(Hno. Beltrán Jorge)
Puebla, Pue. Monterrey N.L.
Entorno familiar
La señorial ciudad de Puebla, que según la tradición fue trazada por los ángeles, por la rectitud en sus calles, está llena de historia y de personajes ilustres, misioneros, poetas, músicos, educadores, hombres de ciencia; poseedora de interesantes tradiciones y leyendas; sus templos y múltiples conventos, bellamente decorados, hablan de una gran evangelización recibida en la colonia, forjadora de familias cristianas de nobles sentimientos; sus parques arbolados y adornados con mil y una flor, que dan un colorido espléndido. Esa fue la tierra que vio nacer al Hermano Jorge, un 29 de diciembre de 1929.
Llegó Jorge a un cristiano hogar, formado por Don Edmundo García Moreno y la Señora Gabriela Abaroa, quienes formaron un ejemplar hogar, rodeados de los once hijos que el Señor les concedió, siendo Jorge Gerardo el 5°; ellos educaron a sus hijos en el temor de Dios y en las virtudes cristianas. La oración ocupaba un primer lugar en la vida familiar, así como el rezo diario del Rosario, a las 7 de la noche, antes de cenar, y la participación en la Santa Misa, no solo dominical, sino diaria, por parte de sus padres.
Jorge fue muy cercano a sus padres, “con su papá gozaba mucho de ir de cacería y muchas veces se trasladaba en una bicicleta, a las lagunas de San Baltazar y a la de Chapulco, donde cazaban patos, que iban en vuelo, pues querían ver la pericia de los cazadores; para recoger los patos tenían perros entrenados para entrar a la laguna y sacarlos;
en esos paseos que iniciaban a las 6 de la mañana, se desayunaban los lonches que, amablemente, les preparaba su mamá.
Don Edmundo era un hombre muy ordenado y sistemático; Jorge, después de las cacerías, se encargaba de la limpieza de las escopetas y aprendió a recargar los cartuchos.
En palabras de su hermano Fernando, Jorge, para su mamá, era el hijo preferido y tenían una relación muy hermosa de hijo a madre, cordial, cercana, íntima y amistosa, desarrollando una muy profunda relación de intimidad, tanto espiritual como de sentimientos e ideales.
Las relaciones del Hermano Jorge con sus hermanos fueron muy buenas, en especial con su hermano Fernando, por ser muy próximos, además, siempre fueron compañeros de cuarto, de pelea, de juegos y convivían mucho con los amigos y los primos, entre ellos Enrique Llanes, Carlos del Castillo y otros más, que hacían de la casa de Jorge el club social, convirtiéndola en el lugar de travesuras, de guerras y de juegos, siempre bajo la atenta supervisión de su mamá, a la que algunas veces la hacían desesperar, pues le maltrataban sus plantas del jardín y se robaban los postres que hacía.
Fue padrino de Primera comunión de su hermano Javier, el menor de la familia; él comenta que lo conoció cuando Jorge ya era hermano, pues cuando entró al Instituto era un niño de meses y le contaron que cuando entró con los Hermanos, Jorge fue a su cuna a despedirse.
Las relaciones de Jorge con su familia, hasta el fin de su vida, fueron de cercanía, de atenta presencia; vivía lejos, pero siempre estaba atento a cualquier acontecimiento familiar, luctuoso o feliz y se hacía presente por medio del teléfono o bien por una carta; también era cercano a sus sobrinos y demás familiares. Cuando iba a Puebla gozaba mucho, su mamá le preparaba las famosas chalupas poblanas, de las cuales era “muy chalupas”. [1]
Su familia creyó en el Lasallismo, sabía de la herencia que los Hermanos habían dejado en su primera estancia de 1905 a 1914 y, es por eso, que cuando se reinicia la obra de la Salle en Puebla, en 1933, Jorge y sus hermanos mayores fueron puestos en la Academia Motolinía, más tarde, Colegio Benavente.
Los García Abaroa fueron alumnos del Colegio Benavente, desde la primaria hasta terminar su secundaria. Tienen muy vivo el recuerdo del tiempo en que dos o tres Hermanos dormían en su casa, para evitar que el gobierno los molestara.[2]
Jorge entra a la primaria en febrero de 1936 y fue siempre buen alumno, estudioso y responsable de sus tareas y trabajos. Desde la primaria inició una fuerte amistad con algunos Hermanos, como Salvador Pérez, José Manuel Ramírez (Antonino) y Mariano Ramírez.
Inicia su secundaria en Puebla y al concluir su primer año de secundaria se decide a entrar al Noviciado Menor.
Relación con su familia:
El contacto con su familia, en los primeros años fue por correspondencia, ya que las visitas a la familia eran cada cinco años. Después fue fiel a visitar a sus papacitos unos días, durante las vacaciones. Aunque no era frecuente su presencia física, si lo era a través de la correspondencia. En unas cuantas letras les hacía saber y sentir el cariño que tenía para con ellos:
“Sra. Gabriela A de García M.
Puebla, Pue. Mayo 9 de 1961.
Madrecita queridísima e inolvidable: Aunque tuve la dicha de felicitarte personalmente por el día de las madres, hoy renuevo mis más ardientes deseos y la promesa de que mañana pediré por ti, de manera especial y como no lo hago por nadie.
Que Nuestro Señor te bendiga e inunde tu alma de los dones más sublimes. ¡Bendita seas Madrecita mía! Tu hijo que nunca te olvida. Jorge fsc.
Años después y, en circunstancias diferentes, porque ya había muerto su papacito le escribe a su mamá:
Mi queridísima Madre: De manera especial, este mes te he tenido muy presente en mi corazón y en el pensamiento, al acercarse el aniversario de papá.
Nadie más que tú ha vivido y vive en su intimidad. Te adjunto la carta que he mandado a mis hermanos y la tarjeta de agradecimiento que hace un año mandé. Creo que ahora recobra más fuerza con el paso de doce meses.
Anhelando verte pronto, recibe mi amor y veneración. Jorge fsc.
[1] Datos aportados por la Sra. Alicia, Fernando y Javier, hermanos del Hermano Jorge García Abaroa
[2] Ibid
Noviciado Menor:
“El 29 de noviembre de 1943, su familia lo fue dejar al autobús de ADO; a su padre se le salen las lágrimas y al mismo Jorge también, el Hermano Antonino, quien lo acompaña lo consuela, diciéndole que pronto sus papás lo irán a visitar a Tacubaya.
La primera visita a la casona de Observatorio 80 se realizó en febrero. Lo fueron a visitar sus papás, por primera vez; su hermano Fernando fue el escogido de la familia para esa primera visita. La familia fue muy fiel a la visita familiar mensual y sus hermanos fueron acompañando a sus papás, por turno, ya que no podían ir todos, al ser muy numerosos”. [1]
A la llegada de Jorge a Tacubaya encontró a un joven Hermano Director, lleno de entusiasmo e ideales, con el cual establece lazos de amistad que durarán toda la vida, se trata del Hermano Víctor Bertrand y, además de él, se encuentra con otros sabios Hermanos como “fre Víctor” y Rodolfo Mendoza, que dentro de su juventud marcaron a muchos Hermanos.
En las vacaciones largas se tenía el famoso campamento, que en ese tiempo se realizaba en las inmediaciones de Amecameca, en un antiguo convento franciscano, en la población de Calpan; este campamento fue prueba de fuego para Jorge; él contaba y también el Hermano Bautista Roberto, en ese tiempo ecónomo de la casa, que muchas veces habló con él para consolarlo. Los campamentos eran una prueba difícil para aquellos jóvenes que, aunque generosos, no estaban acostumbrados a esa vida ruda, en especial este campamento, que no contaba con la más mínima comodidad. El Hermano Jorge superó la prueba y siguió valientemente su formación.
La casa de Observatorio 80 era ya demasiado vieja, sí bien había sido el refugio de las casas de formación, su deterioro era grande. El Hermano Netelmo, Visitador Auxiliar, se organizó para realizar una nueva construcción en la huerta adquirida en Tlalpan. Un año duró esta construcción y, “el 25 de enero de 1945, día en el cual pudimos reunirnos todos y abandonar los locales de Observatorio 80, será inolvidable”.[2] Se traslada el Noviciado menor a Fuentes 17; Jorge colaboró ayudando en algunos arreglos de la casa, como pintura y cableado eléctrico; poco tiempo le toca gozar esta nueva casa, ya que el 29 de noviembre de 1945 pasa a la siguiente etapa de formación, el Postulantado.
Noviciado.
El paso al Postulantado, etapa anterior al Noviciado, que se hacía en la misma casa y se realizaba la última semana del mes de noviembre.
Llega a esta nueva etapa a días de cumplir sus 16 años; esta etapa del Postulantado era un tiempo de inducción a la vida del Noviciado; en realidad se vivía la vida del Noviciado, nada más que sin hábito y era de casi dos meses, ya que la mayoría de los postulantes habían sido novicios menores.
Toma de hábito e inicio del Noviciado.
La Toma del Hábito religioso es para el joven hermano un momento de especial importancia, ya que es la entrada a la vida religiosa como tal, aunque aún sin el compromiso de los votos. Para Jorge, ese momento implicó un cambio de nombre; desde ese día 25 de enero de 1946 será el Hermano Beltrán Jorge, una nueva forma de vestir: el hábito, así como portar el Nuevo Testamento sobre sí y tener un Rosario propio del Instituto: la camándula de Santa Brígida, que se distingue por sus 6 decenas.
Sus compañeros que, junto con él recibieron el Santo hábito, fueron los Hermanos: Jorge Campos Artigas, Sergio Flores Valle, Víctor Antonio Parra Alaniz, Tomás Garza Garza y otros jóvenes que no perseveraron.
El Director del Noviciado era un francés, bretón, de recia figura, religioso de gran fortaleza y reciedumbre pero, a la vez, muy humano, paternal, de un gran corazón, que supo inculcar a sus novicios el orden, la disciplina, la puntualidad, la fidelidad y rectitud en sus vidas, a la vez que, con auténticos ideales para la vivencia de una vida religiosa, llevada con radicalidad. Supo trasmitir una gran devoción a la Santísima Virgen, de la cual el Hermano Jorge se impregnó y, muchas veces por sus manos desgranó el rosario y con alegría celebró las fiestas de María Santísima. El Hermano Jorge supo aprovechar esa formación y siempre fue un fiel devoto de María Santísima y un religioso auténtico y de gran rectitud, en su vida y en su labor educativa.
Como Director formador tuvo al Hermano Dosas Lucien, antiguo visitador de Antillas México, durante diez años y, ese mismo tiempo fue director de Noviciado, formando a grandes y notables Hermanos.
“Mi plan de vida”.
Al fin de su noviciado hace, su ‘proyecto de vida’, que lo guiará siempre.
Mi Pasión dominante:
El examen de mi vida pasada me ha hecho conocer que el orgullo es mi pasión dominante.
Después, describe el análisis realizado; “El orgullo ha sido la causa de mis principales pecados; envidia, intolerancia, insubordinación, impaciencia, dominación, susceptibilidad… me ocasiona dificultades con mis padres, superiores y prójimos…” habla después de los peligros del orgullo, entre los que destaca cinco, he aquí el primero: “Dios resiste al soberbio…me hace apartarme diametralmente de la doctrina de Jesucristo, que dijo: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” y, además, hago caso omiso a la doctrina de nuestro Santo Fundador que nos dice: ”La piedad, sin la humildad, no es de ordinario más que pura hipocresía”[3]. Continúa, con todo, su plan de vida, que no es otra cosa más que el fundamento de su piedad y de su lucha, de por vida, de ser hombre de Dios.
Los apartados del plan de vida son los siguientes:
La Oración mental.- La Sagrada Comunión.- El examen Particular.- Mis prácticas de devoción .- Mis prácticas de mortificación diarias.
Mi divisa: “Quiero amar a Jesús, en María, y amarlos como jamás han sido amados”.
Convicciones.
Termina su plan de vida con una doble súplica a María Santísima de Guadalupe y a San Juan Bautista de la Salle, he aquí la primera:
¡Oh! Dulcísima Madre mía, a Vos, la Reina de mi corazón, me entrego para siempre. Me postro ante vuestras inmaculadas y santísimas plantas para rendiros los homenajes de mi tierno y grande amor. Os entrego y consagro para la vida y la eternidad, mi alma, mi cuerpo, todo mi ser y, especialmente, mi corazón; os doy mi vocación para que Vos la custodies en vuestro corazón purísimo e inmaculado, junto con mi pureza. Os pido me alcancéis un grandísimo amor a Jesús, y el amar a Vos, como jamás habías sido amada y ser vuestro apóstol y esclavo amadísimo. Oh María, obtenedme de mi amabilísimo Jesús, el amor entrañable de mi vocación y morir en mi Santo Estado, oh Dulce Madre mía, María.
Lo firmó el día anterior a sus primeros votos. Tlalpan, D.F. a 25 de enero de 1947 “Laus Deo” Hno. Beltrán Jorge.[4] Un verdadero proyecto de vida que, a través de los largos años lo fue concretizando, hasta el momento en que el Señor lo llamó consigo. Fue un proyecto de congruencia, vivido a plenitud, a pesar de los pesares y seguro de caídas y levantadas, como todo ser humano.
El Noviciado termina con la consagración a la Santísima Trinidad, por medio de los votos religiosos, que para el Hermano Jorge ese día fue el 26 de enero de 1947; seguro, lleno de emoción y sin ánimo de volverse atrás, expresó la fórmula de votos con gran devoción: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Postrado con el más profundo respeto, ante vuestra adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos para procurar vuestra gloria, cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí…”
Espiritualidad:
Sus notas y escritos de esta época van a reflejar lo que va a ser su espiritualidad durante toda su vida, solo con diferentes matices y con afectos diferentes, que son frutos de la edad y madurez.
Uno de sus primeros escritos fueron las resoluciones del fin de su Noviciado:
En mi vida debe haber una grandísima, fervorosa e intensa devoción a María Santísima, siempre ayudado por la gracia de Dios. Me confío a mi dulce Madre y me propongo amarla cada vez más.
Para que mi consagración a Dios, por medio de los santos votos, sea cada vez más y más perfecta, lucharé con todo mi corazón contra los afectos sensibles hacia mis hermanos y también para que ninguna creatura me desvíe de mi último fin, antes me ayuden a entregarme a Él.
Para que mi corazón se apegue solo a Dios, mortificaré todos los afectos desordenados y que me pueden, si los descuido, llegar a hacer faltar a mis santos Votos; mortificaré mi pensamiento cuando se me presenten en la mente los Hermanos o personas hacia las cuales me siento atraído, como si fuera un mal pensamiento. Mortificaré también mis miradas, para que mis ojos no se fijen con complacencia en los rostros de las personas, hacia las cuales siento un afecto natural y sensible. También trataré de evitar las faltas a la caridad. Siempre viendo el rostro bellísimo y dulce de María.
Pero como todo eso me es imposible si Dios no me ayuda, me esforzaré en hacer todo lo mejor que pueda y en íntima unión con Jesús y María.
Ejercicios Espirituales: son la base de la vida interior, sin la cual no podré vencer los afectos y, de acuerdo con lo que resolví en mi Plan Vida, cuidaré especialmente: La Sagrada Comunión, la Oración Mental y la Recolección, para aplicarme a llevar una intensa vida interior con Jesús y María.
Me pondré cada semana una nota apreciativa sobre lo que haya tomado de resoluciones y, si baja de seis, haré una mortificación que me cueste.
Amor y unión a María Santísima.
“Très belle Mère, je veux vous aimer, comme jamais ne vous avez été aimé. Aidez-moi”[5]
Me esmeraré en realizar lo mejor que pueda «mi» Divisa. María me ha de cautivar y ha de ser el centro de mis días. Cada día mi amor y mi devoción han de ser más amorosos, más generosos. !Oh Dulce Madre mía, haced que os ame cada vez más y más! quiero que mi corazón, al sólo recuerdo de tu nombre, se consuma en amor por Ti! Según lo puesto en mi plan de vida sobre las prácticas de devoción a María Santísima, cada día, si ya las cumplí, agradecer a María y hacer lo que me inspire su dulce amor. Si tengo la oportunidad hablaré de Ella a mis alumnos.
¡Oh María, haz de mí un apóstol amoroso y santo, dispuesto a todos los sacrificios y sufrimientos por amor a ti!
Douce cœur de Marie ! Soyez mon salut ! Cœur très pur de Marie ! Soyez l’amour de ma vie !
Te doy mi corazón, mi vida y cada instante de mi vida, para que hagas de mi lo que quieras; que siempre mi ofrenda y consagración a Dios por Ti, me haga más amante de ti y más generoso para cumplir la voluntad de mi Jesús y santificarme. !Oh Marie ! je vous aime de tout l´amour de mon Cœur.
Tuve la oportunidad de estar con el Hermano Jorge en el Hospital Muguerza, diez días; fue una de sus últimas visitas al Hospital, le descubrieron el cáncer renal, fue muy consciente, de su situación, hubo momentos difíciles, pero sin conocer sus escritos, siempre ofreció su vida a María Santísima, sus dolores y en cierta forma también la llegada de su encuentro definitivo con Jesús, su decenario en mano y seguramente su pensamiento en María, por quien entregó su vida a Jesús.
Hay otro escrito, con ocasión de su retiro de Profesión Perpetua, que tituló:
Mi semblanza
Preliminares históricas:
Mi amor y devoción a la Virgen y Madre Inmaculada, puedo afirmar que son innatos en mí. Puedo, sin embargo, afirmar, que el germen de esa devoción lo colocó Dios por mi Madre, atreviéndome a decir, la adquirí con la leche materna.
Fui cultivado en el germen con la educación y ejemplo de mi “Santa Madre”: el rosario en familia, la piedad que ella irradiaba, la asistencia cada día 12 a la Bendición con el Santísimo, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, las oraciones que me susurraba, cuando dichosamente rezaba a su lado: Ave María, Acordaos, Salve Regina, etc…
Mi piedad infantil se cultivó, sin duda, por el gusto que me daba ser monaguillo. Ella fue sin duda quien sostuvo mi ardiente deseo de ser Hermano, desde 5º de Primaria hasta fines de 1º de Secundaria. Fue ella quien en la recia batalla hacía surgir la estrella del ideal: SER HERMANO.
Bajo la advocación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, recibí no solo una generosidad creciente en los meses anteriores a mi ingreso al Noviciado Menor; fue ella quien me obtuvo el consentimiento tan deseado.
Que diré de la Congregación del Santísimo Niño Jesús y después de la Congregación Mariana, cuando tuve la dicha de pertenecer a ellas; fueron la vida de mi alma escolar. Sin duda que mi seriedad y comportamiento siempre bueno en el Colegio, se debió a las Congregaciones.
Fue en el Noviciado Menor donde mi devoción mariana se fue robusteciendo: el rezo diario del Santo Rosario, los cantos hermosos que a ella cantábamos, la solemnidad en las celebraciones de sus fiestas. Comencé ahí a invocarla con más frecuencia y confianza.
Marcadamente, en el Noviciado, María Santísima ejerció sobre mí una influencia, que calificaré de avasalladora. Muy sensible esa piedad mariana, es cierto, pero fue el medio de que ella se valió para incrustarse y amalgamarse en mi ser, en mi piedad, en mi amor, en mis acciones, en mis ansias apostólicas.
Los hermosos cantos en francés de Lambillote, el oficio Parvo Mariano, diario, el ofrecimiento diario en la gruta de Lourdes o en el Tepeyac, los cantos nocturnos de los sábados, las fiestas, las conferencias…etc. Todo contribuyó a animar mi amor y entusiasmo por María. Fue determinante en mi fervor mariano, el conocimiento del Hermano Mutien Marie de Ciney, pues fue mi maestro de amor a María.
Disminuyó gradualmente la sensibilidad y afectividad en esta devoción predilecta en el Escolasticado, pareciéndome que mi devoción se extinguía; ¡No! Se afianzaba sobre bases sólidas. Mi pasión y mi orgullo impidieron que ese contacto con la espiritualidad del Hermano Mutien Marie de Ciney, rindiera todo el afecto sublimado de emulación pura y devoción ardiente a María.
Mi devoción se arruinaba en algunas ocasiones, por la vanidad personal y por cierta envida. En este gran Retiro he pedido a mi Madre que me arranque íntegramente esos afectos, al precio que quiera.
En mis escasos años de apostolado, la devoción a mi Madre Inmaculada, me han movido a consagrar cada día mi clase a María, a no pasar semana sin hablar de ella, especialmente a hablar a tiempo y a contra tiempo, insistir a que recen bien sus decenas de Rosario.
Ahora, antes de mi Profesión Perpetua, veo que no ha habido ocasión en que haya estado en la Basílica de Santa María de Guadalupe, sin que haya entregado mi vocación, mi pureza y ahora mi Profesión Perpetua.
Ahí está entre las manos, unidas por la oración y el corazón de la Bondadosa Madre Mía y de todos los mexicanos. ¡Qué mejor que en esa bendita imagen puede estar mi triple tesoro!
En este Retiro que he puesto en manos de María y que he hecho con ella, en ella y como ella, mi ardor se ha dilatado a lo sumo, en la Novena a su Asunción gloriosísima, en este año mariano.
En María se ha concentrado mi amor y ella al cautivarme, impide que ningún otro me cautive … que así sea Madre mía; por eso mi consagración: “Prends mon coeur, le voilá” es mi himno.[6]
Continúa ahora con una mirada sobre sí mismo que le llama:
Estudio personal:
Para clasificar mi temperamento he tomado la nueva clasificación de Heipmans: 8 temperamentos, tomando tres puntos de vista: Emotividad, Actividad y Introvertido o extravertido.
Mi temperamento es Apasionado; es decir, emotivo entre los muy emocionales,
Activo, en el justo medio
Secundario: ensimismado, que le gusta pensar en sí…
Como Emotivo, tengo movimientos prontos, fisonomía agradable y amante de las artes: música, danza y bellas
artes.
Enuncia tres retratos suyos que no describe, que son el Intelectual, el Volitivo y el Moral.
Continúa con sus motivaciones
Relato íntimo: motivos
“Nada más fuerte en el hombre que el amor, “ama y haz lo que quieras” [7] Mi temperamento y carácter han originado que toda mi vida, hasta hoy, haya tenido y tenga un amor intenso que, desgraciadamente, se ha dirigido hacia las creaturas, que nunca me saciarán, con olvido del Creador del amor.
En la Madre de Dios encuentro el atractivo poderosísimo de aquella que es la belleza ideal, la misericordia exquisita, la bondad sin límites, la Altísima y muy noble Nuestra Señora quien, además, es incomparable, inmaculada y a quien la Iglesia canta: “BELLÍSIMA HABEIS SIDO CREADA , Y SUAVES SON VUESTRAS DELICIAS, SANTA MADRE DE DIOS”.
Mis años de vida religiosa me han afianzado en el camino por el cual Dios quiere llevarme a Él, es decir la santidad: “Ad Jesum per Mariam”.
He observado que cualquier sacrificio se me hace fácil y no me arredra, cuando se me ofrece hacerlo por amor y en servicio de tan amable Reina; he concluido que no puedo negar nada a María.
Cualquier tema que se refiere a María me interesa y me atrae naturalmente. Mi mismo puño no sabe comenzar a escribir, sin escribir su bendito nombre. Mi sed de rezar cada día más Aves Marías, se aumenta sin cesar; en caso de no hacerlo siento nostalgia por María.
Motivos naturales:
Mi temperamento y carácter son pues la lógica explicación de este ideal mariano.
Sensible y emotivo como soy, mendigo el afecto humano y, con qué facilidad me apego a quienes, por sus rasgos, me agradan o por sus actitudes me atraen; he ahí la causa de que cada año haya personas hacia las cuales siento afecto.
La natural atracción que tiene la mujer se intensifica en mí, además, por la juventud, si gracias a Dios no ha habido ningún afecto que me domine al respecto, no, porque ha encontrado sublimación en María, “el cielo de Dios”, según san Juan Damasceno.
Mi amor personal y sereno hacia la que es Bendita entre todas las mujeres y toda Bella, será mi sostén y preservativo del amor humano.
Motivos sobrenaturales:
¿Qué mejor camino para ir a Jesús, que María? ¿Quién mejor que ella me podrá llevar con rapidez y seguridad al que es Todopoderoso?
El mismo día de su primera profesión pasó al Escolasticado.
[1] Testimonio de sus hermanos Fernando y Javier.
[2] Histórico del Noviciado Menor de San José, Archivo casa central del Distrito Antillas México Sur. Escrito por el Hno.
Víctor Bertrand, Director.
[3] Plan de vida “apuntes personales” documentos personales fondo histórico del Distrito.
[4] Hno. Jorge García “plan de vida” 1946 hojas de libreta en apuntes personales.
[5] Hermosa Madre, te quiero amar, como nunca has sido amada, Ayúdame” H. Jorge
[6] Saltillo agosto de 1954. “Toma mi corazón,…”
[7] San Agustín.
HH. Escolasticos. Sentados x, x, Miguel Martínez, Hno. Vtr. Víctor Bertrand, Hno. Asistente Antonio María Lozano, Hno. Dtr. Fernando Anzorena x, x. 2da. Fila de izquiera a derecha Hno. Serfgio Flores, Hno. Eliseo Grandío, Hno. Jorge Campos, Hno. Tomás Garza, Purón, López Pacheco, Cantú, x. 3era, Fila x, Hno. Víctor Parra, x,x,x,x, Hno. Jorge García Abaroa, x,x, 4ta. fila x, x, Hno. Roberto Flores x,x,x.
En el Escolasticado, el joven Hermano de ese tiempo, estudiaba la Normal Primaria, para poder enseñar. La educación de un maestro era celosamente controlada por el gobierno, que establecía los programas y las asignaturas que se debían estudiar; en los congresos esporádicos de educación normal, después de la llamada educación socialista, que debilitada al inicio de la década de los cuarenta, plantea la siguiente posición: “la formación de un nuevo tipo de Maestro Normalista, que fuera un elemento seguro de afirmar nuestra nacionalidad, educador amante de su escuela y de su profesión, que nada tiene de apostólica, ni de prédica, sino al contrario, tiene mucho de actividad creadora, competencia, capacidad, responsabilidad, satisfacción y de lucha, que lleva alegrías y tristezas”. [1]
Ese pensamiento era muy contrario al pensamiento de San Juan Bautista de La Salle, que el docto Hermano Fernando Anzorena Padilla, fundador de la Normal Cristóbal Colón, se había planteado.
[1] Una mirada, una escuela, una profesión: Historia de las escuelas Normales 1921-1984 -Maestra Patricia Hurtado
Tomás
La formación del Hermano Jorge, en cuanto a la docencia, se le debe en gran manera a las enseñanzas de dos notables maestros: el Hermano Fernando Anzorena, director, tanto del Escolasticado como de la Normal, fue la primera persona que se doctoró en Filosofía y Letras, en la Universidad Autónoma de México,
un gran estudioso y un notable religioso; su empeño y sus ideas claras y precisas, así como su capacidad de negociación, logran la Incorporación al sistema Nacional de Educación Pública (SEP), de la Normal Cristóbal Colón; la segunda persona fue el Hermano Miguel Martínez Cervantes, que supo entusiasmar y lanzar a nuevas conquistas a los jóvenes Hermanos que llegaban al Escolasticado; cuando el Hermano Anzorena fue nombrado Visitador General para Europa, en 1948, fue el Hermano Miguel quien prosiguió su obra como director de esta casa de formación.
Tres años de un ir y venir de Coyoacán a Sadi Carnot, en la colonia San Rafael, pasaron relativamente rápidos; el tiempo de ida y regreso se aprovechaba para la lectura espiritual, el estudio y el rezo del Rosario.
Varios días por semana realizaban prácticas pedagógicas en la Primaria del CCC, además de ser catequistas. Los maestros que impartían las clases eran personas doctas en el área de su enseñanza, además de gran calidad humana, seleccionadas por el cuidadosamente por el Hermano Fernando Anzorena.
Vida activa: una visión sucinta de su persona como religioso, como hombre de estudios, como directivo y maestro.
“Hablar del Hno. Jorge es hacer referencia a la fraternidad, a la vida de oración, a la constancia, a la dedicación, al amor por la educación, a la delicadeza, a la consagración… en fin, a tantas y tantas cualidades que un ser humano consagrado a Dios puede y debería vivir. El Hermano Jorge vivió cada una de ellas de forma cabal y, además, por su testimonio invitaba a los que le rodeaban a vivirlas también”. [1]
En él, nos encontramos con una persona extraordinaria, hombre de estudio: maestro de primaria, dos carreras de Normal Superior: Español y Ciencias Sociales, Inglés, en St, Michael’s College, en Sta. Fe N.M. y Cambridge, en Inglaterra, además del dominio del francés, desde adolescente. En estudios religiosos cursó los estudios del Instituto, siguió dos cursos de espiritualidad en Roma, por nueve y seis meses, se diplomó en Catequesis y Teología en el Lumen Vitae, de Bruselas, Bélgica.
Dotado del don de mando, que ejerció cada vez que la obediencia se lo pidió, supo ser una buena autoridad, de criterio recto, y de visión clara de la realidad, buen administrador y con un excelente don de gentes, de palabra clara y convincente, buen orador que sabía llegar al corazón de sus oyentes.
De gran calidad humana, muy sensible ante el pobre, o las personas que sufrían, sabía ayudar y apoyar a las personas sin hacer ruido, como dice la escritura: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Como Hermano participó en todos los Capítulos de Distrito, fue consejero del Hermano Visitador muchas veces y fue puesto por los Hermanos, en la terna para provincial, en varias ocasiones.
Fundador:
Monterrey en la toma de la estafeta americana.
El 29 de diciembre de 1949, cuatro Hermanos mexicanos: Víctor Bertrand, como subdirector, Antonio Yarza, como maestro de 1º de Secundaria, Jorge García de 6º; y Jorge Campos de 5º de Primaria, llegaron a iniciar el relevo de los Hermanos Norteamericanos, que habían refundado la obra de la Salle en Monterrey.
Mucho trabajo les costó a los regiomontanos que los Hermanos volvieran; cartas de solicitud, tanto de los Señores Arzobispos, como de los exalumnos y personas interesadas en que Monterrey volviera a tener una escuela lasallista. Fue en 1942 cuando se logró que el Hermano Adelin Ernest, visitador de Santa Fe -Nueva Orleans aceptara abrir el colegio. Los Hermanos americanos pusieron bases firmes para el desarrollo de la obra, le dieron una mística y un lema: “Esto Vir”, que significa formar en el alma de los educandos una voluntad fuerte y perseverante en el bien obrar, una decisión firme en los buenos propósitos, que han de llegar a ser realidades benéficas para sí, para la familia y para la Patria”.[2]
Un testimonio de uno de sus exalumnos de ese tiempo dice lo siguiente: “Desde niño escuchaste el llamado de Jesús para ser Hermano de las Escuelas Cristianas.
Tu respuesta fue sí, para siempre. Apenas tu formación inicial terminada, recibiste la invitación de nuestro Señor, por medio del Hermano Visitador, a venir a Monterrey, al Instituto Regiomontano. Te estrenaste en sexto A de primaria. ¡Cuántos exalumnos te recuerdan con admiración, respeto y cariño! Te entregaste de todo corazón a tu misión de Hermano Lasallista. Así inició una vida comprometida, de tiempo completo, a la formación de los niños y de los jóvenes, no sólo en Monterrey, sino como maestro, como coordinador, como Director y como responsable de cursos de formación lasallista en tantas localidades de nuestro México. Y cómo no subrayar tu generoso y acertado compromiso de entrega a la formación de los Hermanos jóvenes en el Centro Lasallista de Estudios Superiores.
[1] Hermano Tarsicio Larios, quien vivió con él en Saltillo, como aspirante, de escolástico y fue su director ya al fin de su vida.
[2] La Salle en México II “El Regiomontano”
El H. Jorge en clase y algunos de sus primeros alumnos
No, no fuiste un súper hombre, viviste las fatigas y esperanzas de cada Hermano, de cada cristiano, pero tu vida entera fue transformada por el amor de Dios, que recibiste y viviste en tu corazón. Tu opción fue amar como Jesús amó; entregarte al servicio de los demás, como Jesús lo hizo. Lo diste todo sin limitaciones ni condiciones, porque Jesús fue tu guía y tu modelo.
Hermano Jorge, tú has sido para nosotros un testigo fiel, de lo que soñó San Juan Bautista de La Salle para sus Hermanos y, ahora, en nuestro tiempo, para todos los lasallistas. Seguiste las huellas del Santo Fundador, te entusiasmó su ejemplo, te enamoraste de su pensamiento y de su espiritualidad, viviste intensamente la fe, la fraternidad y el celo ardiente por la salvación del prójimo, al estilo de La Salle y fuiste fiel a su legado.
Y no sólo fueron los niños y los jóvenes tus amigos, tus discípulos y seguidores. Muchos son los Maestros, Padres de Familia, los Exalumnos, los Sacerdotes y Religiosas y, claro, también tu familia y nosotros, tus Hermanos, que lloramos
tu partida, pero también celebramos con gozo en el corazón tu plenitud de vida, abrazado por María, nuestra Madre amorosa, y por Jesús, nuestro hermano resucitado.
Cierto, te encomendamos a Dios nuestro Señor pero, más todavía, te pedimos tu intercesión, para que, como santa Teresita del Niño Jesús, pases tu cielo derramando rosas sobre la tierra. Gracias, Hermano Jorge, por haber sido excepcional instrumento de Dios para comunicarnos su amor”.[1]
[1] Lorenzo González Kipper La Salle en México Norte junio 2016
El Hermano Jorge estuvo en Monterrey ocho veces, en diversas circunstancias y en etapas diferentes de su vida y, en cada una supo transmitir el mensaje evangélico y ser buen instrumento en las manos del Señor para marcar en el alma y la personalidad de muchos alumnos, padres de familia, maestros, hermanos y personas que lo trataron, rasgos de su personalidad y de su ser de hombre, educador y religioso.
1955, entre el desierto y el mar:
Iniciador de una nueva aventura en la tierra donde el sol brilla: Hermosillo. Ir a Hermosillo era ir a lejanas tierras, totalmente separado de lo que era en ese entonces el Distrito de México; el único medio de transporte era el ferrocarril, que salía de Guadalajara, cuando podía, y de su llegada nadie sabía; por carretera no existían puentes, los vehículos pasaban los ríos en pangas. El Hermano Jorge llega a Hermosillo en compañía del Hermano Visitador, Bernard Alphonse y de los Hermanos José Arrieta, José Elcoro, Enrique Canales y Luis Treviño; era el tiempo de la canícula, el calor era espantoso y la adaptación requirió de decisiones valientes, generosas y entregadas. Con anterioridad habían llegado los Hermanos Ignacio Tapia, como Director y Jorge Campos, como prefecto de internos.
El Hermano Jorge fue el Hermano Inspector o sea, el responsable de la disciplina y del buen aprovechamiento en la escuela. El colegio Regis daba educación a 339 alumnos, de los cuales 105 eran de Secundaria y 234 de Primaria, entre los que se contaban 70 internos; el Hermano Jorge fue quien llevó el timón de esa nave, como inspector[1] ; muy pronto, la Secundaria va a estrenar nuevo edificio y los grupos se duplicarán. Poco a poco, con el esfuerzo y la planeación presentada por el Hermano Jorge, el Colegio, además de las clases bien dadas y con buena exigencia académica irá ofreciendo a los alumnos otras actividades, que facilitarán el desenvolvimiento y la cabal formación humana.
[1] Nombre que daba la Regla al responsable de la escuela y que años más tarde en los años 70 se cambió por coordinador
GRADUACIÓN EN LA UNIVERSIDAD DE COAHUILA
En una carta del Hermano Asistente, Antonio María, que fue respuesta de una que la comunidad le mandó, con la felicitación de Navidad, dice: “quiero hacer mención de la carta, que el Hermano Beltrán Jorge “premier maitre», me dirigió, en nombre de todos; somos un nuevo núcleo y centro de irradiación cristiana, en esta próspera y vasta tierra sonorense. Dios Nuestro Señor, por medio de usted y del Hermano Visitador, nos ha colocado en esta situación, la cual apreciamos con todo el corazón y celo apostólico y en la que las almas de los jóvenes y niños se nos han abierto y entregado. Subrayo las ideas que tanto me gustaron… continúa el Superior y da consejos sobre el mismo tema,” Dios Nuestro Señor se dignó escogerlos, para ese Colegio de Cristo Rey… estén siempre a la altura de esa selección divina y correspondan generosamente a esa confianza”. Termina recordándoles un hecho histórico para Hermosillo y para el Instituto: No deben ignorar que el Hermano Rafael Félix, que nació en Hermosillo, el 9 de febrero de 1853, ingresó al Noviciado de Santa Fe el 26 de enero de 1877 y murió en reputación de santidad, en las Vegas, el 28 de mayo de 1907.”[1]
El cincuentenario de la primera escuela lasallista en México
El periódico ‘El Imparcial’, de Hermosillo, sacó el siguiente artículo: “Un Interesante Programa del Personal Docente del Colegio Regis”. El cincuentenario Lasallista de México será celebrado dignamente en esta capital, con una serie de actos de carácter educacional, unos y, religioso otros, debiendo el primero desarrollarse hoy, viernes, a las 20 hrs. en el salón de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen. El personal docente del Colegio Regis, integrado por Lasallistas, han preparado las solemnidades del caso, conmemorando la apertura del Primer Colegio de la Orden el 14 de enero de 1906 en Puebla.
El programa completo es el siguiente:
Viernes 27 de abril. Origen y naturaleza de las obras lasallistas. Plática por el Señor Director del Regis.
Viernes 4 de mayo.- Los profesores Lasallistas en México. Profesor Jorge García Abaroa.
Martes 15 de mayo. Festividad de San Juan Bautista de la Salle, fundador de las Escuelas Cristianas y Patrono Universal de los Maestros. En la Catedral de San Agustín. 8.30 hrs. Misa solemne por el obispo de Sonora, don Juan Navarrete. Al final de esta misa se cantará el Te Deum en acción de gracias”.[2]
La constancia, la cálida y cercana relación humana, su capacidad profesional y el cariño a la escuela y a cualquier obra que fuera a favor de la educación, fue siempre una nota distintiva del Hermano Jorge, que le hacía ser cercano y desarrollar un buen y notable liderazgo en sus diversos trabajos. El Padre Javier de León escribió: “Cada vez que vengo a Hermosillo, me deshago en acción de gracias. Tanto los muchachos, como las familias, están encantados con la excelente labor de todos”. [3]
Tres de los fundadores fueron cambiados en 1960, ellos fueron los HH. José Arrieta, José Elcoro y Jorge García, que vivieron cinco años en el lugar y entregaron una obra bien fundamentada, a un nuevo equipo de Hermanos. Este cambio se debió a que los Hermanos fueron calumniados.
[1] Hermano Antonio María carta del 6 de enero de 1956 al Hermano Beltrán Jorge.- Jorge García A.
[2] El Imparcial abril 27 de 1956. Archivo del Instituto Roma
[3] 6H. Bernard Alphonse La Salle en México III página 120
Retiro de los Hermanos de las comunidades del Norte en la ciudad de Saltillo, presidido por el Hermano Alcimo María. Última fila: Bautista Roberto, César Rangel, Navarro, José Sánchez, Magaña, Cervantes X, Chaurand, X, 4ª fila: Nacho Navarro, Javier Velázquez, Carlos Purón, x,x, E. Navarro, Ivo Rome, 3ª. Fila: González, José Luis Casillas, Víctor Parra, Margarito Sandoval, Tomás Garza, Jaime Rivero. 2ª Fila: Rafael Servín, Jorge Campos, Jorge García Abaroa, Andrés Careaga, Cantú, Alfredo Sánchez Navarrete, José Sánchez Espinoza. Sentados: Luciano Ríos, Aniceto Villalba, Carlos Thierry, Alcimo María, Sr. Obispo de Saltillo Bernardo A. Grousset Vtr, Luis Lozano, y Víctor Bertrand.
Retiro de los Hermanos de las comunidades del Norte en la ciudad de Saltillo, presidido por el Hermano Alcimo María. Última fila: Bautista Roberto, César Rangel, Navarro, José Sánchez, Magaña, Cervantes X, Chaurand, X, 4ª fila: Nacho Navarro, Javier Velázquez, Carlos Purón, x,x, E. Navarro, Ivo Rome, 3ª. Fila: González, José Luis Casillas, Víctor Parra, Margarito Sandoval, Tomás Garza, Jaime Rivero. 2ª Fila: Rafael Servín, Jorge Campos, Jorge García Abaroa, Andrés Careaga, Cantú, Alfredo Sánchez Navarrete, José Sánchez Espinoza. Sentados: Luciano Ríos, Aniceto Villalba, Carlos Thierry, Alcimo María, Sr. Obispo de Saltillo Bernardo A. Grousset Vtr, Luis Lozano, y Víctor Bertrand.
Monterrey. Inspector de la Secundaria y Preparatoria.
Un nuevo horizonte se le presenta al Hermano Jorge, pues regresó a su primer amor, Monterrey, ahora como coordinador de la Secundaria y de la Preparatoria del Instituto Regiomontano.
Fueron solo dos años que el Regiomontano lo tuvo como Inspector, ya que el Hermano Visitador, Bernardo Grousset, lo envía al Segundo Noviciado, de 9 meses, en Roma. El Segundo Noviciado era una institución que ayudaba al Hermano a profundizar en la espiritualidad lasallista y en el conocimiento al Santo Fundador, además, era una preparación para más tarde ejercer algún puesto de responsabilidad en el Distrito, ya sea como formador, o bien, como director de comunidad y de obra.
Peregrinación a Lourdes:
Verano de 1958. El 25 de junio, en compañía de varios Hermanos y alumnos de los colegios del Norte, sale hacia Europa. Llegan felizmente el día 27 y, hace el siguiente comentario: “que le parece imposible haber volado tantas horas, de 23 a 25. Inician su viaje en Lisboa, de ahí visitaron varias ciudades de la Costa Azul y después prosiguen por Italia, regresan a Francia y llegan a Lourdes el 7 de agosto, para asistir a la procesión de las Antorchas. Terminada la procesión nos dirigimos a la Gruta Bendita. Miles y miles de gentes se movían piadosamente, las Hijas de María portaban rótulos de sus países. El grupo de Gómez Palacio llevaba el rótulo de México; asistimos a la Santa Misa en la Gruta y, después de rezar en la cripta intentamos entrar a la Basílica, pero no se podía. Al día siguiente, cuando pregunté dónde podíamos confesarnos, nos dijeron que en la Basílica; fuimos a la capilla de las confesiones y encontramos más de 50 confesores, en 6 o 7 lenguas distintas; todos nos confesamos y asistimos a Misa, en la Gruta, donde comulgamos; en esa Misa pedimos por todos los que tenemos obligación de rezar. Siguió el ejercicio del Viacrucis, que tiene estatuas de tamaño natural. Por la tarde, después de comer, regresamos a la Gruta y llenamos botellitas de agua; gracias a Dios pude rezar varias decenas de rosario, con los brazos en cruz y besar la Roca…
Sigue la descripción del viaje, rumbo a España, hasta el 14 de agosto, en que reiniciaron el regreso, desde el aeropuerto de Barajas.
La descripción de cada lugar visitado es minuciosa, como lo fue su estancia en Lourdes.
Segundo Noviciado:
Fue designado para el Segundo Noviciado de Roma en 1962. Ciertamente, era una gracia de Dios. El tiempo de esta segunda probación era de ocho meses, formando una comunidad internacional, bajo la dirección del Hermano Clodoald, sabio y santo Hermano canadiense.
En una carta al Hermano Superior General, hace una descripción de su vida: Muy Honorabilísimo Hermano: “…Mi vocación religiosa germinó en el ambiente familiar, así como en el Colegio de los Hermanos, ingresando al Noviciado Menor a los 14 años. Seis años permanecí en casas de formación, bajo magníficos formadores.
Monterrey fue mi primera Comunidad y, gracias al Hermano Director y a los Hermanos profesos, adquirí valiosas experiencias y formación pedagógica. Después de cinco años fui trasladado a Hermosillo, para, con otros cuatro Hermanos jóvenes, recibir el Colegio fundado por el Padre Javier de León; hasta esos años no conocía el fracaso, ni una prueba o dificultad, por lo cual un orgullo interior me hizo confiarme en mí mismo y cultivar la autosuficiencia.
Dios permitió la humillación, como castigo de esa soberbia y de mis defectos desordenados, pues caí dos años en terrible tibieza, la que se agravó por la desunión reinante en la comunidad, el aislamiento del Hermano Director y la falta de un buen confesor religioso.
Abandonado a mí mismo, comencé a buscar comprensión y cariño fuera de Dios y de la Comunidad, sin atreverme, por orgullo a pedir el cambio. Las imprudencias que cometí en las orientaciones sobre la castidad, al estar al frente del Internado y las calumnias de que fueron objeto dos Hermanos, motivaron el cambio repentino de los tres, en 1960…Continúa el relato de su historia, hasta su llegada a Roma.
Considero el Segundo Noviciado como una de las grandes gracias de mi vida. Vine con el vivo deseo de entregarme de lleno a la oración y a la unión con Dios, así como rectificar mis criterios sobre la vida religiosa. El retiro de treinta días lo hice con toda generosidad y buena voluntad y considero como gracias especiales obtenidas en él: La devoción al Espíritu Santo y su importancia en mi santificación; comprender y aceptar la abnegación de mí mismo; la Oración como un dialogo amoroso en que Dios tiene la iniciativa y la preferencia…[1]
El diálogo con el Superior continúa y, en el margen, el Hermano Superior escribió solo algunas letras… que le dieran pistas para la plática con el Hermano Jorge.
Es de admirar sus dos cuadernos en los que transcribió las conferencias diarias y sus propias meditaciones, algunas escritas en español, pero la mayoría en francés.
Terminado este tiempo de gracia, en el Distrito le esperaban ya nuevas responsabilidades, que ejercería por más de cuarenta años.
Ciudad Victoria: 1963 a 1967
El Hermano Jorge regresaba del Segundo Noviciado romano; en Monterrey había problemas, el Director del Regiomontano había abandonado el Instituto y había pedido al Hermano Visitador, Víctor Bertrand, que fuera el Hermano Jorge quien lo sustituyera; aparentemente el Hermano Visitador aceptó la sugerencia y se hizo la entrega del Instituto y de la Comunidad al Hermano Jorge pero, sagaz como era Don Víctor, horas más tarde entregó la obra y la comunidad al Hermano José Aceves, que fue quien sucedería al Hermano que abandonaba la congregación.
“Jorge llegó como un salvador del Colegio José de Escandón, pues el Hermano David Carranza había trasladado las costumbres cubanas a tierras mexicanas, además, era un Hermano enfermo, aunque mejoró mucho el colegio en relación al Director anterior, que era un seglar, no logró despegar en número de alumnos y en desarrollo académico.
Uno de los primeros logros del Hermano Jorge fue establecer muy buenas relaciones con el Obispo de Tamaulipas, Ernesto Corripio Ahumada, cuya sede estaba en Tampico; estableció, igualmente, relaciones de amistad y de cooperación con el gobernador de Tamaulipas, Norberto Treviño Zapata; fortificó y dio nueva vida a la Liga de Madres, que han apoyado y, en la actualidad, siguen siendo una fuerza en el Colegio Escandón. Su buena relación con el patronato inicial le permitió desarrollar proyectos de ampliación, como fue la construcción de la Secundaria y de la dirección, así como comprar algo más de terreno.
En cuanto al desarrollo académico del Colegio. formó un buen equipo de maestros, les dio lecciones claras y precisas sobre la educación lasallista y los métodos que se emplean, implementó acciones y prácticas diarias que dieron como resultado el despegue del colegio, que se notó claramente con el incremento de alumnos y las buenas y cercanas relaciones con los padres de familia.
En su tiempo se inician las Kermeses, se incrementan las actividades deportivas y se inician las actividades artísticas; se renueva la actividad de las mesas directivas y, una actividad que dio una cara brillante al Colegio fueron los desfiles cívicos, bien organizados, con excelente disciplina y presentación de cuadros novedosos, que llamaban grandemente la atención. Algo a lo que le daba mucha importancia y que le sirvió para acercarse a las familias, fueron sus visitas a las casas, siempre acompañado de alguno de los Hermanos, estableciendo con ello lazos de amistad y de cooperación con la obra.
En una carta al Hermano Asistente, Antonio María, le agradece: “Oportunamente recibí las Bendiciones Apostólicas para los Padres de Familia, que tanta simpatía tienen para el Colegio. Posteriormente, por el día de las madres, hice la entrega a las Señoras de la directiva de Liga de Madres. Todos quedaron encantados con ese regalo; “el mejor que han recibido”, como me decían algunas personas. Reverendo Hermano Asistente, muchísimas gracias por tan señalado favor.
Quiero también agradecerle los libros enviados por usted, para la comunidad. Muchas gracias por tanta solicitud; nuestro afecto y adhesión sean para Usted testimonio de agradecimiento”.[2]
En otra carta que se encuentra también en el mismo archivo, le relata al buen superior algunas de sus actividades en favor de las vocaciones, le habla de la esperanza de que un joven de tercero de secundaria entre al Noviciado Menor. El Hermano Alfonso Salvador Pérez dio una conferencia a las mamás, que causó un excelente impacto y ganó más y más simpatías para los Hermanos que, como pudo constatar, se nos tiene en muy alto aprecio en la sociedad victorense.[3]
A continuación le agradece sus dones y vuelve a pedirle libros sobre nuestro Santo Fundador y sobre el Instituto, que esa comunidad no poseía. El Hermano Asistente se los va consiguiendo poco a poco, con los visitadores de Francia.
Como Director de comunidad era muy fiel a los ejercicios espirituales, constante en realizar la entrevista personal, pendiente de los Hermanos y de sus necesidades, aunque se vivía una pobreza franciscana, pues no se tenía casa, se vivía en un solo salón, siendo el corredor del mismo edificio, el comedor y la cocina, los cuartos estaban separados por muros pequeños de ladrillo y uno de los lados estaba cubierto por cortinas, no se tenían ventanas y se contaba únicamente con un aire lavado “Cooler”.[4]
Cuatro años se pasaron volando y, de nuevo lo encontramos en Monterrey, ahora como Director General del Instituto Regiomontano.
Director del Instituto Regiomontano.
El Hermano Jorge llegó al Instituto Regiomontano, colegio y sociedad que bien conocía por sus dos anteriores estancias; se encontró con una comunidad grande y con Hermanos de gran experiencia, como lo eran los Hermanos Salvador Pérez
y José Cervantes, el primero, coordinador de Primaria y, el segundo, coordinador de la Secundaria y de la Preparatoria. Estos Hermanos eran apoyados por otros 11 Hermanos, en las diversas secciones. Era una comunidad joven, llena de entusiasmo y generosidad.
[1] CARTA AL HERMANO SUPERIOR GENERAL NICET JOSEPH, APUNTES PERSONALES-
[2] Carta al Hermano Antonio María Asistente el 7 de junio de 1965 Archivos del Instituto - Cd. Victoria
[3] Carta del Hermano Jorge al Hermano Asistente el 14 de marzo de 1965 Archivos del Instituto.
[4] Entrevista con el Hermano Alejandro Bünson último Hermano sobreviviente de esa época.
Inicia con mano firme y con una clara visión de su trabajo; se dedica a cultivar las relaciones con los padres de familia, logrando formar una sociedad de Padres de Familia y de Damas Lasallistas, que apoyaron con gran entusiasmo las actividades a favor del Instituto Regiomontano.
La primaria, que había perdido un grupo en los grados de 3º a 5º, pronto los recupera y vuelve a ser una Primaria de cuatro grupos por grado; fomenta, igualmente, las actividades deportivas y apoya generosamente las actividades apostólicas de los Hermanos.
En ese primer año de su directorado, emprendió, con excelentes resultados la organización del vigésimo quinto aniversario de la fundación del Instituto Regiomontano y organizó, con los exalumnos, que los Hermanos Norteamericanos que fundaron el Instituto y estuvieron en los primeros años de su existencia, asistieran a los diversos festejos, tanto en los patios del Instituto como en el Teatro Elizondo, de feliz recuerdo, así como a los banquetes y recepciones que hicieron los exalumnos a los antiguos maestros del Regio.
Su presencia en la sociedad regiomontana ayudó a dar forma a algunos proyectos, entre ellos el más importante fue la creación, en 1968, de la Asociación Civil “Fomento de Educación Superior, A.C.” (FESAC), que tenía como objetivo la promoción, administración y dirección de actividades educativas y el fomento de la cultura, cuyo presidente fue el Hermano José Cervantes. La finalidad de esta organización era la búsqueda de nuevas opciones educativas, que ofrecieran la formación integral y humanista, en la sociedad de la revolucionaria década de los años 60, y la difusión de los principios católicos dentro del ambiente educativo, de acuerdo a las recomendaciones del Concilio Vaticano II. Estos fueron los factores clave para que se unieran cuatro congregaciones religiosas: HH Maristas, HH Lasallistas, Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, del Colegio Labastida y las Damas del Sagrado Corazón, del Colegio Mater y se llegara a la creación de la Universidad de Monterrey (UDEM). Con su saber, su don de gentes y su capacidad de relación y organización consiguió interesar a sectores importantes de la sociedad y de la Iglesia en la creación de esta universidad, coadyuvando siempre con el Hermano José Cervantes. Fundada ya la Universidad, el Hermano Jorge fue miembro del Consejo Universitario y, a la vez, tesorero de la Universidad, durante los dos primeros años.
En comunidad era muy fiel a los ejercicios de comunidad, atento a las necesidades de los Hermanos, celoso en pasarlos a diálogo personal, cada quince días; era el primero en la organización de los paseos, a muchos lugares hermosos, cercanos a Monterrey, haciéndoles gozar la naturaleza y, siempre, de regreso, les compraba alguna golosina o fruta.
A los Hermanos jóvenes les dio responsabilidades, incluso de manejo de dinero, al encargarles la librería de primaria, a uno, y a otro la de secundaria, les enseñó a manejar la chequera, hacer depósitos y a dar cuenta de lo que administraban. Igualmente, les hizo participar en el Consejo del Regiomontano, donde había padres de familia y Hermanos.
1968, tiempo de las Olimpiadas de México. Todo el Instituto Regiomontano estaba entusiasmado por este acontecimiento, él dio la autorización de que se pudieran ver algunos eventos de las olimpiadas en los salones. Un día llegó una circular de la Dirección en la que se anunciaba la suspensión de clases durante las olimpiadas, gran fiesta y regocijo para todos, alumnos y maestros; ¿y los Hermanos, qué? Llegados a la comida dice que preparen sus cosas, pues todos los Hermanos irían a la ciudad de México para asistir a algunos eventos de las olimpiadas; él ya tenía boletos de algunas disciplinas, como clavados, en los que se presenció la entrega de la Medalla de Oro al Tibio Muñoz, carreras en el estadio Olímpico, gimnasia a manos libres, Básquet bol etc., una semana inolvidable, gracias a la generosidad y presencia de espíritu del Hermano Director.
Las vacaciones con el Hermano Jorge eran deseadas; se hacía una especie de campamento, en el verano, después de los cursos de verano para los alumnos con alguna materia reprobada, se iba a Acapulco y se pasaban unos ocho días de mar, convivencia y sana diversión.
En esos tiempos, las vacaciones de Semana Santa se reducían a los días santos y los dos primeros días de Pascua pero, aun con esa limitación, se hacía algún paseo grande. En las navidades, siempre se tenía alguna salida, como fue el caso de una ida a Uruapan, a la casa de unos alumnos que les llamaban “Los Michos”, cuya familia tenía una gran cadena de cines; otra vez se fue a conocer New Orleans y algunos colegios de los Hermanos como, Covington, Nueva Iberia, Lafayette y los colegios de la ciudad de Nueva Orleans.
No fue un gran constructor, pero terminó la construcción del área de los cuartos de los Hermanos, cuartos muy bien diseñados, amplios y con comodidades, acabándose la estrechez en que vivieron los Hermanos durante 25 años. En el Colegio hizo cambios en la primaria, tanto en el área de servicios sanitarios, dulcería y se construyó el local scout.
En 1969 se presenta un reto para el Hermano Jorge: el Hermano Charles Henry, entonces Superior General, le escribe al Hermano Visitador, José Cervantes, en estos términos: “We need a Director General for the Motherhouse. He must be a man of great talent, the type of man that any District would be unhappy to lose, The man we have in mind is Brother Jorge García Abaroa, of your District…” (“Necesitamos un Director General de la Casa Madre. Él debe ser un hombre de gran talento, el tipo de hombre que cualquier distrito sería infeliz de perder, El hombre que tenemos en mente es el Hermano Jorge García Abaroa, de su distrito ...”)[1]
La respuesta no fue fácil. El 21 de diciembre recibió el Hermano Jorge un agradecimiento de parte del Hermano Superior General, donde le agradece: “nous sommes tres reconnaisants a vous pour aceptez de venir a Rome…” [2] Siguiendo el texto le dice que es el “hombre providencial, ya que el cargo demanda un hombre de gran valer, de mucha caridad y de un gran sentido pastoral… El Hermano Superior General confía totalmente ese puesto en el Hermano Jorge, pero la respuesta, primero de la comunidad y después del Distrito es que no era prudente que él dejara la dirección del Regiomontano.
El 12 de diciembre, el Hermano Jorge respondió al Hno. Superior, en una carta redactada en un muy buen francés, donde le hizo una exposición de motivos y un análisis de la situación de aquí. Por otra parte le comunicó su convicción de que Dios habla por las decisiones de su comunidad y del Consejo de Distrito y esto afirma su actitud de aceptar o reusar, después de los votos de los dos Consejos, que lo conocen y, que de acuerdo a los documentos capitulares autentifican las decisiones de sus miembros.[3]
“La situación en el Regiomontano era difícil, había un movimiento de rebeldía y medio huelga de un grupo de maestros seglares del Colegio, por asuntos económicos y de salarios, que se habían vuelto delicados, sobre todo las últimas semanas. La situación se agravó por la intervención de una persona que no conocía la situación particular de esta gran escuela.”
Por otra parte, la intervención del Hermano Asistente, Rafael Martínez, complicó la situación: “A pesar que ya él conocía, desde el 13 de diciembre, en Hermosillo, la NO aceptación del Hermano Visitador y del Consejo, envió desde la misma ciudad un cablegrama en que informaba que no había objeciones ni de parte del Hermano García ni de parte del Hermano Visitador. Yo me pregunté ¿qué es lo que se pretende?”[4]
Para el Hermano Director, la situación de los profesores seglares en rebeldía y el apoyo indirecto de alguno de los Hermanos, le creó tensiones en la vida comunitaria y, como él mismo dice ‘pesadas penas morales’. Para finalizar, se queja ante el Hermano Superior General del Superior mayor y dice: “Le plus douloureux por moi, dans cette circonstance, ce qu´on manipulé avec ma pesonne depuis noviembre 1969, sans m´ecouter et sans tenir compte de mes opinions ou san les connaitre…”[5]
El Hermano Director, apoyado por la Sociedad de Padres de Familia y algunos asesores, después de muchos diálogos y concertaciones, se pudo arreglar la situación; algunos fueron promovidos a la Universidad de Monterrey, unos pocos fueron despedidos y el mar volvió a estar en calma. La tristeza, se puede decir ahora, que en algo estos problemas fueron provocados o, al menos motivados en alguna forma por algunos de los Hermanos, más teóricos que prácticos y sin experiencia de dirección o de principios económicos. Sin su presencia, la situación no se hubiera resuelto como se hizo.
En ese tiempo, el movimiento estudiantil de París y de México influyó en los alumnos, que se negaban a las clases de catecismo en la Preparatoria, pero a base de diálogo y de cambio de metodología se arregló el problema, que incluso había sido motivado por algún Hermano.
1973, Celebración del TREINTA ANIVERSARIO DEL INSTITUTO REGIOMONTANO. Ahora, la gran fiesta fue deportiva. Se organizaron Juegos Lasallistas, los primeros en Monterrey, con gran asistencia de los colegios del Distrito. Su último evento fue la colocación de la Primera Piedra de lo que con los años sería el gran Gimnasio, estrenado en 1981, pero que ya no le tocó construir.
1973-74 Tiempo de estudio.
El Hermano Visitador, José Cervantes, se distinguió por promover los estudios de los Hermanos. El Hno. Jorge, al término de su directorado fue enviado a Nueva York para estudiar, pero pronto se desanimó e incluso su salud vino a menos, esto fue por no tener el dominio completo del idioma; entonces le enviaron a Bruselas, a la Rue Moris 19, donde ya había varios Hermanos mexicanos realizando estudios en el Lumen Vitae donde, dominando bien el francés y encontrándose en una comunidad acogedora y fraterna, su estudio fue un éxito y los conocimientos adquiridos le servirían toda la vida en su apostolado con jóvenes y padres de familia.
De regreso a la Patria, nuevamente en Monterrey:
Dos actividades le esperan: Ser el responsable de la Economía del Distrito y, a la vez apoyar a la Universidad de Monterrey. En un momento se pensó que fuera el vicerrector, pero el cambio de estructura de gobierno no contempló más este puesto. Este trabajo duró solo el curso 1974-75.
[1] Carta del Hermano Superior General Charles Henry del 16 de noviembre de 1969
[2] Estamos muy agradecidos por su aceptación de venir a Roma…
[3] Carta del Hermano Jorge al Hermano Superior General el 9 de marzo de 1970
[4] Puntos 5 y 3 de la carta al Hermano Superior General
[5] “Lo más doloroso para mí, en estas circunstancias, es que ha manipulado con mi persona, desde noviembre de 1969, sin escucharme y sin tener en cuenta mis opiniones o sin conocerlas”
HERMANOS GARCÍA ABAROA Y SUS PAPÁS
Acapulco, Colegio La Salle. Coordinador (1975 – 1976)
Después de la corta estancia en la Sultana del Norte fue enviado al Puerto de Acapulco, como coordinador de las secciones de Secundaria y Preparatoria.
El Colegio la Salle contaba con seis grupos de Preparatoria y siete de Secundaria y en ambas secciones los grupos eran muy numerosos, unos 740 alumnos entre las dos secciones y contaba con 5 Hermanos que trabajaban en estas secciones; para el Hermano Jorge era un volver a tiempos pasados, pero era un puesto que bien conocía, aunque ahora con nuevas metodologías, ya que estaba en pleno auge la Educación personalizada y había momentos que parecían de indisciplina, pero él supo llevar bien las dos secciones. Su personalidad impresionó tanto a los maestros como a los alumnos, su forma atenta, su palabra cálida y atinada le permitieron ganarse los corazones de todos.
Siempre hay un prietito en el arroz, como dice el dicho popular, y ese prietito lo encontró un poco en la relación con el Hermano Director, que sentía, por su presencia, pasos en la azotea, y creyó que vendría a remplazarlo y eso no le agradaba y, en alguna forma se lo hacía notar.
En comunidad, Jorge fue muy querido, cosa que se confirma solo con las expresiones del Hermano Roque, el antiguo gran Inspector del Colegio y de otros más, que decían: “Jorge, eres maravilloso, muy bien, muy bien… eres grande, muchacho…” estas alabanzas eran sinceras, pues el Hermano Roque era directo y de palabra sincera y clara.
Acapulco fue para Jorge un lugar de prueba y de dolor; su salud, hasta esas fechas había sido total. Un día comenzó con un malestar y ese malestar se tornó en un agudo dolor que le llevó al hospital; después de análisis resultó un apéndice excluido y fue necesaria una operación, en el Sanatorio del Sagrado Corazón; los Hermanos se turnaban para cuidarlo, pero Dios le envió un ángel que fue su mamacita que, preocupada vino para asistir a su hijo; por cierto, la comunidad tuvo el gusto de celebrarle su cumpleaños; vigoroso como era, pronto se recuperó y siguió adelante, como si nada hubiera pasado.
El segundo gran dolor fue el asesinato de su hermano Edmundo, en la carretera Querétaro-México. Una gran pena, un poco de desesperación ante esta circunstancia y los móviles del asesinato. Llevó su dolor en silencio y en oración, la comunidad lo apoyó, se ofrecieron varias Misas por el eterno descanso de su hermano y por su familia. Durante el tiempo que el Hermano Jorge fue director en Monterrey, su hermano Edmundo era Director de Banco, en Saltillo y muchas veces se reunieron para convivir, pero también le orientaba en cuestiones de administración o pequeñas inversiones que iba teniendo el colegio de Monterrey.
Llega el final de curso escolar, el Hermano Visitador, Gilberto Lozano, visita la comunidad. Había una cierta incógnita respecto a si habría cambio de director en la Salle de Acapulco y la noticia llegó: el Hermano Jorge era nombrado director del Colegio Ignacio Zaragoza, en Saltillo. Terminadas las graduaciones y realizada la evaluación del curso escolar e iniciado el proceso de planeación del nuevo curso, el Hermano Jorge se despidió y partió a la nueva tierra que el Señor le mostraba; la vida del Hermano tiene mucho del llamado de Dios a Abraham: “Deja tu tierra, tu parentela y ve a la tierra que te voy a mostrar”[1].
Colegio Ignacio Zaragoza, Director. (1976 – 1983)
Saltillo fue para el Hermano Jorge, un nuevo Emaús, donde realizó una magnífica obra y donde alentó y sostuvo una comunidad educativa que se volvió vigorosa, siendo el motor de transformaciones notables.
Fue un innovador al permitir la organización de la Preparatoria, para que se llevara a cabo la Educación Personalizada y, al mismo tiempo fue creando un ambiente académico que atrajo nuevos alumnos al Colegio.
Supo vibrar con la juventud al realizar en el Colegio Ignacio Zaragoza el primer encuentro Distrital de Pastoral Juvenil, en ese tiempo MAS, del cual surgió el movimiento misionero, en el Distrito de México Norte, al año siguiente.
Participó en la organización, junto con otros Hermanos, de la primera Misión de Semana Santa, en la sierra de Durango; junto con el Hermano Pedro Córdoba animaron la Misión de Chavarría Nuevo, que por muchos años fue el centro misionero del colegio Ignacio Zaragoza.
[1] Génesis 12,1
Una característica del Hermano Jorge, como director, fue la cercanía que tenía con los alumnos, se interesaba en sus problemas, seguía con amabilidad y presencia activa a aquellos que tenían problemas académicos, sabía situaciones familiares que vivían los jóvenes y era sensible a ellas, ejerciendo un sano y fino liderazgo, que fue muy apreciado, tanto por los alumnos, los maestros y los padres de familia. Supo cultivar la amistad en todos los lugares donde ejerció su autoridad y su celo apostólico.
Su apoyo al Aspirantado Mayor, que en tiempos en que fue director en Saltillo, se encontraba al lado del Colegio, fue incondicional y su presencia activa con los jóvenes aspirantes, su apoyo económico y su palabra cálida, se hacía presente cuando era necesario, además de sus relaciones informales, cercanas y sinceras.
Desde que era Director del Instituto Regiomontano, salvo el tiempo que estuvo de estudiante y en Acapulco, fue miembro del Consejo de Distrito, prácticamente hasta su retiro de puestos directivos.
Participó en varios Capítulos de Distrito, como miembro de la comisión Preparatoria de los mismos, siendo en el cuarto capítulo, celebrado en Monterrey, el presidente de la Comisión Preparatoria.
Cuando se tuvo votación para la elección de Hermano Visitador, en varias ocasiones estuvo en la terna que se enviaba a Roma.
La necesidad de formadores y las características propias de su personalidad hacen que los Superiores se fijen en él y le encomienden la labor de Director del Escolasticado (CLES), en Monterrey.
Director del Escolasticado en Monterrey (“CLES”)
Agosto 1983. El Hermano Jorge deja Saltillo, después de siete años de fecundo directorado y de haber ejercido una gran influencia en la comunidad educativa del Colegio Ignacio Zaragoza, ahora para hacer un trabajo silencioso, algo retirado, pero de mucha importancia, en el Escolasticado. Una nueva faceta en la vida de nuestro Hermano fue sin duda la de ser formador.
COMUNIDAD DEL ESCOLASTICADO CON EL HERMANO SUPERIOR GENERAL JOSE PABLO
Inicia su labor y, pronto lo eligen para participar en el CIL de formación, en la Casa Generalicia de Roma. Fue con otro gran formador, que fue el Hermano Humberto Islas. En la revista ‘La Salle’ se lee lo siguiente: “Un poco presionados por el tiempo, ya que tenían muchas cosas que dejar arregladas… salieron el día 5, los Hermanos Jorge García y Humberto Islas; iniciaron el CIL el domingo 8, les deseamos muchos éxitos.
Llevan el compromiso de traernos una redacción de los programas de las Casas de Formación, enriqueciéndolo con lo que encontraran digno de ser incorporado”[1].
[1]Revista la Salle en México Norte, febrero 1984
Durante ese CIL, una comisión de Hermanos estuvo trabajando en la redacción de la Guía de Formación del Instituto; los dos Hermanos, tomando el tiempo de su descanso y horas de la noche, participaron en ella, y aprovecharon lo más posible para incluir en el plan de formación distrital todo lo nuevo que estaba aportando la Guía de Formación. De regreso a la Patria, visitaron algunas casas de formación del viejo continente.
Al regreso de esta experiencia de formación, con la comisión de formación del Distrito, pusieron en obra todo lo aprendido durante el curso del CIL.
Estando en Roma escribió para la revista del Distrito un artículo muy interesante sobre: “La Fidelidad al Carisma del Fundador”. He aquí algunos extractos del mismo: Creemos que no es evidente ni fácil la fidelidad al Carisma del Fundador y, sin embargo, es fundamental para un Instituto como el nuestro, porque somos un Instituto que construye su unidad en la diversidad de culturas, de razas, de estilos de vida.
Somos un Instituto que debe vivir su capacidad de discernimiento, en medio de los cambios de nuestra sociedad y de los acontecimientos de la historia. Somos un Instituto llamado a vivir, constantemente, animado por el impulso fundacional.
La búsqueda de la FIDELIDAD AL FUNDADOR es particularmente importante en los momentos difíciles, como los nuestros, cuando aparecen nuevas apremiantes… cuando la sociedad, sacudida por mutaciones profundas, pone al descubierto nuevas pobrezas que hay que evangelizar… Cuando sentimos que nuevas experiencias, como formas nuevas de vivir el carisma lasallista… nuevas perspectivas en las que las nuevas generaciones encuentran en la Salle un camino de Evangelio…” [1]
[1] La Salle en México Norte, mayo de 1984. “Fidelidad al Fundador”
En este artículo va expresando muchos aspectos de su forma de pensar y de actuar, como Hermano. Don Jorge, como muchos de sus exalumnos le llamaban, fue un Hermano de corazón abierto y sensible, de miras amplias y precisas, de
realizaciones, de preocupación efectiva y afectiva por el pobre y el necesitado, sin importarle quien fuera.
Continuando con el artículo, plantea cuál era la “Intención del Fundador al responder al “Por qué” y al “para qué” que son más importantes que el “cómo”.
Nuestra Fidelidad a nuestro Padre y Fundador:
Somos fieles al fundador cuando, como Él:
· Vivimos nuestra existencia como un don libre y generoso.
· Estamos abiertos a los necesitados.
· Sin encerrarnos en nuestro pequeño mundo de seguridades falsas, que limitan nuestra fecundidad.
· Teniendo el valor de revitalizar nuestras experiencias anteriores, para estar disponibles ante nuevos llamados y nuevas necesidades.
· Creyendo y aceptando la presencia del DIOS VIVIENTE, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, en nuestras vidas.
· Sabiendo leer los acontecimientos con los OJOS DE LA FE
· Buscando ser hombres de gran interioridad y mucha oración.
· Haciedo de la Palabra de Dios la referencia obligada de nuestros actos.
· Poniendo en el centro de nuestro empleo la preocupación por anunciar el Evangelio.
· Creyendo incondicionalmente en nuestros Hermanos y aceptar el riesgo que supone amarlos, a pesar de todo.
· Haciéndonos fuertes, comunitariamente, para seguir siendo hombres de esperanza, creativos y capaces de encarnarse en los diversos “mundos” en que nos toca vivir.
¡Fieles al Fundador… Tarea constante y siempre nueva…”[1]
La vida de director de Escolasticado no es fácil, presenta muchos retos; los Hermanos jóvenes están en una etapa de formación profesional y, como alguien diría, ‘están en la adolescencia de la vida religiosa’ y, no se salvó de las críticas de los jóvenes, que repetían sus frases, en forma de juego, como: “Insigne maestro”, “portento”, refiriéndose a algunos de los Hermanos; otras, en cuanto a la situación del país eran: “que dirán los extranjeros”, “pobre país”; como antiguo director de Saltillo, tenía amistades y compromisos y para los escolásticos la frase “tengo que ir a Saltillo”, se les hacía una forma de escape, que les permitía acrecentar sus relaciones sociales; otra frase célebre era: “me parte el corazón”, dicha con su singular entonación, al referirse a situaciones de pobreza, o a injusticias sociales.
[1] La Salle en México Norte mayo 1994
He aquí algunos testimonios de Hermanos que fueron sus escolásticos: “Jorge fue un ejemplo de Hermano y garantía de que valía la pena arriesgarlo todo, con tal de morir en la raya, así como lo hizo él. Jorge fue un gran Hermano, amigo, acompañante y formador clásico, que nos hacía reír en las pláticas de los domingos, cuando llegaba con 8 libros, para apoyarse en ellos. En fin, Él me inspiró a decir lo que todavía creo y estoy convencido: “quisiera morir con el hábito puesto, aunque ya sé, que ahora nos quema, pero que me quemen con el hábito puesto.”[1]
[1] Hermano Juan Rodríguez Montoya
Otro testimonio que, además, expresa algunas dificultades que se vivieron en el Escolasticado, por causa de la naturaleza, o bien por la impericia humana:
Su último año como director del Escolasticado, inició de una manera literalmente “tormentosa.” Al regresar de los cursos de verano, en ULSA México, la camioneta, recién comprada, de regreso a Monterrey sufrió una volcadura. Los escolásticos que venían bien compactos, no sufrieron heridas, pero el Hermano Víctor Parra tuvo una fractura de clavícula. Los siguientes meses, la camioneta estuvo en reparación, por lo que los traslados de los Escolásticos los hacían en transporte público.
Esta era una muestra del estilo sobrio del Hermano Jorge; una sencillez, primero para su persona y, que además impregnaba el estilo de vida que se tenía en casa, la cual se vivía con mucha naturalidad entre los jóvenes Hermanos. El traslado a pie, el mantenimiento de casa, los paseos, las comidas, el presupuesto… la sencillez y el trabajo eran un ambiente propicio de convivencia religiosa.[1]
Un Hermano que fue su escolástico da el siguiente testimonio: Durante mi estancia en el Escolasticado tuve la oportunidad de convivir con el Hermano Jorge, siendo él Director del CLES, etapa sumamente difícil para un formador. En mi primer año, el director era el Hermano Jorge Bonilla, seguido por el Hermano Lorenzo González, quien estuvo para suplir al Hno. Jorge García, durante el primer semestre de mi segundo año, mientras Jorge regresaba de su viaje a Europa, donde participó en el CIL. Así que Jorge fue mi director del Escolasticado por dos años y medio.
[1] Hermano Daniel Novelo
Un hombre siempre preocupado por sus pupilos, atento a nuestras necesidades de jóvenes Hermanos, preocupado y ocupado por nuestro crecimiento personal.
Fue un religioso en toda la extensión de la palabra, que invitaba con su testimonio a seguir los pasos de San Juan Bautista De La Salle, en el camino de consagración a Dios. Hombre de oración y de hechos. Como todo ser humano, que no se gloría de ser un santo en la tierra, tenía sus cosas, pero lo que siempre admiré en él fue su humildad para reconocer las actitudes o situaciones que no cabían dentro de nuestro estilo de vida. Fue tierno para corregir a otros y siempre abierto a escuchar.[1]
En uno de sus años de Director en el Escolasticado, se tuvo una gran crisis: varios Hermanos se involucraron en el movimiento Neocatecumenal, guiados por un sacerdote que era comboniano y, que también, como los Hermanos, abandonaron su congregación; fue un momento muy difícil.
El fatídico ciclón Gilberto, 1988
Nos relata un testigo de los hechos y de la catástrofe que causó el ciclón en esa parte de la ciudad pues, entre otras, sembró muerte: La verdadera tormenta inició el 17 de septiembre. Ese día lo habíamos pasado en la Casa Hogar de Saltillo y, de regreso, ya fue difícil llegar a casa.
Los Hermanos, al llegar fueron a ver la inauguración de los juegos olímpicos de Seúl; el Hermano Jorge fue a su oficina y notó que el río se había desbordado y ya inundaba el jardín de la casa. Sin dudarlo, hizo sonar la campana y nos convocó en el área de la antigua entrada. En previsión de peores males, y por prudencia, organizó a los Hermanos jóvenes para trasladar los libros de la biblioteca a la capilla, que estaba en el segundo piso, lo mismo se hizo con las máquinas de escribir, los muebles… la duda invadió a muchos sobre la necesidad de esos movimientos, por lo cual se continuó trabajando hasta media noche. Cuando parecía concluido el trabajo, una creciente inundó toda la planta baja de los edificios. Entonces el trabajo continuó con puertas, los muebles de los cuartos, la cocina. El buen Hermano Humberto coordinó los trabajos en medio de un río embravecido, que quería llevarse todo a su paso –incluyendo el perro-A las cuatro de la mañana, habiendo hecho cuanto se podía, nos fuimos a dormir donde pudimos.
La verdadera furia sucedió en las horas siguientes. Jorge pasó una noche en zozobra, con el temor de un mal mayor. Al ver la devastación, al amanecer, “se le heló la sangre” (palabras que él expresó,) pues sintió el peligro de que los edificios colapsaran, con escolásticos dentro.
El lodo cubría todo, con un metro de espesor en muchas áreas. Había árboles dentro de los edificios, todas las ventanas reventadas y los muebles que no se resguardaron estaban enterrados en el lodo. ¡Manos a la obra! Los cuatro días siguientes, desde el amanecer hasta que la luz del día terminaba, palas, carretillas iban y venían incansables. A los escolásticos se sumó un ejército de padres de familia y alumnos del colegio Regiomontano que, como hormigas resurgían del lodo de la casa.
Fueron las propias manos de los escolásticos, y en los primeros días, de mucha gente amable y generosa, que le fue regresando a la casa, poco a poco, su condición de hogar, proceso que duró todo el año.
Esa era la característica del Escolasticado: trabajo, sencillez, convivencia y responsabilidad. Se le veía en el aseo y mantenimiento de casa, los trabajos y paseos, alternados cada sábado, en los estudios y cursos, el apostolado, las vacaciones y la comida…
Los Hermanos jóvenes, atentos a todo y con facilidad para la crítica sana, a causa de sus múltiples compromisos sociales que tenía el Hermano Jorge, y que eran fruto del cariño que le tenían, inmortalizaron una frase que mucho decía: “es que no me pude negar”.[2]
Director de Monclova
“El carácter es la virtud de los tiempos difíciles”.
Monclova es la tercera ciudad más poblada del estado de Coahuila. Nacida en el desierto ha destacado por su industria acerera, la primera de todo México; es también conocida por “eufemismo” como Monclovita la bella.
El Colegio La Salle poco a poco fue creciendo y consolidándose; en momentos sufrió por situaciones económicas, muchas veces causadas por las circunstancias de la industria, de la cual vivían sus habitantes.
El Hermano Jorge sucedió al Hermano Antonio Alba. Como Director General del Colegio La Salle de Monclova se caracterizó por su gran sensibilidad, por su cercanía, no sólo con los niños y jóvenes, sino con las familias y la Comunidad educativa. Visionario, sencillo, pendiente de cada una de las personas que estaban bajo su responsabilidad. Sumamente respetuoso; su carisma y espiritualidad fueron ejemplares.
Durante su gestión como Director construyó el primer “Centro de Cómputo”, así fue llamado, en el segundo piso del edificio de Preparatoria, que daba servicio a los alumnos de esta y de Secundaria. Fue la primera Institución en la ciudad que tuvo un Centro de Informática.
Fundó la Preparatoria Vespertina, que inició con un grupo de alumnos que eran recomendados por los sacerdotes de diversas parroquias de la ciudad, y que pertenecían, por lo general, a grupos apostólicos. Los Hermanos daban diversas clases y un grupo de señoras de la comunidad daban la clase de Formación de Valores.
[1]Hermano Tarsicio Larios
[2] Hermano Daniel Novelo.
El Hermano Jorge tuvo mucha presencia en la preparatoria matutina y daba la clase de Sociología a los alumnos de la especialidad de Humanidades. Para él era muy importante que los alumnos, sobre todo “los que iban de salida, llevaran el sello lasallista.
Esas palabras me quedaron grabadas y las tuve presentes en los años posteriores.
Fundó también el grupo de oración “Club San Benildo”, integrado por matrimonios, que se reunían una vez al mes, en el hogar de alguno de los integrantes. El Hermano Jorge preparaba un tema que compartía y, posteriormente se realizaba la ceremonia litúrgica, concluyendo con una sencilla cena.
[1] Maestra Elsa de la Garza T.
La familia Alvarado Correa construyó y donó lo que hasta hoy es el Laboratorio de Secundaria y Preparatoria, incluso había una placa a un lado de la puerta de entrada
donde se hacía alusión a lo anterior, y esta familia lo dedicó a nuestro querido Hermano Jorge, por su labor frente al Colegio.
El Hermano Jorge dio un gran impulso a los Grupos Apostólicos, Club La Salle y al Grupo MAS, (Movimiento Apostólico y de Servicio), este último apoyado por el gran Hermano Guillermo González Villanueva y, juntos motivaban a los alumnos de Preparatoria para que todos formaran parte del Grupo MAS.
Noches oscuras:
El Hermano Jorge y nuestro Colegio vivieron una situación muy difícil. La ciudad vivía la peor crisis económica, catalogada en el país como la de mayor desempleo. Las familias vivían fragmentadas entre embargos y, muchos que tenían trabajo habían tenido que emigrar. El colegio y la comunidad vivían coherentes con esa situación. Jorge, muy sensible a la situación, permitió a todos los alumnos seguir sus estudios, a pesar de la situación económica de sus padres. No eran raras sus quejas al interior de la comunidad, cuando alguien abusaba de su bondad. [1]
La segunda dificultad fue la tentación del dinero, planteada por la Dirección de AHMSA. Los hechos fueron así: “Se inscribió a nuestra Institución el hijo de Jorge Ancira Elizondo, uno de los dueños de la recién adquirida AHMSA, quien ofreció al Hermano Jorge que la empresa se haría cargo del Colegio, ellos lo dirigirían y, por supuesto, el Hermano Jorge quedaría al frente de la Dirección, “porque Ustedes saben de esto”.
[1] Hermano Daniel Novelo, miembro de la comunidad de Monclova en ese tiempo
Le indicó que le daba tiempo para que lo pensara. La respuesta negativa por parte del Hermano fue inmediata. Entonces vino la amenaza, porque así se lo hicieron saber, “va a pagar las consecuencias de esta decisión”.
Poco más de un año después, inician los Colegios Cumbres y Alpes. Los hijos de los funcionarios de AHMSA tenían acceso a una costosa beca que cubría la empresa. La migración de alumnos de preescolar y primaria fue muy grande. Ocasionó una crisis económica en nuestro Colegio, que el Hermano Jorge padeció y, mucho. “No se tiene para pagar la nómina”, decía el Hermano. Sin embargo, a pesar de estas desfavorables circunstancias, ningún empleado fue dado de baja. En Navidad y en la celebración del día del maestro, personalmente, el Hermano Jorge entregaba un sobre amarillo, a cada uno, con una gratificación.” [1]
Fue una pena, pues ya no estaba el Hermano Jorge de Director, cuando a los dos o tres años de esta dolorosa experiencia empezaron las familias a regresar con sus hijos al Colegio.
“A la Comunidad de Monclova los Hermanos le llamaron “segundo Escolasticado”; no era gratis el mote que tenía la comunidad; Jorge fue un hombre regular, sencillo, formador… le decía a cada Hermano, incluso, dónde habría de sentarse. En la comunidad se vivía con regularidad las oraciones, misas, comidas; el retiro mensual, religiosamente guardado. Era un hombre de oración y sensibilidad espiritual. Su canción favorita: “Entre tus manos”. En el colegio el ambiente era agradable y el director cercano.
Su último año como director estuvo salpicado de dificultades. Era el aniversario 45 del colegio; los eventos sencillos, pero muy significativos y agradables para la comunidad educativa. Ese año inició con la cirugía del Hermano Francisco Alba y con ello se inició el tratamiento de diálisis peritoneal, de la que se encargó el Hermano Daniel. Otro enfermo fue el Hermano Gerardo – Torcuato- que estuvo en hospital muy grave y su recuperación duró medio año; para terminar el cuadro de desastres sucedió lo siguiente: el Hermano Daniel Novelo cuidaba al Hermano Gerardo, por las tardes, en el hospital, en la noche fue un rato Jorge, pero en su estancia se robaron el carro. La pronta reacción permitió que se detuviera el vehículo a la entrada de San Nicolás, pero recuperarlo fue una odisea que Jorge siguió por varios meses. La comunidad estuvo sin carro un buen tiempo, con tres hermanos enfermos y convalecientes, Francisco, Gerardo y Roberto.
Además, algo muy común en Monclova eran las demandas y el pobre del Hermano Jorge tenía un par de ellas y, además, los eventos del aniversario.
El hombre fuerte, entero, empezó a resentirlo en su salud; le comenzaron dolores en una de sus rodillas, el médico le dijo que tenía que operarse ya, pero esperó hasta el verano.
Se le anunció su cambio a otra ciudad y entonces se sumergió en los archivos del Colegio, para dejar todo en orden y facilitarle el trabajo al nuevo Hermano Director.
En este año y en los siguientes, más de una vez expresó: “En Monclova, he encontrado a la gente más buena, y también a la peor”.[2]
En el verano del 1994 lo operaron de sus rodillas en el Hospital San José; en el quirófano se encontró el estafilococo dorado, que frecuentemente se encuentra en las infecciones nosocomiales, que se contraen en un establecimiento de salud, y así fue el caso del Hermano Jorge. Aparentemente la operación había sido un éxito, pero pronto aparecieron síntomas preocupantes, como la aparición de fístulas, la presencia de llagas en la pierna etc. Se buscaron nuevas opiniones y le recomendaron un doctor en la ciudad de México, en el Hospital Inglés ABC, a un médico especialista en ortopedia y traumatología, quien le quitó la prótesis y dejó abierta le herida durante un tiempo, para que el cuerpo reaccionara y, tras largo tratamiento, logró recuperarse. Él siempre estuvo muy agradecido con el Hermano, Visitador Raúl Valadez y los Hermanos de la Casa Central de México Sur y con su familia, que lo cuidaron y acompañaron en ese camino doloroso. Después, como parte de su recuperación y de las terapias indicadas fue a la comunidad de Acapulco,
donde mañana y tarde pasaba un buen tiempo en la alberca que tenía esa comunidad.
Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de convivir con un ser humano tan especial.
[1] Maestra Elsa de la Garza.
[2] Hermano Daniel Novelo
Llegó a la comunidad en plan de recuperación, traía algo de depresión y, sin una tarea establecida, como que se agudizó. Hablando el Hermano Director de la comunidad y el de Santa Catarina, le ofrecieron que fuera a dar clase allá, que en principio aceptó, se le preparó una pequeña oficina con algunas comodidades, llegó el día, daría reflexiones y dos clases de Formación de Valores; estando ya en la escuela le dice al Hermano Director de Santa Catarina que qué clase le tocaba y lo acompañó, al entrar a clase dijo: no puedo y, dándose vuelta, con los ojos rebosantes en lágrimas se fue a su oficina y no regresó. Fue una dura crisis que pasó, producto del tiempo de convalecencia. Meses después, el Hermano joven que estaba de coordinador de la Secundaria del Regio, decidió retirarse, la pregunta quedó en el aire: ¿quién lo remplaza? Y fue el Hermano Jorge quien se ofreció para remplazarlo, despertando la gran admiración de todos los Hermanos, en especial del Hermano Director Felipe, que decía: “Valiente, Jorge, para ir a torear toretes”, como él llamaba a los chavos de secundaria. Jorge realizó una muy buena labor, tenía experiencia y un gran don de gentes, además, era cercano y hasta tierno con los adolescentes, no por eso permisivo y falto de exigencia y disciplina. Colaboró con clases de Ciencias Sociales en la preparatoria, además del trabajo que implicaba la secundaria.
En este tiempo colaboró en el Consejo directivo del CESLAS; su opinión era muy atinada e invitaba a nuevas realizaciones.
Personalmente tengo que hacer patente mi agradecimiento por el apoyo recibido, pues yo venía de ser Director de Santa Catarina y sin ninguna experiencia en cuanto a estudiantes universitarios; él bondadosamente me preguntaba y me aconsejaba sobre algunos puntos que no veía claros, se mostró como un Hermano mayor, preocupado y atento[1].
La estancia en la coordinación de Secundaria del Instituto Regiomontano duró siete años. En este tiempo colaboró con sus ideas y siendo parte del equipo de planeación y de realización del nuevo Regiomontano Cumbres.
En el 2002 dejó la Coordinación de Secundaria y fue nombrado Director de la Comunidad del Instituto Regiomontano y encargado de Asociación Lasallista.
[1]Director del Ceslas 1988-2000
Reconocimientos y homenajes:
“La vocación de Jorge fue servir a Dios,
a través del hombre, por la educación”
Cuando la mies ya maduró y el campo se viste de dorados colores, quiere decir que la cosecha está ya a punto y que lo sembrado ha dado su fruto. Para el Hermano Jorge sus campos de labor ya estaban granados, las fuerzas del sembrador se disminuían, pero no así su presencia, su influencia y su capacidad de transmitir un mensaje de palabra, pero más valioso aún el mensaje de su propia persona y de su vida entregada a los demás.
El año 2000, en que cumplió sus bodas de oro como maestro, los exalumnos le hicieron varios homenajes, pero él, siempre discreto, no hizo alarde de los mismos. Cariñoso y cercano a ellos, desde que eran niños, ahora grandes industriales y jefes de la industria Regiomontana, que un día lejano, en un 6º. A de primaria se ganaron su corazón, su admiración y respeto, no quisieron quedarse atrás en honrar a su viejo y querido maestro, que seguía teniendo un alma juvenil. En uno de estos homenajes se estableció la Beca Jorge García Abaroa.
El 4 de enero del 2000, cuando aún resonaban las fiestas de la entrada del nuevo milenio, el Hermano Lasallista, Jorge García Abaroa, celebraba sus 50 Años de Maestro y, con tal motivo, Gustavo, uno de nuestros compañeros de generación, organizó una comida en su casa, con motivo de dicha celebración, a la que acudimos todos los compañeros de la generación, incluyendo profesores y alumnos.
Al término de dicha comida Gustavo nos sorprendió al leer un mensaje que había preparado para esa ocasión, en el que, después de desplegar, en forma amena, alegre y jocosa, muchas de nuestras vivencias de cuando fuimos alumnos del Regio, narró una experiencia personal que nos conmovió y, que nos permitimos transcribir literalmente algunos de sus párrafos, que dieron origen a esta Beca.
“Los años en el Regiomontano, seguramente, fueron para todos nosotros los más trascendentes de nuestra vida.
En aquellos tiempos, a Jorge le hablábamos de usted, porque era más viejo que nosotros, ahora le hablamos de tú porque luce más joven que nosotros”.
“En esos años, mientras nuestros padres se esmeraban en enseñarnos las buenas costumbres y los buenos modales, el Instituto y sus profesores nos enseñaban a ser hombres.
Bajo el sello Lasallista, el Instituto y sus maestros nos formaron, nos dirigieron, nos moldearon y nos encauzaron a ser lo que somos.”
“En la época más difícil de un muchacho, en plena adolescencia, Jorge García, con todo celo y con toda responsabilidad, con toda paciencia y cariño, junto con los demás maestros, nos aconsejaron y nos imprimieron los valores que habrían de regir toda nuestra vida. Todos nosotros y, yo, particularmente, reconocemos la influencia positiva y trascendente que esos años dejaron en nosotros. Reconocemos y agradecemos su dedicación, su abnegación y su entrega total a educarnos.
En esta ocasión, quisiera referirme especialmente, no sólo a los años que pasamos en el Instituto, sino a un hecho aislado, el cual, seguramente, Jorge lo tiene totalmente olvidado, porque para él fue parte de su vida cotidiana, aunque no fue así para mí”.
Luego entró a narrar un pasaje de su vida, que lo marcó para siempre…
“Cuando los vaivenes y los subibajas de la vida te cambian los colores y los matices de un amanecer; cuando las vacas flacas se ensañan en tu vida y hacen que los ríos corran hacia arriba y que el mar se seque; cuando todo se te derrumba en el interior y tienes que sobrevivir a ese cataclismo interno; cuando tu entorno te abandona y tus amigos sienten lástima por ti; cuando para los banqueros eres un apestado y un blanco para los profesionales del embargo; cuando tus hijos solo saben que todo lo ignoran y que ignoran también que son el centro de todas tus preocupaciones; cuando solo tu esposa está contigo y te sientes perdido en este mundo, Jorge supo estar conmigo”.
“En el curso 1971-72, cuando estaba inmerso en la más dolorosa, profunda, obscura y prolongada crisis financiera, me presenté al Instituto para recoger los documentos correspondientes a los estudios de mis tres hijos. Una vez que la secretaria los elaboró, los presentó al director, que a la sazón era Jorge García Abaroa, para que los firmara. Había logrado, con la recomendación de un amigo que trabajaba en la Dirección de Educación Pública del Gobierno del Estado, que me aceptaran la inscripción de mis tres hijos, a pesar de ir a medio curso escolar. Cuando Jorge García tuvo los papeles frente a él, se levantó, abrió la puerta y, al verme, me preguntó: -- ¿Vas a sacar a tus hijos del colegio? A lo que respondí positivamente. Entonces me volvió a inquirir: -- ¿Te cambias de ciudad? -- Le dije que no. A lo que me cuestionó: ¿Entonces por qué sacas a tus hijos?... ¿Tuviste algún problema en el colegio? A lo cual repuse… -- que no había tenido ningún problema en el colegio y, que si me los llevaba, era porque estaba en una situación financiera muy difícil y, por lo tanto, no estaba en posibilidad de seguir pagando las colegiaturas, por lo que no tenía otra opción que llevármelos a una escuela pública.
Se opuso terminantemente y me dijo: - ¡Tus hijos se quedan aquí! Le respondí: -- Maestro, mi crisis no se va a resolver en dos o tres meses, tal vez ni en un año, sería en vano ofrecerle que le puedo pagar a corto plazo… Jorge García insistió: -- ¡Tus hijos se quedan aquí y, aquí los educamos! Volví a insistir: - …no quisiera que pasaran la pena que les nieguen el derecho a examen cada mes, por falta de pago. A lo que contestó: Voy a anotar que las colegiaturas están pagadas por este año y por el próximo para que no los vayan a molestar. Así se hizo, y se quedaron en el Instituto Regiomontano.
Cuando me empecé a recuperar me presenté a pagar y me volvió a insistir: -- primero resuelve tus problemas más ingentes, después vienes a pagar. Le respondí: -- que ya podía afrontar el pago y después de discutir el tema por algunos minutos, finalmente me lo aceptó.
Mis hijos continuaron en el Regiomontano, fueron formados por los Lasallistas y, después de hacer sus estudios universitarios en Monterrey, hicieron sus estudios de postgrado en Inglaterra y Estados Unidos. Son hombres de bien, de profundas raíces cristianas, de una gran moralidad, que recibieron en el Instituto Regiomontano y que les dejó marcado su destino”.
“Yo recuerdo que en ese día le dije a Jorge: a partir de hoy, cada vez que te vea, cada vez que te recuerde, cada vez que rece por ti, cada vez que oiga hablar de ti, sólo tendré una sola exclamación: ¡Gracias! Y así ha sido desde entonces. Siempre, aún antes de saludarlo, siempre, siempre, primero le he dicho: Gracias”.
“Como homenaje a este gesto, que le dio nueva luz a la vida, que hizo que los ríos volvieran a correr hacia abajo y los mares se llenaran de agua, se instituyó una asociación civil llamada BECA JORGE GARCÍA ABAROA, A.C. que buscará apoyar constantemente a los jóvenes y motivarlos a continuar con sus estudios, a pesar de las dificultades.
Asimismo, yo me encuentro comprometido a aportar un mínimo equivalente a una Beca total para 3 estudiantes del Instituto Regiomontano y a corresponder con una aportación adicional, similar a la que se logre recaudar cada año entre todos los miembros de esta generación del Regiomontano. He pedido a mis tres hijos, que fueron los beneficiarios de aquel gesto, que me acompañen para que se comprometan conmigo, para que, aun, cuando yo haya partido, en sus manos, esta Beca perdure y se acreciente”.
“Pido perdón al Instituto y a Jorge García Abaroa, por esta reacción tardía que, no es síntoma de ingratitud, sino de descuido, pero, sobre todo, pido perdón a aquellos alumnos, a aquellos muchachos que, por mi tardanza en reaccionar no se vieron beneficiados. Jorge, mi reconocimiento y mi aprecio, mi gratitud y admiración, mi amistad y mi respeto, por ayer, por hoy, por siempre y para siempre”.[1]
Septiembre de 2008, reconocimiento por su trayectoria en la ciudad de Monterrey.
Medalla al Mérito Ciudadano
En H. Municipio de Monterrey, en ese tiempo estaba presidido por un exalumno, del que el Hermano Jorge fue su director en la Primaria y en Secundaria; él escuchó la propuesta de un grupo de exalumnos y padres de familia, sobre proponer al Hermano Jorge para la Medalla al Mérito Ciudadano, “Diego de Montemayor”, que se otorga cada año, a personas que se han distinguido, en la ciudad, por su servicio y entrega a una causa noble.
[1] Gustavo M. de la Garza Ortega fundador de la Beca Jorge García Abaroa
AYUNTAMIENTO ADMINISTRACIÓN 2006 - 2009
Enseguida le fue entregada por el C. Presidente Municipal, la Medalla al Mérito, “Diego de Montemayor”, así como Diploma y premio en numerario”. Sigue manifestando el C. SECRETARIO DEL R. AYUNTAMIENTO: “A continuación, se presentará la semblanza del Profesor Jorge García Abaroa”.
Concluida la presentación del video, pasó al frente el Profesor Jorge García Abaroa, a quien el C. Presidente Municipal hizo entrega de la Medalla al Mérito, “Diego de Montemayor”, así como Diploma y premio en numerario. A continuación, el C. SECRETARIO DEL R. AYUNTAMIENTO, dijo: “Continuando con esta Sesión Solemne y, a nombre de este Republicano Ayuntamiento, hará uso de la palabra el C. Presidente Municipal, para dirigir a ustedes un mensaje en este importante evento”.
Hoy hemos galardonado con la entrega de la Medalla al Mérito, “Diego de Montemayor”; la comunidad de Monterrey honra a los perfiles y cualidades de tenacidad, desprendimiento, constancia y vocación de servicio de las y los regiomontanos, para que sean ejemplo a seguir por las actuales y futuras generaciones. Esta Medalla es un instrumento de promoción y desarrollo de la participación de la comunidad en actividades que ayudan a elevar la calidad de vida de la población. El 20 de septiembre es una fecha para que, los estudiosos y amantes de la historia, reflexionemos sobre la deuda histórica que tenemos, no solo con don Diego de Montemayor, sino con Alonso de Barreda, Pedro Iñigo, Juan Pérez de los Ríos, Diego Díaz de Berlanga, Diego Maldonado, Diego de Montemayor, el mozo y las doce familias que los acompañaron para repoblar estas tierras y edificar en ella la Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey[1].
“Medalla al Mérito”
“El pasado domingo 20 de septiembre de 2009, el Honorable ayuntamiento de la Ciudad de Monterrey, se reunió en sesión solemne, para honrar a tres insignes hombres, por sus destacados méritos en los campos deportivo, social y académico, respectivamente.
El Dr. Andrés Almaguer, el medallista olímpico mexicano, Daniel Bautista y nuestro Hermano Jorge García Abaroa, fueron condecorados con la “Medalla al Mérito, Diego de Montemayor” en el marco de la fundación de la Ciudad de Monterrey,
Reunidos para acompañar al Hermano Jorge, padres de familia, exalumnos del Hermano y representantes de las comunidades del Regio Contry, Instituto Regiomontano, Casa Central y Escolasticado, tuvimos el honor de asistir a la sesión solemne presidida por el Alcalde de la ciudad.
Luego de la apertura oficial de la sesión, se presentaron sendos videos con las semblanzas biográficas de los homenajeados, incluyendo, tanto su trayectoria académica y profesional, como datos de su vida personal y entrevistas con personas allegadas.
Emocionados por ver a nuestro Hermano recibir tan merecido homenaje, no pudimos sino aplaudir, con todo entusiasmo, al verle pasar para recibir de manos del munícipe su medalla y diploma.
Felicidades, Hermano Jorge, por una vida de entrega, testimonio y servicio ejemplares, que han merecido tal reconocimiento y, felicidades, lasallistas todos, porque contamos con la presencia y compañía de este gran Hermano, cuyo ejemplo ha de animarnos a vivir con fe y radicalidad nuestra vocación” [2]
[1] Adalbeto Madero Alcalde de Monterrey en 1908 cuando se le hizo esa distinción
[2] Hermano Alejandro González Cerna, La Salle en México Norte, octubre 2009
Guadalajara
“La dificultad forma al hombre de carácter, pues es parte de la realización de él mismo”.
Por iniciativa del Hermano Salvador Valle, la antigua casa de los Hermanos del Postulantado se transformó en “Casa de Salud”; se le hicieron adecuaciones para que cada cuarto fuera un cuarto con todos los servicios de hospital, para acoger a Hermanos enfermos o ancianos que requerían cuidados especiales y se designó como encargado de la casa al Hermano Jorge. Él, obediente como siempre, aceptó el reto, el cual enfrentó con valentía. Se puso en contacto con médicos, padres de familia del colegio Febres Cordero, se buscó personal de enfermería e inició su trabajo: cuidado a Hermanos mayores sanos, pero ya débiles, cuidado de enfermos graves, como fue el caso de los Hermanos Ignacio Navarro, Miguel Agustín Hernández y José Manuel Ramírez, a quienes le tocó acompañar en su última enfermedad.
Pronto, el Hermano Jorge se sintió enfermo, le vino una depresión, como las que había tenido recurrentemente, desde su operación de la rodilla y, por iniciativa de él mismo, se internó en el Centro Alberione, donde, después de unos meses pasados ahí, vino recuperado y con muy buenas experiencias, ya que había hecho apostolado con algunas de las personas ahí internadas pero, sobre todo, había recuperado su salud y adquirido medios para controlar sus caídas de ánimo.
Un tiempo, valientemente se ofreció para remplazar, durante dos meses, al coordinador de la Preparatoria del Colegio Febres Cordero
y, después, más audaz, fue de titular a un tercero de secundaria, en el que lo hicieron batallar los adolescentes, pero nunca perdió su deseo de ayuda y de colaboración en lo que hiciera falta.
Cercanía con los postulantes y preocupación por las vocaciones:
Creo que cuando entré con los Hermanos Lasallistas había ya muchas imágenes de Hermanos en mi mente; habiendo estado en el Regio Contry, todo un desfile de Hermanos jóvenes pasaron ante mí, en las aulas de clase de primaria, además de los Hermanos directores y coordinadores de sección,
pero más allá de todos estos, vivían también en mi imaginario, Hermanos que solo conocía de oídas, los Hermanos que salían al tema alguna vez, en las historias de sobremesa de mi familia, los que conocieron mi mamá y mis tíos en la escuela, entre ellos, el Hno. Jorge García Abaroa.
Alguna vez, los alumnos vocacionales del Contry fuimos a campamento en Parmenia y, el Hno. Jorge, que era el responsable del grupo ‘Parmenia’, de Chepevera, nos mandó a sus muchachos, pues él estaba mal de las rodillas y no podía viajar; ahí recuerdo haberlo visto en la central de autobuses de Monterrey, muy afable y educado, tenía aire de gente importante, pero actitud de amigo cercano.
Años después lo encontré en la comunidad de Guadalajara. Yo era postulante, él, Hermano mayor en la comunidad del Febres. Siempre fiel y puntual a la misa, siempre limpio y formal en su vestir, siempre alegre en el saludo, atento, finísimo en su educación y en sus atenciones a todos. Recuerdo con mucha claridad que los postulantes nos turnábamos para preparar y compartir la homilía, una vez por semana; cuando me tocó a mí, el Hno. Jorge me esperó, al final de la misa, para felicitarme por el mensaje que había dado y me dijo que pocos sacerdotes lo darían mejor. Las palabras del Hermano tenían peso para mi mente de postulante, eran un halago muy grande.
Llegado el tiempo de iniciar las clases en el Postulantado, la disposición del distrito marcaba que estudiáramos inglés pero, conociendo yo bien ese idioma, el Hno. Memo, mi director, me autorizó a que le pidiera al Hno. Jorge que me diera clases de francés. Esto nos dio algunos días juntos, horas preciosas de cariño hecho clase, de sabiduría hecha lección, de testimonio de Hermano, en cada gesto y palabra. De él aprendí a rezar en francés y algunas frases básicas lasallistas, el Honneur a Toi y el Prends mon Coeur. Tristemente, la salud del Hermano declinó y requirió de operaciones y prolongados internamientos que interrumpieron nuestras clases.
De cualquier modo, el tiempo juntos, aunque breve, bastó para dejar una honda impresión en mi alma; años después, cuando llegó el momento de elegir a mi padrino de Toma de Hábito, yo pensé: “Quiero un Hermano santo, que sea un modelo de Hermano, un Hermano piadoso, que me sienta seguro de que rezará siempre por mí; un Hermano sabio, que sepa aconsejarme, un Hermano humano y sencillo, que sepa comprenderme…”
Tan altas consideraciones hicieron saltar el nombre: Jorge García. Con mucha alegría aceptó mi invitación y me acompañó en mi Toma de Hábito y en el resto de mi vida. Me regaló ese día una bella estatuilla de San José, patrono del Instituto, cargando al niño Jesús.
Muchas veces me tocó acompañar al Hno. Jorge en el hospital, tanto en Guadalajara como en Monterrey, ser testigo de su fe y paciencia, de la delicadeza y educación que tenía para las enfermeras, de su agradecimiento exquisito a los doctores y todo el personal que lo atendía y, a nosotros, que lo acompañábamos.
Ya viviendo en Hermosillo, procuré, siempre que estaba en Monterrey ir a visitarlo; me sorprendía estando siempre al tanto de mis ires y venires y listo para escucharme y para platicar largo, tendido y profundo. Nunca dudé de su oración constante, fue un Hermano a carta cabal.
Estando en Guadalajara celebró sus ochenta años de vida; fue una celebración pequeña, íntima y muy cálida, con todo y que era en invierno, pues los Hermanos de la Comunidad estaban en San Juan, de retiro distrital.
Ochenta anivesario del Hermano Jorge:
En la ‘Revista La Salle’ de México Norte, se hace una descripción de su caminar a través de los 80 años… “El día de hoy queremos unirnos a tu acción de gracias al Señor, por el don de tu vida, vida que en cifras es todo un aconecimiento; así leemos lo siguiente: has vivido a plenitud y con gran alegría la pequeña cantidad de 2 517 696 000 segundos, 41 691 600 minutos, 699 360 horas, 29 200 días 4 160 semanas, 960 meses, 20 años bisiestos, 16 lustros, 8 décadas y, por la gracia de Dios, 80 años…
Sigue un recorrido por la vida del Hermano Jorge, hasta llegar a Guadalajara, su penúltima etapa de vida donde, quien esto escribió, le dice: “Tu ánimo comienza a flaquear… el cansancio se acumula…la edad se te vino encima… viejo, mi querido Hermano viejo, que ya caminas lerdo… tu ejemplo nos edifica… Gracias por tu caminar en la vida religiosa… gracias por tu persona, por tu ser de religioso.
Muchas feliciades, Hermano Jorge…y, a vivir con alegría los años que el Señor te depare por delante. CON CARIÑO.[1]
[1] La Salle en México Norte febrero 2010, por la comunidad Hermano J.I.A.
Nuevo cambio:
Nuevamente recibe un cambio. Ya es el Hermano Luis Arturo Dávila, quien lo envía a Monterrey, al Colegio Regiomontano Contry, como auxiliar, cuyo trabajo sería apoyar en el departamento de psicología, hablando con los alumnos que tenían problemas académicos o de conducta y, un segundo trabajo era el de apoyar en el Departamento de Pastoral. En ambos departamentos fue muy querido y aceptado, los niños le llamaron abuelito, y él se volcó en atención y cariño hacia ellos, los padres de familia encontraron en él a un consejero y a un amigo, pero hubo un pero, y ese fue que, por las tardes se quedaba solo en casa, ya que los Hermanos jóvenes estudiaban y el Hermano Director atendía la Preparatoria vespertina. Un día, el buen Hermano Jorge dio un mal paso y se cayó, sin tener quien le ayudara, entonces se planteó la necesidad de que fuera trasladado a la Comunidad del Instituto Regiomontano, donde se tiene personal para la atención de Hermanos mayores o enfermos las 24 horas del día.
En esta, que va a ser su última morada, procuró participar en todo lo que se organizaba: asistía a los paseos a las Palmas, a las reuniones del Club San Benildo y buscó la forma de cómo ayudar en Secundaria a los alumnos que tenían problemas académicos, los entrevistaba y los comprometía a que realizaran un proceso de mejora; los adolescentes lo quisieron y lo vieron como a un buen abuelo, que estaba dispuesto a darles ayuda y, sobre todo, a escúchales en sus inquietudes y problemas.
FESTEJOS DE LOS 70 AÑOS DEL INSTITUTO REGIOMONTANO.
Cercano a sus exalumnos, participó gustoso en la organización de las reuniones de celebración de los 70 años de vida del Instituto Regiomontano; participó con sus ideas y con sus contactos para agrupar a los antiguos alumnos y, que tanto la celebración Eucarística como las comidas, fueran de lo mejor.
Recibió el cariño, respeto y admiración de muchos exalumnos, desde las primeras generaciones, que lo conocieron como joven maestro y los que lo tuvieron como Director, o bien, como Coordinador.
Las cualidades, en exceso, son defectos:
Los defectos de una persona, muchas veces son exceso de sus cualidades. Esto sucedió en el Hermano Jorge, que siempre tuvo el don de mando y, ya mayor, quería seguir mandando, ciertamente, muy caritativamente, pero quería que comieran, o hicieran tal o cual cosa, que en su forma de ver era lo correcto, pero el Hermano mayor no lo veía así. Fue persona de un claro pensamiento y sus ideas eran precisas, cuando otro no pensaba igual, había molestia, de parte de los dos, en momentos le costaba entender la situación de alguno de los Hermanos, pues era un hombre de gran voluntad y no se vencía.
Última etapa
“El camino de regreso a Dios comienza con un corazón traspasado de dolor”.
Llegado a la comunidad de Cumbres, busca una forma de apostolado y la encuentra en la Secundaria del Regio Cumbres. Se dedica a dialogar con los alumnos que tienen dificultades académicas y, muy pronto, muchos de ellos tienen cambios notables; además, tiene una relación de cercanía con los maestros de esa sección, quienes encuentran en él a un amigo y consejero.
Las diversas dolencias le fueron limitando, en especial las originadas por las radiaciones que recibió para controlar el cáncer de próstata; luego le aparecieron dolores en las piernas y, un día, le pidió al Hermano responsable de los Hermanos enfermos que lo llevara al doctor. Así se hizo y, estando en el consultorio, el doctor llamó al Hermano responsable para decirle que urgía una transfusión de sangre, y que se le internara de inmediato, lo cual, así se hizo; traía 5 de hemoglobina, hubo reunión de varios médicos y, después de una serie de estudios que se le hicieron, se descubrió un tumor, sobre uno de sus riñones. Las soluciones fueron variadas: para el nefrólogo, era de cirugía inmediata, para la Dra. Cardióloga, no, para la oncóloga, tampoco, razón: su edad y su mal cardiaco que había sufrido. La cirugía implicaría dializarlo dos veces por semana, lo cual era acabar su calidad de vida y sin esperanzas de prolongarla. Se decidió tratamiento con medicinas de cuarta generación, con lo que desaparecieron los dolores de las piernas, así como la anemia. El problema del cáncer estaba latente y, en dos años o algo más, volvería con metástasis, como así fue.
Otra limitación vino para el Hermano Jorge de sus rodillas, las prótesis ya habían caducado, mal se sostenía en pie, su caminar, además de lento e inseguro, era doloroso, pero su estado de ánimo era bueno. Cuando recibía visitas era muy amable y gozaba mucho esos momentos, así como los famosos “cafés de perico”, con algunos exalumnos.
Un día, en la capilla, no usó el libro del oficio, en el comedor no atinaba a localizar el pan y otros alimentos, se le preguntó qué le pasaba y nos dijo: desde que me levanté no veo sino sombras. De inmediato se le llamó al Dr. Mohamed y fue citado en la Clínica de la Ceguera, del Hospital Universitario; el Dr. lo esperó en la puerta y, de inmediato fue atendido por varios médicos, que diagnosticaron “glaucoma”; pronto se le hicieron unos tiros de láser y recobró bastante la luz. Al día siguiente le hicieron una operación láser, de varios tiros en cada ojo y recobró su visión, ya que, como buen lector, y entusiasta de seguir programas religiosos por la TV, se hubiera sentido muy limitado sin su vista.
El día 3 de mayo se levantó bien, asistió a la santa Misa y a los ejercicios de comunidad; por la tarde comenzó a tener dificultad en respirar, pronto se le atendió y se le llevó al Hospital Muguerza, para una mejor atención. Se le diagnosticó bronconeumonía y, al hacerle los estudios se vio que sus pulmones estaban invadidos de metástasis, el cáncer había hecho su trabajo y fue el medio para llegar a la Casa del Padre; el cuatro de mayo de 2016, por la mañana, el Señor, a quién desde sus años de adolescente había entregado su vida, vino a su encuentro, como Padre amoroso, para llevarlo con Él a gozar de su presencia.
Su partida fue anunciada en diferentes medios con las siguientes palabras: “Con gran dolor, lamentamos informarles que el día de hoy, el Hermano Jorge García Abaroa, ha regresado a la Casa del Padre. Gracias por todas sus enseñanzas, por dejar huella profunda en quienes le conocimos; su legado permanecerá y vivirá en cada uno de los corazones en los que sembró la semilla de paz y amor, guiándolos por el camino correcto a seguir.
¡Descansa en paz, Hno. Jorge!
Su funeral se realizó en la casa de los Hermanos de Cubres, celebrándose dos Eucaristías: una el mismo día cuatro y la otra el cinco de mayo, por la tarde; fue Misa de despedida, a las 6:00 pm, en la Parroquia De La Salle.
Sus cenizas esperan la resurrección en el Columbario de la Casa Central, de Monterrey.
Epílogo:
Testimonio de algunos Hermanos y personas con las que convivió:
Hablar del Hno. Jorge es hacer referencia a la fraternidad, a la vida de oración, a la constancia, a la dedicación, al amor por la educación, a la delicadeza, a la consagración… en fin, a tantas y tantas cualidades que un ser humano consagrado a Dios puede y debería vivir. El Hno. Jorge vivió cada una de ellas de forma cabal y, además, por su testimonio, invitaba a los que le rodeaban, a vivirlas también.
“Mi relación con el Hermano Jorge G. García Abaroa fue cada vez más estrecha, lo llamaba mi Padre Espiritual, el día del Padre le hablaba para felicitarlo. Estuvo presente en acontecimientos importantes de familia. El cariño, el respeto, la admiración y el legado espiritual que dejó, es inmenso. Querido Hermano Jorge, vivirás en mi corazón, por siempre”.
“La formación que recibí del Hermano Jorge, siendo yo Hermano joven en comunidad, me sirvió para toda la vida, le agradezco que haya sido “perro guardián”, como él decía, refiriéndose al salmo 39,1, me dieron ese encargo, por lo tanto, siempre estuvo atento a escuchar, a ver y a llamar la atención, a ser vigilante, para tender la mano, dar un consejo y, muchas veces, para lanzarte a nuevos retos. Doy gracias a Dios por permitirme caminar en mi juventud bajo su dirección y convivir un año sirviéndote, cuando tu paso se hizo lento y tu salud precaria, y siendo compañero, descubriendo en tu persona al gran ser humano que sabe entregar su vida hasta dar el último suspiro”.
“Yo tuve la oportunidad de convivir con el Hno. Jorge Gerardo García Abaroa en varias ocasiones: durante mi estancia en el Aspirantado, en Saltillo (él era el director del CIZ), después, en el Escolasticado (él era el Director) y, finalmente, en la Comunidad de Cumbres, en Monterrey, donde vivió sus últimos años de vida; admiré su congruencia de vida, su entrega a su vocación y su calidad de religioso y de educador”.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas
Hermano Jorge,
Desde niño escuchaste el llamado de Jesús para ser Hermano de las Escuelas Cristianas. Tu respuesta fue sí para siempre. Apenas tu formación inicial terminada recibiste la invitación de Nuestro Señor, por medio del Hno. Visitador, a venir a Monterrey, al Instituto Regiomontano. Te estrenaste durante un semestre, hace 66 años, como Maestro de 5to de Primaria y el nuevo año escolar seguiste en 6to A. Cuántos exalumnos te recuerdan con admiración, respeto y cariño. Te entregaste de todo corazón a tu misión como Hermano lasallista. Así inició una vida comprometida, de tiempo completo, a la formación de los niños y de los jóvenes, no sólo en Monterrey sino como Maestro, como Coordinador, como Director y como Responsables de cursos de formación lasallista en tantas localidades de nuestro México. Y cómo no subrayar tu generoso y acertado compromiso y entrega a la formación de los Hermanos jóvenes en el Centro Lasallista de Estudios Superiores.
No, no fuiste un super hombre, viviste las fatigas y esperanzas de cada Hermano, de cada Cristiano, pero tu vida entera fue transformada por el amor de Dios que recibiste y viviste con todo tu corazón. Tu opción fue amar como Jesús amó, entregarte al servicio de los demás, como Jesús lo hizo. Lo diste todo sin limitaciones ni condiciones porque Jesús fue tu guía y tu modelo.
Hermano Jorge, tú has sido para nosotros un testigo fiel de lo que soñó San Juan Bautista de la Salle para sus Hermanos y ahora en nuestro tiempo para todos los Lasallistas. Seguiste las huellas del Santo Fundador, te entusiasmó su ejemplo, te enamoraste de su pensamiento y de su espiritualidad, viviste intensamente la fe, la fraternidad y el celo ardiente por la salvación del prójimo, al estilo de La Salle y fuiste fiel a su legado.
Y no sólo fueron los niños y jóvenes, tus amigos, tus discípulos y tus seguidores. Muchos son los Maestros, los Padres de Familia, los Exalumnos, los Sacerdotes y Religiosas y claro, también tu Familia y nosotros tus Hermanos que lloramos tu partida, pero también celebramos con gozo en el corazón tu plenitud de vida, abrazado por María nuestra Madre amorosa y por Jesús nuestro Hermano resucitado.
Cierto, te encomendamos a Dios nuestro Señor, pero más todavía te pedimos tu intercesión para que como Santa Teresita del Niño Jesús pases tu cielo derramando rosas sobre la tierra. Gracias Hno. Jorge por haber sido excepcional instrumento de Dios para comunicarnos su amor.
Viva Jesús en nuestros corazones.
Por siempre.