Hippolyte Sauvant
Hno. Benildo Justino
Hno. Benildo Justino
Hno. Hippolyte-Paul SAUVANT MOTHÉRAT
(Hno. Benildo Justino)
*10 Julio 1888 +6 Mayo 1972
Masset, cerca de Saugues.
Lyon, France
Saugues es una población y comuna francesa, situada en la región de Auvernia, departamento de Alto Loira, en el distrito de Le Puy-en-Velay.
Saugues se encuentra rodeada de verdes campos, donde subsisten granjas y pequeñas propiedades rurales. La población está dominada por la Torre de los Ingleses, una construcción del siglo XIII, donde se alojaron mercenarios y pillos en el siguiente siglo. La mayor parte de los pobladores se dedicaban al campo y a la confección de suecos, zapatos de madera.
Fue durante siglos un paso de peregrinos que iban a Santiago de Compostela, sobre todo los que llegaban del Puy.
La parroquia de la población está dedicada a San Medardo, donde se encuentra una de las más bellas estatuas de María Santísima del siglo XII.
En Masset, muy cerca de Saugues, ciudad de origen del Hermano Benildo, Hyppolyte Sauvant nació el 1º de julio de 1888; sus padres fueron Louis Sauvant y Felicité Mothérant, que formaron un cristiano hogar. El ambiente de sus primeros años marcará intensamente su personalidad, con cierta reciedumbre, que lo acompañará durante sus 83 años de vida. Recibirá también un sello de piedad y fidelidad, muy propio de la región, y no ajeno del santo del lugar: San Benildo.
Alumno de la escuela de los Hermanos de Saugues, lugar donde su padre había sido alumno del Hermano Benildo y, su memoria estaba aún fresca, tanto en la escuela como en la población, ya que muchos padres de los alumnos eran exalumnos del santo Hermano.
Muy pronto quiso seguir los pasos del santo Hermano Benildo y, joven adolescente se dirige al Noviciado Menor de Vals, en el Puy, el 30 de diciembre de 1901 y luego fue enviado a Paris. Allí tiene como director al futuro Superior General, Hermano Adrien. La distinción natural y la delicadeza de sentimientos del notable educador, dejarán huellas notables en el joven discípulo. Más tarde, cuando el Hermano Benildo Justino esté al frente de Casas de Formación, se inspirará en los ejemplos y en las enseñanzas del gran educador que fue el Hermano Adrien. Al observar que la cortesía y la distinción no tenían muchos partidarios, sufrirá en tales o cuales momentos de la vida.
Desde sus 14 años quiso ser misionero y es la razón por la cual lo encontramos en el Noviciado Menor de Premiá de Mar, España, para iniciarse en la lengua de Cervantes y con profesores de la altura del santo Hermano Miguel. Entró al Noviciado de Bettanger el 21 de septiembre de 1905 y tomó el Hábito el 28 de octubre de ese mismo año, terminándolo, el 30 de octubre de 1906, trasladándose luego a Bélgica para su Escolasticado, que lo hace en la Casa Madre de Lembeqc-lez-Hal.
MÉXICO:
Ya más o menos equipado, pero con una decisión inquebrantable y muy madura, se embarcó en 1908 rumbo a México, el país de sus sueños. Zacatecas lo recibe con clima frío, pero con el corazón abierto. Allí toma el Hermano Benildo Justino sus primeras armas como pedagogo. Es seguro que dejará huellas muy marcadas en sus alumnos. Uno de ellos, de tercer grado de primaria, seguirá sus pasos y ascenderá tan aprisa, que llegará a ser Asistente: el Hermano Antonio María Lozano. Poco antes del estallido de la Revolución Mexicana fue trasladado al Colegio del Sagrado Corazón, de Monterrey. Ahí la Revolución lo encuentra y lo desarraiga, una vez más, al expulsar a todos los Hermanos por la frontera norte, por Matamoros.
“Los hechos se presentaron así: las tropas carrancistas, en abril de 1914, sitiaban a la ciudad, el caño de 75 toneladas descargaba su fuerza sobre el Palacio de Gobierno, situado enfrente de la iglesia, a pocos metros de nuestra escuela; por precaución la Comunidad fue evacuada y se refugió en el colegio. Después de varios días de lucha los federales evacuaron la ciudad, y los Cónsules, francés y norteamericano, recomendaron abandonar la ciudad, antes de que los vencedores entraran a la capital de Nuevo León.
El 12 de mayo, los Hermanos recomenzaron las clases y, ese mismo día fue designado como Gobernador Antonio I. Villarreal; por la noche, un militar llegó a la comunidad diciéndoles que el jefe militar, Coronel Fuentes, quería que fueran al Palacio; los 13 Hermanos, sin demora, se presentan; el jefe militar les pide 500,000 pesos para ayuda de la revolución y, en caso de no darlos irían a la cárcel; tomaron el nombre de los 13 hermanos y fueron enviados a prisión, donde encontraron a sacerdotes y gente importante, encarcelados por la misma razón[1].
El Hermano Netelmo se comunicó con el cónsul francés y el Hermano Ángel Pedro con el norteamericano. Al día siguiente, a las 7 de la mañana, se presentó el comandante revolucionario David Berlanga y, en perfecto francés les dice: “Messieurs, le general Gouverneur vous rend la liberté et soyez a la gare a 7 hrs, pour prendre le chemin de fer pour Matamoros”[2].
El 14 de mayo de 1914 los Hermanos fueron expulsados del país; misma suerte corrieron las comunidades de Querétaro y Zacatecas; ninguna otra comunidad fue expulsada.
El Hermano Benildo formó parte de 8 Hermanos de las Escuelas Cristianas y 3 Maristas que salieron en el primer embarque, el resto de la comunidad salió al día siguiente, reuniéndose todos en Matamoros para atravesar a los Estados Unidos y llegar a Nueva Orleans, para embarcarse rumbo a la Habana.
CUBA:
Llegaron los Hermanos a la Habana en julio de 1914 y, en septiembre del mismo año, el Hermano Benildo y la mayor parte de los Hermanos de la Comunidad de Monterrey, encabezados por su antiguo Director, el Hermano Netelmo, van a fundar el Colegio del Sagrado Corazón, de Guantánamo. “Muy duro fueron los comienzos de esta obra pues, a la falta de condiciones mínimas se unió la actitud de la población, que no acogió con entusiasmo a estos religiosos, vestidos en forma extraña. El 13 de octubre iniciaron las clases con 13 alumnos. Gracias a una fiesta que organizaron por Navidad, se incrementó el número de alumnos y la población aceptó a los Hermanos. Los Hermanos sufrieron pobreza muy fuerte, hasta carecer de alimentos pero, la constancia y el trabajo lograron levantar el Colegio”[3].
Después de siete años evangelizando esta región tan abandonada e, impartiendo cursos de Matemáticas y Física en el bachillerato, su recia personalidad y su competencia les permiten destacar ya.
En 1921 lo encontramos en el Colegio de La Salle del Vedado, en la Habana, como uno de los profesores más notables del Bachillerato. Gastó también sus juveniles energías como encargado del Futbol, cuyos equipos adquirieron entonces fama reconocida. Al mismo tiempo sigue estudios universitarios. “Obtiene primero el Bachillerato cubano en ciencias, en 1917, Maestro superior, en la Normal, en 1927 y doctorado en Físico Química en la Universidad de la Habana en 1930”[4].
Sus aciertos y su espíritu religioso lo distinguen nuevamente para seguir el Segundo Noviciado en 1925, en Lembecq -lez – Hal. De ahora en adelante el rumbo de su vida queda bien especificado: formador de futuros Hermanos. Durante veinte años exactos, desempeñará la gran responsabilidad de preparar a los Hermanos, inicialmente como Director del Escolasticado, en Guatao, Habana, durante dos años y luego como maestro de novicios de los candidatos mexicanos, refugiados en la bella Isla de Cuba, junto con los cubanos. “A él le tocan los apuros persecutorios y luego la organización y el éxodo, por dos veces, de Cuba a México y de México a Lafayette, en el estado de Luisiana. En diciembre de 1935 entregó la dirección del Noviciado a su exalumno, el Hermano Antonio María y le encargan la refundación del Noviciado en Cuba.
[1] Historico de la comunidad de Zacatecas, Archivo del Instituto.
[2] Señores el general Gobernador les da la libertad, esten en la estación a las 7 hrs para que tomen el tren para Matamoros.
[3] Itinerario de los Hermanos de la Salle en las Antillas. Hermano Alfredo Gabriel
[4] Hoja de Registro de los Hermanos.
ESTADOS UNIDOS:
Para seguir su itinerario, basta seguir rápida- mente la peregrinación del Director con sus novicios, en Cuba, durante tres años y, luego el traslado del Noviciado a México
Durante los siete años que permanece en la capital, la vida será muy agitada, complicada y, al final, a base de escondites. Tanta fue la zozobra que los Superiores tuvieron que trasladar el Noviciado y el Escolasticado a los Estados Unidos.
El relato de este éxodo es el siguiente: “Lo que nuestros jóvenes han sufrido es increíble, en el espacio de un año, ya que han tenido que mudarse cinco veces de casa... el 11 de abril de 1935, el Hermano Visitador da a conocer el traslado del noviciado a los Estados Unidos. El 30 de abril 13 novicios y 7 postulantes, todos hacinados en un carro de segunda, del ferrocarril, viajarán por 30 horas: San Luis, Saltillo, Monterrey y Laredo, acompañados de su Hermano Director, Benildo Justino y del Hermano subdirector, Barnabé Marie. Fueron recibidos por el Hermano Visitador de Santa Fe -Nueva Orleans, Hermano Antel Arséne, descansaron en San Antonio y emprendieron el viaje hasta Lafayette, a donde llegaron el 3 de mayo”[1].
Fue el Hermano Benildo Justino quien formó el grupo de los Hermanos mexicanos, que habrán de enfrentarse con las tormentas persecutorias del lustro 1935–1940 y, que luego pondrán las bases de la prosperidad de los años futuros. ¡Pero a cuenta de cuántos esfuerzos y penalidades!
HERMANOS FORMADOS POR EL HNO. BENILDO JUSTINO:
“Leopoldo Angulo, Javier Velázquez, José Manuel Ramírez Stone, en Cuba; Víctor Bertrand, Juan del Castillo, Ismael Huerta, Salvador Pérez, Alfonso Sanabria, José Sánchez, José de Jesús López, José Muñoz, José Ma. Zaragoza. Rafael Cortés, Ignacio Cárabez, Rosendo Villaseñor, Salvador Angulo, Alfonso Aguilar, José Luis Aguilar, Ricardo Cortés, Ernesto Pizarro, José Sánchez Espinoza, Rafael Chávez, Rafael Martínez, Bernardo Zepeda, José Aceves, Leopoldo Narro, Alfredo Sánchez Navarrete, Pedro Córdoba, Enrique Pizarro...[2] fueron seis grupos de novicios que dirigió, el primero en Cuba y los demás en México y Lafayette.
La primera Toma de Hábito está fechada el 14 de mayo de 1929, la segunda el 10 de diciembre de 1930, la siguiente, mayo 14 de 1931, en 1932 fue el 14 de mayo, en 1933 el 24 de diciembre y, ya en los Estados Unidos, el 16 de julio de 1935.
“En diciembre de 1935 viaja a Cuba y funda el Noviciado, esta vez en Santi Spiritus. En 1936 se traslada el Noviciado a Cojímar, cerca de la Habana, para que los novicios tuvieran mayor atención espiritual”[3]. En julio de 1946 el Hermano Benildo deja definitivamente la dirección de Casas de Formación. Se detuvo su papel de formador, aunque en sus últimos años tuvo que cambiar su Noviciado tres veces y, a tres ciudades diferentes. ¿Qué hay de monótono en la Vida Religiosa? “No hay paz para el impío”[4], dice la Escritura y, a veces, parece que tampoco para los buenos. El Hermano Benildo Justino perteneció a este último grupo VI, que tendrá que peregrinar sin cesar durante toda su vida. Estos incesantes traslados ¿Condicionaron su carácter?... Tal vez sí.
VISITADOR DE ANTILLAS MÉXICO.
En 1946 una estrella o cruz aparecen en su cielo: el Visitorado. Su exalumno de Zacatecas, es Visitador del Distrito de Antillas- México, desde hace tres años. Es el año de la reorganización, después de la contienda mundial de la guerra, por medio del Capítulo General. El Hermano Antonio María es electo Asistente para América Latina Norte y Sur y, Para tomar el puesto vacante de Visitador, el Hermano Benildo Justino es nombrado para ese cargo. Va permanecer como Visitador de México solo un año, puesto que el 1º de julio se separa México de las Antillas, para formar un Distrito independiente, que el Hermano Athanase Emile llamará, meses más tarde, “el Niño Adulto”.
[1] DATOS DE LA SALLE EN MEXICO II páginas 131- 132 Bernard Alphonse Grousset
[2] La Salle en México II páginas 242,243 Bernard Alphonse Grousset
[3] Itinerario de los Hermanos de la Salle en el Distrito de Antillas.
[4] Is 57, 21
En 1946 pasó visita a las comunidades de México. Esta foto es de la comunidad de Guadalajara, que aún estaba en la calle Hidalgo[1].
[1] Historico de la Comunidad de Guadalajara.
Sus antiguas funciones le habían preparado poco para las realidades de la vida y de las personas. Sin embargo, este Visitorado transcurre en una tranquilidad continua, sin tragedia personal particular, hasta 1951, en que algunas cosas se complicaron. El Hermano Visitador era, a veces, algo intempestivo y lleva sus ideas muy arraigadas. Ciertos roces con personas no pueden evitarse y, además, tienden a la independencia. Es la razón por la cual tiene prisa de dejar el puesto y, con gusto, volver a las filas que había abandonado 25 años antes.
“Aprovechando la presencia del Hermano Superior General en Cuba, deseando ser reemplazado, ya que se sentía cansado y desfasado, estando todos los Hermanos del Distrito se realizó el cambio, en el Colegio del Vedado, donde el Hermano Superior General leyó la obediencia para el nuevo Hermano Visitador, mientras el Hermano Benildo sonreía agradeciendo al Superior, su sustituto lloraba”[1].
Dos años más fue director de novicios hasta que, en 1950 le encomiendan la dirección de la escuela Gratuita del Vedado, escuela que se había fundado en 1916; al Hermano Benildo le tocó continuar con esta obra hasta 1953, obra muy querida por él y, a la que le dedicó todo su esfuerzo para que los niños salieran preparados para el bachillerato o, bien, para enfrenta la vida, pues eran personas pobres.
[1] De la biografía del Hermano Regis.
En julio de 1953 lo envían como enfermero a Santa María del Rosario; atendía con delicadeza a todos los habitantes de esa casa: novicios menores, novicios, escolásticos y sobre todo a los Hermanos de la Sagrada Familia que, por sus edades eran ya propensos a enfermedades.
UN NUEVO RUMBO: REPÚBLICA DOMINICANA
1959 es enviado como director del Colegio de Santiago de los Caballeros, a cubrir un interinato; fue sostén del trabajo realizado por sus antecesores, en especial el Hermano Amado Gabriel Zaragoza y Guadalupe Sánchez, quienes habían construido el colegio y dado renombre a la obra.
Con la división del Distrito de México, en 1960, la República Dominicana pasó al Distrito de México Norte, razón por la cual el Hermano Benildo quedó incardinado a este nuevo Distrito.
Al año siguiente fue trasladado al Colegio Dominicano de la Salle, como Inspector de la Primaria, hasta junio de 1961.
NUEVAMENTE A MÉXICO
Tiene ya 73 años, pero no quiere descansar, sino servir, como ha sido su ideal de siempre. Se ocupa de escuelas gratuitas para las cuales siempre había manifestado predilección.
Desde hace tiempo sueña con regresar a México, donde sus años de juventud fueron tan fecundos.
Insiste un poco, tenía ganas de regresar a la tierra de sus inicios. En 1958 ve con alegría que su sueño se cumpliría, pero fue hasta 1962, que un día se presenta lleno de optimismo, a las puertas del Noviciado Menor de León, donde pasará 8 años. Se sabe ingeniar para no caer en la ociosidad, profesión que odia con indignación. Daba clases de francés a los novicios menores e, igualmente se encargaba valientemente del colmenar. Da un buen ejemplo de oración asidua y recogida y de trabajo, del buen consejo y de la obediencia. Pone su corazón mariano y su constancia peculiar en dirigir la construcción de la Gruta de Lourdes. Encanta a los que lo rodean con sus historias y comentarios interminables. Sufre un poco porque los Novicios menores no son como los de su tiempo, cosa muy evidente. Una gran alegría va a inundar su alma lasallista: Es uno de los raros escogidos para representar al Distrito en la canonización de su compatriota: San Benildo. Soñaría más tarde en volver a Roma para asistir a la beatificación de su profesor, en Premia de Mar, el Hermano Miguel, pero es desde el cielo de donde presenciará esta gran fiesta. En 1968 abandona León para ir a Gómez Palacio, donde se ocupará un poco como secretario del Hermano Visitador, Víctor Bertrand y encargado de los Archivos del Distrito.
El Hermano Visitador trasladó la casa Central del Distrito que estaba en el Noviciado Menor a Gómez Palacio, a la casa llamada por los Hermanos como la Cueva, creando una nueva comunidad, que sería la del Hermano Visitador y, al mismo tiempo atendería el rancho de la Loma; tres años vivió el Hermano Benildo en esta comunidad.
REGRESO A FRANCIA:
Desde algunos años antes una idea penetraba en su mente: Regresar a Francia y terminar allá sus días. Recibe la autorización en 1971 y, junto a su tierra natal, cerca de los suyos y, sobre todo, a la sombra de la colosal estatua de Nuestra Señora de Francia, va a esperar la hora del encuentro con Dios. Va a gozar, en la casa de ancianos de Le Puy, la paz de un retiro bien merecido.
En los primeros tiempos que estuvo en su tierra, los gozó y animaba mucho al Hermano Regis a que hiciera lo mismo, este le respondía: que había sido tonto; el tiempo le dio la razón al Hermano Regis, pues el Hermano Benildo se quedó un poco aislado, al no conocer a los Hermanos y al no haber trabado casi con ninguno, sino con los exiliados de Cuba, que estaban en la misma casa.
El Hermano Benildo era de salud fuerte, únicamente una ciática, tan tenaz y tan larga como su existencia, ha probado su energía inquebrantable, pero supo soportar los dolores con gran fortaleza cristiana. Desde hacía pocos años sufría una inflamación en el esófago, que no le permitía alimentarse sino con líquidos. Estaba en observación clínica, en Lyon, para ver la oportunidad de una intervención quirúrgica, cuando le vino una complicación pulmonar. El 6 de mayo de 1972, con optimismo, como siempre, entraba en la Eternidad, con su aplomo acostumbrado. ¿No iba acaso a encontrarse con el Padre a quien había servido con tanta fidelidad y alegre entereza?
SU PERSONALIDAD:
Veamos al hombre en su riqueza humana, para entender la obra duradera que construyó. Es personalidad recia, leal, franca, enérgica, sin complicaciones, de una natural actividad poderosa. A ratos la paciencia le podía fallar y las palabras vienen a sacudir la indolencia, porque no puede entender la pereza, ni la falta de rectitud, ni mucho menos el capricho. Como él iba derecho hacia el don de sí mismo para el servicio, no podía pensar que los demás no hiciesen lo mismo.
Otro aspecto típico de él fue cierta ingenuidad, propia de las almas cándidas, profundamente sinceras y buenas. No es de extrañarse que algunas actitudes menos limpias le chocaban y le hacían reaccionar con alguna indignación. Pero, con todo, la bondad, casi la ternura, predominaban siempre. Sus formandos lo recuerdan como sigue: Después de los regaños, algo fuertes, aparecía tan pastoral, compasivo y optimista que la herida se curaba enseguida.
En el terreno religioso nos encontramos con un alma sumergida en lo sobrenatural, en la que sus raíces ancestrales penetraban hondamente. Su piedad propia y personal, tenía un carácter ingenuo, sencillo, amistoso, pero también algo intransigente: pues Dios tenía derecho a respeto absoluto y a una fidelidad indiscutible. Las promesas pronunciadas ante el Señor fueron siempre sagradas para este hombre fiel. Este carácter fuerte, impetuoso e intempestivo, en los años de juventud era profundamente obediente; fue una de sus facetas preponderantes. Bastaba que la obediencia hablara, para que todo en él se callara con una sumisión casi infantil.
Evidentemente que, para llegar a esta obediencia interior, tuvo que ganar grandes batallas, y desde niño, porque no se doman las fuerzas del amor propio sin luchas. El hecho siguiente habla solo: “ Un día se fue a la enfermería del Noviciado Menor, le avisó al Hermano Director que se hallaba con fuerte congestión pulmonar y había hecho todos los preparativos para una santa muerte, últimos sacramentos, una sola cosa le faltaba: tener la autorización del Hermano Visitador. Entonces rogó al Hermano Director, quien no le quiso dar la autorización para morir, que llamara al Hermano Visitador, para tener el famoso permiso. Dos días después llegaba el Hermano Visitador, quien lo convenció de que tenía que esperar la hora de Dios. ¡Qué simpático era el Hermano Benildo para todos, también para los Novicios Menores!, en medio de sus antojos e impaciencias, tenía un corazón tan fino, delicado, sensible, compasivo. Además, tenía una educación tan cuidadosa, que difícilmente podía herir a nadie”[1].
[1] LA MAYORIA DE LOS DATOS Y LA REDACCIÓN SON DEL HERMANO BERNARDO ALFONSO GROUSSET