HNO. ANTONIO PULIDO PULIDO
(Alfonso de Jesús)
*9 sept 1931 +18 dic 2004
HNO. ANTONIO PULIDO PULIDO
(Alfonso de Jesús)
*9 sept 1931 +18 dic 2004
La historia de esta vida es un camino de sencillez, cariño, amistad cálida y fecunda, que rodea el paso por esta tierra del buen Hermano “Pulis”, testigo de sus pasos de bondad, caridad y cercanía con sus alumnos y personas que lo trataron, el recuerdo sobre el Hermano, se encuentran vivos, aún en Zacatecas, Cd. Victoria, Chihuahua, Hermosillo, Saltillo y San Juan de los Lagos, que fueron los lugares de su caminar a lo largo y ancho del norte de nuestra Patria y de nuestro Distrito Lasallista.
La pintoresca población de Tingüindín, Michoacán, tierra primorosa, adornada con una bella vegetación y gran riqueza, tanto forestal como agrícola, poblado pintoresco que nace en las faldas
de las montañas, consagrada, desde su fundación, a la Asunción de María, en cuya fiesta del 15 de agosto se viste de alegría, música y una acendrada piedad de todo el pueblo, para celebrar a su Patrona; para el Instituto de los Hermanos, esta tierra ha sido la cuna generosa de un buen número de vocaciones a la vida lasallista; desde 1915, el Hermano Noel de Jesús y después otros Hermanos visitaron con frecuencia esta población.
Nuestro Hermano Antonio nace en Tingüindín, un nueve de septiembre de 1931 y sus padres fueron Pedro Pulido y Celia Pulido, quienes verán adornado y bendecido su cristiano hogar por once hijos, siete hombres y cuatro mujeres, siendo Antonio el mayor de todos.
Sus primeros años los pasa al cuidado amoroso de sus padres y, poco a poco, va viviendo la fraternidad con los nuevos hermanitos que llegan a alegrar la casa. Sus juegos y diversiones fueron las de un niño sencillo de campo y su primer aprendizaje del nombre de Dios y de nociones de piedad las recibe de sus cristianos padres.
La persecución cristera estuvo presente en su tierra y en su primera edad aún quedaban resabios de esa terrible época del general José Mújica, quien era originario de Tingüindín, hombre de grandes cualidades como militar y de gobierno, que se ensañó contra la Iglesia en la forma de aplicar la constitución de 1917, de la cual él había sido miembro del Congreso que la elaboró.
Sus primeros estudios los realiza en su pueblo natal, y es ahí mismo donde nace la primera idea de vocación religiosa, pues existió en su población una escuela de los Hermanos de San José, llamándole la atención la vida de los mismos y su relación con los niños. Más tarde, será su tío, el Hermano Alfonso Fidel, (Ismael Huerta), quien lo invita a ayudarle en la construcción del Colegio Febres Cordero, en la calle República y, es el mismo Hermano quien lo conduce, al ver sus buenas disposiciones, al noviciado Menor de Tlalpan, a donde llega el 9 de septiembre de 1947.
“Al llegar al Noviciado Menor, los superiores pensaron en destinarlo al temporal y su primer trabajo, junto con otros jóvenes, fue excavar un pozo, trabajo agotador, ya que era excavar en tepetate compacto. Hicieron la perforación a pico y pala y, al llegar a algo más de cinco metros de profundidad lo abandonaron, pues el volumen de agua encontrado no era lo que se deseaba. En ese tiempo había Hermanos que se llamaban del temporal y ayudaban en la educación por medio de oficios manuales como cocineros, panaderos, auxiliares en la Editorial Enseñanza…” [1]
Unos meses después, viendo los Superiores su buena disposición y una piedad sincera es admitido en el Noviciado, como postulante; es la última semana de noviembre de 1947; el Postulantado era un tiempo de dos meses en que se vivían ya muchos de los ejercicios del Noviciado, pues la mayoría de los jóvenes que entraban ya habían sido novicios menores.
El 25 de enero de 1948, fiesta de la Conversión de San Pablo, fue un día muy especial, que lo marcaría para toda su vida: el día de su Toma de Hábito como Hermano de las Escuelas Cristianas, junto con un rosario de seis decenas, el Nuevo Testamento, que llevaría sobre sí siempre y su nombre de religioso, Hermano Alfonso de Jesús. Sus compañeros fueron los Hermanos José Arrieta +, Salvador González +, Javier Narro+, Ricardo Preciado, Gabriel Sarralde + y otros jóvenes que no perseveraron.
Como Director tuvo un excelente formador, el Hermano Dosas Lucien, Un Hermano con gran sentido de responsabilidad, gran energía y una autoridad natural; algunos lo consideraban un poco rígido, pero tenía un corazón de padre, que mostraba en los paseos, fiestas y en su diario vivir, así como en sus sentimientos; tenía formas especiales de corrección de los jóvenes novicios que le llamaba “el recorrido de los elegantes, “marche des élégants”, donde hacía notar los defectos de los Hermanos novicios.
Rara vez estaba en su oficina, ya que le gustaba acompañar a los novicios en los estudios, trabajos manuales enseñándoles a trabajar. Tenía un sentido de la puntualidad que trasmitió a sus novicios; de él aprendieron el sentido del deber y la regularidad, del orden, trabajo, y respeto a la autoridad, una gran piedad y fidelidad a sus compromisos religiosos y amor a su vocación de educadores; les enseñó y les exigió que tuvieran siempre una buena presentación y una limpieza impecable en su vestir. [2]
Con él, afianzó el Hermano Pulido su gran amor a Jesús, a quien entregó su vida, su profunda piedad mariana, el amor al rezo del rosario, el canto del “Prends mon coeur”, que con un gusto especial cantaba y que le recordaba el rezo sabatino del Noviciado, en la gruta de Lourdes y le hacía vibrar de emoción y amor mariano. Este canto lo acompañó cuando fue llamado a la Casa del Padre, como canto de despedida, entonado por los Hermanos.
Una anécdota de ese tiempo: Se cuenta que, cuando la visita del Hermano Superior Athanase Emile, al Distrito de México, el Hermano Luciano presentó al Hermano Pulido como “Un vrai frère indien”[3], por ser originario de Michoacán, tierra de tarascos.
Terminó este tiempo del Noviciado el 26 de enero de 1949, con su primera profesión religiosa. Las palabras de la fórmula de votos: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con el más profundo respeto delante de tu infinita y adorable majestad, me consagro enteramente a Vos para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible y lo exigieras de mí”. Esta primera consagración fue total y para toda la vida, consagración que renovó diariamente y, oficialmente, en su Profesión Perpetua.
Inicia su Escolasticado en la Quinta de los Olivos, hermosa finca que invitaba a la reflexión y al estudio. Sus estudios fueron el de normal primaria en el Cristóbal Colón; en algún momento los superiores pensaron en destinarlo al “temporal” o sea a trabajos diferentes a la enseñanza, pero demostró que tenía muchas cualidades como buen maestro y muchas ganas de superarse en servicio de sus alumnos.
Continuará siempre superándose y preparándose para servir; obtuvo en la Normal Superior de la Universidad de Coahuila, el título de Ciencias Sociales con su tesis: “El Ferrocarril Chihuahua Pacífico” y más tarde el de Maestro en Literatura, en la Normal Superior Nueva Galicia. En el terreno religioso obtuvo el Curso Medio del Instituto y siguió el primer CEL de Medellín Colombia, bajo la dirección del Hermano Víctor Bertrand. En 1991 asiste a un curso para Hermanos de 50 a 60 años, en Argentina, durante el verano y, quizá, el curso que más le gustó, por haber sido en Madrid y porque fue un curso sobre vida religiosa, seguido en el Instituto S. Pío X, de la Universidad de Salamanca, durante un verano, en España.
Labor educativa y apostólica:
1952. Inicia en Guadalajara su labor educativa, como responsable del Aspirantado preparatorio, de la Inmaculada Concepción, obra fundada al lado del Colegio Febres Cordero y, parte de esa comunidad religiosa estaba destinada a niños de 4º, 5º, y 6º de primaria, con deseos de llegar a ser Hermano. Su estancia en esta primera responsabilidad fue corta ya que solo permaneció en esta comunidad un semestre, pues en el mes de agosto de ese mismo año otro destino lo esperaba.
El Fundador:
Los superiores al pensar en el Hermano Antonio como fundador se dieron cuenta que en su vida había pasión por la misión educativa y gran motivación, así como perseverancia en lo que emprendía y constancia, con mente abierta y gran entrega, una excelente relación humana que despertaba aprecio, veneración y admiración de quienes lo trataban; estas cualidades que poseía, aunadas a su gran espíritu religioso, lo hacían apto para lanzarse en una aventura de fundación. Estaba consciente de que él no era el líder, sino era sólo apoyo de quien organizaba y dirigía. No solo será parte de la fundación de Zacatecas, sino también fue el iniciador de la comunidad de Hermanos en la norteña Chihuahua.
Llega a Zacatecas acompañado del Hermano Rafael Servín, con quien lo uniría una gran amistad hasta el fin de la vida, y un sabio director, su antiguo director de Noviciado, el Hermano Dosas Lucien, que estuvo solo los primeros meses, en espera del Hermano Bernardo Zepeda, director fundador oficial.
La ciudad de Zacatecas, que había contado con varias escuelas Lasallistas, había estado pidiendo con insistencia el regreso de los Hermanos para que tomaran el antiguo colegio Científico de San José, pero ahora con el nombre de Colegio Margil. Las peticiones se sucedieron a través de los años. El día de la fundación no llegaba por múltiples problemas, aun teniendo de aliado a dos Hermanos importantes en el Instituto, los Hermanos Lozano Bernal.
Agosto de1952. Zacatecas lo recibe como fundador del Colegio Margil; en esta ciudad permanecerá doce fecundos años, primero como maestro de primaria, 4º, 5º y 6º año. En 1964 lo encontramos como maestro de secundaria y encargado de internos.
Antes del Capítulo General de 1966 los Hermanos cambiaban su nombre de bautismo por su nombre de religión así, en Zacatecas, el Hermano Pulido fue conocido como Hermano Alfonso.
La Comunidad de Zacatecas fue para el Hermano Alfonso un oasis de crecimiento y de realización; la persona de su Hermano Director, Bernardo Zepeda, favorecía el trabajo colaborativo y en común, ya fuera al inicio de año para la venta de libros, o para sacar las copias de circulares o exámenes y acomodarlos, para hacer los diplomas de fin de cursos o las fiestas de clausura; siempre velaba para que se hiciera bien el trabajo, interesándose en los éxitos o fracasos habidos.
[1] Testimonio del Hermano Ramiro Montaño.
[2] Hermano Bernard Aphonse en La Salle en México, junio 1962, página 21, extracto de la descripción.
[3] “Un verdadero Hermano indígena”, frase atribuida al Hno. Dosas Lucien ante el Superior General
La convivencia comunitaria se fortalecía con la fidelidad al paseo semanal; gozaron mucho de los alrededores de la ciudad y algunas poblaciones vecinas, de donde les llegaban muchos de los niños y jóvenes internos; fue buen caminante y le gustaba la ascensión de las montañas.
Las vacaciones de comunidad, así como los campamentos en la Sierra de Durango, fueron muy gozadas por el Hermano Antonio, quien disfrutó mucho de la buena recepción que les hacían a los Hermanos, la Familia del Hermano Zepeda en Villa de Purificación, Jal. Días de descanso, de una buena comida, hecha con amor por las hermanas del Don Zepe, [1]visitas a lugares aledaños.
Las anécdotas vividas por nuestro Hermano, en Zacatecas, fueron muchas: desde el hecho que al celebrarse el Congreso Eucarístico en la ciudad, salieron él y el Hermano Rafael Servín, con hábito y a la gente les llamó la atención y muchos les besaban la mano, entonces el Hermano Rafael hizo que la gente formara una fila para que les besaran la mano con más orden.
Por las calles de Zacatecas deambulaba una famosa revolucionaria: “Juana Gallo”, siempre acompañada de perros; el Hermano Pulido la conoció y seguido se la encontraba, la saludaba amablemente y ella le contestaba: “Adiós simpático zacatecano”, cosa que no hacía con las personas que se burlaban de ella.
Como prefecto de internos llevaba a los internos a paseo, caminando por los áridos y rocosos montes zacatecanos, por las noches les pasaba películas; algunas veces las películas eran en el cine, él encargaba a un interno que lo despertara, muchas veces oía, en medio de la película, un grito que decía: “Hermano Alfonso, fulano me están molestando, era la voz de un interno chico, que se sentía agredido por un compañero; eso le hacía que se sonrojara.[2]
Era muy atento a la formación espiritual de sus internos, los motivaba para que vivieran con devoción la Misa diaria a la que estaban obligados a asistir; para algunos de ellos esa obligación se les hacía pesada, pues les obligaba a levantarse más temprano. Uno de ellos, por cierto, muy amigo del Hermano, le dijo: Hermano, al salir del Internado ya no iré más a Misa pues aquí oí todas las misas de mi vida…
Fue responsable de la “tiendita escolar”, la que surtía con mucho cuidado.
Con los Hermanos y con los internos gozaba mucho de jugar billar y adquirió mucha habilidad, por los torneos que les organizaba a los internos, actividades muy necesarias para tener ocupados a esos adolescentes de gran vigor.
Fue siempre muy amante de la música vernácula y clásica, la cual oía con frecuencia. Con sus internos, seguido los hacia cantar canciones mexicanas; a la hora de los talleres, en la Secundaria, les ponía música que los chavos cantaban con él.
El Hermano Alfonso, en Zacatecas, trabajó mucho, dado las múltiples responsabilidades que tenía, además de la preparación de sus clases, la corrección de trabajos y tareas y, sobre todo, la realización de los boletines de calificaciones semanales que se daban en ese tiempo.
Funda la Congregación del Santísimo Niño Jesús, para niños de primaria. En el año mariano de 1954, se funda en el Colegio la Congregación Mariana y el Hermano “Alfonso”, como se le conoció en Zacatecas, participa en ella, sobre todo en sus apostolados de catequesis en los barrios, participa también en las peregrinaciones al santuario de Nuestra Señora del Patrocinio, ascendiendo a la Bufa, en especial en la de 1958, cuando celebraron el 50 aniversario de la llegada de los Hermanos a Zacatecas. En esa ocasión, el Hermano Director Bernardo Zepeda, organizó un concierto con la orquesta del Instituto Francés de la Laguna, en el Teatro Calderón, con muy buena asistencia y una comida en los verdes campos del Campestre Zacatecano, reuniendo a exalumnos de 1908 a 1914 y a padres de familia del Colegio.
Después de un largo retiro de treinta días y, bien consciente de lo que implicaría su profesión perpetua, se consagrará definitivamente al Señor, entregado toda su vida, como lo hiciera en su primera profesión. Ese día, 26 de julio de 1956, fue su SÍ definitivo, que culminará años más tarde en su encuentro con el Padre de la Misericordia; sus compañeros de Votos Perpetuos fueron los Hermanos Ernesto Saucedo y Ricardo Sánchez.
Su labor como maestro, en Zacatecas, ha quedado en la mente y en el corazón de una infinidad de alumnos que pasaron por sus manos; varias veces, en las vacaciones, iban por él para que asistiera a comidas o cenas de exalumnos. En uno de los homenajes que le organizaron, la cancha de deportes del Colegio Margil recibió su nombre.
Uno de sus alumnos de los primeros años, cuando fue gobernador de Zacatecas, organizó varias reuniones de sus compañeros y siempre el Hermano fue el invitado de honor y el homenajeado. Cuando le llegó el tiempo de jubilarse, al Hermano Pulido, esa misma persona era el Director Nacional del Seguro Social, le facilitó los trámites y, además, le asignó una excelente pensión.[3] Quien siembra a manos llenas, cosecha con abundancia.
En 2003, con ocasión de preparar el centenario de la Fundación del Colegio de los Hermanos en Zacatecas, los exalumnos y el Padre Humberto Salinas organizaron una reunión convivencia a la cual fueron invitados todos los Hermanos que habían trabajado en el Colegio Margil,
“desgraciadamente” sólo pudo asistir su servidor. El sábado 1 de noviembre, a temprana hora, se presentó en San Juan de los Lagos un exalumno para llevarme a esta tierra, para mí muy querida, como lo es Zacatecas y así representar a los Hermanos de México Norte. Al llegar fuimos al Colegio donde ya se iniciaban los juegos conmemorativos. Por la tarde una velada en el Teatro Calderón, seguido de la Misa y, desde luego, la cena de gala con baile. Un buen número de exalumnos de la segunda generación se hicieron presentes, incluyendo al senador Genaro Borrego Estrada, siendo su hermano Felipe, ahora, el presidente del Tribunal de Justicia del Estado, quien pronunciara el discurso principal… El Teniente Coronel, egresado del Colegio Militar, dijo: Hermano Alfonso, nunca olvidaremos lo que hicieron por nosotros, lástima que nuestros hijos no hayan tenido la dicha de vivir esa experiencia lasallista.
[1] Cariñosamente le llamaban al Hermano B. Zepeda: “don Zepe” o el Güero Zepeda
[2] Recuerdos aportados por el Hermano Ramiro Montaño miembro de esa comunidad en 1958
[3] El gobernador y después Director del IMSS fue Genaro Borrego Estrada.
Siguió un muy buen discurso del Senador, Genaro Borrego, en que alabó el trabajo de los Hermanos, que termina así. “Quiero concluir dirigiéndome al Hermano Alfonso.
Querido Hermano Alfonso: yo creo que Dios le dio una misión especial, aparte de su cotidiano quehacer: venir a Zacatecas con relativa frecuencia para renovar nuestro espíritu, para hacernos recordar nuestras raíces y podar las ramas de nosotros, para seguir creciendo con la nostalgia y el cariño de aquellos tiempos añorados del Colegio y de los Hermanos Lasallistas, que tanto quisimos y queremos. Hermano Alfonso, usted es el que viene a jalarnos las orejas, ya no con la detención, como castigo, sino con la detención, como un alto en el camino de cada uno de nosotros, para reflexionar sobre qué somos y a dónde vamos; si nuestras veredas las hemos andado con los principios y valores que nos infundieron.
Quiero aprovechar su presencia para que sea el conducto ante su orden religiosa, para decirles que ningún agradecimiento nuestro puede llenar y cubrir lo generoso que han sido los Hermanos Lasallistas, que con nada podemos pagar; pero que también sabemos que por sus ideales y vocación tendrán su recompensa en el más allá y gozarán de la presencia de Aquel, por el que dieron su vida y siguieron con vocación su camino. Muchas gracias, que Dios les pague.”[1]
CHIHUAHUA:
“Para gente buena, Chihuahua, que es valiente noble y leal”, se canta en el corrido de Chihuahua, pues la obra de la Salle llega a esa gente que pronto se enamorará de la obra de San Juan Bautista de la Salle, aunque va a tener un arranque difícil, pero irá en progreso con paso firme.
1964. Las tierras norteñas lo reclaman y, como en Zacatecas, le espera una nueva fundación, la del Instituto La Salle de Chihuahua.
El Hermano Gilberto Lozano, Director de la nueva obra, relata la llegada de os Hermanos: “fue el 15 de agosto, día de nuestra Madre Santísima, cuando definitivamente llegamos el H. Antonio Pulido y yo”[2], el Hermano Antonio Deloya llegó después y formaran el trío dinámico que tomaron el relevo que les entregaba el Prof. Vicente Bustos, ya que la Salle de Chihuahua, era lo que se llamaba en este tiempo, un ‘colegio de extensión’.
[1] La Salle en México Norte, diciembre 2003. Muchas Gracias, transcribió el Hermano Antonio Pulido
[2] La Salle en México 1947- 1980 página 384
Toda fundación es una aventura, y el Hermano Antonio la corrió con generosidad, pues la comunidad, cuando llegaron, no tenían camas, ni mueble alguno; las promesas no se habían cumplido, pero el entusiasmo y la entrega suplieron las carencias, dificultades e incomprensiones de ese inicio, y esa semilla sembrada entre lágrimas ha florecido y fructificado abundantemente con el tiempo y la gracia de Dios.
Dios fue providente con ellos: Las religiosas del Sagrado Corazón que estaban cerca del Colegio, les ofrecieron las tres comidas durante algo más de un mes y por parte de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, también recibieron ayuda de ellas.
El colegio no se encontraba propiamente en Chihuahua, sino en un suburbio llamado Nombre de Dios.
Los edificios del Colegio, en Nombre de Dios, a donde llegaron los Hermanos, tenían muchas carencias, pues había la promesa de un nuevo colegio, que no se cumplieron por el asesinato de don Eloy Vallina; así que todo fueron limitaciones y pobrezas, pero poco a poco con gran fe y trabajo por parte de los fundadores, esa situación cambio totalmente.
Al Hermano Antonio le tocó ser maestro de Secundaria, siendo titular de 3º. Tres años vivió el Hermano Pulido en esta ciudad y en su último año
se inició el proyecto del nuevo colegio. Su participación en la sociedad de Padres de Familia fue muy activa, participó con gusto en cenas y reuniones que tenían, siempre abierto a todo lo que era fiesta, cantaba con muchas ganas y bien entonado, vivió el nacimiento de la rondalla de padres de familia, que por años alegró en el Instituto La Salle.
Colegio José de Escandón, Ciudad Victoria
Educar es trabajo de sembrador, pero la siembra exige cuidado, experiencia, paciencia y humilde confianza. El Hermano Antonio Pulido goza de esas cualidades para ser el guía del Colegio José de Escandón, por tres años, como coordinador.
1967 fue para nuestro Hermano una nueva faceta, la de coordinador de la secundaria del Colegio José de Escandón y, a la vez, titular de tercero de secundaria. Este fecundo trabajo lo realizará durante tres fructíferos cursos escolares, tanto por relaciones significativas con alumnos, maestros y padres de familia, como por el trato amable y justo que todos recibieron de él y que, a pesar del paso del tiempo, su recuerdo perdura. El Hermano Director, que se iniciaba como tal, encontró en el Hermano Antonio Pulido un gran apoyo, sobre todo porque los otros Hermanos eran muy jóvenes.
Se puede afirmar que Pulis fue un hombre de lucha y de entrega generosa a la misión que se le encomendaba, era un Hermano de gran y generosa entrega, con un carácter afable y bondadoso, que sabía atraer, unir y conciliar a las personas y sus intereses, era un líder de bondad y de trabajo colaborativo.
La comunidad de Ciudad Victoria vivía con grandes limitaciones económicas y, muchas veces, ya sea la familia del Hermano Director o las madres de familia del Colegio proveían para que los Hermanos comieran; aunque no era el arranque de la obra, si había carencias. En 1968, el 7 de diciembre se bendijo la casa de los Hermanos, en una esquina del terreno y dejaron los salones, de lo que sería la Preprimaria, donde habían vivido en cuartos con separación de madera y una muy escasa ventilación, que hacía muy difícil tener un buen descanso.
La capital de Sonora:
1969. Hermosillo lo recibe para una larga estancia de quince años, donde su siembra será fecunda y donde supo atraerse el corazón de sus alumnos y establecer amistades significativas, ser fiel y prudente compañero de camino de sus alumnos y exalumnos, atento a los acontecimientos significativos de los mismos, presto para dar un consejo cuando era requerido y siempre dispuesto a prestar cualquier servicio que le fuera demandado... ¡a cuantos de sus exalumnos no les rotuló las invitaciones para sus bodas!.
Su trabajo en esta ciudad será como Prefecto de internos, profesor de preparatoria y coordinador de Primaria y secundaria. Será quien por muchos años “arme la memoria escolar”, haga los diplomas de los bachilleres, con su hermosa letra gótica. También en esta ciudad sufrirá por el abandono de algunos de sus cohermanos, en especial uno de sus directores, que decide dejar el Instituto. Era un Hermano que amaba su vocación y a sus Hermanos.
Las devociones del Hermano Antonio:
Sin dudar, era un Hermano de grandes devociones; claro está que el primer lugar en su vida lo ocupaba Nuestro Señor, seguido por María Santísima, a quién le profesaba un tierno cariño y veneración, festejaba sus fiestas e invitaba a sus alumnos y maestros que trataba a que le profesaran una devoción de hijos; otra devoción tierna y casi infantil era al Nacimiento de Nuestro Señor. Se esmeraba en poner diversos nacimientos, tanto en la escuela como en la casa de la Comunidad.
Como Hermano, la devoción al Santo Fundador estaba fuera de duda, pero desde las casas de formación adquirió un cariño especial por el Hermano Miguel, el sabio y santo Hermano ecuatoriano, que en ese momento ya era venerable y, se veía que con el tiempo sería el primer Hermano santo de América.
El Hermano Antonio, desde joven fue muy devoto del Hermano Miguel y tuvo la oportunidad de asistir a su Beatificación, que se realizó en Roma, conjuntamente con la del Hermano Muciano. De los pensamientos sobre el nuevo beato, expuestos por SS Pablo VI, que más lo marcaron, fueron los siguientes: “Si nos preguntamos por el motivo radical de tal fecundidad humana y religiosa, de aquel acierto y eficiencia en su tarea ejemplar de catequista, lo encontramos en lo íntimo de su rico espíritu, que lo llevó a hacerse sabiduría vestida de amor, ciencia que ve al ser humano a la luz de Cristo, imagen divina que se proyecta -con sus deberes y derechos sagrados- hacia horizontes eternos. Ese es el gran secreto, la clave del éxito obtenido por el Hermano Miguel, realización sublime de un gran ideal y por ello figura señera para nuestro tiempo.”[1]
El año de su canonización, la Comunidad del Colegio Ignacio Zaragoza organizó la fiesta religiosa en honor al nuevo Santo y es, gracias a uno de los pocos escritos, del Hermano, en la revista la Salle, que sabemos de ello:
¡Y vaya que si fue fiesta!
“La notica de la canonización del Hermano Miguel causó alegría entre todos los que hoy por hoy formamos la comunidad educativa de esta risueña ciudad de Saltillo: “UN NUEVO SANTO ELEVADO A LOS ALTARES.” Sí, un Santo más y, en esta ocasión, es de nuestra querida América y, aún, agregamos más: que quien intercede ante el Señor por nosotros, es un Hermano nuestro, es decir un maestro, pero más que un maestro es un ¡HERMANO LASALLISTA!
Con esta alegría propia de quienes somos sus hermanos en religión, nos dimos cita en la Comunidad para ver la forma mejor de celebrarla… el Hermano Director contactó con el Sr. Obispo Dr. Francisco Villalobos para invitarlo a celebrar la Misa en la Catedral, el cual aceptó celebrarla el mismo 21 de octubre, día de la canonización. El Hermano Víctor se hizo cargo de la publicidad y de contactar a un pintor para que realizara una pintura grande, con la imagen del Hermano Miguel, la cual se expondría en la catedral durante todas las misas de ese domingo… los demás Hermanos nos encargaríamos de los detalles propios de la celebración.
[1] SS:Pablo VI misa de la beatificación Observatore Romano, original en italiano.
Cabe decir que la Catedral resultó insuficiente para acoger a todos los que fueron a manifestar su devoción y admiración por el hoy San Miguel Febres Cordero y solicitar los favores del Señor por medio de su intercesión; al final vinieron las filas para felicitar a los Hermanos, pues aquí, como en todas partes, la gente tiene muy en alto la labor de los Hermanos,”…
1984. Saltillo será su nuevo campo de apostolado y esta ciudad lo recibe con los brazos abiertos, como coordinador de la Secundaria y después de la primaria. Su actividad será constante y agregará al trabajo la atención y el acompañamiento de amistad a los aspirantes de la comunidad vecina; será fiel en acompañarlos a los paseos, en la felicitación por el día de su cumpleaños y en detalles significativos para ellos; algunos de estos aspirantes lo invitaron como su padrino en su toma de hábito.
En su actividad escolar se destacó por ser el responsable de la Banda de Guerra del Colegio, obteniendo excelentes presentaciones y premios por la disciplina mostrada, así como en la exactitud de los toques y la gallardía de sus ejecuciones. Llevó a la Banda a los desfiles de Laredo, en el día de Washington, así como a presentaciones en los distintos colegios que hicieron concursos.
Un apostolado, que más parecía un momento de solaz para el Hermano,
era la convivencia con los Aspirantes de Preparatoria, que vivían en Villa la Salle, contiguo a la comunidad del Zaragoza. Siempre fue muy preocupado por la obra de las vocaciones. Desde sus primeros años de Hermano joven, en Saltillo, tuvo la oportunidad de tratar a muchos jóvenes que en algún momento de sus vidas pensaron consagrarse a Dios como Hermanos. De entre ellos algunos lo escogieron como Padrino de Toma de Hábito.
Para motivar a sus alumnos en el espíritu lasallista y en su formación cristiana, guio por muchos años las actividades del Club la Salle, grupo de niños de quinto y sexto de primaria que se comprometían en un cierto apostolado; los acompañó a campamentos, encuentros y diversas actividades organizadas para ellos, por los Hermanos de la Casa Central.
En 1983 se incorpora al equipo de Misiones de Semana Santa, primero en el equipo que hacia visitas a las distintas fraternidades, después ya como responsable de una fraternidad y, más tarde, organizador de las misiones en el estado de Coahuila, en el municipio de General Cepeda, por varios años, llevando el mensaje del Evangelio a las personas del desierto. Preparaba muy bien a los misioneros y desde tiempo atrás los motivaba y vivía con ellos toda la Semana Santa, supervisando sus actividades, alentando a los jóvenes en sus dificultades, pero sobre todo siendo el mejor amigo y compañero de misión.
Su espiritualidad y su vida religiosa fue siempre el camino de la sencillez, delicado con el Señor, una devoción muy especial al Niño Jesús en su nacimiento; su oficina se convertía en una exposición sobre el nacimiento, para gozo de chicos y grandes. Para el Hermano Antonio era la Navidad una época muy especial; desde tiempo atrás fue reuniendo distintos nacimientos, comprados o bien que recibió de regalo de sus múltiples amistades, formaba escenas relacionadas con el relato evangélico o provenientes de la tradición cristiana mexicana. En su oficina lucían al menos tres nacimientos diferentes, puestos por él mismo, con múltiples detalles que le permitían explicar a los niños, jóvenes y padres de familia, este misterio de nuestra religión; gozaba esta actividad, que convertía en una catequesis para chicos y grandes.
Otro aspecto de su espiritualidad fue la devoción por todo lo referente al Instituto y a Nuestro Santo Fundador y, en especial al Hermano Miguel, del cual fue gran devoto y propagador de su devoción. Otra de sus devociones fue al Hermano Arnoldo. Pulis le comentó a su Hermano Director que se había encomendado a Dios a través del Beato Arnoldo cuando estuvo a punto de perder la vista de uno de sus ojos y había recibido el favor de su protección.
Hombre de comunidad, siempre positivo, entusiasta por la vida de la comunidad, siempre presto para prestar los diversos servicios, como el economato, la hospitalidad y la organización de los paseos semanales.
En los cursos de verano, a los cuales asistía una cincuentena de Hermanos, era esperado el paseo de fin de cursos, donde el Hermano Pulido era el alma de la fiesta... cantos con mariachi... un buen trago de tequila y una sabrosa comida mexicana salpicada con sus chistes, siempre atribuidos al “Viejo Servín[1]”(Rafael Servín DB. fallecido en Saltillo y compañero de Pulis en su estancia en Zacatecas).
Amante de la música clásica, escuchaba los autores clásicos, ya sea conciertos, sinfonías y algunas áreas de ópera, como forma de su descanso, tiempo de lectura y esparcimiento; muchas veces por las tardes de los domingos se escuchaba en las cercanías de su habitación los acordes de esta música.
Un testimonio de un Hermano que fue su director, tanto en Ciudad Victoria como en Hermosillo, nos describe algunas de las virtudes del Hermano Antonio: “Mi inolvidable Hermano Antonio Pulido Pulido. Un Hermano Lasallista a toda prueba, amable, servicial, entregado, gran amigo de los niños. Todo esto lo vivió con intensidad, ya que era sumamente preocupón, delicado en su trato abierto y servicial para con todas las personas con las que le tocó vivir. Nunca le conocí momentos de disgusto, sino todo lo contrario, siempre estaba alegre y haciendo feliz a todos los que lo rodeábamos. Tuve la dicha de ser su director en Cd. Victoria y luego en Hermosillo, donde siempre mostró una obediencia y cumplimiento de sus obligaciones, envidiables.” [2]
El tiempo de liar sus gavillas se acerca, la salud disminuye, una diabetes ha sido su fiel compañera de años atrás, pero también lo ha minado silenciosamente... la obediencia lo destina ahora al Colegio Fray Miguel de Bolonia, de San Juan de los Lagos. El cambio no le fue fácil, pero lo aceptó religiosamente, e inició nuevamente su labor de sembrador… hacer nuevas amistades, ser signo y testigo, ante los niños, que lo logra por su servicio, su sencillez, su entrega y presencia en todas las actividades de la escuela y, muy pronto el Hermano Antonio es conocido en toda la población... pasan cuatro años y el primer semestre del quinto... primer día de vacaciones, después de posadas y el ajetreo propio de ese tiempo... por la mañana, se levanta se baña y el Hermano joven de la comunidad lo espera para ir a Misa... la espera se alarga, va al cuarto del Hermano y lo encuentra a medio vestirse, ya inconsciente... se busca al doctor... pero ya fue inútil. El Señor lo había llamado a su reino, a temprana hora, del día 18 de diciembre de 2004
[1] ( Rafael Servín DB. Fallecido en Saltillo y compañero de Pulis en su estancia en Zacatecas)
[2] Hermano Alejandro Bünsow
Su funeral congrega a la comunidad educativa; es velado toda la noche y en la parroquia se celebra la misa de exequias. La comunidad distrital reunida en Cuernavaca, lo espera para orar por él, estando sus cenizas presentes.
Hermano Antonio, gracias por ser el buen Hermano que fuiste, gracias por tu bondad, tu alegría y el ejemplo de tu vida generosa entregada a Dios en la educación de miles de niños y jóvenes.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas