HNO. BENJAMÍN TESSON CHARRIER

(HERMANO CEDMON)

* 28 III 1884        + 11 XII 1970

El Hermano Cedmón nació el 28 de marzo de 1884 en Chateau d´Olonne, en el Vandée, diócesis de Lucon, Francia y, de nuestra comunidad de Acapulco, partió a la Casa del Padre  el 11 de diciembre de 1970, a los 87 años de edad, 71 de vida religiosa y 58 de profesión perpetua.

Nuestro querido Hermano era originario de Vendée, territorio fértil en vocaciones misioneras y tierra de los mártires de la Revolución. Nació muy cerca de Sables de O’lonne, donde nuestros Hermanos dirigieron por largo tiempo una escuela. Él pertenecía a una familia muy cristiana, por eso no fue raro que, a sus quince años Benjamín Tesson haya emprendido el camino para el Noviciado Menor de Nantes, el 20 de agosto de 1898 y al año siguiente fue admitido al Noviciado.

En la Toma de Hábito,  el 2 de febrero de 1900, Benjamín se convierte en el Hermano Cedmon, conocido tanto en Cuba como en México, con ese nombre. El año de Noviciado se pasa sin historia; el Hermano Director Didyme le confía, a título de Ángel Custodio, un postulante que le sobrevivió y que nos trasmite sus recuerdos: “El Hermano Cedmon era uno de los más inteligentes del Noviciado pero, a pesar de su buena voluntad, apenas me informó sobre las costumbres y lo que se hacía en el Noviciado; parecía distraído y preocupado por otras cosas. Con todo, yo puedo dar fe de su piedad extraordinaria.

Los estudios del Escolasticado los realizó fácilmente y llegó a obtener el Brevet Elemental en el año 1902, que le permitió comenzar a enseñar. Fue destinado a nuestra escuela de San Pedro de Nantes. Los Superiores lo envían a  varias de las escuelas del Distrito, con lo que permite pensar que tenía las dificultades propias del principiante.

En 1905 fue enviado a proseguir sus estudios en Nantes, pero al año siguiente, a causa del cierre de las escuelas, por la Ley de Combes, escogió seguir el camino de las misiones, por lo que se dirigió a Clermont  para prepararse, siguiendo un curso acelerado de español.

El 11 de junio de 1907 nuestro Hermano formó parte de un grupo de 15 Hermanos que se dirigía a Cuba.  Inició su labor misionera en la escuela de Guanabacoa, que se había abierto unos meses antes y, después de una  corta estancia  en esta población,  fue destinado  a Santi  Spiritus,  donde permaneció hasta 1911, pasando luego a Güines, donde pasó un buen tiempo; él trabajó sucesivamente en: La Academia La Salle de La Habana, Guantánamo, las Casas de Formación de Guatao y Marianao, hasta el éxodo de 1961. Habiendo escogido quedarse en América, fue destinado a la comunidad de Acapulco, hasta su muerte.

Las notas recibidas de los Hermanos de Cuba y de México nos permiten relatar mejor la vida del Hermano Cedmon y presentar la forma de vida de un religioso y de un profesor de primera clase.

El Hermano Cedmón era un hombre de buena presencia: el pecho erguido, de tez diáfana, tenía fluidez y dominio del español y del francés,  su lengua materna, siempre listo para trabajar, era una persona serena que no  tiene y no quiere hacer problemas. Su fisonomía era la de un hombre sonriente, que denotaba la bondad y benevolencia, con un ligero estrabismo, que fue corregido tardíamente con los lentes. Frugal y sobrio. Vivió largo tiempo gracias a su régimen de austeridad, que marcó su vida entera.

Alma sencilla, viviendo habitualmente bajo la mirada de Dios, daba ejemplo de fidelidad a sus ejercicios religiosos; nada de perdonarse el sacrificio. Maestro de sí mismo, siempre de igual humor. Siempre ocupado de alguna forma, siempre presto para realizar cuanto acto de caridad pudiera. Distinguido, afable con los Hermanos y con los alumnos, creaba con su presencia un ambiente de serenidad. De manera especial observaba el cuarto mandamiento del Instituto: “Por espíritu de fe todo lo haréis y por Dios únicamente". Su espíritu de desprendimiento lo llevó a la siguiente decisión heroica: “Jamás regresar a su país natal a lo largo de su vida religiosa”.

Espíritu vivo y penetrante, muy observador e ingenioso, muy hábil de manos, brindaba a su alrededor una multitud de servicios y aseguraba el tiraje de los esténciles para los cursos personales, como para los exámenes. Realiza trabajos a máquina de escribir de una forma exacta y bien realizados. Programas, horarios, listas de clase, listas de premios pasan habitualmente por sus manos. Sabe presentar su trabajo con buen gusto, gentileza y rapidez. Siempre dispuesto, nunca rechaza prestar una ayuda, aunque se la pidan en el último momento o de improviso; actúa rápidamente y realiza un trabajo impecable, acompañado de una sonrisa de su parte.

Aprovecha los aparatos descompuestos, repara relojes; él fabricó un gran reloj para el patio de uno de los colegios y otros para la comunidad. Muy hábil para armar diversos aparatos: radios principalmente, emplea sus conocimientos para modernizar la enseñanza.

Se convierte rápidamente en excelente profesor de inglés, metódico y constante; policopia sus lecciones y hace folletos que utiliza en clase y se los vende a sus alumnos por precios muy módicos. Los buenos resultados en los exámenes son seguros en las escuelas donde enseña. Hace también su pequeño fascículo para sus cursos de Historia y Geografía y utiliza los avances tecnológicos a su alcance, como son los medios audiovisuales.

Un Hermano que vivió con él en la Academia de la Salle, entre 1930 y 1935 escribió:  “En esta época lejana en que el Hermano Cedmon estaba en plena actividad, cada Hermano aseguraba la observancia de sus deberes religiosos, los folletos vendidos a los alumnos, a poco precio les ayuda a triunfar en los exámenes, en razón de eso los alumnos los buscan y los adoptan. Todo su tiempo pertenece a sus alumnos y a la Comunidad; sus múltiples ocupaciones llenan sus días de descanso o las vacaciones. Goza de la simpatía general, del funcionamiento de una clase, la preparación de las lecciones que se hacían en tiempos libres o en las vacaciones. El Hermano Cedmon era un trabajador incansable, con métodos originales. Para perfeccionar su conocimiento de la lengua inglesa, seguía cursos con un Hermano norteamericano, en el Colegio del Vedado, durante el verano.

Su salud era excelente, rara vez tenía alguna enfermedad,  de  tal  modo que, su regularidad parecía perfecta. Siempre amable, valeroso, sembraba la alegría en las clases y en la Comunidad.

En Marianao uno de sus últimos lugares de trabajo en la isla de Cuba, se encargaba de la venta de libros. En las vísperas del inicio del curso todo estaba bien previsto, con orden y organización; sus servicios eran muy apreciados por los Hermanos y por los padres de los alumnos.

Dotado y con muchas habilidades para las Matemáticas, nuestro Hermano compuso una colección de problemas difíciles, que preparaban bien para etapas superiores; un antiguo alumno, cuando era escolástico en Marianao, escribió:

“Es raro encontrar Hermanos que saben y se desgastan por sus alumnos o los Hermanos. En nuestras dificultades para comprender un curso o para resolver problemas, nosotros acudíamos habitualmente a él porque estábamos seguros de ser ayudados rápidamente. Se ponía a nuestra disposición y estábamos felices de aprovecharlo; el éxito en los exámenes estaba asegurado. No me acuerdo haberlo visto perder la paciencia o disgustarse.  Nosotros lo teníamos como un asceta, pues en la realidad eso era.

Esos son bellos elogios. Todos los que practican la enseñanza saben bien las dificultades que se presentan en nuestros tiempos, era un gran mérito conservar esa calidad de maestro”.

Otro de sus antiguos escolásticos agrega: “Era un hombre de oración, aprovechaba los momentos libres para hacer visitas al Santísimo Sacramento. Rezaba todos los días el oficio de la Santísima Virgen y diariamente  hacía las estaciones  del Vía Crucis.

De carácter amable, sabía hacernos reír, sin burlarse de nadie, sabía muy bien que la alegría es un buen tónico, siempre beneficioso. Seguido nos contaba anécdotas del tiempo en que estuvo en Güines, principalmente. En otros momentos hacia una revoltura de palabras en francés, español e inglés, para hacernos reír, con lo que él gozaba.

Era un rudo religioso, siempre se le vio atento a seguir la Regla, que era su vida. Durante mucho tiempo su salud fue buena, ningún exceso, era muy regular en su alimentación, en el sueño y en las actividades. Con los años, sobre todo después de su llegada a México en 1961, le vienen pequeñas enfermedades, como dolor de cabeza, irritación en los ojos, excesos de concentración. El Hermano Cedmon sabe reconocer sus límites, pero sueña en seguir trabajando al servicio de Dios y de sus Hermanos. Él seguía las órdenes del médico y retomaba el trabajo que este le permitía.

El Hermano Director de Acapulco nos escribió:

“Este querido Hermano nos ha dado un auténtico testimonio de su consagración a Dios, como Hermano. Desde su llegada en 1961, siempre quiso participar en la vida y en las actividades comunitarias. No quería nada de excepciones y particularismos sino permanecer asociado a la vida común, a la oración, a la que nunca faltaba. Es notable su gran devoción a la Santísima Virgen, pues rezaba el Rosario entero todos los días.

Se esforzaba en no ser carga para nadie; daba ejemplo de caridad sincera y de trabajo asiduo. Mientras pudo, aseguró todo el tiraje de esténciles y exámenes para cubrir las necesidades del Colegio. Los Hermanos que lo conocieron como profesor aseguran que nunca castigaba corporalmente a sus alumnos, obteniendo de ellos la confianza por su prestigio.

Víctima de un infarto, tuvo que resignarse a guardar reposo completo, totalmente resignado a la voluntad de Dios, soportando amorosamente los sufrimientos que lo unían a la Cruz de Jesús. Dejó este mundo el 11 de diciembre de 1970 y nos dejó el recuerdo de un perfecto religioso, modelo de educador.[1]

El Hermano Visitador escribió sobre nuestro Hermano:

“En la noche del 12 de diciembre, día de Santa María de Guadalupe, el Hermano Cedmon se nos fue de la tierra para celebrar la fiesta en el cielo.

El “Miserere” que el H. Cedmon iniciara con los Hermanos de su comunidad, todos fraternalmente reunidos en torno a su lecho, lo terminó allá arriba.

De sus 87 años, plenamente vividos, 72 los dedicó a la vida religiosa y de ellos entregó SETENTA a América... Dios nos regaló al Distrito de México Norte sus últimos diez años de su vida.

En el proceso de purificación que Dios manda a toda alma, el Hno. Cedmon sufría los últimos años del aislamiento producido por la sordera y por la pérdida gradual de la vista... pero había aprendido de memoria el oficio parvo y el oficio de difuntos, que diariamente rezaba... paseándose recitaba el rosario completo.

Murió tan calladamente y sin deseo de molestar a nadie que escogió un sábado para morir y un domingo para que lo enterráramos. Las familias que se enteraron estuvieron presentes para dar sus condolencias y para el entierro.

La Misa de cuerpo presente fue en la terraza de la casa, de cara al  mar, que tanto amó,,, una breve homilía en francés fue el último regalo de Dios para él... y, ya en el cementerio, mientras dos Hermanos depositábamos la cruz  en la cabecera de la tumba, jóvenes de preparatoria cubrieron la tumba de gladiolos blancos.

CEDMON, el primer Hermano que muere en Acapulco... su cuerpo, el del primer Hermano que queda en tierras guerrerenses.

CEDMON es un prototipo de FIDELIDAD... una vida íntegra, vivida hasta el último día... Cedmon, desde el cielo intercede por el Distrito y, en forma especial, por los HERMANOS de tu Comunidad de Acapulco, que tanto te amaron” [2].

                                                Traducción realizada por el

                                                      Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas

 



[1] Noticias necrológicas del Distrito de Francia, traducción realizada por el H. J. Ignacio Alba.

[2] Hermano José Cervantes Hernández Visitador  en La Salle en México Norte, febrero de 1971