin ninguna ayuda. Cuando justamente, lo contrario, muchos muchachos no hacen nada para su formación, porque no tienen a alguien que les enseñe lo que ellos podrán ser, nadie los motiva. La naturaleza humana tiende más al mal y aspira poco hacia el bien. Ella pide ser sostenida y motivada. Hay necesidad de robustecer la voluntad y el esfuerzo, con eso muchos serán de los mejores.
Mucha severidad cierra los corazones; mucha ternura hiere a los caracteres y los hace débiles... hay que buscar el justo medio. Leí en la vida del Hermano Superior General José, en él era la bondad que dominaba. Con sus alumnos él parecía más la mamá que el maestro y hacía mucho bien... Usados por algunos otros, los mismos medios serían debilidad. Yo busco siempre la mejor fórmula. Pero no la encuentro nunca...
Su examen estaba más motivado que el método usado, pero el Hermano Director no tenía más que admiradores. Dudas y temores llegaban hasta el Hermano Visitador, este alarmado, reconoció más tarde que había tenido mala vista, ante las dudas y caprichos de algunos, constató con gusto que de 150 novicios menores que pasaron por Las Vegas en diez años, más de cincuenta han llegado a ser excelentes maestros y hermanos y que esa proporción está muy por encima de la media de los Noviciados Menores. Y sobre todo que sólo unos cuantos venían de nuestras escuelas, otro factor es que la casa de formación no les ofrecía ninguna comodidad.
El año de 1938 transcurrió tranquilamente. “Amo mi trabajo, escribió el Hermano Director e igualmente amo a los Hermanos y a los novicios menores. Después de mucho esfuerzo y trabajo la casa ha llegado a ser un rincón familiar donde uno se encuentra bien. Sin duda todo está bien, porque el buen Dios me está preparando una pesada cruz. Un cablegrama recibido una mañana, venía con la noticia, de que había sido nombrado Director del San Miguel College de Santa Fe. Estoy todo aturdido, no sé qué decir y que pensar. Muchas veces la amenaza se había desvanecido; cada vez los Superiores habían tenido piedad de él. Esta vez llegó en pleno año escolar y con graves complicaciones.
Este nuevo directorado duró solo cuatro o cinco meses, pues la obediencia llamará al Hermano Agilberto Benito al colegio de El Paso, donde ya había realizado una obra magnifica. Cuatro años más tarde en 1942, un nuevo cambio, Los Superiores le confiaron la reapertura de nuestra escuela de Monterrey,
FUNDADOR DEL INSTITUTO REGIOMONTANO;
No es la primera vez que Monterrey ve llegar un Rabat Blanco. En 1908 catorce Hermanos, llamados por Monseñor Leopoldo Ruiz y Flores Arzobispo de Lineares- Monterrey había abierto una escuela gratuita y el Instituto del Sagrado Corazón. De año en año las dos obras tuvieron éxito tras éxito y crecieron.
En 1914, con el corazón desgarrado tuvieron que abandonar pues los revolucionaros encarcelaron a los Hermanos y después los desterraron del territorio mexicano. Pero el bien realizado por esos fervientes pioneros, debían tener frutos en la Capital Industrial de México.
Desde 1932, un grupo de antiguos alumnos ahora jefes de empresas, habían luchado por el regreso de los Hermanos, de quienes, desde su infancia, tenían un recuerdo imperecedero.
Los trámites y los requerimientos una vez cumplidos fue enviado el Hermano Agilbert Benoit como fundador, ahora con el traje civil y con su nombre de pila: Marcelino Lacas, así va a ser conocido y venerado en Monterrey.
Los antiguos alumnos veían la escuela en grande, escribió, ellos desean una escuela moderna para sus hijos y otra de media paga para sus empleados y por fin una escuela gratuita para los hijos de los obreros. En resumen, ellos pedían nada más que cien Hermanos... Después de muchos esfuerzos ellos lograron seis.
Por quinta vez en la vida de nuestro Hermano inició una nueva fundación, En septiembre comenzó con 110 alumnos, hijos de las mejores familias, la propiedad estaba muy bien situada pero las construcciones son demasiado viejas.
El segundo año fueron 250 alumnos inscritos con tres maestros más, era un problema el poder alojar a todo el mundo; y se comenzó a soñar en construir,
El simpático Director no tiene pena en reunir a un grupo de padres de familia que generosamente se abocaran a realizar un proyecto y a recoger fondos para este magnífico proyecto. El comité fundador adquirió un gran terreno y comenzó la construcción de una gran escuela moderna para 700 alumnos; y se preveía con el tiempo llegar a recibir 1500.
El Instituto Regiomontano fue inaugurado el 20 de junio de 1945. Estaba totalmente equipado para hacer del Colegio el más moderno de Monterrey. El comité del Patronato, presidido por un animador sin par Don Andrés G. Sada con gran entrega y generosidad buscó la prosperidad de esta obra a la cual el Hermano Marcelino Lacas va infundir un maravilloso espíritu: que cada alumno considere a la escuela como su segunda familia; que este orgulloso y venga con gusto y se esfuerce y esté orgulloso de acrecentar su renombre.
En septiembre de 1945 Patricio mi hermano y yo Lorenzo González Kipper fuimos inscritos por nuestros papás como alumnos de 1ero. de Primaria en el IR.
Pude admirar al Hermano Director y su obra durante los cinco primeros años de existencia de la escuela, escribió un Hermano. Desde los inicios se ganó a las familias. Los Industriales y los Patronos a menudo padres de los alumnos, tenían plena confianza en él, y toda pregunta sobre de educación o sobre la escuela era aclarada sin dudar. Creó, desde el inicio una revista mensual: “El Regiomontano” a la cual le dio está orgullosa divisa: ESTO VIR” redactada por los alumnos bajo la supervisión de la dirección.
Se organizaron en la escuela concursos y jóvenes conferencistas fueron invitados a hablar a toda la escuela para que se acostumbran a hablar en público.
Se fundó el Escultismo y los deportes tuvieron su lugar de honor, cuidando siempre los buenos resultados en los estudios; un solo detalle es prueba de ello: Los concursos de ortografía cada quince días, en todas las clases...
Por medio de actividades profanas, el celo del Hermano Director se preocupaba en promover el espíritu cristiano en su escuela. Fundó la congragación de la Santísima Virgen, que será un centro de piedad; estableció también un grupo de Catequistas voluntarios que con el apoyo de algunos de los Hermanos todos los sábados iban a los barrios populares para catequizar a los pequeños.
Se comprende que, con esas iniciativas, la reputación del Regiomontano creció constantemente. En 1946 tenía ya más de 600 alumnos y no habían podido responder a todas las demandas. En diez años, escribió el Hermano Director, podrá haber los 1500 alumnos y rivalizar con las mejores escuelas de México y de los Estados Unidos. Pero ¿de dónde tendremos personal.
Esta preocupación junto con otras afectó la salud del Hermano Lacas, tuvo un primer acceso de diabetes, acrecentado por el cansancio poco a poco su organismo se fue minando.
Lo que acrecienta sus méritos, reconoce un Hermano, es que, en medio de esta trepidante vida, con una salud delicada, el Hermano Director no perdió ni la amabilidad ni su calma: dirigía con la sonrisa en los labios con una entera posesión de sí mismo, optimismo y entusiasmo que le eran característicos.
Natural o no, entusiasmo y optimismo le eran necesarios para crear y desarrollar el Regiomontano. Tenía un bien inmenso a realizar, decía él, ya que conocía bien la situación y a las personas, deseo establecer una buena escuela gratuita, ¡Oh! Si tuviera el personal... Que vinieran de México para atender a los pobres... quiero dedicar a esto los últimos días de mi vida.
En enero de 1948, participó a su hermano de una alegría que quiso mucho. Permaneciendo en las mismas circunstancias en que vivía, y con las leyes sectarias vigentes, nos ponemos el santo hábito para los ejercicios espirituales de la mañana. Su querida comunidad fue fiel a portar el hábito en los ejercicios de la mañana, lo podíamos llevar a causa de las leyes. Pero nuestra vida era tan regular como en una comunidad normal. Teníamos un excelente espíritu religioso y este nos tenía muy unidos en la caridad.
El Hermano Director era muy cordial hacia cada uno de los Hermanos y nos daba toda la confianza. Jamás una llamada de atención en público, prefería decirlo en particular cuando así lo ameritaba. En sus conferencias se esforzaba para que cada uno de los Hermanos se mantuviera en la línea del religioso educador. Sus palabras eran sencillas, no le gustaban los circunloquios. En su hablar era claro, directo y práctico... Para él, las cuestiones de fe y de conciencia profesional estaban sobre todo lo demás. Agreguemos que el recuerdo de la muerte era habitual en su correspondencia familiar, se mostraba preocupado de ser sorprendido por esta visita
En la tarde laboriosa de su jornada:
El Hermano Marcelino Lacas se acercaba a los sesenta, le pareció prudente pasar el gobierno a manos más jóvenes. Se podría decir que eran escusas, le dijo el Hermano Visitador en 1948; permanecerá en Monterrey como subdirector hasta la Navidad, el nuevo Director fue el norteamericano P.C. González, después el Hno. Lacás va a San Miguel High School en Santa Fe, donde tiene responsabilidades más ligeras.
Que gran alegría para él, el haber sido descargado de es fardo, llevado con mucho valor desde hacía siete años. “Ahora era muy feliz, siendo un sencillo profesor, ningún asunto administrativo... bendigo a Dios y me alegro de que los Superiores al fin han nombrado a un joven que puede dar a la obra un nuevo impulso.
Navidad llegó. Pero antes que el fundador del Regiomontano deje su obra todos los simpatizantes querían expresarle su reconocimiento. Fueron los antiguos alumnos quienes comenzaron con la fiesta, después los padres de familia del Colegio y luego los maestros... cada grupo se mostró muy afectuoso y generoso. Se puede decir que el agradecimiento es una flor rara, en dado caso en Monterrey si floreció y fue con el corazón adolorido que dejó a tantos amigos y su bella escuela...
Santa Fe, el lugar de reposo previsto... hubo que sustituir a un joven hermano enfermo, después desplazarse a Saint Michael College. Modestamente el Hermano Lacas regresó a clase después de 20 años de directorado y a pesar de una salud precaria, disminuida por la ciática. “Yo sigo con mis seis horas cotidianas de clase, escribió. A mi edad es todo lo que puedo hacer, no es posible hacer más...Hace alusión a un accidente de automóvil que pudo haber sido grave... diciendo: el Buen Dios me ha dado una advertencia seria...Mis posibilidades de apostolado se encuentran disminuidas y cuando Dios me haga una señal, de buen corazón yo partiré”
El buen Dios le hizo un signo y luego otro y algunas semanas después el herido escribió: “Por decirlo bien, mi accidente fue providencial, el golpe arregló mi columna vertebral y la ciática ha desaparecido, ahora todas las cosas están en orden ... les pasó el secreto para curar la ciática... hay que caerse en un buen lugar... he recobrado mi buen color y he aquí que he rejuvenecido diez años. ¡soy un hombre nuevo ¡
El Hermano Marcelino Lacas había expresado su deseo de regresar a su Distrito, fue un gran dolor dejar México en 1914 quiero regresar a mi primer amor y pasar en él los últimos días que me queden y hacer el bien a esos que tanto he amado.
Año muy pesado y penoso que había aceptado; los jóvenes Hermanos estaban dedicados de ver a su antiguo Director corregir cotidianamente dos pilas de cuadernos con gran cuidado y con la conciencia profesional de un principiante, Se edificaban más al verlo piadoso y recogido, prestando humildes servicios y aceptando con una sonrisa su trabajo monótono,
En 1952, el Señor con una gran delicadeza lo regresó a su querida escuela de Monterrey. Ahí encontró a sus antiguos y grandes amigos los benefactores del Regiomontano. “yo no hice ninguna negociación para este regreso, debo de pensar que solo ha sido la voluntad de Dios que lo ha decidido todo. El trabajo no me faltará, me voy a desempeñar como inspector de doce clases de primaria, y como ecónomo encargado de surtir la despensa y de dos empleados que tengo que adiestrar y enseñar.
El Hermano Lacas se entrega por completo, como si las funciones de Inspector y de ecónomo no fueran suficientes; se convierte como ministro de relaciones exteriores: Recepción en la escuela del Jefe del Estado, organización de una exposición misionera, buscar conferencistas para los alumnos mayores y para los padres de familia... él se ofrecía de todo corazón a estas actividades. Una o dos veces se le vio fatigado, pero él no y le dio importancia.
La noche del 19 de diciembre de 1952, le sobrevino una crisis cardiaca de la cual pareció que se repuso rápidamente. En la tarde, como a las seis, el enfermo manifiesta su deseo de quedarse solo. Poco después un médico amigo le hizo una visita. Se entra a su cuarto, y el Hermano Lacas parecía dormir apaciblemente, pero la vida se había retirado tranquilamente, el corazón había sucumbido. Los auxilios que se le brindaron no dieron resultado. El sacerdote le administró los últimos sacramentes. Nuestro Hermano murió sin agonía.
La muerte del Profesor Marcelino M. Lacas, produjo en la ciudad una sorpresa dolorosa. ¿No lo habíamos visto ayer en pleno vigor y en plena actividad? Que presentimiento había tenido pues lanzó, en el Instituto, la campaña del Estado de Gracia, y su brusca partida confirma la importancia de estar siempre preparado...
Tristes condolencias llegaron... cerca de 150 Misas fueron ofrecidas por la generosidad de los padres de familia por el querido difunto. Lobatos y Scouts formaron una valla de honor. Todos los alumnos del Regiomontano interrumpieron sus vacaciones para estar presentes. El periódico “El Norte” vio en el importante cortejo fúnebre como un triunfo para este eminente Lasallista.
El Hermano Agilbert Benoit, Marcelino M Lacas dejó el ejemplo de una vida de abnegación al servicio de los jóvenes. Sólo Dios sabe a cuantas almas él dirigió en el camino de la virtud. Fue mexicano, americano, francés, Director, profesor, supo responder a las necesidades como jardinero o cocinero... hizo de todo por Dios. Señor multiplica los apóstoles como él.